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Archive for the ‘Marruecos’ Category

El director general de la Guardia Civil anunció querellas contra quienes atentasen contra el honor y la imagen de la institución que dirige en el caso de los inmigrantes muertos en la frontera entre España y Marruecos en la ciudad de Ceuta.

Fernández de Mesa ha utilizado la amenaza de una querella no para defender a la Guardia Civil, sino para intentar amedrentar a medios de comunicación y, sobre todo, a organizaciones ciudadanas.

Empleando los medios de Estado puede poner en un brete económico a medios sin gran consolidación económica y a organizaciones que no son precisamente bancos haciéndoles gastar una gran cantidad de dinero en defensa jurídica o bien intentando tener suerte e imponiéndole medidas cautelares que puedan ser mortales para el medio o para la organización.

El honor, la imagen y la profesionalidad de la Guardia Civil solamente se defienden con la verdad. Una investigación realizada por especialistas independientes extranjeros elegidos en una lista propuesta por el Consejo de Europa o por la Unión Europea. Saber qué pasó y la responsabilidad que pudiera tener el Estado español es vital.

Decir que todo se ha hecho bien, desde el principio al final, cuando el número de muertos aumenta y las contradicciones se hacen más patentes, me recuerda mucho a aquellas infaustas jornada de marzo de 2004 en las que el ministro Acebes aseguraba que era ETA desde el primer instante.

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Últimamente hemos hablado bastante de la concepción formalista de la democracia que está desplegando la derecha española desde que el PP ganó las Elecciones Generales. Recupero hoy para ejemplificarlo las declaraciones de un alto cargo del gobierno popular, que fue diputado por dieciocho años.

Francisco Antonio González Pérez hizo las siguientes declaraciones para demostrarnos que, según la concepción que ellos mantienen, Marruecos es una democracia:

El Gobierno de España no va a interferir, desde ningún estamento, en la actuación de un país democrático que celebra elecciones democráticas y tiene todos sus órganos reconocidos internacionalmente

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Kiko Llaneras insistía el otro día en el poco valor que tienen los datos en términos absolutos y como es necesarios ponerlos en comparación para ‘homogeneizar’ un dato y que fueran relevantes, comparables y nos proporcionaran una información con algún valor. Lo hacía a propósito de que los dos principales periódicos del país habían considerado que la Comunidad de Madrid era la más endeudada del país, sin tener en cuenta ni la población ni el PIB, los cuales, una vez tenidos en cuenta, cambiarían significativamente el titular.

Ayer leía en ‘Público’ que las autoescuelas reclaman a la DGT que los extranjeros extracomunitarios con carnet de conducir de su país, tengan que pasar un examen aquí en vez de obtener el permiso mediante canje del de su país de procedencia, ventaja de la que también se benefician los españoles en esos países a través de un acuerdo bilateral.

El portavoz de las autoescuelas intenta fundamentar su posición en datos de muertos extranjeros por accidente de tráfico comparando los de un país comunitario con otros que tiene el sistema de canje: Marruecos. Sostiene lo siguiente:

Mientras que de los 1.302 alemanes que mueren al año en nuestro país sólo 25 son víctimas de accidentes de tráfico, de los 637 marroquíes que fallecen anualmente 104 se matan en la carretera.

No seré yo quien diga que los marroquíes, al menos en Marruecos, conducen bien. Pero una cosa es eso y otra que los datos que maneja el portavoz de las autoescuelas no estén algo más que inflados.

Él compara los muertos en accidente de tráfico alemanes y marroquíes con el total de fallecidos de esas nacionalidad en España al año (sin precisar qué año ni precisar si eran peatones, conductores o pasajeros).

1 de cada 52,8 fallecidos alemanes se debe a la conducción, mientras que entre los marroquíes la relación es 1 de cada 6,13. La conclusión es que, con los datos de las autoescuelas, las víctimas mortales marroquíes son 861% superior a las alemanas.

La comparación entre fallecidos en general en España y los que han sido en accidente de tráfico no es relevante, porque suele haber más fallecidos cuando hay más población de determinada nacionalidad.

