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Archive for the ‘Geógrafo en Hibernia’ Category

San ValentínEl celebérrimo San Valentín, el santo que dicen que se inventó El Corte Inglés, parece estar enterrado en la iglesia de los carmelitas de Dublín. La iglesia es tan grande como escaso el gusto de sus decoradores (abuso del pastel y de las imágenes fabricadas en serie).

En la parte derecha del crucero está el altar donde se encuentra el féretro de tan romántico santo, en una urna a los pies. Sobre el altar hay un libro en blanco donde las miles de parejas que se acercan dejan sus frases que, como os podéis suponer, están llenas del mejor de los sentimientos.

La imagen del santo, como podéis ver, se puede intercambiar con otros muchos, pero no me dejó de llamar la atención la casulla al estilo ikurriña que vestía. A la salida los carmelitas permiten llevarse una cantidad ingente de agua bendita, pero eso creo que pertenece a la devoción a otro de sus santos.

Agua bendita

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Todos recordaréis esa leyenda urbana de los padres que, por nombre, le ponen a su hijo “Kevin Costner de Jesús”. Nadie conoce al tal “Kevin Costner de Jesús”, nadie sabe en qué Registro Civil el juez otorgó esa inscripción ni qué párroco osó a hacerlo, pero la leyenda circula por nuestras conciencias colectivas.
La pregunta correcta no es si “Kevin Costner de Jesús” se puso, sino si se podría poner.  Tal y como lo describe la leyenda urbana sería imposible, porque se introduce un apellido, pero por raro que os parezca “Kevin de Jesús” es perfectamente factible.
San Kevin de Glendalough es un santo celta fallecido en el siglo VII y que fue canonizado por culto inmemorial en 1903, según reza la Wikipedia. Luego Kevin cabría como nombre en un bautismo religioso y casi por el mismo motivo en el Registro Civil. “De Jesús” siempre vale, con lo que podríamos bautizar y registrar retoños con casi el bonito nombre de la leyenda urbana.

San Kevin
Todos recordaréis esa leyenda urbana de los padres que, por nombre, le ponen a su hijo “Kevin Costner de Jesús”. Nadie conoce al tal “Kevin Costner de Jesús”, nadie sabe en qué Registro Civil el juez otorgó esa inscripción ni qué párroco osó a hacerlo, pero la leyenda circula por nuestras conciencias colectivas.

La pregunta correcta no es si “Kevin Costner de Jesús” se puso, sino si se podría poner.  Tal y como lo describe la leyenda urbana sería imposible, porque se introduce un apellido, pero por raro que os parezca “Kevin de Jesús” es perfectamente factible.

San Kevin de Glendalough es un santo celta fallecido en el siglo VII y que fue canonizado por culto inmemorial en 1903, según reza la Wikipedia. Luego Kevin cabría como nombre en un bautismo religioso y casi por el mismo motivo en el Registro Civil. “De Jesús” siempre vale, con lo que podríamos bautizar y registrar retoños con casi el bonito nombre de la leyenda urbana.

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La pasada semana estuvimos haciendo el “Tour a Hibernia”, es decir, una vueltecita en redondo a toda la isla. Una de las zonas en la que tenía más ganas de estar era Irlanda del Norte, por razones históricas obvias.
Lo que más me llamó la atención del paso desde la República del Eire a Irlanda del Norte fue la frontera. Estamos acostumbrados a que entre determinados estados europeos la frontera es solamente una línea imaginaria, sin controles y con un simple indicador de que estás entrando en otro estado.
En la frontera entre Eire y el Reino Unido no existe ni el cartel indicador (al menos en los dos puntos donde la crucé) de manera que solamente el nombre de una localidad que el mapa señalada a determinado lugar de la frontera o la aparición de indicaciones bilingües (en gaélico y en inglés) dan a entender que estás en una lado o en otro.
Supongo que todo esto forma parte del sí pero no que fueron los Acuerdos del Viernes Santo, pero no por ello deja de resultarme curioso que la diferencia política no se indique en la propia frontera.

