Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘Segunda Guerra Mundial’ Category

Cuando Harry S. Truman era Vicepresidente de los Estados Unidos era un perfecto desconocedor de la marcha de la Segunda Guerra Mundial. De hecho se enteró, entre otras muchas cosas, de la existencia del Proyecto Manhattan después de acceder al Despacho Oval.

La Ley de Seguridad Nacional de 1947 le concedió un papel al Vicepresidente dentro de la Seguridad Nacional para evitar que en un futuro un Presidente que accede al cargo como él, por el fallecimiento de su antecesor, es mázs desconocedor de algunos temas que muchos funcionarios del gobierno federal.

Una vez como Presidente fue Harry S. Truman quien dio la orden de lanzar las bombas atómicas. La orden no tiene ninguna solemnidad. Es un escrito al dorso de un memorándum en el que se autoriza el lanzamiento a partir del 2 de agosto.

Orden Truman Bomba Atómica
Orden Truman Bomba Atómica r TransOrden Truman Bomba Atómica v Trans

Read Full Post »

70añosdepaz
Mi TL en Twitter anduvo loco con la emisión de una moneda de oro, con valor facial de 200 euros, con el lema “70 años de paz”.

El lema se parece a aquel del Franquismo desarrollista de “25 años de paz”. Muchos han pensado que eran una conmemoración del final de la Guerra Civil y el establecimiento de una continuidad “in pace” entre el régimen dictatorial y la democracia.

Pero la fecha de la emoción es 2015, de modo que si a 2015 le restamos 70, obtenemos 1945, que es la fecha de finalización de la Segunda Guerra Mundial.

Así que, con una lema de resonancias franquistas, la FNMT conmemora el fin de la Segunda Guerra Mundial sin mencionarlo.

Los países suelen conmemorar los acontecimientos que le han afectado directamente y, aunque la SGM sea un hecho cuyas consecuencias vivimos hasta el día de hoy, nosotros no participamos. Y esto es lo verdaderamente llamativo: ¿por qué España tiene que conmemorar el fin de una guerra en la que no tomó parte?

También habría que plantearse una segunda serie de cuestiones: ¿de verdad que son 75 años de paz?

Aceptando la definición de que la paz es la ausencia de guerra podemos pensar si, en los países contendientes, ha habido realmente 70 años de paz desde 1945.

Es cierto que Francia y Alemania no se han invadido y matado nuevamente, ni que nadie ha vuelto a bombardear Londres y que los japoneses solamente van a China de turismo y a comercial. Pero es igualmente cierto que en lo que fue Yugoslavia (contendiente en la guerra) ha habido varias guerras consecutivas, que en el Cáucaso (formaba parte de la URSS), ha habido y hay conflictos bélicos, que ahora en Ucrania oriental (contendiente dentro de la URSS) hay una guerra civil, que en Filipinas llevan décadas con una guerrilla tremenda o las guerras que padecieron Corea o Vietnam (cos contendientes contra los Estados Unidos, otro contendiente) en las décadas siguientes a 1945 y esto con lo que me venía a la cabeza y sin meter el Oriente Medio.

El lema “70 años de paz” desgraciadamente es erróneo para muchos de los lugares que participaron, como potencia o dentro de los imperios coloniales, en aquella conflagración. Se han de conmemorar hechos o procesos limitado y nunca periodos tan amplios y tan abiertos en lo geográfico como lo ocurrido en los países beligerantes en los últimos setenta y cinco años.

En todo caso, para finalizar, quisiera decir que ésta es una conmemoración impropia para un país que no participó como contendiente. Se conmemora y se celebra si es el caso acontecimientos propios y no ajenos por importantes que hayan sido.

Read Full Post »

El nuevo gobierno griego está intentando renegociar su deuda. Antes hablaban de no pagar, luego de una quita negociada, más tarde de refinanciación y ahora piden que vuelvan a darles dinero a sus bancos a cambio de comprar los bonos-basura helénicos.

Los defensores del nuevo gobierno griego afean la postura dura del gobierno alemán trayendo desde 1948 la condonación a la Bundesrepublik de la deuda del Deutsches Reich (las reparaciones de la PGM las terminaron de pagar hace cinco años).

Se quiere la condonación de la deuda alemana sin, desde luego, mencionar la situación de lo que quedó de Alemania.

Cuando sucedió esto hacía solamente tres años que había terminado la Segunda Guerra Mundial, donde el país había quedado arrasado (un destrucción de recursos, instalaciones y viviendas del 50% al 70% dependiendo de las zonas), que habían sufrido más de cinco millones de muertos y seis millones de heridos y que tenía millones desplazados desde Prusia Oriental y desde otros territorios con población alemana. No había alimentos ni combustible para pasar el invierno por decisión de las fuerzas ocupantes.

