Yo, el mito

Ha muerto Adolfo Suárez. Una muerte prevista, incluso avisada, que va a permitir que todos los medios saquen sus especiales necrológicos en el instante. Suárez ha muerto hoy pero el silencio se lo llevó hace mucho tiempo. Ese silencio se lo llevo con dos décadas de antelación, pero lo preservó para la Historia, para el mito, por cínico que pueda resultar decirlo hoy y ahora.

Desde que Suárez se retiró de la vida pública, justo después de la pérdida irreparable de representación territorial del CDS, se comenzó a construir un mito. Un mito que como todos los que toca la política es un mito legitimador y a la vez un mito deslegitimador.

Legitimador de lo que se considera que es la principal obra de Suárez: el actual sistema político y sobre todo del proceso de engendramiento de este sistema. El mito nos dice que la Transición fue una edad de oro de la política española y que en medio de maldades, Suárez supo capitanear, bajo la sabia presencia del Rey, a un grupo excelente de líderes políticos que supieron dejarlo todo a un lado por el “bien común”.

La Historia fue diferente. Hubo generosidad política de todos y a veces a pesar de todos, pero también abundaron decisiones vergonzosas. Hubo sacrificios políticos y personales, pero pocos por parte de los miembros del régimen y muchos por los todavía desmemoriados.

La Historia de la Transición fue convulsa y la vida cotidiana en aquellos años dependía de la suerte de cada cual, pero no fue una fiesta y por algo Suárez tuvo que dimitir y comenzar de nuevo con un puñado de fieles. Por algo la UCD desapareció.

Nací en 1974 y para mí todo ese periodo es el de mi infancia y los primeros años de colegio. Sí recuerdo la dimisión televisada de Suárez, el intento de golpe, pero nada más. Para mí y para las generaciones posteriores a la mía es Historia, pero están intentando que sea mito impoluto.

Suárez, como lo pinta magistralmente Cercas, fue el icono de todo un régimen (que sumaba muchos millones de españoles) que querían modernidad atemperada, que quería bienestar pero sin riesgos y que quería seguridad en todos los aspectos de la vida. Todo ello frente a otra parte de la sociedad que quería cambios más profundos. Ganaron los primeros porque, con la perspectiva de los años, ya podemos afirmar que sí hubo ganadores y perdedores en la Transición.

La obra de Suárez fue enorme, porque contener a los trogloditas del régimen bien podría haber sido uno de los trabajos de Hércules (o ser convalidado por tres de ellos). La derecha española encontró en Suárez su principal dificultad para que nada realmente cambiase, para que el régimen se perpetuase en una alguna forma grotesca, para que muchos se siguieran callando cuatro décadas más.

Nadie como él, conocedor de los resortes del poder tardofranquista, así como de los pocos que daban la importancia que tenía a la televisión (fue director de RTVE seis años) para generar imaginarios, para frenar a todo tipo de fauna jurásica que habitaba y habita el Ejército, la Iglesia y la Administración. Sabía donde tocarles, generalmente en los privilegios que no se modificaron, para contentarles en lo inconfesable para contenerlos en lo público.

Suárez supo manejarse con esos márgenes, avanzando y conservando hasta que una sociedad y la economía lo vieron como un lastre. El mito soslaya un hecho evidente: perdió cinco millones seiscientos mil de votos en tres años, el 90% de los votos recibidos por él en 1979.

Pero todo ello se obviará como incómodo e incluso como insultante en el momento de su muerte. Los que hicieron caer a Suárez (todos salvo Gutiérrez Mellado y él) no fueron marionetas de un “fatum” malévolo; lo hicieron también en conciencia, unos por considerar que solamente la derecha podía salvarse sin Suárez y otros porque deseaban poder llevar a cabo su programa de izquierda: todas posiciones legítimas.

Descartar los méritos no debe ser excusa para barnizar unos años importantísimos y realizar un cierre canónico que imposibilite el acercamiento crítico y científico a ese periodo. Conceder no es ceder.