Frontera Eire INLa pasada semana estuvimos haciendo el “Tour a Hibernia”, es decir, una vueltecita en redondo a toda la isla. Una de las zonas en la que tenía más ganas de estar era Irlanda del Norte, por razones históricas obvias.

Lo que más me llamó la atención del paso desde la República del Eire a Irlanda del Norte fue la frontera. Estamos acostumbrados a que entre determinados estados europeos la frontera es solamente una línea imaginaria, sin controles y con un simple indicador de que estás entrando en otro estado.

En la frontera entre Eire y el Reino Unido no existe ni el cartel indicador (al menos en los dos puntos donde la crucé) de manera que solamente el nombre de una localidad que el mapa señalada a determinado lugar de la frontera o la aparición de indicaciones bilingües (en gaélico y en inglés) dan a entender que estás en una lado o en otro.

Supongo que todo esto forma parte del sí pero no que fueron los Acuerdos del Viernes Santo, pero no por ello deja de resultarme curioso que la diferencia política no se indique en la propia frontera.

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Uno de los sitios que más me han fascinado de Hibernia es el túmulo de Newgrange. Es un enterramiento neolítico realmente interesante, en forma de pasadizo y que tiene la particularidad de dejar entrar un rayo de sol, en el solsticio de invierno, durante unos segundos, de forma que toda la larga galería queda iluminada.
Como os podéis imaginar que el momento más requerido para visitar Newgrange es la mañana del día del solsticio de invierno. Las autoridades irlandesas han decidido hacer un sorteo para que puedan estar veinte personas dentro del túmulo cuando acontezca la entrada fugaz de ese rayo de luz. Yo ya me inscrito, aunque creo que también lo ha hecho otra mucha gente.

newgrange2
Uno de los sitios que más me han fascinado de Hibernia es el túmulo de Newgrange. Es un enterramiento neolítico realmente interesante, en forma de pasadizo y que tiene la particularidad de dejar entrar un rayo de sol, en el solsticio de invierno, durante unos segundos, de forma que toda la larga galería queda iluminada y la luz alcanza la cámara principal.

Newgrange
Como os podéis imaginar que el momento más requerido para visitar Newgrange es la mañana del día del solsticio de invierno. Las autoridades irlandesas han decidido hacer un sorteo para que puedan estar veinte personas dentro del túmulo cuando acontezca la entrada fugaz de ese rayo de luz. Yo ya me inscrito, aunque creo que también lo ha hecho otra mucha gente.

Newgrange Sorteo

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Una de las cosas que más me están gustando de Hibernia es que en buena parte de los bares y cafeterías a los que he ido hay wi-fi. Pero no un wi-fi de pago, que tienes que mandar en sms o abonar en caja por un tiempo, sino wi-fi gratuito que lo consigues pidiendo el “password” a un camarero. Esto es fundamental cuando tienes un iPhone y has bloqueado la itinerancia de datos.
No es raro ver a personas que conectan sus teléfonos, sus portátiles o su micro-portátiles. Creo que es un servicio que cualquier establecimiento debería considerar inherente al estar abierto, como tener baño.
Supongo que esto tiene mucho que ver con eso que se está llamando la brecha digital, especialmente acentuada en la sociedad española, donde un amplio sector considera que Internet y el acceso a la red es uno de los servicios básicos y que debe ser universal, mientras que otra buena parte de la sociedad, mayoritaria, considera que Internet es una especie de juguete de mayores, de “gente rara”, donde básicamente hay pornografía, fraudes para incautos y muchas personas que están deseando matarte.
Todo esta parrafada es para decir que tomarse una buena cerveza irlandesa pudiendo estar conectado a Internet, sin pagar más que tu presumible consumición, está muy bien.

Wifi Zone
Una de las cosas que más me están gustando de Hibernia es que en buena parte de los bares y cafeterías a los que he ido hay wi-fi. Pero no un wi-fi de pago, que tienes que mandar en sms o abonar en caja por un tiempo, sino wi-fi gratuito que lo consigues pidiendo el “password” a un camarero. Esto es fundamental cuando tienes un iPhone y has bloqueado la itinerancia de datos.