Según los últimos datos del INE los alemanes en España son 250.971 y los marroquíes son 760.238, de manera que la relación es diferente, ya que los fallecidos en carretera alemanes serán 1 de cada 10.038 alemanes residentes en España, mientras que la de los marroquíes es 1 por cada 7.309,98 marroquíes residentes en nuestro país. Por tanto, la tasa de los marroquíes sobre los alemanes es superior en un 37,32%, que no es poco en términos relativos, pero no un 861%.

Esto no quiere decir que no tengan razón, que teniéndola les importe un pimiento la seguridad vial y lo que realmente quieran es hacer más caja y que se hayan dedicado a manipular los datos, como han hecho, con algunas gotas de racismo.

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El pasado año el éxito veraniego de las relaciones hispano-marroquíes fue el cartel sobre las policías en uno de los pasos fronterizos en Melilla. Todo tipo de opiniones se lanzaron durante un verano con pocas noticias y mucha necesidad de rellenar espacio y tiempo en los medios de comunicación y en el mundo 2.0. Pasó el verano y desaparecieron las gravísimas situaciones que habían causado miles de indignados artículos y entradas.

Parece como si alguien quisiera reeditar la serpiente de verano dado el éxito que tienen, para estos menesteres, las relaciones hispano-marroquíes. Ahora toca la Alhambra y las ‘reclamaciones’ marroquíes sobre los beneficios de su explotación turística. Vendrá lo de siempre, aunque algún medio de natural exaltado se medirá un poco después de lo de Noruega.

Llegará septiembre y todo se olvidará hasta que el próximo verano alguien piense que está bien buscar alguna frikida en una web marroquí para rellenar el verano. Pues nada, a disfrutar de esta serpiente veraniega, que lo del Códice Calixtino ya no tiene más recorrido.

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Un atentado terrorista ha dado una impronta propia a Marruecos dentro del contexto general del Mundo Árabe. En Marruecos se habían registrado protestas que no habían ido a más, quizá por la incapacidad de los que protestaban, quizá por los incidentes violentos en algunas de esas manifestaciones, o sencillamente por la habilidad de los dirigentes marroquíes a la hora de manejar la situación, tener un régimen no demasiado desagradable o saber pasar reformas más o menos vistosas a un ritmo conveniente.

Este atentado quiere sacar a Marruecos de la senda de las reformas, quiere propiciar el inmovilismo para quebrar el régimen. Es un atentado contra la economía marroquí, contra los nuevos aires que traen los turistas y solamente busca la miseria y el miedo que los dogmáticos asumen como fundamento.

El turismo fue un elemento de enorme trascendencia en la apertura de una sociedad anquilosada como fue la española de la mitad del siglo XX. El turismo no sólo tuvo un valor social, sino que fue y es la primera actividad económica de España. Marruecos ha intentado el mismo camino (con otros elementos de inversión) y ahora se quiere cerrar nuevamente al país sobre sí mismo.

En el fondo éste ha sido un atentado contra la democracia, una democracia aún no existente, pero que da la impresión haberse alejado aún más. No ha sido un atentado ni contra el régimen marroquí ni contra el Rey Mohamed VI, sino contra todos los marroquíes y contra sus derechos, libertades y su futuro.

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El pasado 14 de septiembre Ignacio Sotelo publicaba en “El País” un artículo en el que abogaba por mejorar las relaciones con Marruecos dando Ceuta y Melilla como pago, ya que a juicio del autor ambas ciudades suponen un gasto inasumible en tiempos de crisis y constituyen fuentes de fricciones con un país vecino con el que se deben mantener buenas relaciones.

Ayer, también en “El País”, el Presidente de la Ciudad de Ceuta publicó un artículo de respuesta, con el que estoy de acuerdo. Es muy raro que yo esté de acuerdo con el Presidente Vivas. El artículo de respuesta era correcto y rebatía acertadamente las afirmaciones de Sotelo, aunque por la naturaleza política del firmante y de sus asesores, además de por la necesario limitación de espacio, no se profundizó en algunos aspectos que son dignos de mención y comentario.

