Tú pones los soldados y nosotros los aviones

El empleo de unidades aéreas suele ser decisivo para que unas fuerzas regulares puedan aplastar a unas fuerzas insurgentes. Por muy bien armados que estén los insurgentes y por muchos recursos humanos que tengan, el acceso a unidades aéreas les suele ser casi imposible y son éstas las que marcan la diferencia. La destrucción de la capacidad aérea del régimen de Gadafi, además de las deserciones con aparatos incluidos, junto con la aplicación de las fuerzas aéreas de la OTAN como soporte de las operaciones insurgentes, han hecho que el régimen se hunda.

Estados Unidos y los que somos sus habituales aliados hemos aprendido que intervenir en determinados países directamente es problemático, de forma que lo que se hizo en Afganistán y ahora en Libia ha sido darle una ventaja decisiva a las fuerzas insurgentes. En definitiva una forma muy efectiva y con poco costes en bajas de hacer la guerra.

La Alhambra es la serpiente del verano

El pasado año el éxito veraniego de las relaciones hispano-marroquíes fue el cartel sobre las policías en uno de los pasos fronterizos en Melilla. Todo tipo de opiniones se lanzaron durante un verano con pocas noticias y mucha necesidad de rellenar espacio y tiempo en los medios de comunicación y en el mundo 2.0. Pasó el verano y desaparecieron las gravísimas situaciones que habían causado miles de indignados artículos y entradas.

Parece como si alguien quisiera reeditar la serpiente de verano dado el éxito que tienen, para estos menesteres, las relaciones hispano-marroquíes. Ahora toca la Alhambra y las ‘reclamaciones’ marroquíes sobre los beneficios de su explotación turística. Vendrá lo de siempre, aunque algún medio de natural exaltado se medirá un poco después de lo de Noruega.

Llegará septiembre y todo se olvidará hasta que el próximo verano alguien piense que está bien buscar alguna frikida en una web marroquí para rellenar el verano. Pues nada, a disfrutar de esta serpiente veraniega, que lo del Códice Calixtino ya no tiene más recorrido.

Sobre manifestaciones, concentraciones y acampadas

Ante todo, como presupuesto, quiero indicar que los manifestantes de ayer y los que hoy y en adelante presumiblemente se concentrarán me merecen todo el respeto. Sigo sin saber qué desean o que reclaman en concreto porque cada una de las personas que va allí es un programa en sí mismo y el manifiesto es de una generalidad tal con la que no se puede estar de acuerdo ni en desacuerdo.

Algunas reflexiones desordenadas:

1) Estoy de acuerdo con Jorge Galindo y R. Senserrich con decir que este movimiento es de izquierda y que rezuma los principios clásicos de la izquierda, por más que insistan en no identificarse con ningún partido político.

2) El sector liberal de izquierda no puede caer en la tentación de que esos manifestantes quieren sus propuestas, todo lo contrario, quieren mantener lo que la crisis ha tirado. Las opciones del PSOE para no perder al electorado que se le va a chorros no era la liberalización, sino mantenerse inamovible, algo que no le ha sido posible.

3) El sector económico más dañado por la crisis, con diferencia, ha sido la construcción. Tengo la impresión, subjetiva, de que pocos desempleados de este sector se están manifestando en las plazas de las ciudades. Esto no es ni bueno ni malo, en el caso de ser sería únicamente una característica. Los desempleados de la construcción añoran los viejos tiempos de la ‘burbuja’ donde sin cualificación alguna se podía ganar 3000 euros al mes.

4) Es cierto que, por fin, las movilizaciones han saltado de Internet a la calle, que es donde se ganan las causas o se pierden. Poco a poco irán adquiriendo las habilidades necesarias para que las manifestaciones y las concentraciones no se pierdan o se desvíen. La continuidad creo que está garantizada si en principio se limita al próximo domingo.

5) El seguimiento de las concentraciones es muy desigual a lo largo del país. Solamente parece que ha tenido relevancia en Madrid, pero en otras ciudades del país la cifra ha sido más bien ridícula. Corre el peligro de convertirse en una protesta de corte madrileño con la no participación de la periferia del país, esto es, del país.

