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Archive for the ‘Literatura’ Category

Acepto como principio que la actividad de crítica artística es una actividad subjetiva y que siendo subjetiva cada crítico emplea criterios a la hora de enjuiciar una obra o actividad artística que considera objetivos y válidos. Esto no es más que lo que Immanuel Kant llamada ‘universalidad sin reglas’.

Muchas veces cuando leo o escucho una crítica artística se emiten juicios sobre una serie de criterios que normalmente, más bien casi nunca, son explicitados. Dada la aceptación de la subjetividad inherente a una crítica artística, e incluso literaria, lo deseable sería la explicitación de los criterios para poder valorar la crítica desde la perspectiva de la coherencia interna y también, por qué no, de enjuiciar el conjunto de criterios que el crítico considera relevantes a la hora de emitir su opinión sobre una obra artística y literaria.

Habrá quien considere que esto es un canto a favor de una especie de neo-escolástica de los ‘ítems’ o que los criterios deben ser flexibles dependiendo de la obra, pero a mí me parece que no es otra cosa sino un ejercicio de transparencia dentro del ejercicio de una profesión con repercusiones variadas, entre ellas económicas, en sectores de importancia social como son las artes y la literatura.

En el fondo está la posibilidad de someter a crítica la crítica, cosa que no siempre gusta. En España, y en otras tradicionales culturales de corte continental, la tendencia al arcanismo no es más que una estrategia de inmunización (en palabras de Hans Albert).

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Javier CERCAS: Anatomía de un instante. Mondadori, Madrid, 2009. 463 páginas.
Es Javier Cercas un autor que no ha conseguido decepcionarme. Me gusta este estilo suyo donde la narración, la reflexión y la historia se mezclan para crear una obra tan híbrida que es difícil de encajar no ya dentro de un género literario, sino como propiamente literaria.
Trata esta obra del intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 y toma como punto de conexión y también como punto de salida el gesto del Presidente Suárez de permanecer en su asiento, secundado por el Vicepresidente Gutiérrez Mellado y el portavoz comunista Santiago Carrillo.
Temía estar delante de una hagiografía, de un grueso volumen solamente destinado a exaltar la figura de Adolfo Suárez. La obra de Cercas no es nada de esto, ya que intenta hacer un relato tan lleno de perspectivas sobre Suárez que por momentos se duda sobre si el autor le aprecia o le desprecia, si el autor siente admiración o rechazo o si simplemente si el autor no sabe que concepto tener del ex Presidente después de su trabajo de documentación y conocimiento más cercano.
La estructura de la obra es excelente pues recorre los pasos previos al golpe. Es de sumo interés toda la parte en la que explica la situación previa al 23-F y que él denomina “la placenta del golpe” y me ha hecho pensar como en aquella época, no sé la causa, una serie de circunstancias podían llevar a un golpe y hoy simplemente a una mayor tensión política. Quizá la crítica, la única, es que si con una “placenta” tan amplia no se puede terminar confundiendo “contexto” y “actores”.
La exposición de la política de Suárez queda resumida, a mi entender, en la idea de que éste fue el hombre adecuado para desmontar el régimen franquista, pero que no lo fue para gobernar en un sistema democrático. Lo que le hacía la pieza maestra de la Transición (su conocimiento del régimen) le otorgaba maneras difíciles de ser asumidas en un sistema democrático estable. También cuenta como Suárez se ganó el desprecio de todos: la derecha por haber hecho lo que hizo y la izquierda por haberlo hecho como lo hizo.
En el  plano personal describe al ex Presidente como alguien del régimen pero ajeno a la élite o a las exigencias de esta élite tardofranquista. No era ni un gran intelectual, ni había sido un estudiante brillante ni un opositor, sino que era una persona que había sabido estar en el régimen, sin identificarse con ninguno de sus sectores, y aprovechar esta indefinición para escalar dentro de la jerarquía del Franquismo.
Cercas insiste en que Fraga sabía de muchas cosas y entendía de pocas, mientras que Suárez sabía de pocas pero entendía de muchas. Describe a Suárez como un político puro, como alguien que le interesa ejercer el poder y cuyas ideas se van adaptando para conseguir el poder y luego para mantenerlo.
Pero sobre todo el Suárez ve al representante de toda una generación de españoles que no estando conformes con el régimen, su autoritarismo y queriendo europeizar España, sentía miedo a los cambios. Esa generación que en el Epílogo (que bien sería también un Prólogo) se identificaba con Suárez y que le votó masivamente.
Merece la pena también los retratos que traza de Gutiérrez Mellado y de Santiago Carrillo, así como las relaciones entre Suárez y el Rey, que tampoco es tratado con los habituales inciensos.
Cercas acierta a hacer una reconstrucción convincente y mesurada de lo que él entiende que pasó. Una narración donde afirma, niega, argumenta y llega a exponer posibilidades abiertas al no entrar motivos suficientes para decantarse. De todas formas Cercas no tiene miedo a darle voz incluso a quienes mantienen visiones distintas a la suya y plantearse muy seriamente si el golpe, fracasando, no logró muchos de sus objetivos (al menos los de la modalidad de golpe blando).