Churchill. Mito y realidad electoral

Hace tiempo leí una biografía de Winston Churchill (la de Roy Jenkins). Era un buen tocho y, por lo menos, me sirvió para conocer algo mejor a un personaje que nuestra sociedad política conoce más por citas sueltas o hechos atribuidos, pero que poco tienen que ver con un personaje tan complejo como el Premier británico durante la Segunda Guerra Mundial.

El otro día un comentarista de este blog ponía como modelo a este político inglés de cómo el afrontar las cosas de cara, con sinceridad y seriedad es premiado siempre por el electorado, que según el comentarista no dejó de votar a Churchill durante toda su vida.

La realidad de Churchill fue más bien otra. Accedió al cargo de Primer Ministro después que el inicio de la Segunda Guerra Mundial hundiera políticamente a Neville Chamberlain, pero las elecciones que daban la mayoría a los conservadores en la Cámara de los Comunes las habían ganado bajo el liderazgo de Stanley Baldwin.

A principios de 1940 Churchill era nombrado Primer Ministro, sin haberlo liderado a su partido en unas elecciones, y con el apoyo del otro gran partido, el Laborista, en cuanto era un gobierno de unidad o un gobierno de guerra.

Las elecciones no se celebraron en el periodo normal a causa de la Guerra, por lo que pasaron diez años de una convocatoria a otra. Tras vencer en la Guerra, Churchill se presentó liderando el Partido Conservador y fue derrotado por los laboristas de Clement Attlee, con un margen de tres millones de votos (casi el 14% que no es precisamente poco). Esto es: Churchill no consiguió el respaldo popular a pesar del mito construido ahora en turno a su figura.

Derrotado nuevamente en 1950. En 1951 Churchill volvió a ser Primer Ministro. El Partido Conservador consiguió más escaños que el Partido Laborista pero no más votos. Por obra y gracia de los sistemas electorales, con especial peligro en el mayoritario, la opción minoritaria en voto popular consiguió hacerse con la mayoría absoluta en el Parlamento.

No deja de ser sorprendente que alguien cuyo mito político lo hace sumamente querido por su pueblo, ejemplo de eso que se llama ‘estadista’ y modelo de líder democrático occidental, nunca consiguiera el apoyo mayoritario del electorado como líder de su partido.

Iván, El Terrible

Isabel de MADARIAGA: Iván, El Terrible. Alianza, Madrid, 2008. 654 páginas.

Este voluminoso biografía ha sido considerada por algunos críticos como definitiva. La autora no es tan pretenciosa e indica en las páginas iniciales que no hay tanto una investigación original como una síntesis de lo publicado sobre este célebre zar ruso hasta el momento.

El primer capítulo me parece absolutamente genial. Repasa las principales visiones historiográficas sobre Iván IV y como las diversas tendencias ideológicas han querido proyectar en su época los gérmenes de una modernización de Rusia que tardó en llegar, o todavía no lo ha hecho. Las interpretaciones marxistas-soviéticas, contra lo que ‘a priori’ se pudiera pensar, son generalmente favorables a este crudelísimo zar puede ser porque ven en él un agente de cambio histórico en Rusia y, quizá, porque Stalin se sentía identificado con Iván IV por y en sus prácticas.

El resto del libro despliega un apabullante conocimiento de la Historia de Rusia, no en vano la autora es profesora emérita de Estudios Eslavos en la Universidad de Londres. Un conocimiento que, cuando uno es como yo, un conocedor de aspectos generales, le resulta desconcertante. Hay un constante desfile de nombres y de situaciones que se dan por descontadas sin una explicación en el caso de las situaciones o de las instituciones, o sin una mínima presentación en el caso de los ‘personajes’.

