¿Es Netanyahu el Presidente de Israel?

A las 7:43 horas de hoy, el twitter de Informativos Telecinco publicaba el siguiente tweet:

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Lo de ayer fueran elecciones legislativas. El nuevo parlamento israelí deberá dar un apoyo al Primer Ministro que parece que va a ser Netanyahu. El vencedor será Primer Ministro y no Presidente.

El Presidente de Israel es también elegido por el Parlamento por un mandato de siete años.

Es cierto que en Israel existió la particularidad de ser el único sistema parlamentario que permitió la elección directa del Primer Ministro. Lo hizo durante tres elecciones (1996, 1999 y 2001).

Editores de los medios: preparen buenos periodistas,  con buenos sueldos, con posibilidad de especializarse u una alta exigencia. Pero no crean que unos becarios que deben cubrir todos los temas y unas noticias de agencias hacen un medio de comunicación.

De la utilidad del reconocimiento palestino

Para España Palestina es algo raro de tipificar, pues es una especie de autonomía que formalmente no depende de nadie, que tiene muchas facultades que normalmente le atribuimos a un Estado, pero a la que no se le reconoce la estatalidad.

La votación en el Parlamento del Reino Unido, la decisión del gobierno sueco y la próxima votación en la Asamblea Nacional de Francia han dado aires nuevos en nuestro país y dentro de la Unión Europea a este reconocimiento.

España reconoció al Estado de Israel en los términos dimanantes de los actos de las Naciones Unidas que crearon establecieron un plan de dos Estados. España, si reconoce a Palestina como Estado, no hará otra cosa que ser coherente con el reconocimiento que ya se hizo de Israel.

El gobierno israelí indica que este reconocimiento no tiene ninguna utilidad. La verdad es que me cuesta seguir el argumentario israelí, pero sí resulta más claras las consecuencias del reconocimiento, ya que, por ejemplo, las operaciones militares sobre Cisjordania y Gaza ya no será jurídicamente para España operaciones sobre un territorio ocupado militarmente durante un largo periodo de tiempo, sino que serán operaciones en un Estado extranjero y que eventualmente podrían calificarse como agresión; resultarían jurídicamente difícil de justificar los puestos militares en el interior o las barreras, así como el establecimiento e incluso el mantenimiento de las colonias.

Si no tuviera ninguna utilidad el reconocimiento, a Israel le daría igual que el resto de la comunidad internacional reconociera o no a Palestina y a su ANP como un Estado.

Reconociendo su profundo fracaso

La salida del embajador de Israel en España no ha podido ser más lamentable. Si uno hiciera abstracción del contexto, parecería la reacción de alguien que va a ser el último embajador de un estado en España y que su salida se debe a la ruptura de las relaciones diplomáticas y no a un mero cambio realizado por su Ministerio de Asuntos Exteriores.

Raphael Schutz acusa básicamente a los españoles de ser antisemitas y de no conocer la realidad de Israel, porque la imagen que dan los medios españoles es, en su opinión, de un conflicto, no de Israel.

Juan Goytisolo le da la respuesta, en el mismo medio, al ex embajador, hablando del secular antisemitismo español que tiene las peculiaridades de ser respecto al judío no presente y de menos intensidad que lo que se siente respecto de los ‘moros’. Goytisolo se pregunta sobre lo que puede hacer el español normal para cambiar su visión de Israel por la que quisiera el ex embajador que tuviéramos.

Centrándonos en el segundo punto, el de los medios de comunicación, cabría decir que lo que Raphael Schutz está reconociendo es el fracaso de su estancia como embajador en España. Una de las misiones que suelen tener los embajadores, es la de procurar que llegue una imagen adecuada de su país al país en el que se encuentra. Para ello se puede servir de muchos medios. No sabemos qué ha hecho el ex embajador Schutz en esta materia pero, haya intentado lo que sea, sus palabras no son otra cosa que el reconocimiento de un profundo fracaso.

Finalmente, y por eso decía que parece que ha habido ruptura de relaciones diplomáticas, el embajador Schutz ataca al pueblo del Estado en el que está, a la sociedad que siempre debe ser considerada exteriormente como buena y amistosa. Este ex embajador de Israel en España le hace un flaco favor a su sucesor, y posiblemente a los sucesores de éste, pues será fácil que se piense que su idea de España y los españoles es la misma que la de Raphael Schutz pero que se reprime hasta el día que deje el puesto cuando nos pondrá a caldo en un medio de comunicación.