Lo que quedaba del país no tenía ninguna autoridad común propia, sino autoridades locales y progresivamente autoridades regionales, todas ellas sometidas a las fuerzas de ocupación. Una parte había sido cedida a Polonia, otros trozos a la URSS que además ocupaba una buena proporción de la zona que ahora sería el este de Alemania.

En estas condiciones se dio la condonación. Quien quiera compararse con los alemanes de 1948 debería estar dispuesto a aceptar estar en esa situación.

Read Full Post »

El Banco de Inglaterra ha anunciado que va a tomar medidas que propicien el crecimiento aunque éstas tengan como consecuencia el aumento de la inflación. Algo que ahora es totalmente impensable por parte de la sucursal del Bundesbank que es el Banco Central Europeo.

Los alemanes tienen un miedo tremendo a la inflación. Un miedo del que han conseguido contagiar a las opiniones públicas de otros países. A la inflación hay que tenerle respeto, no hay que jugar con ella pero tampoco debería ser un tabú.

Esta relación de los alemanes con la inflación proviene no de los dominios económicos, sino de los morales, sociológicos e históricos. Hubo una vez un pueblo que hizo ganar tres veces las elecciones a un partido de indeseables, vestidos con uniformes pardos, que en el poder eliminaron a sus adversarios políticos, organizaron una política expansionista en Europa, prepararon y ejecutaron un terrible Genocidio y comenzaron la guerra más terrible de la Historia.

Como eliminaron las elecciones, gracias a las elecciones y a los partidos del centro y de la derecha del Parlamento, los alemanes no pudieron pronunciarse políticamente hasta después de la Guerra, y sólo en la zona Occidental. Los alemanes (salvo cuatro militares prusianos, tres estudiantes bávaros, dos pastores evangélicos y un obispo católico) no se pronunciaron de ninguna forma y es más, dieron toda la adhesión al régimen construido hasta el último minuto.

Los alemanes, sin duda, son un pueblo con grandes aportaciones científicas y culturales y tiene, como pueblo, admiradores y partidarios en todas las élites europeas y americanas. Estos germanófilos no podían creerse que sus idolatrados germanos desarrollaran las agresiones que desarrollaron, las matanzas que llevaron a cabo y fueron los culpables de la destrucción de Europa.

Comenzó dentro y fuera de Alemania una campaña de exoneración de los alemanes de sus responsabilidades. El primer paso fue la diferenciación entre alemanes y nazis, una diferenciación obvia pero parcial que se explotó hasta hacerla la guerra general. Era evidente que no todos los alemanes eran nazis y mucho menos miembros de su partido, pero el grupo de los nazis fue reduciéndose tanto (se excluía hasta a los que voluntariamente se habían afiliado) que daba la impresión que siete personas eran los que se habían hecho con el poder absoluto en Alemania y que los nazis habían llegado en una nave espacial para hacerse con el poder.

El segundo mecanismo, que realmente fue simultáneo, consistió en afirmar que realmente los alemanes no se enteraron de nada, más allá de las consecuencias del conflicto bélico. De repente ningún alemán, ni ascendiente, había estado siquiera en las Fuerzas Armadas y todos habían cumplido su servicio en unidades auxiliares, en la Cruz Roja o en el metro de Berlín (como se retrata magistralmente en la película de 1961 ‘Uno, dos, tres’ de Billy Wilder).

Este segundo mecanismo tuvo éxito, por más que una breve visita a Dachau desmonte esta idea. Pero persistía la necesidad de justificar del ascenso al poder de Hitler y sus secuaces una vez fracasada el argumento del desembarco de marcianos antes expuesto.

¿Por qué los alemanes votaron a ese personal? Una buena parte de los que trataron este tema atacaron directamente a la República de Weimar y a sus instituciones por no ser capaces de parar a los nazis.

Rápidamente coincidieron en sus argumentos con todos esos junkers y conservadores que, capitaneados intelectualmente por autores como Carl Schmitt y políticamente por personajes como von Papen y von Hindenburg, planteaban que la situación política era una consecuencia inherente del régimen democrático y parlamentario. Estos y los apoyos parlamentarios fueron los que entregaron todo el poder a Hitler en una infame Ley de Plenos Poderes. Lo hicieron porque culpaban a la democracia parlamentaria de la inestabilidad política que ellos y los grupos extremistas provocaban. Culpaban a la democracia de los males que ellos mismos causaban, como Chaves Nogales dijo de la dura derecha francesa antes de la caída, pocos años después.

