Turquía y Escocia

El otro día comentaba que un hipotético ‘veto español’ a la entrada de una Escocia independiente en la Unión Europea estaba siendo utilizado como un argumento contra la secesión del antiguo reino norteño de la Gran Bretaña. A partir de esa entrada @Treintanyero y servidor tuvimos un animado debate en Twitter.

No hay una institución llamada veto a un nuevo miembro, sino que éste se ejercita anunciando que nunca se firmará ni se ratificará el hipotético tratado de adhesión de un determinado estado. Realmente es más simple que hacer algo: es no hacerlo.

¿Podría España vetar sin coste político el ingreso de Escocia en la UE? El precedente más cercano es el veto por parte de Francia a la adhesión de Turquía. ¿Qué diferencias hay entre un caso y otro? ¿Lo tendría tan fácil España como Francia para vetar a Escocia?

España no es Francia.

Esto es obvio pero no conviene olvidarlo. El peso económico y, sobre todo, el peso político de Francia y su siempre dinámica política exterior no tienen nada que ver con la de España. Negarse a un tratado de adhesión implica tener una capacidad política que debería poder parar el tratado antes de gestarse, como hicieron los franceses.

Turquía no es Escocia.

Los vínculos políticos, militares y económicos de Turquía con Europa Occidental son innegables, pero hay una serie de diferencias sociales, religiosas y culturales (además de haber sido el ‘enemigo’ unos cuantos siglos) que marcan un contraste igualmente innegable: en esa diferencia se aposenta el imaginario de la negativa francesa.

Escocia es un territorio absolutamente insito en la vida y en la historia europea. Hablan el idioma más conocido de la Unión Europea, comparten creencias y descreencias con los restantes europeos, tiene un sistema político regional absolutamente equiparable al de los estados-miembros de la UE, como un sistema legal tan avanzado como el de cualquier. Escocia no tiene profundos y amplios agujeros negros en materia de derechos humanos, ni hay muchas posibilidades de que tenga un ejército siempre dispuesto a dar un oportuno golpe de Estado.

A España le costaría bastante explicar los motivos por los que canarios y norteafricanos sí podemos formar parte de la UE y no pueden serlo los paisanos de David Hume.

Escocia ya habría estado en la Unión Europea.

El territorio y la población susceptible de independizarse forma parte actualmente de la Unión Europea. No supondría una incorporación, sino un mantenimiento de quienes ya están y ello es una notable diferencia. Hay inversiones de los países y empresas comunitarias en Escocia y estos querrán conservar un marco jurídico que le da seguridad. No es lo mismo entrar que permanecer.

Cimentando el Egipto turco

Tras la caída del régimen de Hosni Mubarak tratábamos de ver cuáles podían ser las salidas políticas e institucionales. Con una participación bastante baja, algo más de un tercio de la población, los islamistas se han hecho con la mayoría de los escaños en el nuevo Parlamento, dejando a las otras fuerzas fuera de juego en el nuevo legislativo. Al cabo de poco tiempo creo que veremos cómo los Hermanos Musulmanes terminan deshaciéndose de los salafistas por más que ahora tengan coincidencias temáticas.

Otra cosa que ha quedado clara es que las Fuerzas Armadas no quieren someterse a un poder civil emergido del Parlamento y que prefieren mantener una existencia aparte de la sociedad. Pueden que estén esperando a la redacción de la nueva Constitución para garantizarse un poder institucional independiente del resto del Estado por medio de algún órgano tipo ‘consejo supremo de las fuerzas armadas’ que decida en última instancia las cuestiones verdaderamente importantes, sin posibilidad de acción por parte del ejército.

El otro elemento será la configuración futura de la Presidencia de la República, dependiendo de que se adopte un sistema parlamentario o presidencialista. Vistos los precedentes, los militares presionarán sin dudas a favor del Presidencialismo y a favor, también, de un papel determinante a la hora de elegir al Presidente. Que El Baradei renuncie a su candidatura a la Presidencia dice algo del modelo que no se va a seguir o el que se va a seguir.

En definitiva, parece que poco a poco se va forjando algo parecido al modelo turco, pero sin demasiados éxitos para saber si será una implantación exitosa o no. Se va forjando y los militares van dando muestras de que no consentirán ni nuevas protestas, ni una nueva revolución. El edificio administrativo y el sector público sigue incólume y con ellos toda la red clientelar de Mubarak que está a punto de ser los herederos silenciosos del nuevo régimen.