Kant (de Manfred Kuehn)

Manfred KUEHN: Kant. Una biografía. Acento. Madrid, 2003. 608 páginas.
Kant es seguramente una de las mayores figuras del pensamiento. Algunos pensamos que es la más excelsa, pero la inmensa mayoría del mundo filósofico estaría de acuerdo en afirmar que Kant es uno de los grandes portentos intelectuales de la Humanidad.
Cuando mi profesor de Historia de la Filosofía, en mi ya lejano COU, nos habló de la vida de Kant, terminó ese epígrafe en tres minutos contando la anécdota de los relojes que se ponían en hora a su paso y que nunca había salido de Königsberg (lo cual es incorrecto ya que hay constancia de al menos un viaje a Berlín).
Esta obra de Manfred Kuehn recorre la etapa formativa de Kant, sus cálculos profesionales y sus inicios universitarios, su carrera dentro del cuerpo docente y su vida cotidiana, sin dejar de tocar ningún punto. Kant aparece como un filósofo con vida y un hombre de su tiempo, con luchas, problemas y gustos, muy lejos de ese pensamiento sin biografía (o una biografía triste y gris) que tanto se ha transmitido en España desde postura antimodernas.
Tiene esta biografía una enorme ventaja sobre la Ernst Cassirer, por todo lo demás una obra clásica: que no pretende explicar la filosofía kantiana. Esa ventaja tiene un “reverso tenebroso”, que es que se supone que el lector tiene un conocimiento solvente del pensamiento de Kant.
Hay un aspecto en el que el autor incide una y otra vez: la absoluta indiferencia religiosa de Kant. Esta indiferencia era tal que realizaba acciones que hoy día no se le ocurriría a muchos ateos militantes, como era dejar justo a la puerta de la catedral luterana la procesión de profesores en la fiesta de inicio del curso. Más importantes son los conflictos que sus obras le ocasionan a Kant y los enfrentamientos con las autoridades prusianas a instancia de las religiosas. Estas notas son interesantes cuando uno encuentra intento de acercar el pensamiento trascendental a posiciones filosóficas cristianas con el simpático presupuesto de “lo que realmente quiso decir Kant pero no lo dijo bien del todo”.
Kant y su pensamiento no fueron hecho ni en una torre de marfil ni en abstracto. Esta obra, junto a la ya citada de Cassirer, sirven para hacerle justicia a una de las personas más importantes de la Historia de Occidente, que tanto en el pensamiento teórico como práctico liberó el conocimiento humano de las ataduras de la vigilancia religiosa, o dicho en sus propias palabras: ayudó a sacar a la Humanidad de su “autoculpable minoría de edad”.

Biografía KantManfred KUEHN: Kant. Una biografía. Acento. Madrid, 2003. 608 páginas.

Kant es seguramente una de las mayores figuras del pensamiento. Algunos pensamos que es la más excelsa, pero la inmensa mayoría del mundo filósofico estaría de acuerdo en afirmar que Kant es uno de los grandes portentos intelectuales de la Humanidad.

Cuando mi profesor de Historia de la Filosofía, en mi ya lejano COU, nos habló de la vida de Kant, terminó ese epígrafe en tres minutos contando la anécdota de los relojes que se ponían en hora a su paso y que nunca había salido de Königsberg (lo cual es incorrecto ya que hay constancia de al menos un viaje a Berlín).

Esta obra de Manfred Kuehn recorre la etapa formativa de Kant, sus cálculos profesionales y sus inicios universitarios, su carrera dentro del cuerpo docente y su vida cotidiana, sin dejar de tocar ningún punto. Kant aparece como un filósofo con vida y un hombre de su tiempo, con luchas, problemas y gustos, muy lejos de ese pensamiento sin biografía (o una biografía triste y gris) que tanto se ha transmitido en España desde postura antimodernas.

Tiene esta biografía una enorme ventaja sobre la Ernst Cassirer, por todo lo demás una obra clásica: que no pretende explicar la filosofía kantiana. Esa ventaja tiene un “reverso tenebroso”, que es que se supone que el lector tiene un conocimiento solvente del pensamiento de Kant.