La conclusión de que la responsabilidad moral era culpa de la Constitución de 1919 (un texto inspirador para todo el constitucionalismo de todo el siglo XX) y del propio régimen democrático, salvaba a los alemanes, pero condenaba a la Democracia y justificaba en cierto sentido a los criminales y legitimada el golpismo como medida.

Había que descartar esta nueva eximente del pueblo alemán. Alguien cayó en que la economía en el periodo de después de la Primera Guerra Mundial había sido muy mala y se fijaron en la hiperinflación de principio de los años veinte, debida al descontrol en la emisión de moneda entre otras causas. Tras un periodo de estabilización llegó el Crack de 1929 y sus consecuencias en todo el mundo.

Obviado curiosamente el “Crack”, todo el periodo de Weimar fue puesto bajo el prisma de la inflación. Los alemanes, acuciados por una situación económica penosa, se lanzaron en manos de un redentor por culpa de algo tan anónimo e impersonal como es la inflación. Fue la inflación o la hiperinflación quien votó a los nazis en los años treinta y no millones de alemanes, que fueron solamente meras marionetas en manos de este demiurgo económico.

La inflación debe ser controlada no únicamente porque se desprendan normalmente consecuencias positivas para la economía, sino, sobre todo, para que la inflación no cree en Alemania y por ende en toda Europa regímenes como el nazi. Mantener una política coyuntural de moderada inflación supone abrirle la puerta al totalitarismo nuevamente en Europa porque es la inflación y no las personas quien votan ya que fue la inflación y no los alemanes quienes le dieron millones de votos a Hitler.

Una moderada política inflacionaria que restableciera el crecimiento económico, desmentiría la exoneración histórica de los alemanes.

Read Full Post »

Giles MacDonogh: Después del Reich: crimen y castigo en la posguerra alemana, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2010. 996 páginas.

A veces hago una distinción que, en determinadas ocasiones, me resulta enormemente útil. Ésta consiste para tratar un hecho concreto en separar la explicación causal y la justificación moral. Decir que un hecho lleva a otro, no quiere decir que se justifique éticamente.

Esta distinción la he tenido muy presente en toda la lectura de este libro, en el que se narra el maltrato sufrido por el derrotado pueblo alemán tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial. Es útil no entrar a justificar estos hechos con los anteriores ni caer en la tentación de redimir unos en los otros. Cada calamidad se debe enjuiciar moralmente desde sí mismo y no desde el puesto causal que ocupa en una sucesión de hechos.

Hay que indicar, por lo que se dirá más adelante, que el texto no es ni negacionista ni revisionista ya que en ningún momento ni se niega ni se minusvalora ni es la existencia, ni la escala, ni la barbaridad moral que fue el Holocausto.

La documentación referenciada por el autor es amplia, aunque bastas partes del libro que dependen sustancialmente de algunas memorias personales provenientes de personas de los mismos estratos sociales e ideológicos. El resto de los materiales suelen ser utilizados más como ilustraciones o aclaraciones para la paráfrasis del memorial-base que como ladrillos para construir la narración.

El autor se fija en las atrocidades cometidas por las tropas soviéticas, con especial fijación cuando los soldados eran oriundos del Asia Central; en las de los norteamericanos siempre que los actores fueran soldados afroamericanos; en las de los franceses con la única condición de que los bárbaros fueran tropas coloniales argelinas o marroquíes.

Yo no niego los hechos, pero creo que faltan actores, empezando por los británicos, compatriotas del autor que parecen no haber hecho nada más que intentar el bien y la reconciliación universal.

El libro, que describe los hechos que han sido reflejados en otros libros y en multitud de trabajos audiovisuales, cae en demasiadas valoraciones, implícitas o explícitas, que no dejan de hacer sospechar al lector.

Todos los opositores al Nazismo, con la excepción de la derecha prusiana involucrada en el 20 de junio de 1944, son maltratados por el autor dando la imagen de que eran unos arribistas y aprovechados, ignorando en muchas ocasiones los pocos beneficios que, en sus vidas, la condición de opositores al Nazismo les había reportado. Da la impresión de que el autor se hubiera imbuido de aquella fatal confusión que hacía de los opositores al Nazismo unos enemigos del pueblo alemán.