Anatomia instanteJavier CERCAS: Anatomía de un instante. Mondadori, Madrid, 2009. 463 páginas.

Es Javier Cercas un autor que no ha conseguido decepcionarme. Me gusta este estilo suyo donde la narración, la reflexión y la historia se mezclan para crear una obra tan híbrida que es difícil de encajar no ya dentro de un género literario, sino como propiamente literaria.

Trata esta obra del intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 y toma como punto de conexión y también como punto de salida el gesto del Presidente Suárez de permanecer en su asiento, secundado por el Vicepresidente Gutiérrez Mellado y el portavoz comunista Santiago Carrillo.

Temía estar delante de una hagiografía, de un grueso volumen solamente destinado a exaltar la figura de Adolfo Suárez. La obra de Cercas no es nada de esto, ya que intenta hacer un relato tan lleno de perspectivas sobre Suárez que por momentos se duda sobre si el autor le aprecia o le desprecia, si el autor siente admiración o rechazo o si simplemente si el autor no sabe que concepto tener del ex Presidente después de su trabajo de documentación y conocimiento más cercano.

La estructura de la obra es excelente pues recorre los pasos previos al golpe. Es de sumo interés toda la parte en la que explica la situación previa al 23-F y que él denomina “la placenta del golpe” y me ha hecho pensar como en aquella época, no sé la causa, una serie de circunstancias podían llevar a un golpe y hoy simplemente a una mayor tensión política. Quizá la crítica, la única, es que si con una “placenta” tan amplia no se puede terminar confundiendo “contexto” y “actores”.

La exposición de la política de Suárez queda resumida, a mi entender, en la idea de que éste fue el hombre adecuado para desmontar el régimen franquista, pero que no lo fue para gobernar en un sistema democrático. Lo que le hacía la pieza maestra de la Transición (su conocimiento del régimen) le otorgaba maneras difíciles de ser asumidas en un sistema democrático estable. También cuenta como Suárez se ganó el desprecio de todos: la derecha por haber hecho lo que hizo y la izquierda por haberlo hecho como lo hizo.

En el  plano personal describe al ex Presidente como alguien del régimen pero ajeno a la élite o a las exigencias de esta élite tardofranquista. No era ni un gran intelectual, ni había sido un estudiante brillante ni un opositor, sino que era una persona que había sabido estar en el régimen, sin identificarse con ninguno de sus sectores, y aprovechar esta indefinición para escalar dentro de la jerarquía del Franquismo.

Cercas insiste en que Fraga sabía de muchas cosas y entendía de pocas, mientras que Suárez sabía de pocas pero entendía de muchas. Describe a Suárez como un político puro, como alguien que le interesa ejercer el poder y cuyas ideas se van adaptando para conseguir el poder y luego para mantenerlo.

Pero sobre todo el Suárez ve al representante de toda una generación de españoles que no estando conformes con el régimen, su autoritarismo y queriendo europeizar España, sentía miedo a los cambios. Esa generación que en el Epílogo (que bien sería también un Prólogo) se identificaba con Suárez y que le votó masivamente.

Merece la pena también los retratos que traza de Gutiérrez Mellado y de Santiago Carrillo, así como las relaciones entre Suárez y el Rey, que tampoco es tratado con los habituales inciensos.

Cercas acierta a hacer una reconstrucción convincente y mesurada de lo que él entiende que pasó. Una narración donde afirma, niega, argumenta y llega a exponer posibilidades abiertas al no entrar motivos suficientes para decantarse. De todas formas Cercas no tiene miedo a darle voz incluso a quienes mantienen visiones distintas a la suya y plantearse muy seriamente si el golpe, fracasando, no logró muchos de sus objetivos (al menos los de la modalidad de golpe blando).