Hay un aspecto en el que el autor incide una y otra vez: la absoluta indiferencia religiosa de Kant. Esta indiferencia era tal que realizaba acciones que hoy día no se le ocurriría a muchos ateos militantes, como era dejar justo a la puerta de la catedral luterana la procesión de profesores en la fiesta de inicio del curso. Más importantes son los conflictos que sus obras le ocasionan a Kant y los enfrentamientos con las autoridades prusianas a instancia de las religiosas. Estas notas son interesantes cuando uno encuentra intento de acercar el pensamiento trascendental a posiciones filosóficas cristianas con el simpático presupuesto de “lo que realmente quiso decir Kant pero no lo dijo bien del todo”.

Kant y su pensamiento no fueron hecho ni en una torre de marfil ni en abstracto. Esta obra, junto a la ya citada de Cassirer, sirven para hacerle justicia a una de las personas más importantes de la Historia de Occidente, que tanto en el pensamiento teórico como práctico liberó el conocimiento humano de las ataduras de la vigilancia religiosa, o dicho en sus propias palabras: ayudó a sacar a la Humanidad de su “autoculpable minoría de edad”.

Agustín de Hipona (de Peter Brown)

PETER BROWN: Agustín de Hipona. Acento, Madrid, 2001. 656 páginas
Ésta es sin duda una de las mejores biografías filosóficas que he leído. Es un clásico. Peter Brown reconstruye la vida, obra y circunstancias de Agustín de Hipona a partir de su obra y de otros testimonios que poseemos. No se conformó Brown con hacer una adaptación de la Confesiones, sino que construyó una biografía casi desde cero.
Toda la obra es excelente. Tanto los periodos formativos de Agustín de Hipona, como sus periodos intelectuales, así como su participación en la postrema resistencia del paganismo a la hegemonía cristiana. También se ubica al pensador dentro de los marcos políticos y sociales de la época, especialmente interesante ya que su vida transcurre durante la hecatombe del Imperio Romano de Occidente.
Mezcla vida y obra, sin dedicar unos capítulos a la y otros a la obra. Se pasa de un aspecto al otro, lo más complicado en la biografía filosófica, de una forma “natural”, esto es, la propia estructura narrativa lo pide. La documentación de Brown es monumental por lo que esta biografía sigue siendo la referencia fundamental después de más de cuarenta años de su primera edición.
El descubrimiento, relativa reciente de una colección de nuevos sermones de Agustín de Hipona, le da la ocasión a Brown no a hacer una revisión completa, sino un “Addendum” en el que da cuenta de este descubrimiento y somete a crítica su propia obra, especialmente las valoraciones sobre el poder y el ejercicio de la autoridad que hace de los últimos años de Agustín, escritas durante la marea “antiautoritaria” de finales de los años sesenta del siglo XX.
Una obra absolutamente recomendable.

PETER BROWN: Agustín de Hipona. Acento, Madrid, 2001. 656 páginas

Ésta es sin duda una de las mejores biografías filosóficas que he leído. Es un clásico. Peter Brown reconstruye la vida, obra y circunstancias de Agustín de Hipona a partir de su obra y de otros testimonios que poseemos. No se conformó Brown con hacer una adaptación de la Confesiones, sino que construyó una biografía casi desde cero.

Toda la obra es excelente. Tanto los periodos formativos de Agustín de Hipona, como sus periodos intelectuales, así como su participación en la postrema resistencia del paganismo a la hegemonía cristiana. También se ubica al pensador dentro de los marcos políticos y sociales de la época, especialmente interesante ya que su vida transcurre durante la hecatombe del Imperio Romano de Occidente.

Mezcla vida y obra, sin dedicar unos capítulos a la y otros a la obra. Se pasa de un aspecto al otro, lo más complicado en la biografía filosófica, de una forma “natural”, esto es, la propia estructura narrativa lo pide. La documentación de Brown es monumental por lo que esta biografía sigue siendo la referencia fundamental después de más de cuarenta años de su primera edición.

