Una hipótesis sobre el origen de la Postverdad

Yo soy de los que están encantados de la existencia del término “postverdad”. Nada como un nombre, un etiqueta para que un fenómeno deje de ocultar en las acciones sociales y adquiere visibilidad. Solamente así se puede ser consciente de lo que ya existía antes de ponerle el nombre en cuestión

La “postverdad” en la comprensión que yo hago no es otra cosa que la fragmentación de la verdad, esto es, será verdadero aquello que yo decido que es verdadero. Funcionamos en la vida cotidiana con un concepto universalista de verdad, de modo que si algo es verdadero lo es para todos.

En tiempos hubo muchos menos medios de comunicación y la mayoría de estos intentaban, a pesar de su línea editorial, a ofrecer una información objetiva. Podía gustar más o menos dar algunas noticias, pero no se tapaban ni se tergiversaban. Había puntos de encuentro.

La proliferación de todos los tipos de medios de comunicación y la pérdida de pretensión objetiva o veritativa por parte de estos, ha posibilitado que cada cual pueda eligir el mundo del que quiera ser informado. Y hay una gran diferencia. no es elegir la perspectiva de la información, sino una información que confirme cada uno de mis prejuicios y que nunca los ponga en cuestión.

La fragmentación de los medios ha proporcionado las condiciones para que nuestras concepciones del mundo no tengan que confrontarse con otras concepciones del mundo. Informativamente el mundo se ha roto casi en tantos individuos que puedan diseñarse sus fuentes o que se entregue a una fuente con la que se sienta complacido. ¿Qué alguien dice algo que es manifiestamente falso? Pues se dice que es verdad o se obvia. Son las tácticas clásicas de la propaganda, como aceptada voluntariamente.

La fragmentación no es pluralismo. El hecho de que haya mil medios cada uno de una tendencia más disparatada no implica la existencia de pluralismo, si dentro de cada medio no hay pluralismo independientemente de su líena editorial.

¿Por qué hemos llegado a esta situación? En primer lugar porque hemos cedido a la tentación de no examinar nuestros prejuicios y creencias; en segundo lugar porque la fragmentación social y sobre todo mediática nos permite vivir sin que nuestros prejuicios y creencias puedan ser contrastados; en tercer lugar porque principios tan fundamentales del conocimiento como la prohibición de la contradicción son desconocidos y en cuarto lugar porque hemos confundido lo público con lo deportivo, de forma que lo importante es que ganen los míos.

La muerte y el liderazgo carismático

Hace unos días, cuando hablaba de la limitación de mandatos, me refería al hecho político de que hay personas que dejan sus cargos por haber agotados sus mandatos (o sin agotarlos) pero que siguen manejando el poder como cuando ejercían el cargo. Éste era el caso de Néstor Kirchner.

Todos los medios hablan de que con la muerte de Néstor Kirchner se tambalea toda la arquitectura política gracias a la cual se mantenía la actual Presidenta y que iba a ser posible que Cristina Fernández o Néstor Kirchner ganasen las próximas elecciones.

La ausencia de una estructura partidaria fuerte (el Partido Justicialista es una locura), hizo que este matrimonio tuviera que crear, a partir de las estructuras peronistas, una organización electoral propia.

Néstor Kirchner ascendió a la Presidencia de la República Argentina después de un periodo caótico con presidentes dimitiendo, saliendo del país, caceroladas continuas e interinajes presidenciales que eliminaban cualquier capacidad de gobierno o de toma de decisiones. Era la época del ‘corralito’.

Kirchner tiene el gran mérito de haberse hecho con la situación y de haber reunido el poder necesario para que la Presidencia de la República pueda llevar a cabo las funciones constitucionales y ejercer, tan importante como lo anterior, el liderazgo político.

Y el liderazgo político es importante porque en un país que ha vivido profundas crisis institucionales, la legitimación carismáticamente sigue siendo, lamentablemente, fundamental. Argentina, y otros muchos países, alimentan mitos políticos basados en las dotes extraordinarias de los dirigentes, dotes que no son exigibles a nadie ni que garantizan una buena gestión, pero que socialmente se consideran necesarias para ser Presidente, gobernador de una provincia o intendente de un municipio.

Uno de los rasgos de los análisis publicados de la figura de Néstor Kirchner que confirman esta visión es que él estaba en continuo contacto con tantos dirigentes del país como les era posible, sin importancia de que dirigieran una municipalidad pequeña y apartada o una provincia importante. El funcionamiento jerárquico solamente es posible si la legitimación es la ‘racional-burocrática’, no en la carismática como es éste caso.

El futuro parece incierto en cuanto que la actual Presidenta, Cristina Fernández, sustentaba su ‘potestas’ en la ‘auctoritas’ de su marido. Y es éste uno de los grandes problemas de la legitimación carismática, ya que con la desaparición de la persona que la tiene, desaparece la estructura de poder o entra en una peligrosa inestabilidad.