No es raro ver a personas que conectan sus teléfonos, sus portátiles o su micro-portátiles. Creo que es un servicio que cualquier establecimiento debería considerar inherente al estar abierto, como tener baño.

Supongo que esto tiene mucho que ver con eso que se está llamando la brecha digital, especialmente acentuada en la sociedad española, donde un amplio sector considera que Internet y el acceso a la red es uno de los servicios básicos y que debe ser universal, mientras que otra buena parte de la sociedad, mayoritaria, considera que Internet es una especie de juguete de mayores, de “gente rara”, donde básicamente hay pornografía, fraudes para incautos y muchas personas que están deseando matarte.

Todo esta parrafada es para decir que tomarse una buena cerveza irlandesa pudiendo estar conectado a Internet, sin pagar más que tu presumible consumición, está muy bien.

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El pasado martes nuestro país se quedaba desolado con la noticia de que una pareja había tenido que ir a urgencias después de utilizar una bolsa de pipas (se supone que vacía) como preservativo al carecer de este útil instrumento cuando la libido alcanzaba su cenit. Desgraciadamente el artículo periodístico termina con unos párrafos de “Sociología de todo a cien” y no con algunas líneas más de morbo, que para algo estamos en verano.
Es un logro que los preservativos sean en España un artículo de lo más accesible, que puede comprar casi en cualquier sitio y hasta hay maquinas dispensadores para que los más tímidos y apocados ni se lleven un disgusto por no pasar la “vergüenza” de pedir los preservativos o llevarlos a una caja.
Aquí en Irlanda, país de rancio Catolicismo, el tema de los preservativos es algo más complejo. En las farmacias siempre están en la cercanía de los dependientes, no se vayan a escapar los preservativos.
Pero lo más curioso lo encontré en un supermercado al que suelo ir. Las cajas de preservativos se encuentran metidas en carcasas de plástico conectadas a una alarma (al menos en un supermercado, como en España algunas películas. Así, el comprador de preservativos tiene que ir a la caja, solicitar que le desactiven la alarma, le abran la caja y así poder llevárselos. Desde luego esto no ayuda nada a la accesibilidad, aunque me temo que éste es su propósito.
Espero que el nuevo empleo de las bolsas de pipas no trascienda las fronteras patrias, porque la cutre irlandesa se puede ver colapsada de jóvenes que han probado este sistema porque les daba reparos sortear dependientes farmacéuticos o solicitar que le desactivaran la caja protectora de los preservativos.

El pasado martes nuestro país se quedaba desolado con la noticia de que una pareja había tenido que ir a urgencias después de utilizar una bolsa de pipas (se supone que vacía) como preservativo al carecer de este útil instrumento cuando la libido alcanzaba su cenit. Desgraciadamente el artículo periodístico termina con unos párrafos de “Sociología de todo a cien” y no con algunas líneas más de morbo, que para algo estamos en verano.

Es un logro que los preservativos sean en España un artículo de lo más accesible, que puede comprar casi en cualquier sitio y hasta hay maquinas dispensadores para que los más tímidos y apocados ni se lleven un disgusto por no pasar la “vergüenza” de pedir los preservativos o llevarlos a una caja.

Aquí en Irlanda, país de rancio Catolicismo, el tema de los preservativos es algo más complejo. En las farmacias siempre están en la cercanía de los dependientes, no se vayan a escapar los preservativos.

Pero lo más curioso lo encontré en un supermercado al que suelo ir. Las cajas de preservativos se encuentran metidas en carcasas de plástico conectadas a una alarma (al menos en un supermercado, como en España algunas películas. Así, el comprador de preservativos tiene que ir a la caja, solicitar que le desactiven la alarma, le abran la caja y así poder llevárselos. Desde luego esto no ayuda nada a la accesibilidad, aunque me temo que éste es su propósito.

Espero que el nuevo empleo de las bolsas de pipas no trascienda las fronteras patrias, porque la cutre irlandesa se puede ver colapsada de jóvenes que han probado este sistema porque les daba reparos sortear dependientes farmacéuticos o solicitar que le desactivaran la caja protectora de los preservativos.