Incentivos para abordar

Después de la última operación militar israelí contra la flotilla que intentaba llegar a Gaza, tenemos las habituales escenas de indignación (ésta vez realmente internacionalizada) y cada cual defendiendo las posturas que justifican su postura.

¿Por qué ha pasado esto? La primera respuesta y más verdadera es que hay mucha maldad y que las cosas se están haciendo cada vez peor. Pero este tipo de respuestas pueden ser tan verdaderas como poco útiles para la explicación.

Los miembros de la flotilla sabían que esto podía pasar. Confiaban en que la presencia de personas de las más variadas nacionalidades fuera lo suficientemente disuasivo para Israel como para dejarlos pasar para no padecer la condena internacional y las posibles medidas por su acción.

Por el contrario Israel era consciente de que los organizadores de la flotilla manejaban esta opción, pero para ellos dejarlos pasar suponía ver nuevas flotillas hacia Gaza, seguras de tener cierta inmunidad antes las tropas israelíes. El mar de convertiría en una modo eficaz de mandar recursos a Gaza y de dar aire al gobierno de Hamás.

Israel valora sus posibilidades. Hasta ahora nunca ha padecida ninguna consecuencia especialmente severa por una acción militar, incluso cuando ésta ha perjudicado bienes o intereses de sus aliados occidentales. De hecho atacaron el USS Liberty con bajas militares norteamericana sin padecer ninguna represalia.

Entonces la decisión estaba clara: o se permitía que se abriese una ruta marítima a Gaza o se aguantaba algunas horas de reprimendas internacionales sin más consecuencia. La marina israelí ataca la flotilla dando un escarmiento ejemplarizante para los futuros voluntarios que se pudieran prestar a una segunda flotilla.

La propuesta de Netanyahu. Aspectos económicos

Visit Palestine
El pasado domingo 14 de junio, el Primer Ministro de Israel hizo su propuesta para la creación de un estado palestino en los territorios que su país mantiene ocupados. Según informa la prensa la propuesta es esencialmente la siguiente: Estado palestino sin ejército ni control de su espacio aéreo.

Netanyahu quiere dar la impresión de que no está en contra de la constitución del Estado palestino, mientras que ésta no sea una amenaza contra la seguridad de Israel. Es una propuesta de esas que se hacen para no poder ser aceptadas, porque ser un estado independiente y soberano implica exactamente eso, poder decidir cómo y quien te defiendes y cómo controlas tu territorio, del que forma parte también el espacio aéreo. Un estado con esas facultades soberanas recortadas difícilmente sería homologable a lo que se entiende por un estado, aunque en Kosovo anden encantados con estar bajo un protectorado.

Mirado cínicamente la idea de no tener ejército, si no fuera impuesta desde el exterior, no está tan mal, porque el futuro estado se ahorraría una cantidad ingente de dinero en sus primeros años y se quitaría un agente desestabilizador en los países de Oriente Medio.

Pero la gran trampa de la propuesta de Netanyahu no es política, sino económica. La pérdida (o la no adquisición) del control sobre el espacio aéreo conlleva no sólo la imposibilidad de decidir quien o que sobrevuela tu territorio, sino también donde aterrizan.

Y hablando de aterrizajes llegamos al centro de la cuestión. Israel y Palestina, si estuvieran plenamente pacificados, serían destinos turísticos de primer orden, ya que no en vano es tierra santa para tres religiones, siendo dos de ellas (Cristianismo e Islam) las que reúnen entre ambas a media Humanidad. Son cientos de millones, si no miles, de posibles turistas, especialmente cristianos porque los musulmanes tienen prioridad ritual sobre La Meca, que pueden viajar a conocer el espacio físico donde se sitúan las narraciones han escuchado desde su más tierna infancia.

En Jerusalén no hay aeropuerto, siendo el principal acceso el “Aeropuerto Internacional Ben Gurion” en Tel Aviv o, más lejos, el aeropuerto de Ammán (Jordania). Con control sobre el espacio aéreo, los palestinos podrían un aeropuerto internacional en Ramallah y paralelamente llenar los alrededores de Jerusalén de instalaciones hoteleras, dado que la mayoría de los “santos lugares” se encuentran en zonas palestinas. De esta forma podrían llevarse la mayor parte del inmenso pastel turístico que la paz podría generar, si la corrupción local no lo impide.