Reforma religiosa e irracionalismo

savonarolaManuel RÍOS MAZCARELLE: Savonarola. Una tragedia del Renacimiento. Ediciones Merino. Madrid, 2000. 286 páginas.

Savonarola es considerado como uno de los protorreformadores del Cristianismo. Se adelantó unas décadas al movimiento que sería conocido como la “Reforma”, iniciada y liderada por Lutero. Las convergencias entre Lutero y Savonarola existen, pero también sus divergencias, que no son pocas.

Quisiera centrarme en una convergencia de dos características que normalmente se pasa por alto. No es otra que el “medievalismo” de estos dos reformadores religiosos. La ruptura de la Edad Media conllevó una quiebra de las normas sociales establecidas, porque nada cambia gratuitamente. La crisis en todos los sentidos que el Renacimiento supuso y los problemas, especialmente dentro del Cristianismo, no son ajenos a la Revolución Científica y al desarrollo del pensamiento humanístico.

Normalmente se dice que los reformadores, especialmente Savonarola, se dirigieron contra la corrupción de las costumbres dentro de la Iglesia. Puede que ello sea cierto, pero eran personas listas y sabían que todo guardaba relación. Sabían que ese furor lascivo era la fiebre que provocaba los primeros de la emancipación de la conciencia humana, de lo que Kant siglos después llamaría la “salida de la autoculpable minoría de edad” (aunque refiriéndose a la Ilustración).

Tenían fuertes tendencia fideístas, esto es, la consideración de que la fe es una esfera al que la razón no tiene acceso y que tiene sus propias reglas, contenidas en un texto sagrado. La fe, para ellos, era el primer conocimiento, pero al ser un conocimiento no racional, podemos decir que eran irracionalistas. El irracionalismo era más patente en Lutero que en Savonarola, ya que éste último mantenía su tradición tomista como dominico que era.

Sobre el libro que me sirve de excusa para esta digresión, quiero indicar que el subtítulo debería ser el título. El autor dedica la mayor parte de las páginas a la ambientación, esto es, muchísimo más “Zeit” que “Leben” y algunas veces sin vincular una cosa con otra. El esfuerzo divulgativo es apreciable siempre, pero el autor debería haber tenido en cuento que alguien que compra o lee un libro sobre Savoranola ya tiene los suficientes rudimentos sobre el Renacimiento como para demandar cuestiones más específicas sobre el biografiado y sobre algunos aspectos del contexto.

Exaltación de la irracionalidad en Cuatro

cuarto-milenio
El hecho de no haber tenido tele durante dos meses me ha privado de la impagable posibilidad de ver, los domingos por la noche, “Cuarto Milenio”.

Hace dos semanas me quedé espantado cuando Iker Jiménez y el grupo de invitados comenzaron a hablar sobre el terrorismo de Al-Qaeda. La cosa comenzó a calentarse mucho y cogió un tono superfacha que me asustaba por momentos.

Se dejaron joyas de valor incalculable. Dejo constancia de algunas de ellas, que comenté en Twitter con mi amiga 2.0 Holly_G: que teníamos que aceptar tener un millón de muertos para acabar con el terrorismo, que “la guerra es una experiencia enriquecedora”, que las becas para estudiantes extranjeros son instrumentos que dan facilidades al terrorismo, que la defensa de los derechos civiles es responsables de los actos terroristas y que “Occidente tira pocas bombas”.

El pasado domingo el morbo no pudo con el espanto y volví a ver una parte del programa. En esta ocasión únicamente aguanté el reportaje y el debate sobre las líneas de condensación. Como Iker quiere darse ciertos aires de seriedad, de vez en cuando, comete el error de invitar a un especialista sobre el tema y le pone unos flipados ignorantes a debatir. El resultado es que el especialista los destroza pero ellos se sienten más afianzados en sus creencias.

Soy de la opinión que a este programa le faltan temas y le sobran flipados. Si se hubiera deslizado hacia la divulgación, con algunas gotas de cosas curiosas, no habría caído en idioteces como las antedichas.

Lo peor, o lo mejor, es que han confirmado en lo dicho en una entrada de hace meses. Que los amantes de lo misterioso son poco amantes de lo racional y mucho de lo irracional y de allí al miedo y al rechazo de la Libertad y de la Democracia.

Si no estás con nosotros es porque eres un desinformado, un oprimido o simplemente eres tonto


Nunca he tenido experiencia directa y personal del farragoso mundo del Extremismo Político, por más que algunos en la ciudad donde vivo me acusen de tener un discurso de extrema izquierda (según los del PP) y otros de ser un cripto-derechista (según los de la izquierda nominal).

