Líderes, amos, seguidores, siervos

Las organizaciones políticas buscan líderes. Los liderazgos requieren adhesión, pero los liderazgos políticos tienen algo de ideológicos y hay mínimos intranspasables. Cuando se pertenece a una organización política se ha de hacer con lealtad, aunque no todo lo que se haga sea del gusto individual (lo importante es el conjunto).

El líder se transforma en amo cuando no hay principios intranspasables, cuando todo da igual salvo el cumplimiento de la voluntad del líder transmutado en amo. Los siervos cambiarán de opinión, defendiendo las más groseras contradicciones y transgrediendo los principios más básicos, y lo harán con el mismo entusiasmo que antes, sin atisbo de incomodidad dado que han renunciado al pensamiento.

Los líderes intentan ser amor. Los seguidores no deben querer ser siervos.

Y la mierda explota

Max Weber definía el Estado como la agencia que posee el monopolio del uso legítimo de la fuerza. Como todos los conceptos clásicos ha sido revisado mil veces, pero algo bueno tiene cuando aún hoy, un siglo después de su formulación, nos sirve para intentar comprender la realidad que nos rodea.

Prescindiendo de “lo legítimo” (que no nos llevaría a ningún sitio), quisiera hacer una reflexión sobre las circunstancias en las que los Estados pierden ese monopolio del uso de la fuerza por voluntad propia, por consciente dejadez.

Asistimos a que hay zonas de un territorio, algunos tipos de acciones o ámbito de la vida social donde el Estado se ha retirado. Durante mucho tiempo los medios de comunicación y las autoridades le han quitado hierro a series de asesinatos diciendo que eran ajustes de cuentas entre bandas de criminales y por ello no afectaba a la seguridad ciudadana. Se transmitía la idea de que las bandas criminales vivían en una dimensión paralela de la realidad cuando le dedicaban a sus labores y que no había que preocuparse. El resultado ha sido el inmenso crecimiento de estas organizaciones y de su modo de trabajar.

Hay gente de orden que piensan que es bueno que haya algunos extremistas, siempre que sean extremistas de los tuyos, para que hagan ciertas faenas que no están bien vistas o que su ejecución puede ser problemática para el Estado. Estos extremistas, consentido y/o alentados, realizan impunemente actos bárbaros contra los de fuera, contra los que no de los nuestros, pero llega el momento en el que los extremistas dejan de ser tontos útiles y comienzan a querer ser ellos los que dirigen la sociedad.

Hay determinadas zonas de determinadas ciudades son el monopolio del uso de la fuerza por parte del Estado no es que esté roto, ni que el Estado entre en conflicto con otros detentadores, sino que el Estado ha renunciado directamente a ese territorio que formalmente es parte de él. En esos barrios el Estado pasa a ser “Estado fallido”. Pero los que se hacen con el poder en ese barrio y en ese distrito pronto se dan cuenta de que los límites territorialidad de la retirada del Estado son estrechos y quieren más, ampliando suave y continuamente las fronteras de su territorio de exclusión.

Un Estado que renuncia a su monopolio es un Estado que acepta dentro de sí la cimiente de la destrucción. Una vez que el Estado asume que, aunque sea parcialmente, no tiene el monopolio del uso de la fuerza, entra en una crisis que puede llevarle a ser fallido en un sentido general.

Remembranza weberiana

Las declaraciones de Juan Carlos Monedero sobre la situación de Podemos me han remitido inmediatamente a la categorización, que Max Weber hacía, de la dominación o de la legitimación en tres tipos puros: carismático, tradicional y burocrático-racional.

Podemos está viviendo un proceso de institucionalización, de paso del tipo carismático al burocrático-racional no por capricho, sino por pura necesidad de supervivencia. El partido de la espontaneidad, de las ocurrencias, de los conceptos afortunados y sobre todo del gran líder está construyendo un aparato, que es la única forma para que su proyecto pueda sobrevivir después de no conseguir metas significativas de poder en los venideros procesos electorales.

A Podemos le quedan años de oposición, de construir proyectos más centrados en las regiones, comarcas y municipios que en las grandes ciudades y en los macrorrelatos. Si Podemos sobrevive a este tremendo año electoral lo harán porque se ha organizado y tiene cuadros que saben lo que hay que hacer.

Los momentos fundacionales son maravillosos: sensación de poder hacer mucho e ilusión. Todos los veteranos de Podemos recordarán las reuniones de los “Círculos Podemos” en los parques y en las plazas y sobre todo la noche electoral de las Europeas de 2014.

