Los católicos moderados ganan las elecciones castellanas

La prensa de hoy, al hablar, de las elecciones en Turquía habla del triunfo de los “islamistas moderados”. Estas dos palabras tienen una pragmática curiosa, porque se crea la alarma con el sustantivo “islamistas”, pero se intenta aminorar el temor con el adjetivo “moderados”.

En los países musulmanes estamos muy atentos a las tendencias religiosas de los partidos políticos, lo cual no sólo es razonable, sino incluso necesario. Lo paradójico es que no lo estamos cuando lo mismo ocurre en nuestro país. Suponiendo que el Partido Popular sea el de los “católicos moderados” (aunque el adjetivo es, naturalmente, muy generoso), ningún medio de comunicación titularía la noticia de su victoria electoral en las elecciones autonómicas de Castilla y León como “victoria de los católicos moderados se hacen con el gobierno de Valladolid”.

El problema es que los islamistas no son únicamente islamistas y tampoco todos los islamistas son iguales, al igual que tampoco políticamente todos los católicos son iguales. Noticiar y analizar las cosas “grosso modo” no es que se salte los matices, sino que desprecia las diferencias más importantes. Turquía no se divide entre islamistas (con o sin adjetivo) y militares laicistas, ya que hay una enorme pluralidad de fuerzas y tendencias. Tengo la impresión que los “islamistas moderados” son la versión musulmana de la “democracia cristiana” europea. Seguramente, en un futuro con Turquía en la Unión Europea, demócratas cristianos e islamistas moderados se entenderán a las mil maravillas.

Turquía y la UE: deber y no querer

La Unión Europea sabe que debe admitir entre sus miembros a Turquía, pero la Unión Europea no quiere hacerlo. Es un ejemplo más de querer no hacer algo y tenerlo que hacer. Las razones, siempre taimadas, en las que refugia la UE son variadas, tantas como la diferencia cultural entre Europa Occidental y Turquía.

Hay tantos puntos para diferir la adhesión de Turquía que las negociaciones podrían alargarse más de un siglo, si ésa es la voluntad de la UE. Pero todos sabemos que sólo hay algunas cuestiones importantes, como es la libre circulación de trabajadores y las relaciones con Chipre. Todo lo de más son tácticas dilatorias. Aunque muchos no quieran, hay que hacerlo y eso lo saben de sobra España  y el Reino Unido.