El hecho que los palestinos aceptasen perder el control del espacio aéreo no sólo afectaría al ejercicio de una facultad soberana inherente al hecho de ser un estado (control pleno del propio territorio), sino que sería un renunciar a aprovechar lo que es el principal yacimiento económico de su tierra: el turismo.

¿Jurisdicción vaticana sobre los Santos Lugares?

Iglesia del Santo Sepulcro

Iglesia del Santo Sepulcro

Publica el diario israelí “Haaretz” que el Presidente del Estado de Israel, Simon Peres, desea el traspaso de los lugares santos del Cristianismo al Estado del Vaticano. Es una de las manera que tienen los israelíes de animar la visita de Benedicto XVI a Tierra Santa.

Si nos tomamos hipotéticamente en serio esta idea, nos encontramos ante una trampa diplomática en la que no creo que caigan, ni por asomo, los de Secretaría de Estado del Vaticano, por más que la idea de que los Santos Lugares del Cristianismo.

La primera trampa sería de consumo interno respecto al Cristianismo, pero pondría a la Iglesia Católica en un lugar muy difícil respecto a las otras confesiones cristianas, ya que la extraterritorialidad de estos lugares transferiría toda la responsabilidad a las autoridades vaticanas.

Hasta el momento presente la cohabitación de las confesiones en estos lugares se mantiene sobre un frágil equilibrio consuetudinario y es impensable que las otras, concretamente las orientales (ortodoxas) se avengan a la jurisdicción católica. Pero no es sólo una cuestión de costumbres en el entramado de Jerusalén, sino también una cuestión teológica, ya que reconocer la jurisdicción católica sobre los Santos Lugares por parte de las confesiones orientales supondría, en cierta medida, el reconocimiento implícito de cierta superioridad y autoridad católica sobre ellas, las cuales rechazan de plano desde hace mil años.

La segunda trampa es que la mayoría de estos Santos Lugares, si no todos, están ubicados en Jerusalén Este, es decir, están en un territorio ocupado después de la Guerra de los Seis Días y que antes estaba bajo la jurisdicción de Jordania. La aceptación de la jurisdicción desde Israel conllevaría un reconocimiento de la soberanía israelí sobre todo Jerusalén, soberanía sin respaldo en el Derecho Internacional.

El reconocimiento de la jurisdicción vaticana sobre los Santos Lugares se haría, también implícitamente, sobre la idea de que estos le corresponden según el Derecho Divino cristiano. Esto llevaría al paralelismo de la legitimidad de Israel no sobre la base del Derecho Internacional, como hasta ahora ha mantenido el Vaticano, sino sobre el Derecho Divino común a ambas religiones, pretensión inmemorial de un sector del Sionismo religioso.

Fuente de la foto.

El Laborismo israelí apesta

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Hace varios meses leí un libro al cual dediqué una recensión. Las consideraciones que hacía el autor sobre la política israelí y especialmente sobre el partido que actualmente conocemos como “Partido Laborista” dan la sensación de que este partido ha creado una maquinaria tal, desde la fundación del Estado de Israel, que no se puede permitir vivir apartada del poder.

Creo que esta es la mejor explicación de la entrada de los laboristas israelíes en el gobierno del Likud y de los ultraderechistas de Lieberman. Los laboristas israelíes han entregado todo a cambio de mantener una conexión con el poder, por una parcela que le permita a su maquinaria subsistir como sea.

Las explicaciones “ad hoc” dadas por Barack son todo menos creíbles. La participación de los laboristas en el gabinete israelí más escorado a la derecha de su historia conlleva la aceptación de las políticas que este gobierno desarrollará, donde se están convirtiendo en un mero adorno ideológico hacia el exterior, ya que el bloque de derecha, ultraderecha y partidos religiosos tiene en su poder la mayoría de la Knesset.

Tener determinada ideología se muestra con los hechos y no con las proclamas. Los hechos han demostrado que el Partido Laborista israelí se siente cómodo gobernando con la ultraderecha y prefiere antes guardar los intereses de su aparato y de los que viven gracias a él que ser la oposición que los ciudadanos que le han votado les demanda que sean. Es probable que la izquierda israelí esté ya en otro partido.