Treinta motivos para no votar a Susana


1. Lleva toda la vida trepando en el Partido.

2. Escasa preparación intelectual, no porque no haya tenido oportunidades, sino por dejadez.

3. Su gestión en mi tierra.

4. Cuando habla de España me suena como alguien de la derecha.

5. Recortes en Sanidad y Educación y ausencia de recortes en entes donde se concentran sus beneficiados.

6. La conspiración previa al 1 de octubre.

7. Quiero que siga habiendo primarias.

8. La abstención para investir a Mariano Rajoy.

9. Ser concebida como hija de los dioses del Socialismo y despreciar a la militancia.

10. Que el PSOE siga siendo la referencia de la izquierda española y que vuelva a vertebrar este país.

11. Verónica Pérez, Mario Jiménez, Antonio Pradas, José Carlos Díez, Javier Lambán, Page, Tomás Gómez, etc etc.

12. Su incapacidad para contactar con los ciudadanos menores de 50 años y de ámbito urbano.

13. Confundir representatividad con lista única y manejar los estatutos en clave decisionista

14. Haber ido al debate sin haber dado a conocer su programa. Quitar becas para poner préstamos.

15.Haber querido ganar las primarias con avales nominales y no con votos secretos.

16. Pensar que Susana es lo mejor que tiene el PSOE para ofrecerle a los españoles.

17. No darse cuenta que la España de 1982 no es la España de 2017.

18. Acusar a los que no le apoyen de ir contra la igualdad de las mujeres por no apoyar a una candidata.

19. Dice qué quiere hacer (ganar) pero nunca el cómo lo va a hacer.

20. Haber promovido treinta y dos gestoras en Andalucía por dimisión de la ejecutiva (táctica en usada Ferraz).

21. Su falta de lealtad al secretario general desde el primer día y el deseo de ocupar su puesto.

22. Querer compatibilizar PSOE y Junta. Ni el Partido ni Andalucía lo merecen. La Junta no es un seguro por si fracasa a nivel nacional.

23. Considerarse la encarnación de Andalucía y establecer que cualquier crítica es un ataque a nuestra tierra.

24. Su principal asesor económico negó empecinadamente la existencia de la burbuja inmobiliaria.

25. Sentido mesiánico de su persona. La confusión de la lealtad con el servilismo.

26. Haber conseguido los peores resultados del PSOE-A en unas autonómicas, peores que en la derrota de 2012.

27. Pensar que los parados jóvenes (más del 40%) se quejan porque no tienen casa en la playa

28. Acepta ese “sentido de Estado” consistente en que la izquierda cede siempre y la derecha no cede nunca.

29. Confunde Estado Social con beneficencia.

30. ¿Alguien le ha oído alguna vez algo relevante sobre un acontecimiento que haya sucedido fuera de España?

Un militante, ningún voto

El profesor Torres Mora, que es además diputado socialista por Málaga, publicó un artículo en Público titulado “Un militante, dos votos”.

La tesis fundamental del artículo es que tiene el mismo valor la legitimidad del cargo elegido directamente como la de los representantes y no es un acto antidemocrático que los representantes controlen al cargo electo directamente.

He de admitir que, con precisiones que no vienen al caso, estoy de acuerdo con la exposición del profesor Torres Mora, pero solamente a nivel teórico, no en la aplicación que realiza al caso del PSOE.

¿Por qué? Porque los representantes pueden que no hayan sido democráticamente. En cualquier obra o artículo que examinemos sobre qué son unas elecciones limpias (condición necesaria aunque no suficiente para una democracia) nos dirá que la pluralidad de alternativas es necesaria, que celebrar elecciones con una sola lista no garantiza la expresión electoral de la diversidad.

Por sólo citar un ejemplo: en el último Congreso Federal, de los delegados elegidos en España (la inmensa mayoría), solamente en cuatro agrupaciones provinciales y en una agrupación insular los delegados fueron elegidos entre dos listas. El resto de los delegados fueron elegidos en lista única, lo que coloquialmente se llama “a la búlgara”.

Y no fue una anécdota. Es la práctica común. En las asambleas de las agrupaciones, con mil argumentos y presiones, se consigue que se apruebe la lista única para el congresillo provincial y allí vuelta con mismo. ¿Hay crisis de la representación? Sí, pero de la aceptación de la representación como democrática, sino del propio sentirse representado. Esos congresos elegidos a priori (ya debe haber personas que saben que van a ir como delegados al próximo Congreso Federal) no son representativos y a lo único que representan es a cierta forma de oligarquía interna.

