Las dos caras de Adolfo Suárez

Adolfo Suárez no es el primer Presidente elegido de acuerdo con la Constitución de 1978, ni uno de sus impulsores, ni alguien que ha tenido un papel preeminente en la gestación de la España tal y como la conocemos. Adolfo Suárez es un mito y solamente un mito.

Solamente así puede explicarse que una mayoría de españoles le quisieran ahora como Presidente. Solamente así se explica que nunca se hable de la otra cara de Adolfo Suárez. El mito se ha edificado sobre el Suárez-Constituyente, obviando, silenciando y negando al Suárez-Presidente.

Y es que en la Transición no solamente importaba la Constitución. Importaban muchas cosas, al menos a los ciudadanos: la gestión económica, el desempleo, el gastos público, la insubordinación militar y la inseguridad ciudadana eran asuntos que estaban descontrolados. Los famosos “Pactos de La Moncloa” habían garantizados “paz social” pero no habían hecho bueno lo malo.

Los líderes regionales de la UCD orquestaron el fin de Adolfo Suárez porque consideraban que era un Presidente más que agotado y que les quitaba toda posibilidad de hacer frente a los socialistas en las siguientes elecciones. Suárez se agarró al sillón y solamente la posibilidad de que parte de su grupo parlamentario apoyara una segunda moción de censura de los socialistas consiguió que dimitiera. Y sí, los socialistas presentaron una moción de censura contra este mito.

Basta abrir las hemerotecas que los periódicos tienen en la red. Puede cogerse de varios medios de diferentes tendencias políticas. Y se comprobará cómo era la España real y qué opinión se tenía de su Presidente.

Descubriendo un prejuicio electoral

Se han celebrado las primarias de “Los Republicanos”, el partido mayoritario de la derecha francesa. Ha sido un éxito de participación ya que al ser primarias abiertas podía votar en ellas cualquier ciudadanos que se acercarse, pagase dos euros y firmara una declaración de adhesión a los principios del partido. Han votado cuatro millones de personas y como anticipo de la movilización electoral no está nada mal. Todavía queda la segunda vuelta en las que se enfrentarán el ex primer ministro Fillon con Juppé, quien fue su ministro de Asuntos Exteriores.

No sé si será una sensación personal o es más extendida, pero tiendo a pensar que quien logre pasar a la segunda vuelta contra Le Pen será el próximo Presidente de la República Francesa. Todos recordamos aquellas Presidenciales de 2002 donde un Chirac acorralado recibió más del 80% de los votos gracias a tener como contrincante en la segunda vuelta a Jean-Marie Le Pen.

Esto sería lo normal. Pero llevamos muchos acontecimientos fuera de lo normal, o lo de esperable, o de lo sensatamente deseable, como para dar por hecho que las primarias de “Los Republicanos” realmente eran la elección de quien habrá de ser el Jefe de Estado francés.

Una respetuosa ausencia

Varias fuerzas políticas, con Podemos a la cabeza, han decidido no asistir a parte de los actos de la solemne apertura de la Legislatura, que son presididos por el Rey, Felipe VI.

Podían haber montado un cierto “circo”, haber exteriorizado alguna protesta, pedro sencillamente han optado por dejar que todo discurra según lo previsto, pero sin prestarse a avalar con su presencia algo, la Monarquía y lo que representa, con lo que no están de acuerdo.

Se ha levantado la polémica por unas simples ausencias. Durante décadas se ha dicho que es bueno mantener las formas en estos ritos políticos y que asistir no quiere decir estar de acuerdo. El problema es que lo anterior es falso, porque los defensores y propagandistas de la Monarquía, en estos acontecimientos, no hacen más que ensalzar cómo el Rey es figura de unidad que concita la reunión de todos, cómo todos aplauden sus sabias palabras y todos le saludan y agradecen su benevolencia.

Este acto, y otros similares, es una justificación de la Monarquía, una justificación en la acción y no en la teoría. Participar en estos actos es justificar la Monarquía y los diputados y senadores que crean que España debe prescindir de esta institución no solamente tienen el derecho de no asistir, sino que es también una obligación. Asistir no es neutro.