Ignacio Sotelo fundamenta su artículo sobre un pragmatismo que quiere oír de todo tipo de nacionalismo, español o periférico, que le es útil para atacar los llamados ‘derechos históricos’ de los que hablaremos más adelante. El problema es que una cosa es ser nacionalista, otra no ser nacionalista y, una muy diferente, es ser un nihilista de la comunidad política, superando incluso a las concepciones más minimalistas del Estado.

Para Sotelo no es defendible cualquier política que, en virtud de una idea de ‘nación’, anteponga determinadas pretensiones sobre la propia identidad o configuración a cuestiones prácticas. Es curioso que solamente a España le esté vetado hasta la más civilizada brizna de nación, mientras que a Marruecos no le critica ninguna de las concepciones nacionalistas que sustentan las rutinarias reivindicaciones de Ceuta y Melilla.

Sotelo tiene razón en decir que nos conviene tener relaciones buenas con Marruecos. Estoy de acuerdo y cualquier persona con dos dedos de frente lo estará, pero hay que preguntar de quien depende tener esas buenas relaciones. Al menos hay dos partes y, por lo visto, hay una empeñada en provocar ridículamente y esa parte no es España.

Es más Sotelo no menciona el motivo por el que él piensa que la entrega de Ceuta y Melilla a Marruecos garantizaría una buenas relaciones. Marruecos no mantiene relaciones sin fricciones con ninguno de sus vecinos (Mauritania, Argelia y España). Es más Marruecos, desde los años setenta, ha reivindicado el Sáhara Occidental (que lo tiene ocupado militarmente), Ceuta, Melilla y las Islas Canarias. Su agenda de ampliación territorial está clara. Solamente nos resta saber si Ignacio Sotelo estaría dispuesto a entregar las Islas Canarias para que determinadas empresas tengan más facilidades en Marruecos. Las buenas relaciones han de ser mantenidas por las dos partes y no solamente por una.

El chantaje implícito, que Sotelo bendice, de la necesidad de controlar la inmigración y el terrorismo nos coloca en la posición de eternos pagadores a cambio de que Marruecos cumpla con sus obligaciones como estado que quiere ser parte del ámbito económico europeo. En las relaciones internacionales nadie hace nada gratis, pero lo que propone Ignacio Sotelo conlleva que España deba someterse a una especie de nueva edición del vasallaje con Marruecos (tierras a cambio de protección de la inmigración y el terrorismo).

El autor del artículo quiere crear confusión sobre la población de Ceuta y Melilla. En Ceuta y Melilla no vivimos cuatro comerciantes y unos cientos de funcionarios, sino 150.000 españoles. Cae Sotelo en la trampa mental y en la xenofobia implícita, además de en desagradable coincidencia con la propaganda marroquí, de que los musulmanes ceutíes y melillenses no son españoles sino marroquíes. También habla de que Ceuta y Melilla viven del ‘comercio informal’ (eufemismo de ‘contrabando’) pero no se para a pensar que es Marruecos quien pone todos los obstáculos materiales y legales en su mano a que haya un comercio formal, que sería muy beneficioso para las regiones limítrofes y para las dos ciudades españolas.

Leyendo su artículo me he sentido retrotraído a los estudios de Historia en los que unos reyes se reunían y se repartían territorios y poblaciones como satisfacciones de guerra, para calmar los ánimos o como regalo de boda. Ignora cualquier idea de ciudadanía, de derechos personales o de contrato social cuando cree que comprar el buen entendimiento con Marruecos a cambio de dos ciudades españolas y sus habitantes es una buena idea. Parece que los ceutíes y los melillenses somos piezas de intercambio en la pobre estrategia mercantilista de Sotelo y no ciudadanos españoles.

El problema que tiene Sotelo es que confunde la retórica de los ‘derechos históricos’ con las consecuencias jurídicas que crean los acontecimientos, recogidas tanto en el Derecho de cada país como en el Derecho Internacional. Ignacio Sotelo no quiere hablar de Derecho y prefiere la óptica del amigo y el enemigo, de la victoria y la derrota, de la amenaza y el apaciguamiento. No quiere hablar de Derecho pero nunca habla de ciudades españolas, muy hábilmente, sino de plazas de soberanía y de dominación (¿sobre quién?).

