Los papeles de un Lobby

Algo he leído de los documentos filtrados desde la Fundación de Soros, así como algunas entradas y artículos sobre su contenido. La verdad es que me parece la “revelación chorra” de la década.

Soros tiene una Fundación que tiene como misión pública defender determinados valores (democráticos y decentes) dentro de diferentes Estados y de la Unión Europea. Soros ve con malos ojos al Presidente Putin y su Fundación también explora los cauces institucionales para que las sociedades sean consciente de lo que él considera una amenaza.

Hasta ahora no he leído nada que no sea ni legal ni la actividad propia de un lobby. Tener informes sobre partidos, medios de comunicación y diputados haciendo valoraciones de la cercanía a sus posiciones, no es nada del otro mundo. Esta filtración, como las de los correos del Partido Demócrata en EEUU, siempre “daña” a los no poco enemigos del Presidente Putin

¿Por qué España se ha abstenido en una condena al Nazismo y al Neo-nazismo en la ONU?

El otro día en mi TL de Twitter podía leer la conversación de algunos de los que por allí aparecen en torno a la cantidad de bulos que surgen a diario y que por tienen al rumor como fuente, sino a datos presupuestarios manipulados o incluso las estadísticas de Eurostat.

Vivimos unos tiempos que duran demasiado de demagogia barata y de utilizar cualquier cosa para atacar, sea verdad, mentira, malinterpretación o pura ignorancia.

La cuenta de Twitter (@EsppeonzAguirre) que parodia a la presidenta del PP de Madrid cayó el pasado domingo en la trampa. Acusó al gobierno de abstenerse, junto a Suiza, en una votación en las Naciones Unidas sobre una resolución de condena del Nazismo, del neonazismo o de otras lacras similares.
EsPPeonza

La prueba era la reproducción gráfica de la plantilla de la votación. Efectivamente España se había abstenido, Suiza también, pero igualmente todos los países de la Unión Europea. Una cosa es que a un gobierno se le puede haber ido la cabeza o que el representante en la votación no estuviera muy fino, pero que eso hubiera sucedido con todos los países de “nuestro entorno” parecía sumamente difícil. Ucrania, Canadá y Estados Unidos habían votado en contra.

Sin tardar demasiado llego a la nota de prensa de la oficina correspondiente de las Naciones Unidas que sintetiza la intervención de la explicación de voto del representante de los Estados Unidos. Dice que el país promotor de esta resolución, Rusia, cuando habla de Nazismo se está refiriendo a Ucrania y la descripción que hace es para poder describir a Ucrania como un país neonazi.

Luego entro en los tweets de @EsppeonzAguire y veo que justa antes del tweet en cuestión hay otro enlazando una información de “Russia Today” (rt.com), que es un conocido servicio de propaganda de Vladimir Putin y muchas gente lo cita sin ningún filtro.

Parece que los estadounidenses tienen razón y que la resolución pretende condenar a Ucrania y “nazificarla” sin nombrarla. Esto se confirma cuando se lee la primera versión de la resolución, que es la que presentaron los rusos antes engordarla para encontrar apoyos en la Tercera Comisión de la Asamblea General.

Y así es como se pone de manifiesto lo que es un burdo y ridículo ataque al Gobierno de España, el cual no goza de mis simpatías, pero al que no hay que criticar cuando parece que ha obrado correctamente, aunque siempre habrá un nostálgico comunista que se sienta prorruso a pesar de todo.

¿Para qué sirven las Fuerzas Armadas ucranianas?

Uno de los motivos comunes a todos los países que deciden tener o más bien mantener unas fuerzas armadas es la garantía de su integridad territorial. Depende de un conjunto amplio de variables que las fuerzas armadas sean más o menos efectivas en ese objetivo primario que es el mantenimiento de la integridad territorial, pero al menos deben ofrecer alguna dificultad al invasor.

Las fuerzas armadas de Ucrania han visto como las tropas rusas con base en Crimea han apoyado la secesión e incorporación de esta república autónoma a la Federación Rusa con una mezcla de entrega de buques, declaraciones de lealtad a Rusia y tratar de no moverse nada para pasar desapercibidas. Algo que podría comprenderse respecto de las unidades estacionadas en Crimea, pero que es a priori inexplicable respecto del resto de las fuerzas armadas ucranianas.

No han movido un dedo. Nadie ha hecho nada porque todos temen un enfrentamiento contra una potencia militar consistente, con un ejército rearmado con petrodólares, y con un Presidente que no tiene en cuenta las potenciales bajas, ni siquiera entre sus filas, a la hora de tomar decisiones.

