Diez años en los que implosionó todo

implosion


por José Rodríguez
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Tirar atrás la visión de la política al 2006 es un viaje que parece ir a otro mundo. Entonces los catalanes estrenábamos un Estatut que a pesar del “cepillo” del Guerra lo habíamos votado a favor, en la Moncloa estaba Zapatero y la socialdemocracia parecía ser el nuevo statu quo al que nos dirigíamos, vivíamos en un momento de crecimiento económico y de creación de empleo (se hablaba de paro técnico). En la comunicación política en la red, twitter acababa de nacer, no sabíamos que era eso de whatssap y Telégram y flipábamos con las redes de blogs.

La foto posterior es totalmente distinta. La crisis económica ha roto en mil pedazos el sueño de crecimiento español, el paro de larga duración vuelve a ser un problema social, tenemos problemas que creíamos erradicados como le de pobreza energética y alimentaria. La socialdemocracia nadie sabe que es, nació una nueva izquierda, primero en la calle, luego se institucionalizó y en pocos años también ha sido devorada por el propio sistema. Los sindicatos han sido golpeados con saña por parte del poder a lo largo y ancho del mundo, incluida España. Hoy hacer huelga puede ser delito y ser piquete es equivalente a ser un terrorista.

El modelo de partidos español ha implosionado, pero aún así, el PP sigue siendo hegemónico. El modelo territorial ha hecho aguas, los catalanes estamos a un tris de independizarnos, prácticamente la mayoría de “federalistas” nos hemos vuelto indepes, mientras el poder establecido fuerza más a la centralización, el control y la judicialización de la política.

El PSOE hegemónico en el 2006 es ahora un zombie descabezado que no sabe que ha muerto. En Catalunya la mayoría que oscilaba desde un autonomismo federalista (PSC) a un autonomismo nacionalista (CiU) se ha roto, y con ella la bisagra que facilitaba la gobernabilidad en España. Hoy CiU no existe, el PSC es una sombra, la hegemonía en Catalunya según como sea las elecciones se combate entre ERC y algo llamado “Comunes” o entre una coalición independentista (Junts pel Si) y un partido que el 2006 era marginal (Ciutadans).

Y aún así, con todos estos cambios, si hay algo inamovible es el modelo de España de 1978. Parece hecho de titanio, inflexible, inalterable. Y precisamente por esa inflexibilidad e inalterabilidad, de aquí a diez años, no estaremos hablando de España tal y como la conocemos. Las costuras se han roto tanto que por mucho que se pongan parches el sistema ya no funciona.

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He invitado a algunos blogueros, que son referencia para mí desde los inicios de este blog, a publicar una entrada en Geografía Subjetiva para celebrar el décimo aniversario.

(1) José Rodríguez edita el blog Observatorio de Ciberpolítica. Capitaneó la página de blogueros Socialdemocracia.org y trabaja en Comunicación de la UGT de Catalunya. Fue federalista y ahora es acitvista independentista.

Michael Ignatieff y su gobierno alternativo

Hace unos meses la editorial Alfaguara publicó las memorias políticas del académico canadiense, afincado en los Estados Unidos, Michael Ignatieff. La campaña mediática de promoción de este libro fue bastante importante, con entrevistas al interesado y numerosas referencias en los medios de comunicación escritos, tanto en papel como digitales.

En Geografía Subjetiva nos leímos el libro y publicamos un sencilla recensión. Muchos hablaron, aunque no estoy seguro que lo leyeran.

Cuenta Ignatieff que cuando estalla la crisis financiera, el gobierno del Primer Ministro Harper, que se encontraba en minoría en la Cámara de los Comunes canadiense, se niega a hacer ningún plan de estímulo paralelo al que Barack Obama está desplegando en los Estados Unidos, mientras que Harper y los conservadores canadienses prefieren alinearse con la austeridad.

Según cuenta el protagonista, el líder del Nuevo Partido Democrático (socialdemócrata) le propuso a Ignatieff (líder del centrista Partido Liberal) formar gobierno en minoría tras una moción de censura con el apoyo del Bloque Quebequés. Ignatieff lo rechaza, según dice, porque no ganó las Elecciones y los del Bloque son independentistas.

Decide gobernar desde la oposición. Proponer al gobierno conservador a realizar una agenda económica diferente y les entrega el voto de sus diputados. El Primer Ministro Harper tiene dinero para gastar a manos llenos y de acuerdo con la narración de los hechos concentra las inversiones en los distritos electorales que les son favorables. Paralelamente hay una campaña continua de anuncios en la televisión para desprestigiar al líder liberal. Dice Ignatieff que el día que le dijo “no” a los socialdemócratas y a los independentistas acabó su carrera política.