Cuando te construyen el imaginario y la estrategia desde fuera

El principal problema que tiene el PSOE es que no se gobierna a sí mismo. Todos intuimos que realmente manda Susana Díaz, pero realmente no tiene todo el poder, ni siquiera una parte interesante. Y no es porque tiene más detractores dentro del partido que fuera, que no representa ningún futuro y dentro de poco en Andalucía solamente será el pasado y tampoco es porque el PSOE bajo su tutela sea un peso muerto electoral.

El problema es que al PSOE le diseñan la estrategia desde fuera.

1) El PSOE debe tener “sentido de Estado, lo cual quiere decir que cuando la derecha esté imposibilitada de sacar temas centrales el PSOE debe hacer lo posible para que esto salga adelante, cueste lo que cueste. Es curioso que el “sentido de Estado” solamente se predica de un lado y que siempre cae en la agenda de la derecha y nunca hay “sentido de Estado” con la pobreza infantil o el desempleo.

2) No puede pactar con Podemos porque Podemos supone el mal absoluto. De esta forma a uno de principales partidos de la izquierda se le cierra lo que es su salida natural, de modo que solamente le queda la posibilidad de pactar con el centro-derecha o con la derecha, entrando en graves contradicciones consigo mismo. Esto no quiere decir que el PP, llegado el caso, no pueda pactar con Podemos todo lo que crea necesario porque “ellos nunca rompen los límites” como sí es seguro que hagan los socialistas.

3) No puede pactar con partidos nacionalistas, soberanistas o independentistas porque estos también son el mal absoluto. Esto no quiere decir que el principal adversario del PP, que parece el autor de este imaginario y estrategia, no pueda pactar con los mismos nacionalistas, soberanistas o independentistas. Esto no quiere decir que el PP, llegado el caso, no pueda pactar con estas formaciones todo lo que crea necesario porque “ellos nunca rompen los límites” como sí es seguro que hagan los socialistas.

4) El PSOE solamente debe tener competencia electoral con el PP y no con otras fuerzas, por más que sus antiguos votantes no se hayan ido al PP sino a otras fuerzas. El PSOE quiere recuperar a los votantes de 1982, aunque estos votantes haga un cuarto de siglo que cambiaron de signo político o hayan fallecido.

5) EN caso de que todo lo anterior falle, hay una estructura de poder real que emerge y toma el control del PSOE para llevarlo a las posiciones en las que debe estar encerrado.

Sin maneras y sin dignidad

Hay una buena costumbre parlamentaria que es pactar entre los principales grupos las presidencias de las comisiones parlamentarias existentes.

De acuerdo con la regulación del Reglamento del Congreso si un partido tuviera mayoría absoluta, se haría con todas las presidencias de todas las comisiones, lo cual relegaría absolutamente a las opciones minoritarias en la dirección de las tareas parlamentarias.

Conforme al peso de cada grupo parlamentario eran asignadas las presidencias. El grupo que le correspondía la presidencia de una comisión, proponía a su candidato y los demás grupos o lo apoyaban o se abstenían. Hasta ahora ha marchado correctamente. Un pacto entre caballeros

La ruptura viene cuando el PP, abusando del pacto, nominó al reprobado ex ministro del Interior Fernández Díaz como presidente de la comisión de AAEE. El Partido Popular busca un retiro honroso, especialmente porque los presidentes de comisiones cobran más, y no le ha importado nada que Fernández Díaz recibiera la reprimenda del Congreso hace pocos días. Ha roto el pacto, porque han confundido la caballerosidad con un cheque en blanco.

Al principio pareció funcionar, porque para reaccionar ante tal afrenta hace falta dignidad y las cabezas dirigentes del Grupo Socialista la perdieron el 30 de octubre. Es por ello por lo que consintieron y no le dieron más importancia.