Ninguno de ellos ha querido enfrentarse a los rusos y puede que sea la decisión más razonable. Pero que sea la decisión más razonable no elimina la cuestión consecuente: ¿para qué sirven las fuerzas armas ucranianas si no son capaces de ofrecer la mínima resistencia ante un ataque a la integridad territorial? ¿para qué sirven si no ofrecen la mínima disuasión?

La única amenaza real y con posibilidades es la amenaza rusa y todos sabemos lo que han hecho o más bien lo que han hecho. Desde luego no tiene sentido esperar una amenaza ni de Polonía, ni de Eslovaquia, ni de Bielorrusia, ni de Moldavia o de Rumanía.

Ucrania, según los datos publicados por la CIA, emplea el equivalente al 2,77% de su PIB en gastos militares (6144 millones de dólares). Bien podría abolir las fuerzas armadas por absolutamente inútiles e incapaces y dedicar esos dólares a otros menesteres, por lo menos que funcionen.

Ésta no es la crisis de los Sudetes

La “reductio in Hitlerum” anda camino de convertirse en el elemento explicativo de cualquier crisis internacional con resonancias bélicas que se da con países del primer mundo o medianamente poderosos implicados. Todo lo que sucede es una réplica de los años anteriores a 1939, con su Hitler, su Churchill y su Chamberlain, por supuesto.

Recuerdo cuando la Segunda Guerra del Golfo se hablaba de parar los pies a tiempo a los tiranos y no hacer acuerdos con ellos porque eso solamente nos podía llevar a un mal mayor. Hitler era Sadam, Churchill era el interlocutor que estaba a favor de la guerra (o los estados que se involucraron en ella) y la cruz de ser Chamberlain era para el interlocutor que planteaba objeciones (o para los estados que se opusieron a ella).

Reductio in Hitlerum
Durante la tarde de hoy ha circulado un retuit de la imagen situada sobre este párrafo donde se recurre a lo de siempre, pero con el sabor de poner a Slobodan Milosevic, por si a alguno Hitler le empezaba a caer un poco lejano. Pero no, Putin no es Hitler, ni los ahora gobernantes ucranianos unos angelitos inocentes en manos del nazismo, ni Europa está buscando a su Churchill. Han pasado muchas cosas y la historia no se repite, sobre todo, porque al conocerla modifica ya nuestra percepción. Tampoco Rusia es la Alemania de los años treinta, ni Ucrania es Checoslovaquia o Polonia, ni  Crimera es la ciudad de Danzig.

Evidentemente se buscan patrones, relaciones, causas comunes dentro de las Relaciones Internacionales, pero que todo lo que nos quede de vida y de conflicto internacional sea una mera repetición de lo acontecido desde los Sudetes al 1 de septiembre de 1939 es de una flojera intelectual digna de Wert y sus secuaces.

La marioneta que se creyó Presidente

Tras la caída de la Unión Soviética, hubo un tiempo (pequeño) en el que los moscovitas pudieron elegir democráticamente a su alcalde. La involución personificada en Vladimir Putin les ha quitado ese derecho y el alcalde de Moscú (y también el de San Petesburgo) es elegido directamente por el Presidente de la Federación Rusa.

El Presidente Dimitri Medvédev ha destituido al alcalde de Moscú por apoyar que Putin vuelva ser el Presidente después de tener que estar ejerciendo el poder como Primer Ministro durante el mandato de la actual marioneta.

Parece que Medvédev quiere volver a repetir y no se acuerda que él fue puesto como Presidente con las siguientes misiones: guardarle el puesto a Putin y así no tener que reformar la Constitución que queda feo; firmar las decisiones de Putin; darse unos cuantos viajes en el estupendo avión que tienen los presidentes rusos; y hacer bonito en las fotos con líderes extranjeros.

Es lógico que a Médvedev le hayan dejado algunas parcelas de decisión autónoma para que se sienta bien: el color del papel higiénico en el Kremlin o la marca de vodka que le sirvan cuando tenga ganas de un trago. De camino, como es natural en Rusia, tendrá su sector de enriquecimiento descarado y algunas cosas que les sean propicias para recibir regalos de interesados en llevarse bien tanto con la marioneta como con el operador.

El problema de los títeres humanos es que descubren que, en el fondo, tienen algo de valor y que nominalmente su poder es grande y, tarde o temprano, se terminan creyendo que ellos valen por sí mismos y que pueden librarse que quien los ha puesto y los maneja. Putin, si él quiere, volverá a ser Presidente, Zar o Secretario General de un renacido Comité Central del Partido Comunista y se quitará al cara bonita de Médvedev con mucho menos esfuerzo que con el que logró la dimisión de Yeltsin. Esto es así porque los grandes resortes del poder ruso siguen en manos de Putin: Servicios Secretos, Fuerzas Armadas y los grandes beneficiados por la subasta de Estado ruso.