Una buena noticia para el alcalde de Sevilla

Juan Ignacio Zoido se presentó a las Elecciones Municipales de 2007. Ganó el votos (+4.242) y empató en concejales (15) frente al entonces alcalde del PSOE, Sánchez Monteseirín. La continuidad del pacto entre el PSOE e IU (tres concejales) le dio el tercer mandato como alcalde al socialista.

Lo habitual hubiera sido que tras el fracaso dejase el Ayuntamiento y se centrase en su escaño como diputado autonómico. Pero Zoido se quedó liderando la oposición de su partido, en vez de dejarlo en manos de un desconocido concejal que hubiera sido la opción tradicional.

Pasaron cuatro años y los populares consiguieron una atronadora mayoría absoluta (20 de 33 y +66872 votos sobre los socialistas), convirtiéndose en alcalde. Juan Espadas, el candidato socialista, no pidió que le hicieran un hueco en la Junta de Andalucía, de la que había sido consejero, sino que también se puso al frente de la oposición.

En 2015 ganó las Elecciones (+2.860 frente a los socialistas) pero perdió la Alcaldía tras el acuerdo del PSOE con Podemos (Participa Sevilla) e Izquierda Unida. La opción de Zoido fue continuar al frente del Grupo Municipal del PP.

Ayer fue nombrado ministro del Interior y ayer la oposición municipal quedó descabezada y sin un referente. El alcalde, Espadas, tiene más opciones en 2019 porque los populares tendrán que presentarle un candidato prefabricado, sin conocimiento de la política municipal y, sobre todo, sin que los ciudadanos lo reconozcan como un político municipal. Liderar la oposición ayudó, a Zoido y a Espadas, no poco a estar en disposición de ganar la Alcaldía.

No hay más remedio que someterse

Nacía Podemos. Iba a celebrarse la asamblea fundacional y la corriente de Iglesias presentó su documento político, organizativo y de estrategia para el nuevo partido. El documento contenía un fallo que está mostrando su malignidad en la actualidad: la renuncia a las Elecciones Municipales.

En una estrategia centrada únicamente en la posibilidad de alcanzar la Presidencia del Gobierno, las corporaciones locales eran vistas como un problema y un obstáculo. Podemos decidió no presentarse a las Municipales. Luego vinieron las encuestas que daban opciones a los “Ganemos x” y se estudiaron fórmulas de participación que implicaran poner el nombre del partido en una papeleta.

En Galicia el fénomeno de las “Mareas” llenaba el lugar que Podemos pretendía ocupar, de forma que decidió no competir con ellas. Las Mareas confluyeron con los podemitas en las dos Elecciones Generales siguientes. La realidad es que la estructura territorial de Podemos en Galicia es una arquitectura vacía porque todos los concejales, todos los votantes, vamos la carne de un partido, lo tienen las Mareas.

Podemos ha perdido su “momentum” y muchos adelantamos un proceso de liquidación. Las Mareas han perdido incentivos para ir de la mano de Podemos a cambio de cederles cuotas, ya que serían simples regalos. Las Mareas rompieron las negociaciones con los podemitas y a las horas salió Pablo Iglesias diciendo que había que ir juntos como fuera, en las condiciones que las Mareas dijeran.

En todo caso hay que indicar que las diferencias, como se desprende del relato anterior, son de sillones, no de programa. Esto es un elemento fundamental de la nueva política.

 

 

Sin margen de improvisación

Monica Oltra comentaba que Podemos, frente a otros partidos todavía minoritarios, contaba con la enorme ventaja de tener un nutrido grupo de politólogos que saben qué hacer para organizar y poner en marcha con eficacia un partido nacional y que aproveche su momento político.

Ayer a través de cuartopoder.es conocí el borrador del documento de estrategia electoral de este partido político al que denominan “Principios Políticos”. La gran decisión a la que se enfrentan es la participación o no en los procesos electorales previos a las Elecciones Generales.

Y la decisión es muy inteligente: presentarse a las Elecciones Autonómicas donde las haya y no a las Elecciones Municipales. La diferente decisión depende del número de candidaturas que hay que conformar. Ellos lo dicen muy claro: no tienen tiempo a presentar candidaturas de personas de fiar en todos los municipios donde hay militantes que quieran y meter la pata en la selección de los futuros concejales serían un suicidio para el partido.

Podemos está en la cresta de la ola. Resabiados de todos los partidos que no quieren dejar su corporación local, que quieren volver a ella y todo tipo de “colmillos retorcidos” han puesto su proa en este nuevo partido.

El sistema de primarias les facilita el desembarco, porque en muchas localidades no hay estructura de Podemos (los resabiados y los “colmillos” la crean y la cierran a cualquier intruso) y donde la hay en muchas ocasiones está llena de idealistas que no se dan cuenta que trescientas altas a la vez es un bonita forma de entregarle la formación a estos especialistas del cabildeo local.

Algo de esto le pasó en las últimas municipales a UPyD: en muchas localidades presentaron a personas “demasiado conocidas” por sus conciudadanos y esto afectó tanto a los resultados como al crédito del partido.

El segundo motivo, ya no tan explícito, es que la articulación de un proyecto municipal es mucho más compleja que la de un proyecto nacional o autonómico. La narrativa de “casta contra ciudadanos” no tiene especial sentido en los municipios donde los temas principales son es el asfaltados de las calles, la frecuencia de recogida de basuras o la iluminación de las calles.

Además la deficiente financiación de los ayuntamientos haría que los de Podemos que gobernasen tuvieran que tomar decisiones tan de la casta como subir los impuestos o dejar de prestar determinados servicios. Saber qué se puede aportar en líneas generales a la vida municipales desde un proyecto político y que ese aporte sea general en todo el país no es cuestión fácil y desde luego no debe ser improvisada o dejada toda ella a decisiones locales.

Podemos explota una narrativa de la discusión, del debate en asambleas abiertas, de la permanencia del poder en la base, pero su narrativa es diferente a la gestión del partido que está bien llevada, pulcramente ejecutada en los detalles y que es absolutamente consciente de los problemas que el partido tiene que afrontar.