Solución nuclear

El otro día, en Twitter (enlace no encontrado), Eduardo Robredo Zugasti insinuaba que el tratamiento que los países europeos denominados peyorativamente PIIGS no sería el mismo si estos poseyeran una capacidad disuasoria superior, en concreto, si poseyeran armas nucleares.

Imaginemos por un momento que en Grecia, en vez de gastarse un cantidad indecente de dinero en unos Juegos Olímpicos para que los estadounidense alimentasen su ego patriótico, grandes puentes o en el establecimiento de un mastodóntico sector público, lo hubieran invertido en un simpático programa nuclear y como resultado de éste, estuvieran en posesión de algunas cabezas listas para ser montadas en los misiles que les hemos vendido para defenderse de nuestros también aliados, los turcos.

Los griegos, si hubieran malgastado el dinero correctamente y no en burbujas crediticias, podrían sentarse y esperar que nadie se atreviese a desestabilizar un sistema con unos aparatitos tan peligrosos. Podría pedir que se le dieran préstamos a fondo perdido, no fuera a hacerse con el poder algún populista, ultranacionalista o pirado aupado por la crisis económica que pensase en serio que las armas nucleares existen para ser utilizadas contra los enemigos, político, culturales o económicos de los helenos.

Las armas nucleares, además, tienen el problema de que casi no hay cadena de mando para activarlas: no necesitas decenas de generales fieles, regimientos de soldados que aguanten los bombardeos de la OTAN, ni una gran infraestructura militar, sino un único sistema de armas dependiente directamente del mando superior.

Puede que a nadie le interese exigir recortes dramáticos a un país nuclear cuyo gobierno puede tener una deriva peligrosa o caer en manos de gente poco deseable. Es por ello por lo que muchos países con potencial pero débiles frente al mundo recurren a los programas nucleares: para ser respetados.

Italia o España tienen capacidad científica y tecnológica sobrada para haber desarrollado exitosamente un programa de estos. Y señores de los mercados, tengan cuidado con los franceses, que si bien son bastante latinos, tienen armas nucleares desde hace medio siglo y tienen a una señora bastante ultra muy bien posicionada en las encuestas para hacerse con la Presidencia de la República.

Mecanismo de salvaguarda

Cientos de miles de manifestantes en las calles consiguieron que Hosni Mubarak, Presidente de Egipto, tuviera que renunciar al poder. Intentaron dispersarlo con antidisturbios, con matones disfrazados de manifestantes y con algún tímido intento de acción armada (tímido para la capacidad represiva del régimen).

Ahora, los mandos militares que tomaron el poder, se quitan manifestantes utilizando las mismas unidades que, según dicen, se negaron a disparar cuando Mubarak estaba al mando. Mientras tanto se están celebrando unas elecciones que van dando cierta ventaja a los islamistas

Nada como un clima de disturbios, muertes en las calles e intervenciones armadas del anteriormente pro-revolucionario ejército egipcio, para que el proceso electoral, lentísimo de por sí, quede congelado y los militares conserven el poder hasta que la situación mejore.

En plena revolución, se hablaba de Turquía como modelo de país musulmán que desarrolla un sistema cada vez más democrático, sistema que tiene a los golpes de Estado de los militares, guardianes del laicismo, como ‘mecanismo de salvaguarda’. Todo apunta a que lo primero que se va aplicar en Egipto es el ‘mecanismo de salvaguarda’.

Opciones y decisiones futuras en Egipto

He leído dos buenísimas entradas, una de R. Senserrich y otra de @CardinalXimenez sobre el futuro político de Egipto, ambas dos recomendables. Las dos grandes cuestiones, que se exponen en estas dos entradas y en muchos artículos de prensa de estos días, son el papel qué van a desempeñar los altos mandos de las Fuerzas Armadas una vez ‘dejen el poder’ y cuál será el protagonismo del Islamismo político en el futuro de Egipto, después de décadas de tolerancia social y prohibición política.

¿Cuánta democracia?

En principio la respuesta debería ser simple y directa: cuanta más democracia mejor. Pero rápidamente nos sale la pátina racista y pensamos que lo de la democracia debe ser algo parecido a conducir un Ferrari, sólo para los que lo valen, y que tenemos un modelo utilitario para aquellos de los que no nos fiamos demasiado, entre los cuales están siempre todos aquellos que profesen la religión musulmana y/o hablen cualquier variedad dialectal del árabe.