El descubrimiento, relativa reciente de una colección de nuevos sermones de Agustín de Hipona, le da la ocasión a Brown no a hacer una revisión completa, sino un “Addendum” en el que da cuenta de este descubrimiento y somete a crítica su propia obra, especialmente las valoraciones sobre el poder y el ejercicio de la autoridad que hace de los últimos años de Agustín, escritas durante la marea “antiautoritaria” de finales de los años sesenta del siglo XX.

Una obra absolutamente recomendable.

Roosevelt (de Renshaw)

renshaw-rooseveltPatrick RENSHAW: Franklin D. Roosevelt. Biblioteca Nueva. Madrid. 2008. 330 páginas.

Realmente ésta no es la mejor biografía que he leído, y algunas han caído ya que soy aficionado a este género histórico. De todas formas pasa el aprobado, pese a algunas carencias que señalaré al final.

Esta biografía se centra, una vez colocado Roosevelt en la Casa Blanca, a describir como fue la marcha del “New Deal” y los diversos pasos que se sucedieron, junto con los progresos y retrocesos que la economía norteamericana vivió. No deja de ser curioso, por las circunstancias en la que nosotros nos encontramos, que el debate siga siendo el mismo entre los que mantienen que el gasto público es fundamental para terminar con la crisis y los que mantienen (Rajoy y unos cuantos políticos marginales más) que hay que continuar aplicando las mismas recetas de equilibrio presupuestario.

El libro cae en el defecto de extenderse en las primeras etapas Roosevelt, comiéndose las páginas que deberían haber sido dedicadas a la etapa, larga, de la Presidencia. Como es una obra voluntariamente introductoria obvia demasiadas cuestiones o las pasa por alto, especialmente los debates jurídicos en torno a la extensión del gobierno federal.

De todas formas el mayor “pero” creo que es segregar la política exterior del hilo de la Presidencia. Le dedica un capítulo, lo cual se antoja poco para un Presidente que dirigió a los Estados Unidos durante los años treinta y prácticamente toda la Segunda Guerra Mundial.

Verdad controvertida (Hans Küng)

verdad-controvertidaHans KÜNG: Verdad controvertida. Trotta, Madrid. 2009. 764 páginas.

Hace varias semanas hablé del primer volumen de las Memorias del teólogo suizo Hans Küng. En el momento que me enteré de la publicación del segundo volumen me apresté a leerlo y, ahora, estoy aquí para comentar mis impresiones.

El hecho decisivo que marca la diferencia entre uno y otro volumen de estas memorias es la elección del alemán Joseph Ratzinger como Papa. Küng y Ratzinger habían mantenido una relación enormemente estrecha, de compañeros de cátedra, hasta que el segundo decidió abandonar la Universidad de Tubinga en lo que fue el inicio de su meteórica carrera hasta el Papado.

Después del prólogo en que hace referencia de esta circunstancias y en la que traza las diferencias más significativas entre uno y otro, sin ahorrarse circunstancias, Küng vuelve a retomar la narración cronológica de los hechos, desde el punto en los que los dejó en el primer volumen hasta la decisiva sanción del Vaticano contra él, materializada en la retirada de la licencia eclesiástica para la enseñanza de la Teología, con lo que termina este segundo volumen.

Nuevamente vuelve a interesar en todo momento. Un estilo vivo, reflexiones a cada paso y conexiones de lo más sugerente. Insiste, como no podría ser de otro modo, como los sistemas totalitarios, como es el eclesiástico, intenta aislar y hundir psicológicamente a sus oponentes (aunque otros regímenes pasan a la destrucción física).

Quizá lo que me ha resultado más interesante de este volumen es el intento que hace Küng una y otra vez de contraponer la decisiones de la jerarquía católica con la situación real de la Iglesia Católica más allá de los triunfalismo puntuales y de lo que se monta para ser visto.

Para los que estén más interesados en cuestiones teológicas también les resultará de interés las cuestiones acerca de infalibilidad y cristológicas que ocasionaron finalmente la retirada de la licencia eclesiásticas, así como la articulación sistemática de las investigaciones histórico-críticas.