La Transición fue muy podemita

Si los barones del PSOE hubieran estado seguros de ganar una consulta a los militantes, la habrían hecho y se mostrarías orgullosos de la grandiosa democracia interna del PSOE, de sus militantes y preguntarían cuándo el PP va a hacer algo así. Lo peor no es que sus argumentos dependan de su conveniencia, sino que se han molestado en argumentar y les ha quedado una cantidad tremenda de perlas antidemocráticas propias de defensores de un autocracia.

Es cierto que en una democracia representativa no está todo el día con consultas populares, pero no las niega sistemáticamente. Estados Unidos donde la noción “República” incluye la democracia representativa, la ciudadanía es consultada con toda normalidad en cada convocatoria electoral (véase estas tres entrada sobre los referendos de 2014: 1, 2 y 3).

Las grandes decisiones suelen someterse al refrendo de la sede de la soberanía. Se entiende que la representación ordinaria, e incluso la expresamente constituyente, no cubren determinadas decisiones, de modo que es el origen de la soberanía quien debe refrendarla.

La muerte de Franco y la victoria del PSOE en 1982  son considerados convencionalmente el inicio y el fin de la Transición. ¿Cuántas veces votaron los españoles? He tomado como caso a un sevillano, como yo, mayor de edad en esos tiempos, ya que el número de convocatorias y las fechas varían de región a región.

  • 15 de diciembre de 1976: Referéndum de la Ley de Reforma Política
  • 15 de junio de 1977: Elecciones a Cortes
  • 6 de diciembre de 1978: Referéndum de ratificación de la Constitución
  • 1 de marzo de 1979: Elecciones a Cortes
  • 3 de abril de 1979: Elecciones Municipales
  • 28 de febrero de 1980: Referéndum sobre la vía de acceso a la Autonomía
  • 20 de octubre de 1981: Referéndum del Estatuto de Autonomía de Andalucía
  • 23 de mayo de 1982: Elecciones al Parlamento de Andalucía
  • 28 de octubre de 1982: Elecciones a Cortes

Hoy día parece que la consulta directa en cuestiones trascendentales la ha inventado Pablo Iglesias. Entonces tuvimos una Transición podemita.

Cuando Susana iba a ser débil

Susana Díaz llegó a la Presidencia de la Junta de Andalucía sin haber encabezado ninguna candidatura electoral en su vida.

La dimisión de Griñán por los EREs, ser su secretaria de organización y haberle disciplinado el PSOE-A le valió la llave de San Telmo. No solamente heredó la Presidencia, sino el gobierno de coalición con Izquierda Unida que aportaba tres consejeros, uno de ellos también era el Vicepresidente de la Junta.

Izquierda Unida decidió convocar un referéndum entre sus bases para decidir si continuaban dentro del Gobierno andaluz. Todo el mundo sabía que más allá de los “incumplimientos” del PSOE, los de IU quedarían desprenderse del desgaste de su participación en el Gobierno (frente al purismo de Podemos) y darle quina a Susana Díaz durante todo el año que aún quedaba hasta agotar la legislatura.

Susana Díaz decidió disolver el Parlamento y convocar elecciones con un año de adelanto, de modo que impidió a IU purificarse y cogió a Podemos con una endeble estructura regional con muchas dificultades para hacer una campaña solvente. Susana Díaz ganó, siendo la candidata socialista menos votada en la historia de la Comunidad, incluso cuando Griñán perdió.

A partir del 3 de mayo Rajoy podrá disolver las Cortes en el momento más conveniente.

El espejismo del Zapaterismo

Desde el fin de la etapa de Felipe González, el Partido Socialista había perdido posiciones decisivas tanto territoriales, como sociales, como ideológicas. La inmantenible victoria de 1982 se estaba transformando en un repliegue sin fin; la tesis de que España era sociológicamente de izquierda se desvaneció cuando en el año 2000 los populares consiguen una inesperada mayoría absoluta.

El PSOE estaba en franca decadencia, absolutamente perdido y desacreditado ante la sociedad por jugadas palaciegas como la eliminación de Borrell como candidato a la Presidencia.

Pero la mayoría absoluta del PP fue una gran regalo para el PSOE, ya que destaparon el tarro de las esencias de José María Aznar y todos sus dirigentes de algo más de derecha que había pasado por centristas. Una actitud de insultos continuos y arrogancia contra todo el que no pensara como ellos, junto a una increíble implicación en la aventura de la Guerra de Irak (que se quito numerosos apoyos), produjo el escenario para que Rodríguez Zapatero estuviera en condiciones de alzarse con la victoria.

En ese momento en la izquierda y en el centro no había más opciones efectivas para conseguir que el PP saliera del Gobierno. IU permanecía a lo suyo y con un techo muy cercano a su suelo, de forma que para sacar a los populares cualquier voto de izquierda tenía como única opción factible al PSOE. Lo mismo ocurría en el centro, ya que solamente tenía la alternativa de la abstención o votar al PSOE.

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Fue un espejismo y como tal hay que reconocerlo. El PSOE consiguió lo que el PP había logrado unos años antes: agrupar todo el espectro político desde el centro a su extremo ideológico en su candidatura, pero no por sus propios méritos, sino por la falta de una oferta política con opciones.