Pero esto no es lo más inquietante. Con determinadas comparaciones entre el sufrimiento de unos y de otros se transmite la sensación de que se quiere hacer un juego de cuenta cero, algo así como que dos masacres en sentido contrario neutralizan la barbarie de ambas y limpia a quienes las perpetraron. Me reitero en lo dicho al inicio: un mal no se justifica en otro, solamente se suma.

Read Full Post »

Hace tiempo leí una biografía de Winston Churchill (la de Roy Jenkins). Era un buen tocho y, por lo menos, me sirvió para conocer algo mejor a un personaje que nuestra sociedad política conoce más por citas sueltas o hechos atribuidos, pero que poco tienen que ver con un personaje tan complejo como el Premier británico durante la Segunda Guerra Mundial.

El otro día un comentarista de este blog ponía como modelo a este político inglés de cómo el afrontar las cosas de cara, con sinceridad y seriedad es premiado siempre por el electorado, que según el comentarista no dejó de votar a Churchill durante toda su vida.

La realidad de Churchill fue más bien otra. Accedió al cargo de Primer Ministro después que el inicio de la Segunda Guerra Mundial hundiera políticamente a Neville Chamberlain, pero las elecciones que daban la mayoría a los conservadores en la Cámara de los Comunes las habían ganado bajo el liderazgo de Stanley Baldwin.

A principios de 1940 Churchill era nombrado Primer Ministro, sin haberlo liderado a su partido en unas elecciones, y con el apoyo del otro gran partido, el Laborista, en cuanto era un gobierno de unidad o un gobierno de guerra.

Las elecciones no se celebraron en el periodo normal a causa de la Guerra, por lo que pasaron diez años de una convocatoria a otra. Tras vencer en la Guerra, Churchill se presentó liderando el Partido Conservador y fue derrotado por los laboristas de Clement Attlee, con un margen de tres millones de votos (casi el 14% que no es precisamente poco). Esto es: Churchill no consiguió el respaldo popular a pesar del mito construido ahora en turno a su figura.

Derrotado nuevamente en 1950. En 1951 Churchill volvió a ser Primer Ministro. El Partido Conservador consiguió más escaños que el Partido Laborista pero no más votos. Por obra y gracia de los sistemas electorales, con especial peligro en el mayoritario, la opción minoritaria en voto popular consiguió hacerse con la mayoría absoluta en el Parlamento.

No deja de ser sorprendente que alguien cuyo mito político lo hace sumamente querido por su pueblo, ejemplo de eso que se llama ‘estadista’ y modelo de líder democrático occidental, nunca consiguiera el apoyo mayoritario del electorado como líder de su partido.

Read Full Post »

Klaus von Stauffenberg es uno de esos nombres perdidos de la Historia, que pocas personas conocen y que Hollywood y las circunstancias recuperan en un momento dado. La noticia ha saltado porque en Alemania el ejército no ha permitido que Tom Cruise ruede su nueva película sobre este militar alemán en sus instalaciones, dada su activa militancia en la Iglesia de la Cienciología, que allí es considerada una organización ilegal, y a este impedimento se ha unido el desagrado de los descendientes de este militar porque sea Cruise quien vaya a encarnar a von Stauffenberg en la gran pantalla.

La prensa ha dicho que las orientaciones sectarias se unen al hecho de que von Stauffenberg es considerado un héroe nacional en Alemania. A esto me voy a referir a continuación. El reconocimiento social y político de este militar, cuyo principal mérito es el fallido intento de atentado contra Hitler que debía desencadenar un golpe de Estado, no llegó hasta pasadas varias décadas de la finalización de la Segunda Guerra Mundial, dado el sentido de la autoridad que tenían los alemanes, para quienes era un desdoro atentar contra un gobernante, aunque éste fuese Adolf Hitler, además de una ruptura del juramento de fidelidad personal que le habían hecho todos los militares.

Los reconocimientos públicos a los conspiradores dirigidos por el Almirante Canaris tardaron años en llegar y cuando llegaron hubo personas, no precisamente nostálgicos del régimen hitleriano, que no acabaron de verlo con buenos ojos. Todavía hoy se recuerda las quejas de la familia de un héroe de guerra, porque su calle estuviera cerca de la dedicada de Dietrich Bonhoeffer, pastor luterano también involucrado en esta fracasada conspiración.

Quizá sea para que las conciencias se aliviasen en hechos futuribles, los redactores de la Ley Fundamental de la República Federal de Alemania tuvieron que constitucionalizar, en el artículo 20.4, el derecho de resistencia cuando no fuera posible otro recurso. Los héroes de hoy, puede que son siempre fueran considerados como tales, por más que sus acciones lo merecieran.

Read Full Post »