Preservativos Irlanda

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La tele irlandesa está llena de programas británicos, norteamericanos, austrialianos y neozelandeses: cuestiones del idioma. En uno de los programas neozelandeses le podía ver a sus aguerridores vigilantes fronterizos revisando concienzudamente las maletas de peligrosísimos pasajeros de aviones recién aterrizados en busca de un salami, maíz dulce o simplemente de nada (como se sucedió a un español).
La legislación medioambiental neozelandesa es muy estricta con todo lo que tenga que ver con la entrada en su territorio de especies vegetales (lo de las animales es paroxismo) y una multitud de productos. La lista es tremenda.
Además de los controles normales de documentación y seguridad, el último control es el medioambiental, con un montaje digno de la operación antiterrorista más costeada que se pueda pensar. Y todo eso hay que pagarlo, claro.
Resulta que antes de pasar el control medioambiental tienes que rellenar una declaración de lo que llevas. Si los vigilantes medioambientales descubren algo no declarado en tus maletas o en cualquier otra parte de tu indumentaria o vestimenta entonces no sólo te obligan a tirarlo en los contenedoras al uso, sino que te ponen una bonita multa de 200 dólares neozelandeses (93.26 euros) para financiar el chiringuito tanto con los que intenta transgredir la norma como con los muchísimos despistes que se dan.
Pero lo más simpático de todo eran las poses y las actitud de los vigilantes. Parecía que estaban en una situación límite, con riesgos por todos lados y ellos con poses a lo “Miami Vice”, cuando realmente a lo que se “enfrentaban” eran a cansadísimos turistas después de muchísimas horas de vuelo y que, por lo general, no quieren problemas y hasta pagaban la multa con su tarjeta de crédito.
A estos vigilantes los mandaba yo a hacer un intercambio con el Aeropuerto de Barajas o con el Servicio de Vigilancia Aduanera en la zona del Estrecho de Gibraltar.

B ioseguridadLa tele irlandesa está llena de programas británicos, norteamericanos, austrialianos y neozelandeses: cuestiones del idioma. En uno de los programas neozelandeses le podía ver a sus aguerridores vigilantes fronterizos revisando concienzudamente las maletas de peligrosísimos pasajeros de aviones recién aterrizados en busca de un salami, maíz dulce o simplemente de nada (como se sucedió a un español).

La legislación medioambiental neozelandesa es muy estricta con todo lo que tenga que ver con la entrada en su territorio de especies vegetales (lo de las animales es paroxismo) y una multitud de productos. La lista es tremenda.

Además de los controles normales de documentación y seguridad, el último control es el medioambiental, con un montaje digno de la operación antiterrorista más costeada que se pueda pensar. Y todo eso hay que pagarlo, claro.

Resulta que antes de pasar el control medioambiental tienes que rellenar una declaración de lo que llevas. Si los vigilantes medioambientales descubren algo no declarado en tus maletas o en cualquier otra parte de tu indumentaria o vestimenta entonces no sólo te obligan a tirarlo en los contenedoras al uso, sino que te ponen una bonita multa de 200 dólares neozelandeses (93.26 euros) para financiar el chiringuito tanto con los que intenta transgredir la norma como con los muchísimos despistes que se dan.

Pero lo más simpático de todo eran las poses y las actitud de los vigilantes. Parecía que estaban en una situación límite, con riesgos por todos lados y ellos con poses a lo “Miami Vice”, cuando realmente a lo que se “enfrentaban” eran a cansadísimos turistas después de muchísimas horas de vuelo y que, por lo general, no quieren problemas y hasta pagaban la multa con su tarjeta de crédito. Aunque el abordaje de yates en busca de lata de conservas, carne o lechugas con toda la parafernalia de la toma de un buque tampoco se queda corto.

A estos vigilantes los mandaba yo a hacer un intercambio con el Aeropuerto de Barajas o con el Servicio de Vigilancia Aduanera en la zona del Estrecho de Gibraltar.

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