Si quitamos el espejismo de las Elecciones de 2004 y 2008 queda una gráfica mucho más consistente, explicativa y clara:

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Cuando escucho a los barones del PSOE hablar de opciones electorales, creo que no han visto que el panorama político ha cambiado y, aunque vaya a rectificarse continuamente, no volverá a ser lo que era. Por tanto un elector puede no verse abocado a un partido por la inexistencia de oferta electoral.

Si eliminamos las dos Generales que fueron la apoteosis del Bipartidismo, los datos del PSOE muestran una descenso mucho más coherente.

Los barones del PSOE hace demasiado tiempo que sencillamente están en otra realidad y piensan que pueden llegar a donde no les alcanza y que actual izquierda española es aquella en la que ellos crecieron. De ahí vienen decisiones pésimas.

Nombres de Ministerio

Desde que Pablo Manuel Iglesias habló del Ministerio de Plurinacionalidad no he parado de pensar que puede que veamos el nacimiento de novedosas denominaciones para los ministerios del nuevo gobierno. He encontrado una interesante página del CSIC con una relación histórica del siglo XIX y XX, así como sus titulares, lo cual se ha complementado con los nombres de las últimas tres legislaturas.

Así se han llamado nuestros ministerios:

Ministerios

Investidura 2016 (XVIII) No podemos seguir así

“No podemos seguir así” es una de las frases que más se están repitiendo estos días desde determinado sector de la prensa para acelerar el calendario de negociaciones con vistas a llegar a una investidura exitosa. Quieren acortar todos los plazos, para hacer más difícil cualquier negociación, con vistas a propiciar una nueva convocatoria electoral que entienden que beneficiaría al Partido Popular en detrimento de Ciudadanos.

Lo mejor para contextualizar la actual espera es mirar atrás y contabilizar los días transcurridos entre el día de las Elecciones y la publicación del nombramiento en el BOE, que marca el inicio de la Presidencia.

TiempoEnFunciones
Mariano Rajoy ha sido el Presidente que ha tardado menos tiempo entre la jornada electoral y el juramento de su cargo: treinta días. Recuerdo que se dieron cierto prisa, y eso que tenían mayoría absoluta, porque querían tener resuelta la investidura y el nombramiento de los ministros antes de las fiestas navideñas.

Los dos periodos mayores entre los comicios y la publicación del nombramiento del Presidente se dieron en los dos mandatos de José María Aznar. Tardó sesenta y tres días en verse en el BOE en la primera ocasión y eso que las negociaciones no fueron nada del otro mundo; pero lo sorprendente fueron los cuarenta y seis días que mediaron entre su primer y segundo mandato cuando ni había cambiado de signo político en el Gobierno y además habían conseguido mayoría absoluta en las Cortes.

Podemos decir que lo “normal” va de los treinta y dos y a los treinta y cinco días. En 1989 González tardó algo más debido a los recursos planteados en algunas circunscripciones y que llevaron hasta a la repetición de las elecciones en Melilla; hubo dieciocho escaños pendientes de asignar cuando se votó la investidura.

Hoy, 31 de enero, han transcurrido cuarenta y dos días desde el 20-D. La gran marca de Aznar aún está a cierta distancia. ¿Se superará?

¿Cuánto le costaría a España fabricar un bomba atómica?

El otro día @Egocrata preguntaba en twitter cuánto le costaría a España fabricar una bomba atómica. Alguien desenterró un reportaje de 1987, publicado en El País, donde se daba cuenta de los coqueteos de nuestro país con el armamento nuclear y daba cuenta de un informe de 1975 que calculaba el coste de la fabricación de la primera bomba atómica hispánica en 8.700 millones de pesetas.

De enero de 1975 a diciembre de 2015 ha inflación en España ha sido de 1148.3%, de modo que esos 8.700 millones de 1975 se transformación en 99.902 millones de 2016, que convertidos a nuestra actual moneda son algo más 522 millones. Naturalmente es una conversación del coste de 1975 y no un cálculo del coste en 2016 con la tecnología actual, pero como esa información no abunda nos conformaremos con los datos de hace cuarenta y un años.

Los Presupuestos Generales del Estado para 1975 establecieron un gastos total de 656.000 millones de pesetas, por lo que el gasto de la bomba atómica hubiera representado el 1,33% del gasto presupuestado, aunque lo normal es que el programa hubiera sido plurianual. En el caso de 2016, los presupuestos preven 351.856.294.760€, de modo que los 522 millones de euros representan el 0.14% del gasto presupuestado.

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Ahora me podéis dar toda la caña que queráis, pero no es únicamente una especulación.

 

1992

1992
Estos días he visto la serie italiana 1992. Trata de los acontecimientos políticos en los que se inició el final del sistema político italiano existente desde la Segunda Guerra Mundial y surgió lo que vino a llamarse la “Segunda República Italiana”.

Ambientada en Milán, con varios personajes de existencias entrecruzadas, nos lleva por las investigaciones judiciales (“Mani pulite”) que supusieron el final de la Democracia Cristiana y del PSI, la forma de actuar del empresariado, los primeros pasos de la Liga Norte y especialmente la base moral sobre la que se edificó el ascenso político de Silvio Berlusconi.

Cada uno de los diez episodios de esta primera temporada tienen un buen ritmo, terminando todos “arriba”. Cada uno de los personajes tiene su historia, su desarrollo y no son meros vehículos de una narración general, especialmente cuando la mayoría (salvo los “públicos”) son personajes que representan un arquetipo. La ambientación es excelente.