¿Para qué sirven las Fuerzas Armadas ucranianas?

Uno de los motivos comunes a todos los países que deciden tener o más bien mantener unas fuerzas armadas es la garantía de su integridad territorial. Depende de un conjunto amplio de variables que las fuerzas armadas sean más o menos efectivas en ese objetivo primario que es el mantenimiento de la integridad territorial, pero al menos deben ofrecer alguna dificultad al invasor.

Las fuerzas armadas de Ucrania han visto como las tropas rusas con base en Crimea han apoyado la secesión e incorporación de esta república autónoma a la Federación Rusa con una mezcla de entrega de buques, declaraciones de lealtad a Rusia y tratar de no moverse nada para pasar desapercibidas. Algo que podría comprenderse respecto de las unidades estacionadas en Crimea, pero que es a priori inexplicable respecto del resto de las fuerzas armadas ucranianas.

No han movido un dedo. Nadie ha hecho nada porque todos temen un enfrentamiento contra una potencia militar consistente, con un ejército rearmado con petrodólares, y con un Presidente que no tiene en cuenta las potenciales bajas, ni siquiera entre sus filas, a la hora de tomar decisiones.

Ninguno de ellos ha querido enfrentarse a los rusos y puede que sea la decisión más razonable. Pero que sea la decisión más razonable no elimina la cuestión consecuente: ¿para qué sirven las fuerzas armas ucranianas si no son capaces de ofrecer la mínima resistencia ante un ataque a la integridad territorial? ¿para qué sirven si no ofrecen la mínima disuasión?

La única amenaza real y con posibilidades es la amenaza rusa y todos sabemos lo que han hecho o más bien lo que han hecho. Desde luego no tiene sentido esperar una amenaza ni de Polonía, ni de Eslovaquia, ni de Bielorrusia, ni de Moldavia o de Rumanía.

Ucrania, según los datos publicados por la CIA, emplea el equivalente al 2,77% de su PIB en gastos militares (6144 millones de dólares). Bien podría abolir las fuerzas armadas por absolutamente inútiles e incapaces y dedicar esos dólares a otros menesteres, por lo menos que funcionen.

Euromedia parlamentaria

El otro día, cuando hacía la simulación del Congreso con 700 diputados, Franesco se preguntaba por qué no 7000 diputados. Aparte de que una cámara de varios de miles es más inoperante que un congreso de un partido, la cuestión es que nuestro número de miembros de la cámara baja, comparado con nuestro entorno de la UE, es muy bajo.

El aumento de la proporcionalidad, según esta hipótesis, tendría como propio un aumento del número de diputados (eliminando el Senado, claro). España se encuentra en el penúltimo puesto en la ratio entre parlamentario de la cámara baja y habitantes.

Tapando las vergüenzas

Es cierto que un país tiene el derecho y la obligación de combatir la delincuencia, también es que tiene que controlar que todo el que reside en su territorio, sea comunitario o no, se encuentre en una situación de conformidad con su legislación, pero todo ello no puede ser ejercido en fraude cuando lo que se ordena a la Policía es priorizar sus actuaciones siguiendo criterios étnicos y nacionales.

La polémica en torno a las expulsiones de gitanos rumanos de Francia es parte de la maniobra que han organizado en El Eliseo para tapar el escándalo de la financiación ilegal de la campaña presidencial de Nicolas Sarkozy.

Si la situación es lamentable, lo más preocupante aún es que haya sido una estratagema efectiva y las encuestas vuelvan a serle favorable a quien alcanzó la Presidencia después azuzar los disturbios en la periferia de París, cuando era ministro del Interior. Sarkozy es el arquetipo de esa derecha que además de ser el problema se presenta como la solución.

Los ciudadanos franceses parecen bien dispuestos a este tipo de acciones, inútiles por lo demás. Los líderes europeos han callado quizá porque piensan que criticar las expulsiones de los gitanos rumanos les hará parecer ‘blandos’ ante unos ciudadanos a los que les parecen bien estas actuaciones. Pocos principios y muchos encubrimientos hay en todo esto, porque en el fondo el racismo no es más que fastidiar al pobre con la excusa de que es diferente y genera que los menos beneficiados de una sociedad sean precisamente los más entusiastas en esta operación de fustigamiento de sus semejantes.

Buscando votos en las cloacas

El Partido Popular en Catalunya tiene una existencia difícil. Con los votantes de izquierda, en una región muy industrializada, tiene poco que hacer, y la mayoría de los votantes de derecha tienen el pequeño problema, para el PP, de ser más o menos catalanistas y prefieren votar a CiU antes que al PP. Le queda la pequeña porción de votantes de derecha no catalanistas.

Con diferencia Catalunya es el lugar de España en los que el PP tiene peores resultados y un verdadero lastre para sus opciones de alcanzar el Gobierno de España. Los populares han trabajado varias opciones para conseguir ampliar su espectro de votantes tales como el casposo liderazgo de Vidal Cuadras, que intentó aglutinar a los no catalanistas, o Piqué que dando un leve giro catalanista terminó defenestrado.

La Presidencia de los populares catalanes la desempeña Alicia Sánchez-Camacho, quien derrotó con el apoyo de todo el aparato nacional a Montserrat Nebrera. Esta mujer tiene el enorme mérito de ser la única candidata del PP, en toda España, que siendo la número uno de la lista no consiguió escaño. Una ‘crack’ política.

Como es lógico y esperable todo nuevo cargo de un partido quiere arreglar la situación heredada y entonces, con el equipo que pueda haber reunido, se pone a buscar grupos de ciudadanos en los que pueda calar su mensaje o al menos sean susceptibles de convertirse en sus votantes.

En Catalunya han emergido algunas pequeñas formaciones nacionalistas de extrema derecha que han conseguido concejales, incluso en municipios de cierta relevancia. En las polémicas que han creado han conseguido algún respaldo social, reflejado en las encuestas, y han logrado amilanar a los partidos más establecidos.

Esto debió dar la idea a los ‘estrategas del PP de Catalunya’ de que su espacio debía estar allí, en el que había abierto la extrema derecha catalana y especialmente en los ataques contra los inmigrantes, especialmente si son gitanos.

El Partido Popular de Catalunya ha abandonado el autoproclamado centro reformista que dice tener por principio el PP, pero también ha abandonado los principios liberales, conservadores o católicos que componen el mosaico de los diferentes militantes populares y está bordeando la parte de fuera de algunos límites.

Hoy viéndola en la televisión buscando gitanos rumanos por las calles de Badalona he visto el ridículo político andando en busca de un ‘cara a cara’ que ofrecer a las televisiones. Alicia Sánchez-Camacho debería avergonzarse de lo que está haciendo y el Partido Popular debería impedir que su formación en Catalunya pueda ser calificada, con toda propiedad, como un partido de extrema derecha.