No tiene razón Ignacio Sotelo cuando dice que Marruecos es una ‘democracia deficiente’. Marruecos es una dictadura de corte teocrático con algunas instituciones, sin poder real, que simulan ser democráticas. En Ceuta y Melilla hay un sistema democrático y un régimen de derechos y libertades, y lo que propone es que los territorios y las poblaciones sean entregados a un dictador que gobierna en nombre de Dios.

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Sé que últimamente ando escribiendo mucho de temas ceutíes y murcianos, pero no hay nada como contar historias locales para comprender lo universal.

Hoy mismo hablaba de que el motivo de la visita de Rajoy a Melilla era puramente electoral y no un electoralismo nacional, sino local, porque allí el PP se juega mucho y puede perder demasiado en un puñado de votos.

La estrategia del PP para Melilla es la misma que para Ceuta: el miedo. Como en Ceuta no han tenido la suerte de que el gobierno marroquí lance a veinte tipos delante de la frontera y ponga un cartel, han tomado la postura de “filtrar” información a los medios sobre los peligros que corre Ceuta.

El Faro de Ceuta publica la noticia de la existencia de un informe del Ministerio de Defensa que “sitúa a Ceuta como el principal riesgo específico de España”, como dice el titular de la noticia. Luego, es cierto, que se explica que el notición es de un informe de febrero de 2009 (plena actualidad informativa), pero no se cuenta que cualquiera puede conseguirlo en Internet, ya que el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional lo tiene colgado en su web.

Saben que, normalmente, los periódicos locales son leídos en los bares y cafeterías y, por tanto, lo que se hace es mirar los titulares. El titular (Un informe para Defensa sitúa a Ceuta como el principal riesgo específico de España) es claro y transmite peligro para producir miedo. Y ante el miedo, la derecha.

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En la política y especialmente en la política internacional ser absolutamente previsible es una pésima estrategia, que deja al que la ejerce en manos de un adversario lo suficientemente hábil como para saber mover adecuadamente los estímulos con la completa seguridad de que va a producir una respuesta esperada y buscada.

España es un libro abierto para la política exterior marroquí. Ellos saben prever qué dirán cada y cuál será el comportamiento de cada uno de los actores.

Política exterior como campo de batalla de la política interior

Desde hace mucho tiempo la política exterior española como un terreno de batalla política y electoral por parte de todos los partidos políticos. Una crisis internacional provoca automáticamente una crisis interna en España, ya que todos los partidos intentan sacar ventaja de la crisis, especialmente cuando la resolución no es cosa de dos minutos.

Imaginario

Marruecos es percibido, por parte de una buena porción de la población española como un ‘enemigo natural’. Son demasiados siglos de Historia y de historias como para que fácilmente se considere a Marruecos. Nuestro imaginario tiene un elemento de miedo a alguna forma de ‘invasión marroquí’ y eso exacerba tanto a la sociedad española que pronto se pierden los papeles. Cualquier cosa, sin excusar que no esté bien, es vista e interpretada como una ‘grave provocación’.

El papel de la derecha

La derecha española explota el imaginario social para obtener ventajas políticas y  electorales. Cualquier actuación de Marruecos es vendida como un ataque a la soberanía, la independencia y a la integridad territorial de España. En este capítulo todo lo relaciones con las ciudades de Ceuta y Melilla tiene un efecto multiplicador (a pesar que la mayoría de los españoles en la vida han pasado por ninguna de las dos ciudades).

El papel del gobierno

El gobierno se suele quedar en un sitio indefinido: ni coge la posición del agravio y toma medidas, ni comunica adecuadamente cual es la situación real y los motivos que le llevan a actuar como está actuando. El gobierno sale perjudicado y, con cada nueva actuación de cuatro manifestantes y con colaboración inestimable de la derecha española, se le presiona aún más.