Cuando llegaron las Elecciones Federales el Partido Liberal pasó de 77 a 34 diputados, dejándose el 30% de los votos. Los conservadores consiguieron la mayoría absoluta y los socialdemócratas pasaron a liderar la oposición al conseguir 103 diputados.

Le habían dado un programa a quien no lo tenía y éste les había destrozado sin piedad. Una estrategia muy torpe.

 

 

La Transición fue muy podemita

Si los barones del PSOE hubieran estado seguros de ganar una consulta a los militantes, la habrían hecho y se mostrarías orgullosos de la grandiosa democracia interna del PSOE, de sus militantes y preguntarían cuándo el PP va a hacer algo así. Lo peor no es que sus argumentos dependan de su conveniencia, sino que se han molestado en argumentar y les ha quedado una cantidad tremenda de perlas antidemocráticas propias de defensores de un autocracia.

Es cierto que en una democracia representativa no está todo el día con consultas populares, pero no las niega sistemáticamente. Estados Unidos donde la noción “República” incluye la democracia representativa, la ciudadanía es consultada con toda normalidad en cada convocatoria electoral (véase estas tres entrada sobre los referendos de 2014: 1, 2 y 3).

Las grandes decisiones suelen someterse al refrendo de la sede de la soberanía. Se entiende que la representación ordinaria, e incluso la expresamente constituyente, no cubren determinadas decisiones, de modo que es el origen de la soberanía quien debe refrendarla.

La muerte de Franco y la victoria del PSOE en 1982  son considerados convencionalmente el inicio y el fin de la Transición. ¿Cuántas veces votaron los españoles? He tomado como caso a un sevillano, como yo, mayor de edad en esos tiempos, ya que el número de convocatorias y las fechas varían de región a región.

  • 15 de diciembre de 1976: Referéndum de la Ley de Reforma Política
  • 15 de junio de 1977: Elecciones a Cortes
  • 6 de diciembre de 1978: Referéndum de ratificación de la Constitución
  • 1 de marzo de 1979: Elecciones a Cortes
  • 3 de abril de 1979: Elecciones Municipales
  • 28 de febrero de 1980: Referéndum sobre la vía de acceso a la Autonomía
  • 20 de octubre de 1981: Referéndum del Estatuto de Autonomía de Andalucía
  • 23 de mayo de 1982: Elecciones al Parlamento de Andalucía
  • 28 de octubre de 1982: Elecciones a Cortes

Hoy día parece que la consulta directa en cuestiones trascendentales la ha inventado Pablo Iglesias. Entonces tuvimos una Transición podemita.

Cuando Susana iba a ser débil

Susana Díaz llegó a la Presidencia de la Junta de Andalucía sin haber encabezado ninguna candidatura electoral en su vida.

La dimisión de Griñán por los EREs, ser su secretaria de organización y haberle disciplinado el PSOE-A le valió la llave de San Telmo. No solamente heredó la Presidencia, sino el gobierno de coalición con Izquierda Unida que aportaba tres consejeros, uno de ellos también era el Vicepresidente de la Junta.

Izquierda Unida decidió convocar un referéndum entre sus bases para decidir si continuaban dentro del Gobierno andaluz. Todo el mundo sabía que más allá de los “incumplimientos” del PSOE, los de IU quedarían desprenderse del desgaste de su participación en el Gobierno (frente al purismo de Podemos) y darle quina a Susana Díaz durante todo el año que aún quedaba hasta agotar la legislatura.

Susana Díaz decidió disolver el Parlamento y convocar elecciones con un año de adelanto, de modo que impidió a IU purificarse y cogió a Podemos con una endeble estructura regional con muchas dificultades para hacer una campaña solvente. Susana Díaz ganó, siendo la candidata socialista menos votada en la historia de la Comunidad, incluso cuando Griñán perdió.

A partir del 3 de mayo Rajoy podrá disolver las Cortes en el momento más conveniente.

El espejismo del Zapaterismo

Desde el fin de la etapa de Felipe González, el Partido Socialista había perdido posiciones decisivas tanto territoriales, como sociales, como ideológicas. La inmantenible victoria de 1982 se estaba transformando en un repliegue sin fin; la tesis de que España era sociológicamente de izquierda se desvaneció cuando en el año 2000 los populares consiguen una inesperada mayoría absoluta.