6) Los manifestantes, acampados o concentrados no deben caer en las facilones redes de lo ‘conspiranoico’. Durante la pasada tarde se ha acusado a Twitter de censurarles a desaparecer el ‘trending topic’ de #spanishrevolution (por dejar de ser una tendencia y consolidarse, lo cual es un criterio conocido de Twitter) y de que se estaban utilizando inhibidores para evitar el uso de móviles (cuando las redes se saturan cuando hay una acumulación tremenda de gente para unas antenas limitadas).

7) De todos modos que nadie se engañe. La mayor concentración de personas para un acto político del día 17 de mayo la ha protagonizado el imputado Francisco Camps. 15000 personas, muchas más que en Sol, han estado apoyando al imputado que el Partido Popular presenta a la Presidencia de la Comunitat Valenciana. La derecha lo tiene muy claro y va arrasar.

8) Desde ayer mismo y amparándose en incidentes protagonizados por unas minorías que desgraciadamente siempre aparecen, Gallardón comenzó a abonar la teoría de que la extrema izquierda está tomando la calle. Luego vendrá la idea de que las instituciones están siendo cuestionadas por extremistas políticos bolivarianos (u otras variaciones como que Rubalcaba es el director) y de que hay que tomar medidas extraordinarias. Los del PP son gente lista, aunque a veces se esfuercen en demostrar lo contrario, y saben que una de las mayores victorias de la derecha francesa se dio tras la Revolución del 68 con la llamada ‘Cámara del Miedo’.

9) Un poco de cinismo para terminar. La principal fuente de ingresos de este país es el turismo y al turismo le repele la inestabilidad en los destinos. Que nadie olvide que España se ha beneficiado de la huida del turismo del mundo árabe a causa de las revueltas. Si los medios extranjeros transmiten al exterior la existencia de un clima de inestabilidad política que los trabajadores turísticos preparen las cartillas del paro para antes del verano.

Destruyendo el futuro

Un atentado terrorista ha dado una impronta propia a Marruecos dentro del contexto general del Mundo Árabe. En Marruecos se habían registrado protestas que no habían ido a más, quizá por la incapacidad de los que protestaban, quizá por los incidentes violentos en algunas de esas manifestaciones, o sencillamente por la habilidad de los dirigentes marroquíes a la hora de manejar la situación, tener un régimen no demasiado desagradable o saber pasar reformas más o menos vistosas a un ritmo conveniente.

Este atentado quiere sacar a Marruecos de la senda de las reformas, quiere propiciar el inmovilismo para quebrar el régimen. Es un atentado contra la economía marroquí, contra los nuevos aires que traen los turistas y solamente busca la miseria y el miedo que los dogmáticos asumen como fundamento.

El turismo fue un elemento de enorme trascendencia en la apertura de una sociedad anquilosada como fue la española de la mitad del siglo XX. El turismo no sólo tuvo un valor social, sino que fue y es la primera actividad económica de España. Marruecos ha intentado el mismo camino (con otros elementos de inversión) y ahora se quiere cerrar nuevamente al país sobre sí mismo.

En el fondo éste ha sido un atentado contra la democracia, una democracia aún no existente, pero que da la impresión haberse alejado aún más. No ha sido un atentado ni contra el régimen marroquí ni contra el Rey Mohamed VI, sino contra todos los marroquíes y contra sus derechos, libertades y su futuro.

La hipocresía del ciudadano medio

Muchas personas y medios de comunicación se indignan con el apoyo tradicional que los países occidentales le hemos prestado a todas las dictaduras árabes. Sacan fotos de los dirigentes europeos y norteamericanos junto a los dictadores caídos o por caer. Mucha gente se indigna con esto y de esta indignación es la de que querría hablar.

Nuestra economía depende y seguirá dependiendo por mucho tiempo del petróleo y del gas natural, que son recursos naturales abundantísimos en esos países. Dice el refrán que ‘nadie paga duros a cuatro pesetas’, pero nosotros los estamos pagando a tres e incluso a dos pesetas.

El apoyo de Occidente a las dictaduras árabes es conocido de sobra no sólo por los medios políticos, por los de comunicación, sino también por la ciudadanía en general. Ésta ha aceptado como válido dos argumentos. El primero dice que la defensa de intereses vitales como la energía justifica sostener a regímenes represores pero buenos con nosotros. El otro argumento es pluriforme y justifica al primero, que dice que los árabes no son capaces de gobernarse democráticamente, que les gusta los regímenes fuertes con líderes carismáticos, que son o apáticos o una especie de estoicos ambientales, o que son un peligro debido a su religión

En 1973 los países de la OPEP provocaron otra gran crisis económica al subir conjuntamente el precio del petróleo. Desde entonces se les tiene políticamente controlados y hay una especie de entente cordial respecto al precio del petróleo vendido directamente por los diversos países. Esa autolimitación no proviene de una opción de los gobiernos árabes, sino en la necesidad que tienen los dirigentes de tener apoyo técnico y político occidental, dando a cambio su petróleo a un precio razonable e invirtiendo parte de sus beneficios en los países occidentales.

