Lo de Cataluña (XVII): El referéndum de Pablo Iglesias

La Constitución establece para el procedimiento ordinario de reforma constitucional la posibilidad de que se convoque un referéndum si así lo piden la décima parte de los diputados o de los senadores (art. 167.3). Ninguna de las dos reformas constitucionales anteriores se han sometido al reférendum al no haberse dado la condición anteriormente citada.

Ahora el grupo parlamentario de Pablo Iglesias tiene el número suficiente de diputados para conseguir que se celebre un referéndum en caso de que las Cortes acordasen la reforma constitucional. Iglesias lo plantea como una garantía a lo que él ve como un posible pacto entres populares y socialistas para restringir el autogobierno de Cataluña (el resto no le importa) o hacer algunos retoques constitucionales añadidos. Advierte que habrá referéndum.

De lo que puede que Pablo Iglesias, y otros muchos, no se han dado cuenta es que muchos españoles quieren ese referéndum y lo exigirán si la reforma constitucional le concede unos poderes mayores a Cataluña y una situación privilegiada respecto al resto de España. Una reforma en el sentido deseado por Iglesias tiene muy pocas posibilidades de superar el trámite ciudadano y ni Rajoy ni Sánchez pueden garantizar que sus respectivos partidos no se dividan en la cuestión.

Lo de Cataluña (XV): No sabéis

Tarde o temprano un separatista o un apaciguador con los separatistas termina diciéndole a su interlocutor del resto de España que él no sabe cómo son las cosas en Cataluña. Es cierto que estar en el lugar te da un conocimiento mejor y también mayores sesgos, pero lo que es absolutamente falso es que los que no vivamos en Cataluña no tengamos ni remota idea de lo que sucede.

En primer lugar porque, aunque haya una identidad y cultura propia, hay también una identidad y una cultura compartida. En segundo lugar porque Cataluña es un centro de información nacional desde la Transición y cualquier español medianamente informado se sabe el nombre de todos los líderes políticos catalanes y puede no saberse el nombre de los presidente autonómicos del resto del país.

Pero además, al ser unos de los núcleos informativos, muchos llevamos años leyendo artículos y noticias de autores catalanes en medios catalanes dirigidos a catalanes. Y puede que no seamos ignorante, sino que simplemente no estemos de acuerdo, porque no estar de acuerdo o condescender con el separatismo no es ser ignorante. Nuevamente el alma supremacista del secesionismo catalán.

Lo de Cataluña (XIII): La Europa de los microestados

En los debates en torno a la integración europea se han acuñado términos como la “Europa de los mercaderes” o la “Europa social”, hoy asistimos al intento de hacer nacer la “Europa de los microestados”. Una Europa cada vez integrada, a pesar del Brexit, donde las decisiones se hacen en común, donde hay voluntad de desarrollar una política exterior y de defensa integrada no es del gusto del gran actor geopolítico europeo que está donde nace el sol.

Las independencias de las regiones más ricas tiene enormes ventajas para Rusia. Aumenta el número de actores cada cual con una nueva agenda, con sus peculiaridades y nuevos asuntos que para algo uno es independiente. Se debilitan los Estados actuales. Las sociedades ricas solamente están dispuestas a invertir en su propia riqueza y cosa como el gasto en Defensa está mal visto y es poco pijo-guay, de modo que cada rublo ruso destinado a lo militar, tendrá menos euros para contrarrestarlos. En ese gallinero siempre habrá un Estado o varios dispuestos a ser el abanderado de Rusia porque son tan pequeños y poca cosa que necesitan apoyo externo para sobrevivir.

La hipotética independencia de Cataluña, Euskadi, Saboya, Silesia, Provenza, Bretaña, Córcega, Flandes. Valonia, Lombardía, el Véneto, Baviera, Renania, Escocia, Gales y Moravia (por citar algunos casos) es el sueño de la política exterior europea, que en vez delante a unos futuros Estados Unidos de Europa puede encontrarse con los Microestados de Europa, una cutre reedición en el siglo XXI del Sacro Imperio.

Lo de Cataluña (XII): La revolución de la LOGSE

Recuerdo a ese jefe de estudios que después de advertirle a un alumno una cantidad indecente de veces sobre su conducta decide expulsarle del centro tres días. Entonces el alumno, que se las sabía todas, le dice al jefe de estudios: ¿no es ahora cuando tenemos que dialogar y llegar a un acuerdo sobre mi comportamiento?

