Títulos y subtítulos

Ando haciendo listado de mis libros y digo listados porque hablar de una base de datos sería pretensioso y, lo que es peor, sería falso.

Después de unos cuantos cientos de ejemplares cuyos títulos han pasado al ordenador a través de mi teclado me he dado cuenta, o más bien he formulado algo que ya había atisbado: que en Humanidades y en Ciencias Sociales los títulos cada vez son más literarios y los subtítulos son los realmente informativos sobre el contenido del libro.

Pongamos un ejemplo inspirado aunque no estrictamente real. No sería raro encontrarnos una obra que se titulase Afectos y hormigón. Del título no sacamos más en claro que puede tratarse de casi todo, pero cuando nuestros ojos se posan en el subtítulo se nos despejan las dudas: Relaciones familiares en las ciudades europeas a principios del siglo XXI.

No es que pretenda una involución en lo que a los títulos respecta y que sean como los tratados latinos de título estereotipado que comenzaban con la mítica preposición de ablativo “de”. Pero creo que si conseguimos que el título informe un poco podemos ahorrarnos subtítulos, registros con campos enormes y con un prurito literario tan innecesario como pedante.

Campos de fuerza (de Steiner)

George STEINER: Campos de fuerza: Fischer y Spasski en Reykiavic, 1973. La Fábrica, Barcelona, 2004, 128 páginas.

Éste es un libro sobre unas cuantas partidas de ajedrez. Pero es mucho más que eso, es un libro que parece escrito por Jorge Luis Borges en el que todo tiene una unidad temporal circular de modo que se da una concurrencia masiva y ordenada. Un libro absolutamente recomendable.

Steiner parece transformarse en el escritor argentino. Partiendo de lo que es la narración de la final del Campeonato del Mundo de Ajedrez en 1973, entre Fischer y Spasski, recorre la historia del ajedrez, Islandia y su relación con el ajedrez, la política de bloques imperante en la época, la psicología del ajedrez, el carácter de cada uno de los contrincantes, la irrupción de la televisión, la entrada del ajedrez en el mundo del ‘deporte comercializado’, la fábrica de las piezas, el ambiente, la presencia de los periodistas y todo en ello con profundidad y capacidad sintética.

Pero quizá lo más grandes que hace Steiner es una desvalorización tremenda del ajedrez. Pertenezco a una generación que se crió en las postrimerías de la Guerra Fría, en la que los deportes y el ajedrez eran un incruento campo de batalla entre los dos bloques ideológicos y más concretamente entre los Estados Unidos y la Unión Soviética.

Steiner mantiene que el ajedrez tiene una profundidad tremenda, que requiere genialidades para ser dominada, pero todo ese esfuerzo, toda esa grandeza y genialidad no dejan de ser un coste titánico para un juego, para una trivialidad. En nada mejora el mundo un resultado, una salida o una jugada magistral, por difícil que sea y capacidad intelectual que se necesite.

Después del Reich

Giles MacDonogh: Después del Reich: crimen y castigo en la posguerra alemana, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2010. 996 páginas.

A veces hago una distinción que, en determinadas ocasiones, me resulta enormemente útil. Ésta consiste para tratar un hecho concreto en separar la explicación causal y la justificación moral. Decir que un hecho lleva a otro, no quiere decir que se justifique éticamente.

Esta distinción la he tenido muy presente en toda la lectura de este libro, en el que se narra el maltrato sufrido por el derrotado pueblo alemán tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial. Es útil no entrar a justificar estos hechos con los anteriores ni caer en la tentación de redimir unos en los otros. Cada calamidad se debe enjuiciar moralmente desde sí mismo y no desde el puesto causal que ocupa en una sucesión de hechos.

Hay que indicar, por lo que se dirá más adelante, que el texto no es ni negacionista ni revisionista ya que en ningún momento ni se niega ni se minusvalora ni es la existencia, ni la escala, ni la barbaridad moral que fue el Holocausto.

La documentación referenciada por el autor es amplia, aunque bastas partes del libro que dependen sustancialmente de algunas memorias personales provenientes de personas de los mismos estratos sociales e ideológicos. El resto de los materiales suelen ser utilizados más como ilustraciones o aclaraciones para la paráfrasis del memorial-base que como ladrillos para construir la narración.

El autor se fija en las atrocidades cometidas por las tropas soviéticas, con especial fijación cuando los soldados eran oriundos del Asia Central; en las de los norteamericanos siempre que los actores fueran soldados afroamericanos; en las de los franceses con la única condición de que los bárbaros fueran tropas coloniales argelinas o marroquíes.

Yo no niego los hechos, pero creo que faltan actores, empezando por los británicos, compatriotas del autor que parecen no haber hecho nada más que intentar el bien y la reconciliación universal.

El libro, que describe los hechos que han sido reflejados en otros libros y en multitud de trabajos audiovisuales, cae en demasiadas valoraciones, implícitas o explícitas, que no dejan de hacer sospechar al lector.