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La lectura en la Antigüedad era en voz alta. Se escribía pensando en que el texto sería declamado o leído particularmente, pero siempre en voz alta. En aquella época estarse callado leyendo era una contradicción “in terminis”. Un autor de la talla de Virgilio hizo pases previos de la Eneida antes de que fuera presentada, leída, solemnemente ante Augusto.
El primer testimonio que tenemos de lectura solitaria y silenciosa es el de Ambrosio, arzobispo de Milán. A sus contemporáneos les sorprendía que leyese silenciosamente y es posible que hasta lo consideraran una excentricidad.
El domingo tuve la inmensa fortuna de que me leyeran el artículo de Luis García Montero en “El País”, una lectura hecha de forma magistral y con una voz digna de las más grandiosas ágoras. Lo paradójico era que el artículo en cuestión es una exaltación de la lectura silenciosa y solitaria.
El escrito de García Montero es muy bueno, como no puede ser de otra forma viniendo de este poeta granadino. Las ideas se suceden y el ritmo es adecuado, con sus referencias a autores bien introducidas. Y es en este punto donde hecho de menos a la referencia fundamental: Paul Ricoeur y su obra El sí mismo como otro.
Entiendo lo que quiere decir García Montero, pero no lo comparto en su totalidad como sí lo hace mi lectora. Habla de la necesidad de reflexión, de tomarse el tiempo, de mirar de lejos y de saber estar en soledad especialmente cuando impera el mundo del blanco y negro, del todo o nada y todos los binarios imaginables. Es cierto y recomendable, pero al vincularlo, como lo hace él, con lo político (como “res publica”), no podemos dejar de ser conscientes de que la lectura solitaria y silenciosa es un acto antipolítico, totalmente ajeno a la “res publica”.
Hay otro aspecto que me he hace distanciarme de lo escrito, y por mí escuchado, por Luis García Montero es la enésima reducción que se hace en España de la lectura a la lectura de literatura. Creo que leo bastante, pero poca literatura, y me ha llevado mis años perder el complejo. La literatura no es la única lectura posible ni la arquetípica, leer es mucho más que leer literatura.

LectorLa lectura en la Antigüedad era en voz alta. Se escribía pensando en que el texto sería declamado o leído particularmente, pero siempre en voz alta. En aquella época estarse callado leyendo era una contradicción “in terminis”. Un autor de la talla de Virgilio hizo pases previos de la Eneida antes de que fuera presentada, leída, solemnemente ante Augusto.

El primer testimonio que tenemos de lectura solitaria y silenciosa es el de Ambrosio, arzobispo de Milán. A sus contemporáneos les sorprendía que leyese silenciosamente y es posible que hasta lo consideraran una excentricidad.

El domingo tuve la inmensa fortuna de que me leyeran el artículo de Luis García Montero en “El País”, una lectura hecha de forma magistral y con una voz digna de las más grandiosas ágoras. Lo paradójico era que el artículo en cuestión es una exaltación de la lectura silenciosa y solitaria.

El escrito de García Montero es muy bueno, como no puede ser de otra forma viniendo de este poeta granadino. Las ideas se suceden y el ritmo es adecuado, con sus referencias a autores bien introducidas. Y es en este punto donde hecho de menos a la referencia fundamental: Paul Ricoeur y su obra El sí mismo como otro.

Entiendo lo que quiere decir García Montero, pero no lo comparto en su totalidad como sí lo hace mi lectora. Habla de la necesidad de reflexión, de tomarse el tiempo, de mirar de lejos y de saber estar en soledad especialmente cuando impera el mundo del blanco y negro, del todo o nada y todos los binarios imaginables. Es cierto y recomendable, pero al vincularlo, como lo hace él, con lo político (como “res publica”), no podemos dejar de ser conscientes de que la lectura solitaria y silenciosa es un acto antipolítico, totalmente ajeno a la “res publica”.

Hay otro aspecto que me he hace distanciarme de lo escrito, y por mí escuchado, por Luis García Montero es la enésima reducción que se hace en España de la lectura a la lectura de literatura. Creo que leo bastante, pero poca literatura, y me ha llevado mis años perder el complejo. La literatura no es la única lectura posible ni la arquetípica, leer es mucho más que leer literatura.

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piratas-romanticismo
Lola Carreño decía en Twitter:

[…] Viendo noticias de CNN… ¡qué feos son los barcos piratas de la actualidad! ¿Harán películas inspirados en ellos en el futuro?

Este twitteo me hizo penar que los piratas mitificados por las novelas de aventuras y definitivamente exaltados por el cine eran no sólo igual de “feos” que los piratas de hoy en día, sino que eran tan criminales como los del presente.

El Romanticismo transformó la visión de la piratería y lo hizo a través de la Literatura. Frente al mundo de lo racional, el mundo de lo científico y el determinismo que ellos veía en todo ello, los románticos exaltaron la libertad individual y lo trasgresor del orden imperante, de forma que encontraron en el pirata una de los figuras representativas de sus aspiraciones. Basta recordar la celebérrima Canción del Pirata de Espronceda.

Pero los piratas eran piratas, es decir, señores que perseguían los barcos mercantes, mataban, secuestraban y sometían a sus prisioneros, hacían subir el coste del transporte marítimo e impedían el libre comercio. No eran luchadores de la libertad, sino vulgares criminales como los que actualmente actúan en las costas somalíes.