Y es que lo que hacen nuestros gobiernos es conocido por todos. Continuamente algunos medios publican los viajes y acuerdos de los diversos países occidentales con estas dictaduras, recibimos las visitas de sus dictadores y les agasajamos, compartimos los prejuicios hacia los árabes y también algún medio publica las ventas internacionales de armamento de nuestro país y de otros países occidentales a estos regímenes. Lo sabemos desde hace tiempo y es más, lo consentimos y lo aprobamos.

La indignación del que ahora cobra conciencia o se vuelve un bien pensante ante las consecuencias de la ‘Realpolitik’ hecha para él y por él. Me recuerda a aquellos que quieren que no haya accidentes en carretera pero que, a la vez, están en contra de las limitaciones de velocidad, de las multas y de las tasas máximas de alcohol para conducir.

Casi lo peor es que la medida tenga éxito

Sin duda la noticia que se convertirá en tema de conversación de la sociedad española es la nueva limitación de la velocidad en autovías y autopistas a los 110 km/h. La principal justificación de esta reducción del límite de velocidad en determinadas vías es la necesidad de ahorrar dinero y más ahora cuando la inestabilidad política en el Mundo Árabe, principal zona productora de petróleo, puede provocar una subida alocada del precio del crudo.

La pregunta es si es una medida efectiva para cumplir con el objetivo que se plantea. Según los cálculos del Ministerio de Industria el ahorra será de 1.400 millones de euros en un año, lo cual aliviará un poco nuestra desastrosa balanza de pago y evitará que aún más dinero salga de nuestro país. Si Industria ha tomado esta medida entiendo que lo hace con buenos datos aunque ya hay estimaciones de ahorro de combustible y de gasto por mayor tiempo de desplazamiento que son interesantes.

También es cierto que el Gobierno ha aprobado un conjunto de reducciones en los precios de RENFE para los servicios de cercanías y de media distancia. El problema es que la red ferroviaria para lo que podemos llamar un ‘transporte cotidiano’ solamente está madura en áreas muy pequeñas del país, siendo simbólica y poco útil en la mayoría de las ciudades españolas (Sevilla, Málaga, Murcia por sólo citar las que mejor conozco).

Después viene otro inconveniente. Si la medida tiene éxito y baja el consumo de combustible, también bajará la recaudación fiscal del Estado por los impuestos que gravan a la gasolina y al gasóleo (entre 700 y 1.000 millones de euros), que implicará necesariamente un mayor déficit, cuando no nos podemos permitir disminuir nuestros ingresos y a la vez estamos recortando los gastos.

Psiquiatría o Ética. Enfermedad o maldad

Una cosa es la enfermedad mental y otra cosa es actuar mal. Lo primero es un hecho psiquiátrico, lo segundo es un hecho moral. Con suma facilidad tendemos a considerar los hechos moralmente malos o especialmente malos fruto de una enfermedad mental. Esta consideración es más consecuencia de la experiencia del horror del ‘espectador’ (en la que se descompone nuestra visión del mundo) que de la realidad.

El País ha publicado un pequeño reportaje en el que les preguntaban a varios expertos en enfermedades mentales si Gadafi está o no enfermo. El resultado unánime es que está más sano que una pera y sabe perfectamente qué está haciendo, esto, que sabe lo que está haciendo y lo hace con plena conciencia de las consecuencias de sus órdenes.

Por mucho horror que experimentemos, no hay que estar loco para dar las órdenes que Gadafi está dando. Las matanzas, los fusilamientos y los bombardeos sobre los barrios de las ciudades sublevadas son una decisión consciente de su maldad. Cuesta concebir que alguien pueda hacer el mal tan clara y deliberadamente pero así somos los seres humanos y algunos en especial lo demuestran.

No es problema de salud mental, es un problema de elegir entre el bien y el mal.