¿Es legítimo democráticamente el control de un cargo elegido directamente por medio de órganos no elegidos con más mínimas garantías democráticas? No, de ninguna forma.

La eliminación de la elección directa (a través de la sutileza que se elija) y la ausencia de una representación verdadera haría que los militantes del PSOE no tuvieran dos, ni un voto, sino que no tuvieran ninguno.

El Susanismo se ha quedado sin estrategia


Llevamos dos días liados con las valoraciones a la entrega de los avales por cada uno de los precandidatos a la Secretaría General del PSOE. He leído algunos análisis muy lúcidos, que seguramente vosotros conoceréis y no quiero detenerme a decir lo mismo que otros ya han dicho. Por ello me gustaría reflexionar sobre algunos aspectos generales de estrategia política y electoral.

El deseo de Susana Díaz de arrasar en la presentación de avales ha convertido lo que debería haber sido un proceso más bien burocrático en una primera vuelta electoral. Una primera vuelta donde los votantes lo hacen sin voto secreto.

Nadie le ha exigido a Susana arrasar en este aspecto. Nadie le obligó a salir en ABC el día 1 de mayo marcando la diferencia de 20000 avales como el objetivo (que sin duda pensaba superar). Susana Díaz y su equipo ha marcado unas expectativas y han fracasado en ellas.

Solamente esto explica el ataque de nervios que han tenido estos dos días en lo que denunciaron un inexistente fraude de Pedro Sánchez y su equipo en la presentación de avales. Al final la candidatura que ha visto rechazar más avales ha sido la de Susana y todo dentro de lo normal en un proceso tan complicado.

Y es que Susana ha querido repetir la estrategia de las primarias andaluzas que le hicieron candidata a la Presidencia de la Junta poco antes de que “casualmente” Griñán presentara su dimisión: tirar de aparato y presentar una diferencia de firmas que dejase las primarias decididas. En el caso andaluz ningún otro candidato consiguió superar el mínimo.

La estrategia se ha venido abajo y ahora todo está al revés. Quien hoy tendría que estar humillado, llena los pabellones que Susana deja desiertos; quien objetivamente ha conseguido cinco mil avales menos es el máximo candidato a ganar en votos; quien fue abandonado por todos y ha tenido que montar de cero una estructura que ha empatado con el aparato.

Todos sabemos que en marzo de 2015 Susana Díaz no ganó las elecciones andaluzas, sino que lo hizo el PSOE-A porque ella como candidata no aportó nada al partido, si exceptuamos el ridículo hecho en los debates televisados. Tuvo el peor resultados en votos de la historia del PSOE-A en unas autonómicas incluso peor que cuando se perdió en 2012.

Su estrategia de secretarios de organización de las agrupaciones locales, con el censo en la mano, llamando a la gente para avalar ha fracasado. Ahora tiene que enfrentarse a unas verdaderas elecciones, con voto secreto, y no sabe qué hacer.

Avales

Patxi López, precandidato a la Secretaría General del PSOE, ha planteado la posibilidad de que en futuras elecciones primarias se elimine la recogida de avales y se sustituya por dos vueltas electorales, una primera en la que pueda concurrir todo el que quiera y una segunda con los dos más votados.

Los avales tienen como función hacer una selección previa de precandidatos para evitar que las elecciones se llenen ser personas que, con toda la buena voluntad, no vayan a recibir un número representativo de votos, implique un mayor gasto a la organización y aporten más ruido que voces.

Visto así, parece que los avales tienen sentido, pero la propuesta de Patxi también lo tiene. Creo que los avales son necesarios pero este sistema de avales, militante a militante y dejando los datos, es una auténtica locura.

El modelo lo tenemos en las Elecciones Europeas. La LOREG (art. 220.3 y 220.4) exige el aval de cincuenta cargos electos por los ciudadanos o quince mil firmas. Los Estatutos del PSOE podrían exigir el aval de cincuenta secretarios generales o el 5% del censo de militantes y así la inmensa mayoría de las candidaturas viables y los militantes podrían ahorrarse este desgaste innecesario.