Dicho lo cual, de lo que tenía unas enormes ganas, hay que indicar que toda transición exige pactos y renuncias y los egipcios deberían procurar tener cuanta más democracia les sea posible y que no sea necesario padecer represiones y hacer una revolución nueva para ir agrandándola.

Un paso fundamental para conseguir la mayor democracia posible es desmontar las estructuras del régimen que, que nadie se equivoque, son independientes de que Mubarak fuera o no Presidente. Con la más importante, las Fuerzas Armadas, se deberán tomar su tiempo, pero hay otras más fácilmente atacables como es la administración civil y demás redes clientelares de la sociedad civil sobre la que se ha sustentado el régimen y que intentarán pervivir de mil maneras.

¿Cómo creen si no que ganó tan plácidamente la UCD las primeras elecciones democráticas españolas? (puro continuismo del régimen franquista: estaba hasta Mayor Oreja).

¿Qué orientación político-religiosa adoptará Egipto?

Aquí es donde Occidente está un tanto asustado y por lo que muchos anhelan alguna fórmula de control. El miedo es el Islamismo político y su nombre egipcio es ‘Hermanos Musulmanes’.

Muchos han mirado o hemos mirado rápidamente a Turquía, donde una cosa llamada ‘Kemalismo’ lleva funcionando desde la Primera Guerra Mundial. La idea de Kemal, fundador de la República de Turquía, es que su país debería ser un país absolutamente homologable a los occidentales, adquiriendo sus instituciones y sus formas y, sobre todo, separando radicalmente el Estado de la religión. El guardián de esto no es ninguna institución judicial o política, sino simplemente el Ejército que, cuando ve que el orden de Kemal se desvía, da un golpe de Estado, reprime a los ‘desviados’ y reconduce la situación a la que ellos consideran óptima.

El gran desafío al Kemalismo se dio con la victoria electoral de un partido islámico de corte moderado que no busca una teocracia sino la ejecución de un programa político conservador. Una versión musulmana de la Demoracia Cristiana que bien podríamos denominarla como ‘Islamodemocracia’. Parece que tras algunas tensiones iniciales con los militares, el gobierno islamodemocrático se ha asentado y sigue haciendo las políticas occidentales que han caracterizado a Turquía en las últimas décadas, entre ellas un escaso respeto a los derechos humanos. Hay que señalar que la ‘Islamodemocracia’ no nació como un proyecto prediseñado, sino que ha sido consecuencia de la necesidad de los sectores más tradicionales de adaptarse a las instituciones y a la sociedad turca, que no está para sandeces afganas.

No me extrañaría nada que la nueva Constitución encomendase a las Fuerzas Armadas una misión de vigilancia constitucional similar a la turca. Lo que estoy seguro es que durante mucho tiempo el Gobierno civil del país no va a tener el control de los militares egipcios, que adoptarán una posición a lo Pinochet.

Presidencialismo o parlamentarismo. Sistema de partidos.

La segunda gran opción constitucional es determinar el sistema de gobierno. En el imaginario colectivo de Egipto, y de las dictaduras, la figura del Jefe del Estado, o Presidente, es la que tiene el protagonismo absoluto. Un modelo presidencialista sería tierra abonada para una reedición del régimen, aunque con otras caras, porque el imaginario es poderoso y buscará, y encontrará a un líder carismático.

El Parlamentarismo es una lata. Debates, pactos, enmiendas, acuerdos, pero sobre todo los gobiernos caen parlamentariamente, los ministros le ponen la zancadilla al Primer Ministro o le fallan sus socios e gobierno. Y también pueden caer a través de unas elecciones que no son el todo o la nada (como sí son unas presidenciales en un país presidencialista). Las minorías tendrán incentivos para no romper con el sistema.

La renovación más o menos estable de los cuadros dirigentes del país tiene una función de pedagogía política: enseñar que en una democracia nadie dura demasiado.

Además el Parlamentarismo incentiva la creación de partidos fuertes, desplegados territorialmente, con intereses electorales diversos y que siempre pueden tener opciones de gobernar solos o en coalición. El Presidencialismo crea partidos débiles.