Todos los opositores al Nazismo, con la excepción de la derecha prusiana involucrada en el 20 de junio de 1944, son maltratados por el autor dando la imagen de que eran unos arribistas y aprovechados, ignorando en muchas ocasiones los pocos beneficios que, en sus vidas, la condición de opositores al Nazismo les había reportado. Da la impresión de que el autor se hubiera imbuido de aquella fatal confusión que hacía de los opositores al Nazismo unos enemigos del pueblo alemán.

Pero esto no es lo más inquietante. Con determinadas comparaciones entre el sufrimiento de unos y de otros se transmite la sensación de que se quiere hacer un juego de cuenta cero, algo así como que dos masacres en sentido contrario neutralizan la barbarie de ambas y limpia a quienes las perpetraron. Me reitero en lo dicho al inicio: un mal no se justifica en otro, solamente se suma.

Homosexual como acusación

Proliferan los libros que denuncian a la izquierda como responsable de la expulsión de la Humanidad del paraíso adámico. También proliferan los que inculpan a la derecha de todos los males.

Un género especial de estos textos impresos son los que intentan revelarlos los recovecos del Vaticano y sus secretos más oscuros e inconfesables. Puestos a acusar a los papas, cardenales, obispos y otros prelados de todo tipo de tropelías se termina acusando de cosas que no son susceptibles de acusación.

El último ejemplo que he encontrado ha sido este libro del inefable Eric Frattini. Lo más llamativo, a mi juicio, es el subtítulo donde se pone al mismo nivel la pederastia, la violación y la homosexualidad. Si alguien piensa que la homosexualidad no es reprobable moralmente ¿por qué acusa a alguien de serlo?

B16, el preservativo y la venta de libros en Navidades

No es el primer libro de entrevista al que se presta Joseph Ratzinger. Hace años se lo hizo posible a Messori, conocido periodista católico ultraconservador. Ahora ha dado otra entrevista de la que se ha adelantado, por el periódico vaticano, algunos de sus contenidos con más gancho.

Lo que se está haciendo con la entrevista en forma de libro a Benedicto XVI es una magnífica campaña publicitaria para que algo bastante previsible y que se puede resumir en la tesis ‘sed buenos y obedecedme’ pueda hacerse merecedor de los euros que cuesta, incluso para los más devotos, es dar un poco de novedad, algo de picante que ocupará muy pocos en el libro y que será reproducido hasta la saciedad. El Papa ha admitido que es bueno usar el preservativo en determinados casos y ya tenemos toda la campaña publicitaria a pleno rendimiento.

Dos observaciones finales. La primera es que yo, personalmente, no necesito que Benedicto XVI me dé orientaciones en materia moral; habrá quienes lo valoren pero me extraña tanto entusiasmo por las palabras papales cuando la sociedad española desde hace décadas tiene absolutamente incorporada las técnicas preservativas y anticonceptivas.

La segunda es que técnicamente estas palabras del Papa no forman parte de lo que se llama ‘magisterio pontificio’ pues siempre se puede decir que lo dijo a título personal y que no lo hizo ni en una celebración litúrgica, ni en un texto de carácter netamente doctrina como es una encíclica.

Una nación conservadora (de Micklethwait y Wooldridge)

John MICKLETHWAIT y Adrian WOOLRIDGE: Una nación conservadora. El poder de la derecha en Estados Unidos. Debate. Barcelona, 2005. 582 páginas

Hace más de un año que leí este libro y siempre he ido postergando hablar de él. Después de las elecciones legislativas, del martes 2, en Estados Unidos creo que es un buen momento.

La tesis fundamental de este libro es que, en este momento, los Estados Unidos son una nación conservadora, como se refleja en el título y que este conservadurismo forma parte tanto de su tradición política como de la construcción social de la nación. Es cierta, y los autores no lo niegan, la fuerza e importancia de la tradición liberal en la conformación y desarrollo de los Estados Unidos, pero mantienen, con buenos argumentos, que el fundamento conservador está presente desde los primeros tiempos.

De especial interés son los múltiples capítulos en los que se explica como el movimiento conservador se ha ido convirtiendo en decisivo en los Estados Unidos y como se ha formulado a través de instituciones universitarias, institutos de investigación, un amplísimo programa de becas, una tremenda acumulación de medios de comunicación y el inteligente aprovechamiento de cualquier hueco para mostrar su visión del mundo.

En una serie de años que irían desde la desastrosa campaña de Barry Goldwater hasta la Presidencia de Bush, que es cuando el libro se escribe han modelado tanto la conciencia social como lo que se considera prestigioso o correcto socialmente, encerrando en el ostracismo el discurso y el programa liberal.

Es un libro, en mi opinión, absolutamente recomendable para conocer el movimiento conservador estadounidense, sus discursos y sus incongruencias, su fuerza y sus debilidades y, sobre todo, para percibir qué le sucede al gran ausente: el liberalismo.

Rótulos inquietantes

Hay determinados rótulos en las librerías que o bien representan una concepción determinada en Filosofía de la Ciencia o bien una profunda ignorancia. Hay uno que me molesta especialmente, pero últimamente no lo encuentro, de manera que sí voy a mostraron uno muy interesante. El comentario os lo dejo a vosotros, si lo tenéis a bien.