El Romanticismo fue capaz de revalorizar buena parte de un pasado que había sido olvidado y rechazado en un visión quizá demasiado estrecha de lo que era el progreso humano. Pero también el Romanticismo supuso un ocultamiento de la objetividad histórico a favor de un pasado soñado, de una historia onírica, ya que la historia se convirtió en un refugio y en una proyección de las aspiraciones frustradas de lo románticos.

¿Habrá películas con guaperas haciendo de piratas somalíes? Nadie lo sabe, pero no me extrañaría por cuanto el cine sigue siendo el refugio y la fortaleza de la ideología romántica.

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Hoy es el día del libro y me gustaría regalarte algún libro. Como sabes, y me dices, soy un exagerado y eso de regalar un solo libro no me llega a satisfacer. Por ello me gustaría regalarte cinco libros que me han gustado especialmente, porque creo que, en buena parte, somos los libros que hemos leído.

la-voz-a-ti-debida1El primero de ellos sería La voz a ti debida, de Pedro Salinas. Era lectura obligatoria en la asignatura de Literatura, en un ya lejano COU. Me encantó esa poesía absolutamente nueva de Pedro Salinas, esa expresión cercana, poco grandilocuente y sumamente sincera.

las-particulas-elementalesComo novela elegiría Las partículas elementales, de Michel Houllebecq. Recuerdo esa tarde en la que Jaime, en un tomando café en la Puerta de Jerez durante la hora de Derecho Administrativo II, me prestó su ejemplar. Aún disfruto recordando como me absorbió ese estilo clásico y la vez cómo los elementos cotidianos de la vida actual eran literaturizados. Casi tres noches sin dormir estuve.

los-doce-cesaresDe Historia no tengo dudas que sería Los doce Césares, Cayo Suetonio. Fue el primer libro que leí de un autor antiguo y puede ser que sea el que más he releído en mi vida. Un amigo, de Filología Clásica, dice que es el “Hola” del mundo romano, pero quizá por ello yo lo encuentre terriblemente divertido.

obras-epicuroDe Filosofía he tenido muchas dudas, quizá porque muchos han sido los escritos especiales que se han cruzado en mi decurso. De quedo con las Obras de Epicuro. Descubrí esta obrita en tercero de carrera y durante un tiempo no solamente ha sido un texto teórico, sino una forma de ir viviendo.

resistencia-y-sumisionPara terminar me gustaría meter un libro religioso. El elegido, sin lugar a dudas, es Resistencia y sumisión, de Dietrich Bonhöffer. Me impresionan mucho las cartas escritas a su familia y amigos por este teólogo protestante alemán, desde la cárcel tras ser detenido por formar parte de una conjura contra Hitler y el régimen nazi.

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nebreraEl hecho de que el PP de Catalunya haya abierto expediente a Nebrera me parece una utilización de la polémica para saldar cuentas internas por disputar la Presidencia del PP de Catalunya a la candidata oficialista. Me camino redime al PP en Andalucía.

De todas formas tengo mis dudas de que se hubiera abierto este procedimiento si hubiese sido otra persona, y no Montserrat Nebrera quien dijera esas palabras u otras similares. Nada les paso ni a Manuel Pizarro ni a Ana Mato cuando insultaron a los andaluces y, además, justo antes de las Elecciones Generales.

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premio-cervantes
Recuerdo que Laín Entralgo se quejaba amargamente, en el prólogo a uno de sus últimos libros antropológicos, que lo que se escribe en castellano sobre una materia no literaria no tiene ninguna trascendencia más allá de las fronteras de nuestro idioma,. Alguien puede decir que esto tiene sentido y que Laín Entralgo se sorprendía por algo que todo el mundo intelectual sabe.

Pero lo llamativo es que lo que Laín denunciaba fuera de las fronteras lingüísticas, pasa también dentro de las fronteras del castellano. Tengo la impresión de que se piensa que el castellano es obra de literatos y que no hay aportaciones interesantes al idioma desde otras áreas de la actividad intelectual.

El Premio Cervantes es un coto casi cerrado a personas que han destacado intelectualmente por su labor literaria, aunque haya algunos de ellos como Borges que cultivó el ensayo en algunas ocasiones, como Dámaso Alonso que tiene una amplia bibliografía filológica o como otros a los que se podría citar.

Se podría decir que sí hay un caso de concesión del “Premio Cervantes” a una no literata, como fue María Zambrano. Ciertamente María Zambrano es más conocida por su trabajo filosófico, pero no deja de ser sospechoso que ella mantuviera la primacía de la razón poética y de lo literario como lo definitorio de España.

Si el castellano es una lengua de comunicación no es sólo o principalmente por la literatura. Me parece que esta reducción es ridícula. Las ciencias, de todo tipo, hacen al castellano tanto o más que novelas y poemas. Es necesario reconocer que el castellano es más que literatura.

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