Daba igual que hubiera imposibilitado dar clases demasiadas veces, que no hubiera atendido ninguno de los consejos, avisos o advertencias, que hubiera pasado de las medidas alternativas y que hubiera tomado como un triunfo sobre los profesores las oportunidades que se le dieron. No importaba. Cuando todo había terminado quería diálogo de verdad y un acuerdo.

La reacción del separatismo organizado a la detención de los Jordis es una reacción del mismo tipo. Se acorralada a guardias civiles y a funcionarios de Justicia en el ejercicio de sus funciones, no se les deja salir, se destrozan sus vehículos para simbolizar el fin de España en Cataluña y se convoca una muchedumbre amenazadora, pero no se aceptan las consecuencias penales que tienen esos graves comportamientos.

Los separatistas catalanes, en una maniobra, quieren hacernos entender que esos comportamientos no deben tener consecuencias y que después de saltarse el orden constitucional a la torera es el momento de relajarnos y de dialogar como pedía ese alumno.

¿Qué pensarían los Jordis si fueran a cualquier sitio y una muchedumbre no les dejara salir del edificio? ¿A que no les parecería una manifestación pacífica?

Lo de Cataluña (XI): Parlamento cerrado

Los separatistas catalanes quieren dibujar a España como un Estado opresor, donde la democracia es aparente, pero la realidad no tiene nada que ver con su propaganda, que por eso es propaganda. La existencia de una oposición organizada, elegida en elecciones democráticas y que tiene representantes en el legislativo es uno de los elementos que hace posible identificar como democrático un sistema político. El poder legislativo, además de sus funciones legislativas, tiene una función fundamental de control del poder ejecutivo.

Las Cortes Generales, sede del poder legislativo español, está funcionando con total normalidad con todos los diputados y senadores, incluidos los separatistas, en pleno ejercicio de sus funciones y disfrute de los derechos e inmunidades correspondientes a su condición. Los diputados y senadores separatistas preguntan al Gobierno, asisten al Pleno e intervienen en él, en las comisiones, es decir, desarrollan con toda normalidad sus funciones parlamentarias.

Por el contrario el Parlamento de Cataluña ha sido cerrado y no se convocan sesiones. Los diputados de la oposición no pueden realizar sus funciones y los ciudadanos que representan, la mayoría, han sido excluidos de la principal institución representativa del autogobierno catalán. Mientras los dirigentes y caudillos separatistas llevan a su región a un precipicio social, económico y político cierran el paso a la oposición, la silencian institucionalmente para que nadie puede pensar que ellos no representan a toda Cataluña y no solamente a una minoría. Lo primero que hacen los tiranos es cerrar el parlamento.

Lo de Cataluña (X): Prioridades

Hace meses, antes que en la red se separasen los mundos separatistas y democráticos, no era rara la pregunta a personas de izquierda que estaban comprometidos con el separatismo sobre su apoyo a unos personajes como los de CDC ahora reconvertidos en PDCat. Ellos argüían que era cuestión de prioridades y que priorizaban la independencia; naturalmente esto solamente vale para ellos, porque si el PSOE apoya al PP para mantener la unidad de España es indigno, malísimo. Y sí, es una cuestión de prioridades que no son las mismas.

Lo de Cataluña (IX): Nacionalidades

Uno de los mayores artificios de los separatistas lo hacen con el asunto de la nacionalidad. El argumento es el siguiente: los catalanes continuarán siendo ciudadanos de la Unión Europea porque en todo tiempo podrán recuperar la ciudadanía española de origen en virtud del artículo 11.2 de la Constitución, cosa que sucede en muchos casos de pérdida por adquisición de otra nacionalidad.

Esto es así, pero nada ni nadie impediría a las Cortes Generales aprobar una reforma constitucional, en forma de Disposición Transitoria, que dijera que quienes optasen por la eventual nacionalidad catalana no podrían perderían la condición de españoles de origen a efectos de lo dispuesto en el artículo 11.2. Y ya está. ¿O es que creen que habría que asumir una fraude de nacionalidad de tales proporciones?

Es bastante triste, como en el caso de la garantía de los depósitos, querer dar confianza diciendo que no se romperán los vínculos de nacionalidad con el país del que te quieres independizar, porque todo el mundo percibe que tu nacionalidad no vale nada.