Los medios de comunicación

Todo lo que suene a Marruecos, España y a las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla tiene un especial ‘morbo informativo’. Las principales cadenas de televisión mandan enviados especiales porque no tienen corresponsales permanentes (salvo RTVE) en estas ciudades y los pobres se hacen un verdadero lío con los sitios y las circunstancias. Y a todo esto se le une que en el verano no hay noticias, pues a darle minutos. Y después están los medios de opinión, cada cual cumpliendo con las expectativas dependiendo de su línea ideológica.

Marruecos

Las élites gobernantes en Marruecos tienen, por lo general, una buena formación adquirida en centros de calidad de toda Europa y de los Estados Unidos. Tantos los dirigentes, como la sociedad civil conocen muy bien la realidad social y política española, mientras que en España las mismas instancias son casi ignorantes sobre la política y la sociedad marroquí. A ello se une el férreo control que el gobierno marroquí tiene sobre sus medios de comunicación.

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José María Aznar ha ido a hacer turismo en Melilla, con la misma condición a sus anteriores visitas: turisteo o campaña electoral. José María Aznar nunca visitó Melilla ni Ceuta oficialmente durante los ocho años que fue Presidente del Gobierno. Nunca tocó en sus dos mandatos ir a Ceuta o a Melilla a visitarlas como Presidente del Gobierno.

Y no es una cuestión de detalle o un simple formalismo, porque una cosa es ir de turista o como jefe de un partido a hacer las cosas que un turista o un jefe de un partido hacen y otra muy diferente es visitar el territorio nacional como Presidente del Gobierno, con la carga simbólica que una visita oficial tenía para las dos ciudades autónomas.

Desde Adolfo Suárez, el único Presidente que ha venido a Ceuta (y a Melilla) en su calidad de Presidente ha sido Rodríguez Zapatero y ha sido precisamente durante la Presidencia de ésta cuando también se ha dado la visita del Jefe del Estado a las dos ciudades norteafricanas.

Después de las mentiras del PP sobre las visitas de Aznar a Melilla (la restricción mental es una de las formas de la mentira), vayamos a lo importante del tema: la lectura en la política interna del PP.

Cuando Aznar anunció su participación en la ‘manifestación central’ contra el aborto, toda la dirección del PP se lanzó a la carrera a apuntarse, temerosa de que el ex Presidente les quitase el liderazgo social y político de las corrientes conservadoras. Ahora Aznar casi ni lo ha anunciado, y si lo ha hecho es cuando estaba en el avión, para tener él sólo el protagonismo y decirles a los ciudadanos que gustan de su propaganda testicular (si es que estar tres minutos en la frontera merece ese calificativo) que él el verdadero y único valedor de sus ideas.

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Lo de las manifestaciones (de risa, creedme) que se están dando en la frontera entre España y Marruecos en Melilla ponen de manifiesto una diferencia fundamental entre las dos ciudades autónomas españolas.

En la frontera de Melilla existe una aduana comercial, es decir, pueden circular legalmente mercancías entre España y Marruecos por este paso. Las mercancías pagan los aranceles correspondientes y el camión sigue adelante.

Por el contrario en la frontera hispano-marroquí en Ceuta no hay aduana comercial, lo cual quiere decir que las mercancías que pasan diariamente desde el polígono de naves aledaño a la frontera hacia Marruecos y desde los mercados de Castillejos (ciudad marroquí fronteriza) hacia España lo hace de forma ilegal: contrabando. Es por ello por lo que los marroquíes han elegido hacer el numerito en Melilla y no en Ceuta, donde todos los comerciantes tienen proveedores en la Península.

Desde hace muchos años la sociedad civil ceutí (lo que queda de ella) viene reclamando que el Gobierno de España (se le reclamaba a Aznar y también a Rodríguez Zapatero) haga todas las gestiones conducentes para que se establezca una aduana comercial en la frontera ceutí. Sabemos que esto no depende exclusivamente del Gobierno español y que el marroquí no está demasiado dispuesto a ceder en algo que sería beneficioso (ingresos fiscales para ambos y desmantelamiento de las ‘mafias’ fronterizas).

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