De todas formas siempre me han interesado las causas que hacen que surjan movimientos, grupos y partidos extremistas, tanto generalistas como monotemáticos, y que haya personas que se unan a ellos. No quiero tratar este tema desde un punto de vista psicológico, ni sociológico, sino únicamente desde la reflexión política.

Las causas políticas por las que alguien se puede incorporar a un grupo extremista pienso que son coyunturales. Una persona tiene unas ideas que, con el cultivo adecuado, se extreman y se absolutizan, sea porque solamente recibe información desde un solo canal o sea porque sus inquietudes de participación política se hayan vehiculado primaria o secundariamente en un sector del Extremismo.

Los grupos extremistas tienen la particularidad de que suelen proporcionar, si son generalistas, una visión completa de la realidad. Esta visión de la realidad además se acepta como una verdad incuestionable. La consecuencia de todo esto es que cualquier disensión es tratada ya no sólo como tal, sino como un error. Muchas veces, si no todas, nos encontramos con una adhesión más religiosa que política, con una fe más que con convencimiento. Finalmente la consecuencia organizativa es el autoritarismo, se le llame como se le llame.

Estos grupos suelen estar fuera del arco parlamentario, con algunas excepciones. Su influencia en la toma de decisiones es poca o ninguna y por ello utilizan estrategias de intervención política que podríamos calificar de “acción directa”. Para ello lo importante es la presencia en la calle o ganar espacio en los medios de comunicación con alguna bravata.

Cuando concurren a los procesos electorales, sus resultados son humillantes y por ello, junto a cierta ideología antiliberal que les caracteriza, abominan de las elecciones. Que solamente un puñado de electores meta su papeleta en la urna nos es óbice para que ellos se consideren representantes de colectivos amplísimos, porque para ellos la representación es virtual y la otorga su posición ideológica que es la única verdadera. Todos los demás son enemigos, opresores o tontos engañados.

La relación entre la creencia dogmática de los grupos extremistas y su poca implantación social es una consecuencia casi automática de la relación entre intensión y extensión, como ya indiqué alguna vez.

Estos grupos, incluso los generalistas, suelen concretar su ideario político mediante la “apropiación de temas”. Si hay inquietud social por tal o cual cosa, llegan ellos y se hacen notar a lo cafre intentando abanderar esa inquietud. Normalmente así ganan cuota de pantalla y de camino desprestigian socialmente el tema, porque suelen acompañarlo de buenas dosis de violencia.

Las soluciones que aportan no sirven para nada porque se salen del modelo, el cual no se puede cambiar de sopetón y muchos no estamos por la labor de entregar nuestras libertades y derechos a esta gente, e incluso son tan descabellados que implican la suspensión de la Ley de la Gravedad.

Para finalizar un gran momento de una de mis películas favoritas, que creo que está relacionado con lo expuesto “ut supra” (estoy en plan pedante).

Consecuencias políticas del misterio

La F-29 era una prueba de actitudes que intenta medir el grado de autoritarismo de una persona. Buscaba los temperamentos personales más cercanos a las formas de pensamiento y la mentalidad de los totalitarismos. Uno de los elementos principales, que aparece en varias de las preguntas del test, es la creencia en que buena parte de la realidad no admite explicaciones racionales.

Lo que no tiene una explicación racional recibe muchas veces la denominación de “misterio”. La revolución científica hizo posible que la Humanidad mirase a la naturaleza con confianza, como una entidad que era cognoscible y dominable, dejando de ser misteriosos los hechos de la naturaleza para convertirse en pautas que expresaban una serie de leyes científicas formulables de forma general y abstracta.

Anoche estuve viendo el programa televisivo de Iker Jiménez. La sensación que desprende ese programa es de inseguridad en todos los planes y para ello trabaja sumamente bien la sugestión del telespectador. La “filosofía” que este programa es que no hay un conocimiento válido, una ciencia que tenga bastante respuestas y cada día más, sino todo lo contrario: se sobrevalora lo irracional, lo no explicable, lo que nos proporciona inseguridad.

La sensación o la percepción de inseguridad tiene una consecuencia psicológica, social y política inmediata: la búsqueda obsesiva de seguridades que tengan el mismo nivel de fuerza que la causa de la inseguridad. Los totalitarismos han promocionado la superstición de diversas clases, la inseguridad absoluta y el miedo, para que las personas vean en las instancias representativas del poder un lugar de protección y de seguridad a las que entregasen, aunque el precio sea el de la propia libertad.

Evidentemente no quiero decir que la intención de Iker Jiménez sea la subrepticia promoción de actitudes científicas, sociales y políticas de carácter totalitario, pero se debe tener en cuenta que hay sociólogos que hablan de las consecuencias no pretendidas de las acciones. El misterio y sus impulsores mediáticos pueden estar sirviendo a unas actitudes que no comparten pero a las que ayudan sin pretenderlo.