En su marco de referencia nunca podréis ganar a Rajoy

Tanto los susanistas como los de Ciudadanos aceptaron las prioridades y la visión de la realidad que Rajoy y el Partido Popular les proponía.

El mensaje es el siguiente: hace falta estabilidad en el gobierno para aprobar los Presupuestos y cumplir los requerimientos comunitarios, parar a Podemos y afrontar serias reformas que necesita este país. La situación de bloqueo institucional imposibilita el cumplimiento de los objetivos comunitarios, impulsa a Podemos y además atrasa el país al no poder ponerlo al día normativamente.

Este mensaje llevaba implícito que el Gobierno de Rajoy era sinónimo de la deseada estabilidad.

Los medios de comunicación, con mínimas excepciones, vendieron las maldades de caer en la segunda parte del mensaje, de forma que los de Ciudadanos abandonaron todas las inquietudes reformistas y se sacrificaron al mensaje de la estabilidad, a la diosa estabilidad. Los susanistas aparcaron su ideario, su historia y su palabra y asintieron en el culto a la diosa estabilidad. Ambos le dieron a Mariano Rajoy un gobierno con el menor grupo parlamentario propio desde 1978, pero con los votos secuestrados de dos grandes grupos que por haber considerado la estabilidad el valor supremo no pueden hacer nada que cause inestabilidad, aunque el Gobierno rebose de casos de corrupción.

Da igual la corrupción, las partidas presupuestarias inexplicables, que se rían de ti no aprobando lo que había pactado con ellos en Murcia o las decisiones perjudiciales para la mayoría: la estabilidad no puede ser alterada. La estabilidad se convierte en un bien en sí mismo y de esta forma en una tapadera para las cloacas de nuestro actual gobierno y el beneficiado es únicamente el Partido Popular al identificar todos, aunque sea tácitamente, su permanencia en La Moncloa con la el bien del país.

El hecho de que la estabilidad sea un bien en sí mismo es cuestionable, pues la estabilidad es positiva si el gobierno estable es bueno. La estabilidad solamente es un bien en sí mismo para el gobierno. Y no se confundan, lo contrario a la estabilidad no es la inestabilidad, sino la conciencia democrática de que en cualquier momento tus errores te pueden hacer caer.

El Susanismo se ha quedado sin estrategia


Llevamos dos días liados con las valoraciones a la entrega de los avales por cada uno de los precandidatos a la Secretaría General del PSOE. He leído algunos análisis muy lúcidos, que seguramente vosotros conoceréis y no quiero detenerme a decir lo mismo que otros ya han dicho. Por ello me gustaría reflexionar sobre algunos aspectos generales de estrategia política y electoral.

El deseo de Susana Díaz de arrasar en la presentación de avales ha convertido lo que debería haber sido un proceso más bien burocrático en una primera vuelta electoral. Una primera vuelta donde los votantes lo hacen sin voto secreto.

Nadie le ha exigido a Susana arrasar en este aspecto. Nadie le obligó a salir en ABC el día 1 de mayo marcando la diferencia de 20000 avales como el objetivo (que sin duda pensaba superar). Susana Díaz y su equipo ha marcado unas expectativas y han fracasado en ellas.

Solamente esto explica el ataque de nervios que han tenido estos dos días en lo que denunciaron un inexistente fraude de Pedro Sánchez y su equipo en la presentación de avales. Al final la candidatura que ha visto rechazar más avales ha sido la de Susana y todo dentro de lo normal en un proceso tan complicado.

Y es que Susana ha querido repetir la estrategia de las primarias andaluzas que le hicieron candidata a la Presidencia de la Junta poco antes de que “casualmente” Griñán presentara su dimisión: tirar de aparato y presentar una diferencia de firmas que dejase las primarias decididas. En el caso andaluz ningún otro candidato consiguió superar el mínimo.

La estrategia se ha venido abajo y ahora todo está al revés. Quien hoy tendría que estar humillado, llena los pabellones que Susana deja desiertos; quien objetivamente ha conseguido cinco mil avales menos es el máximo candidato a ganar en votos; quien fue abandonado por todos y ha tenido que montar de cero una estructura que ha empatado con el aparato.

Todos sabemos que en marzo de 2015 Susana Díaz no ganó las elecciones andaluzas, sino que lo hizo el PSOE-A porque ella como candidata no aportó nada al partido, si exceptuamos el ridículo hecho en los debates televisados. Tuvo el peor resultados en votos de la historia del PSOE-A en unas autonómicas incluso peor que cuando se perdió en 2012.

Su estrategia de secretarios de organización de las agrupaciones locales, con el censo en la mano, llamando a la gente para avalar ha fracasado. Ahora tiene que enfrentarse a unas verdaderas elecciones, con voto secreto, y no sabe qué hacer.

Sobre blindaje de la sanidad pública andaluza

aquilino-alonso
La Presidenta de la Junta ha visto como las masivas protestas contra los recortes sanitarios han tomado las calles de Granada, Málaga y Huelva y no se descarta que se extiendan a otras ciudades. En la situación habitual de las cosas, el silencio informativo tras dar una sola vez la noticia hubiera protegido cualquier decisión, pero la tenacidad de los manifestantes y las ambiciones políticas de Susana Díaz hacen que las “mareas blancas” no se hayan quedado en anécdota y la estén lastrando sobremanera.