Las normas de educación nos permiten portarnos bien con las personas a las que no amamos; las instituciones políticas permiten continuar adelante cuando las sensaciones iniciales se han diluido y los primeros momentos son poco más que un recuerdo.

Juan Carlos Monedero parece no estar de acuerdo con la “aparitización” de Podemos (que es cierto que está reproduciendo los defectos de los actuales partidos), pero un partido que no alcanza el poder rápidamente, si no se institucionaliza, desaparece.

Un partido no puede vivir solamente en la calle, ni en reflexión (que no sé si Monedero y yo coincidimos sobre ese concepto). La lucha electoral te hace aprender y te hace ser más práctico (y menos radical) porque un programa sin vencer en unas elecciones no tiene sentido, pero es aquí donde llegamos a punto axial crítica de Monedero.

Para él el Estado basado en la representatividad parlamentaria es una trampa. Caer en una, casi sin fin, lucha electoral no tiene sentido. Monedero, inspirándose en otros procesos relativamente cercanos que se han dado en países presidencialistas que no parlamentarios, considera que si no se consigue el poder y se cambia el “régimen” se fracasa y se traiciona.

El carisma solamente puede sobrevivir un poco, realmente muy poco más, si la victoria es inmediata. Aunque el carisma victorioso también se institucionaliza pero no lo hace como partido, sino que se convierte en Estado.

Cónclave (IV): Soslayando las diferencias

En la última entrada publicada en esta serie apuntábamos algo que considerábamos obvio (que el Cónclave fuera rápido) y quizá fuera conveniente dar una explicación.

El Papado tiene un aspecto de “potestas”, que es plena, inmediata, suprema y demás características que el Derecho Canónico ha ido señalando. Pero junto a ésta hay una “auctoritas” que tiene que ser ganada desde el primer momento.

Está prohibido decir cual ha sido el resultado de las diversas votaciones del Cónclave. Un Papa no consigue la mayoría requerida en la primera votación, ni siquiera la absoluta, de modo que durante unos cuantos días ha tenido a más cardenales en contra que a favor.

El Papado tiene un elemento carismático que se basa en la adhesión incondicional y comprobar empíricamente que no siempre hubo ese apoyo incondicional y que es probable que hubiera otro candidato que se quedara a pocos votos de la elección.

Una elección que se dilata en el tiempo tiene dos efectos: uno que se pasa y otro que no. El primero es que la atención mediática se va perdiendo con cada fumata negra que sale de la Capilla Sixtina (a partir del tercer día ). Pero el efecto que no se pasa es la sensación de profunda división. Por más que sea secreto el escrutinio lo innegable es la dilación.

Bin Laden

Hay noticias que uno sabe que terminarán ocurriendo, pero que con el tiempo se acaba olvidando que estaba pendiente. Osama Bin Laden y su final era una de esas noticias y un anodino 2 de mayo se ha cerrado la ‘gestalt’ y los Estados Unidos, al cabo de muchos años, han dado con él y lo han matado.

Bin Laden ha sido asesinado, no ejecutado tras un procedimiento legal. Habrá muchos que piensen que lo ordenado por el Presidente Obama es moralmente correcto y otros que mantengan una posición contraria, pero conviene dejar claro qué ha sucedido. En todo caso yo prefiero que esté muerto a vivo.

Naturalmente esta acción tendrá cobertura legal interna en los Estados Unidos, donde nunca es lo mismo lo que se hace dentro del propio territorio a lo que se hace fuera de éste. No en vano los Estados Unidos llevan años manteniendo que están llevando a cabo una guerra contra el terrorismo, de forma que para matar a alguien basta con ser objetivo militar, no estar condenado. De todas formas es un modo de proceder que plantea serias dudas. Y para terminar la gestión de la información creo que está siendo especialmente torpe, aunque explicable.
 
Bin Laden es un símbolo y un líder terrorista. El problema es que su organización no es una organización piramidal, sino que es una red. Las redes no tienen un centro ni una base, de forma que pueden seguir operando aunque se haya cortado alguno de sus nudos. Además el liderazgo era carismático, y esto es lo que ayuda a Occidente, por lo que no cabe una sucesión reglada y si hay sucesión no implica necesariamente que haya una transmisión del ‘poder carismático’.

Hay personas que se sorprenden de que Bin Laden se escondiese en una residencia cerca de la capital pakistaní y no en una desierta cueva en Afganistán. Creo que son los mismos que les gustó esa infame película (El americano) donde un estadounidense se refugia en un pequeño pueblo italiano donde llama más la atención de un flamenco en Pekín. Uno siempre podrá pasar desapercibido entre sus iguales, no en lugares deshabitados donde estar es ya sospechoso.