Cuando comenzó a formarse el revuelo, Eduardo Madina salió con un media verdad consciente, es decir, una mentira afirmando que el Reglamento impedía votar en contra, omitiendo que se podía presentar otro candidato y que había un pacto de reparto de comisiones con el PP.

Durante el día de hoy la polémica ha ido a más y el PSOE ha demostrado dos cosas; la primera es que Podemos le ha ganado la iniciativa opositora al PSOE al proponer su propio candidato y retar a permitir con una nueva abstención a que Fernández Díaz ganara la Presidencia; la segunda es que ni Hernando ni Madina toman las decisiones porque se ha rectificado a pesar de su firmeza, siendo los dos a día de hoy son unas marionetas.

Todo ha terminado mostrando el PP lo débil que se siente en el actual Congreso y cómo el vaticinio de Madina (“nos vamos a crujir vivo a Rajoy”) es más motivo de risa que de temor.  En virtud de lo dispuesto en el artículo 49.1 del Reglamento en relación con el 48.1 han puesto a Fernández Díaz al frente de la Comisión de Peticiones, garantizándole las remuneraciones del cargo.

Andalucía es España. España es Andalucía

Uno de mis particulares vicios es fijarme cuando los medios de comunicación confunden Madrid con España, de modo que si llueve en Madrid lo hace en España, hay problemas de contaminación en España si los hay en Madrid o se celebra una puente si se disfruta en Madrid.

Algo parecido está sucediendo dentro del PSOE. Los del PSOE de Andalucía llevan años confundiendo Andalucía con España y, lo que antes decían entre ellos, ahora los expresan abiertamente. Piensan que el error del PSOE a nivel nacional es no hacer lo que le ha servido electoralmente a los socialistas andaluces y que lo hay que hacer es extender el proceder andaluz por todas las federaciones regionales.

Parte del presupuesto de que todo el país es como Andalucía, y concretamente como la Andalucía de las localidades de menos de 50.000 habitantes. Piensan que el PSOE de Madrid tiene problemas electorales porque no funciona como se hace en la provincia de Sevilla, como si la sociedad, la demografía, la economía y la diversidad fuera la misma en un lugar que en otro.

Piensan que la fórmula del triunfo andaluz (cada vez más menguante y en 2012 fue un fracaso salvado por IU) es exportable. Lo que no piensan es que dentro del PSOE, la federación andaluza tiene predicamento por aportación electoral y número de militantes, pero Andalucía no tiene ni sombra de ese liderazgo dentro del país y quizá en eso los socialistas andaluces también sean responsables. Nadie se presenta a las elecciones en Asturias, Aragón, Euskadi y Comunitat Valenciana diciendo que quieren convertir sus regiones en Andalucía.

Y es que andan muy despistados. Los que ellos ofrecen está muy desacreditado en casi toda España y también en la propia Andalucía donde el 64,59% de los votantes prefirieron otras opciones en 2015. Pero además buscan un caladero ocupado por el PP y C’s, repitiendo esquemas de ellos, cuando para derecha y centro-derecha ya están los originales.

Las falsas concesiones

Dentro de unos meses tendremos para asistir a la aprobación o no por las Cortes del proyecto de la Ley de Presupuestos Generales del Estado (LPGE) para 2017.

Todos sabemos que si Rajoy no encuentra los apoyos en el Congreso, entre votos a favor y abstenciones, habrá una nueva llamada a la responsabilidad del PSOE para que, con el sentido del voto preciso, aprueben junto a los populares la LPGE.

El Partido Popular que sabe que tiene que mantener al PSOE al borde de la muerte, pero sin rematarlo, presentará unas cuantas medidas insultantes y salvajes que, tras una pseudonegociación con el PSOE, serán retiradas de modo que el PSOE pueda justificar su apoyo a la LPGE y se refuerce la falaz teoría de que desde la oposición se pueda condicionar la política del Gobierno.

El primer ejemplo lo tenemos en la “retirada” de la reválida de la LOMCE: ha prometido aplicar la Disposición Adicional 5ª de esa misma Ley.