La Junta de Andalucía ha anunciado que quiere “blindar” la Sanidad Pública contra una posible privatización. Esta intención es pura propaganda, porque un Gobierno de otro signo político podría cambiar las normas que quisiera siempre que contase con los votos suficientes en el Parlamento de Andalucía para aprobar las leyes necesarias.

La única posibilidad de “blindar” el sistema ante el previsible cambio de Gobierno es una reforma estatutaria. Para realizar una reforma estatutaria, sin entrar en su constitucionalidad, necesita dos tercios del Parlamento autonómico y una mayoría absoluta en el Congreso que apruebe una Ley Orgánica. No tiene ese poder y por tanto no puede “blindar” nada.

Susana Díaz más que en anunciar “blindajes”, debería renunciar a los “recortes”.

Susana Díaz no arranca

Si hay primarias entre los militantes del PSOE y hay candidatos competitivos, Díaz perderá con muchas posibilidades la Secretaría General y, como están las cosas, también dejará de ser secretaria general del PSOE-A y Presidenta de la Junta de Andalucía. Si hay un Congreso con delegados elegidos en dos votaciones indirectas, entonces Díaz multiplica sus posibilidades porque es en esos cabildeos donde ella es maestra.

El problema que tienen Díaz y Sánchez es caer antes de llegar al proceso, sea el que fuere. Mientras que Pedro Sánchez hace una campaña basada en la coherencia y en la militancia, Díaz la hace cimentada en su posición institucional, uniendo su candidatura a la marcha de la Gestora del PSOE y a su llevanza de la política diaria.

Cada día está más claro que tenemos una Gran Coalición de hecho, que es la peor de las situaciones para el PSOE. Si ya muchos no comprendemos ni compartimos la abstención y el apoyo al Gobierno de Rajoy, haberlo hecho y seguir haciéndolo sin un acuerdo general no es más que la expresión de la rendición de los socialistas. El Presidente del Gobierno concede triunfos más simbólicos que reales a los de la Gestora para que puedan mantener la farsa de la oposición útil, mientras aceptan el techo del gasto y las líneas maestra de los Presupuestos; una medida de poco alcance a cambio de aprobar miles de medidas como son unos Presupuestos Generales del Estado.

Las Plataformas de militantes van proliferando en todos los lugares, con la circunstancia de tener que buscar en muchos casos espacios fuera las sedes oficiales del Partido. Pedro Sánchez ha hecho una aparición multitudinaria y veremos como son las siguientes, pero cada vez que sale le marca la agenda a Díaz y a todos los que se mantienen agazapados en segunda, tercera y cuarta fila esperando que se quemen los que están por delante.

Tan necesitada está Díaz de que parezca que tiene una militancia detrás que ha organizado un acto en Jaén sobre la dependencia para llenar un espacio y ser respaldada públicamente por Rodríguez Zapatero, al que ella y los demás escondieron vergonzosamente en la campaña de 2011.

Díaz precisa más que nunca que la masa de militantes del PSOE-A porque su lanzamiento institucional en Bruselas no es que haya sido un fracaso, sino que ha supuesto un inmenso ridículo. Ella pretendía instrumentalizar a los dirigentes comunitarios, especialmente a los socialdemócratas y socialistas de otros países, para proyectar en España una imagen de estadista que no tiene, entre otras cosas, porque no lo es. Los políticos de aquellos lugares, experimentado en mil batallas en sus partidos, no picaron el grosero anzuelo fabricado en San Telmo y nadie se dispuso a que una jefa regional de los socialistas españoles lanzase su campaña a costa de ellos, respaldando no se sabe muy bien qué. Es por ello por lo que el saliente Presidente del Parlamento charló con ella entre cinco y quice minutos no e su despacho, sino en dos asientos en un pasillo.Y también es por ello por lo que solamente consiguió reunir a treinta y cinco eurodiputados socialistas (catorce españoles) de los cientos ochenta y nueve que conforman el Grupo Socialista del Europarlamento.

Las masivas manifestaciones en Granada, Huelva y Málaga han roto la fantasía de que Susana Díaz no recorta ni en Sanidad ni en Educación. Recorta en las dos y en la capital oriental donde había dos hospitales va a terminar habiendo uno, con dos sedes separadas por kilómetros. Andalucía, donde ganó con menos voto que cuando Griñán fue derrotado, ya no tiene el apoyo incondicional de antes y ni siquiera la incapacidad del PP de Andalucía puede bastar en esta ocasión.

La fuerza de Susana Díaz es la fuerza del PSOE-A. En Andalucía hay un ya sospechoso silencio demoscópico que podría indicar la intención de no debilitar a Díaz, al PSOE-A y a la Gestora con la posibilidad de un desastre socialista pasado Despeñaperros. Por el contrario sí han salido varias encuestas que publican los que todos los que conocen al PSOE y a sus votantes de siempre saben: la inmensa mayoría quiere a Pedro Sánchez y Susana Díaz es la más querida por los votantes del PP.