Antes de las manifestaciones y de la revuelta, Egipto había sido noticia por el ataque de grupos extremistas musulmanes a iglesias, negocios y miembros de la minoría cristiana de Egipto: los coptos. Son cerca del 10% de la población. En la revuelta, junto a la caída del régimen, han reivindicado su papel político y social (la imagen de los cristianos protegiendo el rezo de los musulmanes aún me sobrecoge). Las leyes discrimnatorias contra los cristianos tienen que desaparecer necesariamente y darles una participación suficiente en el gobierno del país.

Al final casi todo se queda pendiente de algo a lo que solamente los que diseñan bien las jugadas le prestan atención: el sistema electoral.

Gastos militares y deuda en Grecia

Sé que, con esta entrada, corro el riesgo de ser calificado de “perroflauta”, pero aún así no me niego a sacar alguna cosa de la intervención del eurodiputado Cohn Bendit sobre la crisis griega. Él señala los altos gastos que los griegos asumen en su defensa, precisamente por la tensión territorial y política permanente que tienen con Turquía (habla de más cosas: siempre podéis ver el vídeo).

Así que me decidí ir a “CIA World Fact Book 2009” para ver el peso que tiene el gasto militar en Grecia y en los otros estrados miembros de la Unión Europea. Grecia es el país de la Unión que más dinero dedica (en proporción a su PIB) a los gastos de defensa, seguido curiosamente el estado helenófono, Chipre. Ambos dos tienen a Turquía como enemigo potencial (que con el 5.3% de su PIB en gasto militar ocupa el 16º lugar del mundo).

El turco

turcoFrancisco VEIGA: El turco. Diez siglos a las puertas de Europa. Debate. Barcelona, 2006. 672 páginas

Es sorprendente que hasta el año 2006 no se haya publicado la primera historia de los turcos en castellano y eso dice mucho de la atención incomprensiblemente selectiva de los historiadores españoles a la hora de elegir sus temas de investigación. En la introducción, Francisco Veiga da cuenta del estado, escasísimo, de los estudios turcos en nuestro país y de las dificultades que tuvo, entre otras cosas, para aprender la lengua turca en España.

Una vez leí una cita, que se atribuía a Marx en la que se decía que España y Turquía son dos países maldecidos por la Historia con la ignorancia, a pesar de haber sido indiscutibles protagonistas de ella durante siglos. Parece que España también ha ignorado a los turcos.

Este libro no es exactamente una “Historia de Turquía”, sino que está pensada y realizada como una “Historia de los Turcos”, como grupo humano que no sólo está presente en lo que ahora conocemos como Turquía, sino en muchos estados de Asia Central, por más que las autoridades rusas primero y soviéticas después se esforzasen en disolver los puntos de la unidad cultural que pudieran existir.

Desde el mito fundacional del pueblo donde se nos cuenta cómo el símbolo de la luna tiene una raigambre preislámica entre los turcos hasta la situación actual de Turquía es recorrido sintéticamente en este obra que considero que es necesaria para todos los que estamos interesados en la Historia y también en un mejor conocimiento de los precedentes del mundo actual.

El desconocimiento ha hecho que se vea a los turcos y a sus diversas formas históricas de organización “a bulto”, esto es, sin ninguna matización, como un todo uniforme donde no había política interna, donde no había tensiones y circunstancias económicas, políticas y sociales que condicionaban la toma de decisiones. Se da cuenta desde las luchas por el poder y la tremenda institución del “fratricidio sultánico”, de los diversos modos de organización administración y fiscal, los modos de mantener un estados multiétnico con la reserva legal para el Derecho Privado por las propias comunidades, así como a las relaciones de los turcos con el Islam oficial, las tensiones entre tradicionalistas y reformistas o el nacimiento de la actual República de Turquía.

Este libro sirve, por su esfuerzo de síntesis y de seria fundamentación, para romper con este desconocimiento que a partir de ahora será ignorancia culpable. Francisco Veiga ha abierto fuego en esta materia y sería deseable que sentada la estructura general le sigan otras investigaciones que lleven un mejor conocimiento de los turcos al lector en lengua castellana.

Francisco Veiga tiene también un blog en el que trata tema de política internacional con especial referencia a Turquía, Grecia y a los Balcanes, que han sido centro de su trabajo de investigador y de sus publicaciones como profesor universitario.