Ahora nos contarán interesantes historias de inteligencia, comandos, tecnología y tramas que han permitido localizar y dar muerte a Bin Laden. Casi una década han tardado el ejército mejor equipado y la inteligencia mejor del mundo en apresarlo, con lo que la película que Hollywood hará tendrá que encontrar una buena excusa (que lo hará) a tamaña dilación.

La muerte y el liderazgo carismático

Hace unos días, cuando hablaba de la limitación de mandatos, me refería al hecho político de que hay personas que dejan sus cargos por haber agotados sus mandatos (o sin agotarlos) pero que siguen manejando el poder como cuando ejercían el cargo. Éste era el caso de Néstor Kirchner.

Todos los medios hablan de que con la muerte de Néstor Kirchner se tambalea toda la arquitectura política gracias a la cual se mantenía la actual Presidenta y que iba a ser posible que Cristina Fernández o Néstor Kirchner ganasen las próximas elecciones.

La ausencia de una estructura partidaria fuerte (el Partido Justicialista es una locura), hizo que este matrimonio tuviera que crear, a partir de las estructuras peronistas, una organización electoral propia.

Néstor Kirchner ascendió a la Presidencia de la República Argentina después de un periodo caótico con presidentes dimitiendo, saliendo del país, caceroladas continuas e interinajes presidenciales que eliminaban cualquier capacidad de gobierno o de toma de decisiones. Era la época del ‘corralito’.

Kirchner tiene el gran mérito de haberse hecho con la situación y de haber reunido el poder necesario para que la Presidencia de la República pueda llevar a cabo las funciones constitucionales y ejercer, tan importante como lo anterior, el liderazgo político.

Y el liderazgo político es importante porque en un país que ha vivido profundas crisis institucionales, la legitimación carismáticamente sigue siendo, lamentablemente, fundamental. Argentina, y otros muchos países, alimentan mitos políticos basados en las dotes extraordinarias de los dirigentes, dotes que no son exigibles a nadie ni que garantizan una buena gestión, pero que socialmente se consideran necesarias para ser Presidente, gobernador de una provincia o intendente de un municipio.

Uno de los rasgos de los análisis publicados de la figura de Néstor Kirchner que confirman esta visión es que él estaba en continuo contacto con tantos dirigentes del país como les era posible, sin importancia de que dirigieran una municipalidad pequeña y apartada o una provincia importante. El funcionamiento jerárquico solamente es posible si la legitimación es la ‘racional-burocrática’, no en la carismática como es éste caso.

El futuro parece incierto en cuanto que la actual Presidenta, Cristina Fernández, sustentaba su ‘potestas’ en la ‘auctoritas’ de su marido. Y es éste uno de los grandes problemas de la legitimación carismática, ya que con la desaparición de la persona que la tiene, desaparece la estructura de poder o entra en una peligrosa inestabilidad.

¿A rey muerto, rey puesto?

La muerte del jefe militar de las FARC ha sido presentada por las autoridades colombianas como el primer paso para la desaparición de este grupo terrorista, un paso decisivo a través de la estrategia del descabezamiento.

El hecho de que esta estrategia tenga éxito dependerá de la propia estructura organizativa de las FARC. En principio y por lo leído las FARC son dirigidas a través de un Secretariado formado por siete miembros, pero esto no dice especialmente nada, ya que puede existir nominalmente un órgano colegiado y funcionar de otro modo.

La primera posibilidad es que, a lo largo de sus cuarenta años de actividad, las FARC se hayan burocratizado, en el sentido weberiano, y que la desaparición del ‘jefe militar’ no entrañe más problema que el de sustituirlo y que adquiera la experiencia que el antecesor tenía.

La segunda posibilidad es que el ‘jefe militar’ que ha resultado muerto tuviera un liderazgo carismático o que, de forma sustitutiva, hubiera acumulado de forma monopolística unos resortes de poder que no podrían ser fácilmente sustituidos, principalmente por el desconocimiento de esos resortes o porque los ‘herederos’ no los transmiten.

Si la primera posibilidad es la cierta, la acción de las Fuerzas Armadas colombianas tendrán un efecto limitado en las acciones de la FARC, ya que en el momento en el que ‘corra fila’ y el mecanismo se ‘engrase’ entonces las consecuencias de la operación se quedarán reducidas al efecto mediático.

En el caso de que sea la segunda posibilidad, la operación del ejército colombiano ha puesto verdaderamente a las FARC al borde del abismo, de manera que se ha cortado radicalmente la jerarquía de mando por la cabeza, la circulación de la información entre las partes, el proceso de toma de decisiones y la cohesión grupal.