 

El PSOE y tomarse en serio a sí mismo

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Muchos dijimos que lo aprobado en el Congreso, la moción instando al Gobierno a que presentase un proyecto de Ley para derogar la “Ley Mordaza”, no tenía ningún efecto normativo y que esa Ley seguía perfectamente en vigor. Pese a lo que algunos decían, llevamos por el entusiasmo partidario y no por la realidad, el Grupo Parlamentario Socialista ha tomado la decisión de dejar de hacer el ridículo en el Congreso y presentar una verdadera modificación normativa.

El hartazgo por esta política parlamentaria de votaciones jurídicamente irrelevantes y que solamente buscan el titular parece que, una vez expresado, ha causado mella en los dirigentes parlamentarios del PSOE. Es hora que dejen de buscarse los titulares y se hagan propuestas de verdad.

Reunir los votos para una moción que inste en abstracto a derogar una norma muy dudosa, es como aquello que dice R. Senserrich de estar a favor del bien y en contra del mal. Lo difícil es presentar una texto de regulación alternativa y poner de acuerdo a fuerzas tan dispares como Ciudadanos y Podemos, aunque al paso que vamos la Gran Coalición hará que PSOE y PP solamente tengan ojos los unos para los otros.

Las leyes se modifican con otras leyes y no con una sucesión delirante de textos no normativos. Daña al poco tiempo a los que se intentan beneficiar de esas “victorias”, pero también al Congreso porque se da a entender que se ha hecho algo, modificar una Ley, que no se ha hecho y se generan expectativas infundadas.

Interpretando a Trump

Los miles de concienzudos análisis sobre qué ha cambiado para que un país que eligió a Obama hace ocho años, elija a Trump ahora, parten de un error fundamental: la mayoría de los votantes han elegido a Clinton y la ventaja de la candidata demócrata va por los dos millones de votos. Nunca hay que olvidar que en voto popular los demócratas han ganado todas las Elecciones Presidenciales desde 1992, con la excepción 2004.

Esto es electoralmente irrelevante, por sabemos que al Presidente lo elige el Colegio Electoral, pero a la hora de hacer análisis sociales no hay que perderlo de vista. Más que hablar de un país, hay que hablar sobre qué ha cambiado en los estados que votaron a Obama y ahora lo hicieron por Trump.

Donald Trump no es tonto y sabe que si bien la legitimidad constitucional de su elección no va a ser contestada, la legitimidad social sí lo será y se le recordará que él es solamente el Presidente de una minoría de los votantes. Y esto parece que no lo termina de encajar bien.

En uno de los cientos de reportajes que hemos podido leer estos días sobre la “América de Trump”, un reportero que le siguió en la campaña (no recuerda cuál ni de qué medio) reproducía las palabras de una seguidora que decía cómo los votantes y los entusiastas republicanos reinterpretaban las barbaridades de Trump, esto es, como el “muro con México” se transformaba en sus mentes en una política anti-inmigratoria muy dura, por ejemplo.

¿Qué quiere decir Trump cuando indica que hubiera ganado en voto popular si no hubiera sido por los millones de votos ilegales?

Quizá él quiere decir lo que dijo, pero lo captado por sus seguidores y votantes puede que sea mucho peor. Un fraude de millones de votos es indisimulable, de forma que hay algo más.

Lo que se recibe de las palabras de Trump es que Clinton gana el voto popular porque recibe el apoyo de votantes que no deberían poder votar, a los que se les ha regalado la nacionalidad y que votan no como estadounidense sino como mexicanos, salvadoreños o lo que sea con derecho a votos en los Estados Unidos. Lo más terrible de las palabras de Trump es que permiten inferir que hay votos mejores y peores, de más calidad y de menos calidad, y que si solamente se tuvieran en cuenta los “votos que deben ser tenidos en cuenta” Trump, y los que son como él, siempre ganarían.

 

El desprecio del votante

Soy andaluz. Estoy acostumbrado a que nos desprecien por lo que votamos. Este artículo de Francesc Vallès sobre la victoria de Trump es un ejemplo de desprecio al votante.

Comprendo que determinados resultados electorales puedan producir este sentimiento respecto a sus autores, pero dejarse llevar por el desprecio es una mala salida, tanto para el que quiere comprender como para el que quiere el voto de esos electores.

Solamente pensando que los votantes tienen  sus motivos, que nos pueden parecer malísimos, y han actuado conforme a ellos llegaremos a abrir las puertas a la intelección de lo quye ha sucedido. Pensar que es obra de tontos o de locos, nos cierra la puerta a toda comprensión.

Si esto es pésimo en el caso del analista, es aún peor en el caso del político que represente otra opción. Si desprecias a quienes vas a pedir el voto, en primer lugar serás incapaz de empatizar con ellos por mucho que lo intentes y, en segundo lugar, nunca sabrás hablarles de lo que realmente les importa. Si sientes desprecio por ellos, ellos también lo sentirán por ti.