El PSOE estaba en franca decadencia, absolutamente perdido y desacreditado ante la sociedad por jugadas palaciegas como la eliminación de Borrell como candidato a la Presidencia.

Pero la mayoría absoluta del PP fue una gran regalo para el PSOE, ya que destaparon el tarro de las esencias de José María Aznar y todos sus dirigentes de algo más de derecha que había pasado por centristas. Una actitud de insultos continuos y arrogancia contra todo el que no pensara como ellos, junto a una increíble implicación en la aventura de la Guerra de Irak (que se quito numerosos apoyos), produjo el escenario para que Rodríguez Zapatero estuviera en condiciones de alzarse con la victoria.

En ese momento en la izquierda y en el centro no había más opciones efectivas para conseguir que el PP saliera del Gobierno. IU permanecía a lo suyo y con un techo muy cercano a su suelo, de forma que para sacar a los populares cualquier voto de izquierda tenía como única opción factible al PSOE. Lo mismo ocurría en el centro, ya que solamente tenía la alternativa de la abstención o votar al PSOE.

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Fue un espejismo y como tal hay que reconocerlo. El PSOE consiguió lo que el PP había logrado unos años antes: agrupar todo el espectro político desde el centro a su extremo ideológico en su candidatura, pero no por sus propios méritos, sino por la falta de una oferta política con opciones.

Si quitamos el espejismo de las Elecciones de 2004 y 2008 queda una gráfica mucho más consistente, explicativa y clara:

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Cuando escucho a los barones del PSOE hablar de opciones electorales, creo que no han visto que el panorama político ha cambiado y, aunque vaya a rectificarse continuamente, no volverá a ser lo que era. Por tanto un elector puede no verse abocado a un partido por la inexistencia de oferta electoral.

Si eliminamos las dos Generales que fueron la apoteosis del Bipartidismo, los datos del PSOE muestran una descenso mucho más coherente.

Los barones del PSOE hace demasiado tiempo que sencillamente están en otra realidad y piensan que pueden llegar a donde no les alcanza y que actual izquierda española es aquella en la que ellos crecieron. De ahí vienen decisiones pésimas.

Nombres de Ministerio

Desde que Pablo Manuel Iglesias habló del Ministerio de Plurinacionalidad no he parado de pensar que puede que veamos el nacimiento de novedosas denominaciones para los ministerios del nuevo gobierno. He encontrado una interesante página del CSIC con una relación histórica del siglo XIX y XX, así como sus titulares, lo cual se ha complementado con los nombres de las últimas tres legislaturas.

Así se han llamado nuestros ministerios:

Ministerios

Investidura 2016 (XVIII) No podemos seguir así

“No podemos seguir así” es una de las frases que más se están repitiendo estos días desde determinado sector de la prensa para acelerar el calendario de negociaciones con vistas a llegar a una investidura exitosa. Quieren acortar todos los plazos, para hacer más difícil cualquier negociación, con vistas a propiciar una nueva convocatoria electoral que entienden que beneficiaría al Partido Popular en detrimento de Ciudadanos.

Lo mejor para contextualizar la actual espera es mirar atrás y contabilizar los días transcurridos entre el día de las Elecciones y la publicación del nombramiento en el BOE, que marca el inicio de la Presidencia.

TiempoEnFunciones
Mariano Rajoy ha sido el Presidente que ha tardado menos tiempo entre la jornada electoral y el juramento de su cargo: treinta días. Recuerdo que se dieron cierto prisa, y eso que tenían mayoría absoluta, porque querían tener resuelta la investidura y el nombramiento de los ministros antes de las fiestas navideñas.

Los dos periodos mayores entre los comicios y la publicación del nombramiento del Presidente se dieron en los dos mandatos de José María Aznar. Tardó sesenta y tres días en verse en el BOE en la primera ocasión y eso que las negociaciones no fueron nada del otro mundo; pero lo sorprendente fueron los cuarenta y seis días que mediaron entre su primer y segundo mandato cuando ni había cambiado de signo político en el Gobierno y además habían conseguido mayoría absoluta en las Cortes.

Podemos decir que lo “normal” va de los treinta y dos y a los treinta y cinco días. En 1989 González tardó algo más debido a los recursos planteados en algunas circunscripciones y que llevaron hasta a la repetición de las elecciones en Melilla; hubo dieciocho escaños pendientes de asignar cuando se votó la investidura.

Hoy, 31 de enero, han transcurrido cuarenta y dos días desde el 20-D. La gran marca de Aznar aún está a cierta distancia. ¿Se superará?