Cuando la Socialdemocracia termina en beneficencia

Desde hace algo más de una década el discurso social del PSOE se ha desplazado desde la mayoría de los ciudadanos a los sectores más débiles de la población, de modo que cada vez más las políticas propuestas por los socialistas se restringían a esos sectores más débiles y, con los tiempos de crisis, aún más.

En las sociedades donde la Socialdemocracia forma parte del modo de la autoconcepción de ellas mismas las medidas sociales afectan no a la mayoría de la población, sino a la inmensa mayoría, porque es la única forma de ser políticamente viables.

Nos seamos ingenuos. Una sociedad donde los servicios lleguen a la inmensa mayoría es una sociedad donde los impuestos tienen que ser serios y solamente se puede mantener esa fiscalidad si el conjunto de la sociedad o la inmensa mayoría percibe beneficios y considera que hay un intercambio equitativo. Y equitativo no es recibir exactamente lo aportado, ya que todos entiende cierta asimetría y, además, que socializar servicios los abarata.

El problema se da cuando la fiscalidad no se transforma en servicios para la mayoría, para la inmensa mayoría. Entonces las opciones que proponen una transformación de la fiscalidad, una rebaja generalizada de impuestos, se convierten en atractiva porque la inmensa mayoría comienza a pensar que paga para mantener a unos pocos y que ellos lo pagan todo dos veces, una vez con impuestos y otra con servicios privados ya que no tienen acceso a los públicos.

La Socialdemocracia que realiza este proceso de minoración de sus políticas, que convierte los servicios sociales (para la sociedad) en servicios únicamente para los sectores más débiles coincide con la derecha, que nunca ha renegado de la beneficencia.

La diferencia con 2002

La primera vuelta de las Presidenciales francesas de 2002 fueron una tamaña sorpresa. El ultraderechista Le Pen quedaba segundo, superando por estrecho margen al socialista Jospin, de modo que la Presidencia habrían de disputársela entre Le Pen y Chirac.

Normalmente en las elecciones a dos vueltas, los dos candidatos aumentan sustancialmente los votos porque reciben apoyos que en la primer vuelta fueron a otros candidatos. En la segunda vuelta de 2002 Le Pen subió muy poco (no llegó al 1%), mientras que Chirac alcanzó un 82,21%.

Las encuestas para las elecciones de este año, en las que se da por seguro el pase a la segunda vuelta de la candidata ultraderechista e hija del anterior candidato, Marie Le Pen, añaden una novedad interesante. Independientemente de que el adversario sea el centroizquierdista Macron o el centrederechista Fillon, Le Pen llega de media al 40% en la segunda vuelta, cuando en la primera estiman que estará ligeramente por debajo del 25%. Esto quiere decir que al menos tendrán un 15% de votos o dicho de otra forma por cada diez franceses que piensan votar a Le Pen en la primera vuelta, dieciséis se lo plantean en la segunda.

Habrá una concentración en el candidato no ultraderechista que se dispute El Eliseo con Le Pen, sin duda. Pero esa concentración no será ni de lejos comparable a 2002. Le Pen y sus ideas se han convertido en segunda preferencia, lo cual es muy importante en un sistema político como el francés, y además han roto el cordón sanitario impuesto años antes.

La normalización de la ultraderecha como opción electoral es un cambio sustancial.

La Presidencia de la República y el partido naciente

Las encuestas parecen indicar que Emmanuel Macron será el próximo Presidente de la República Francesa, si hacemos caso de que todas las encuestas publicadas aseguren que él y Marie Le Pen será quienes se disputen El Eliseo en la segunda vuelta (otra cosa es quien es el más votado en la primera vuelta).

El peculiar sistema política francés hace que el Presidente tenga preeminencia si su partido cuenta además con mayoría parlamentaria, mientras que si es otro partido el que tiene la mayoría parlamentaria (se da la famosa “cohabitación”), entonces se ve restringido a sus estrictas funciones constitucionales.

Le Pen cuenta con un partido curtido y experimentado. Macron lo está construyendo con retazos de socialistas y de los sectores centristas de la derecha francesa. Lo normal es que en las elecciones legislativas de un mes después su partido puede hacerse con una mayoría que refuerce al recién electo Presidente, pero dependerá de la cohesión, organización y la necesidad de apoyos para la segunda vuelta de las legislativas el alcance de su poder.

Macron tiene un partido en construcción y que todavía no ha sido probado. Es cierto que nacer a la sombra del poder, ayuda mucho, pero será interesante contemplar cómo se desarrolla el partido del Presidente.