Lo de Cataluña (XXIX): El referéndum pactado como solución

Podemos y un sector de la izquierda se ha agarrado a la ilusión de que un referéndum de independencia, pactado y legal, sería la solución a todos los males que el independentismo catalán ha producido.

Esta idea parte de una incomprensión de lo que es el independentismo como si se tratase de un movimiento político que considerase que hay términos medios y no solamente un objetivo. A un independentista solamente se le sacia con la independencia y si el referéndum pactado no le proporciona la independencia no le bastará y le dará igual el resultado. Quizá durante unos meses esté discretamente callado, pero rápidamente encontrará una circunstancia que invalidará el resultado del referéndum y vuelta a lo de siempre.

En Quebec llevan  dos referendos pactados, en Escocia se reclama el segundo. ¿Cuándo terminarán de pedir referendos pactados? Cuando gane la independencia.

Lo de Cataluña (XIII): La Europa de los microestados

En los debates en torno a la integración europea se han acuñado términos como la “Europa de los mercaderes” o la “Europa social”, hoy asistimos al intento de hacer nacer la “Europa de los microestados”. Una Europa cada vez integrada, a pesar del Brexit, donde las decisiones se hacen en común, donde hay voluntad de desarrollar una política exterior y de defensa integrada no es del gusto del gran actor geopolítico europeo que está donde nace el sol.

Las independencias de las regiones más ricas tiene enormes ventajas para Rusia. Aumenta el número de actores cada cual con una nueva agenda, con sus peculiaridades y nuevos asuntos que para algo uno es independiente. Se debilitan los Estados actuales. Las sociedades ricas solamente están dispuestas a invertir en su propia riqueza y cosa como el gasto en Defensa está mal visto y es poco pijo-guay, de modo que cada rublo ruso destinado a lo militar, tendrá menos euros para contrarrestarlos. En ese gallinero siempre habrá un Estado o varios dispuestos a ser el abanderado de Rusia porque son tan pequeños y poca cosa que necesitan apoyo externo para sobrevivir.

La hipotética independencia de Cataluña, Euskadi, Saboya, Silesia, Provenza, Bretaña, Córcega, Flandes. Valonia, Lombardía, el Véneto, Baviera, Renania, Escocia, Gales y Moravia (por citar algunos casos) es el sueño de la política exterior europea, que en vez delante a unos futuros Estados Unidos de Europa puede encontrarse con los Microestados de Europa, una cutre reedición en el siglo XXI del Sacro Imperio.

Lo de Cataluña (VIII): La Constitución británica

En un Estado de Derecho un gobierno y un parlamento pueden hacer lo que el ordenamiento constitucional les permite hacer. Si quieren hacer algo diferente deben cambiar antes el orden constitucional en el punto que deseen.

Dependiendo de la facilidad o de la dificultad para modificar una constitución se distingue entre constituciones flexibles (las que son fácilmente reformables) y constituciones rígidas (las que se reforman con dificultad). En ocasiones se ha hablado de constituciones hiperrígidas e incluso de constituciones bloqueadas o con disposiciones irreformables.

La dificultad para reforma una constitución depende de si esta la hace un órgano constituido como es el parlamento, un órgano elegido “ad hoc”, si es necesario o no un referéndum y las condiciones de validez de éste. Es también un elemento cuáles son las mayorías exigidas para aprobar la reforma constitucional.

La Constitución británica que tiene una parte consuetudinaria y otra contenida en disposiciones escritas pertenece a la categoría de las constituciones flexibles: realmente es su arquetipo. Si una ley contiene una disposición que se considera constitucional, para modificarla el Parlamento solamente tiene que aprobar una ley ordinaria y reformada la Constitución.

Esta es la ventaja constitucional que tuvo David Cameron, entonces Primer Ministro, pudo emplear a la hora de pedirle al Parlamento del Reino Unido que ratificase su acuerdo con el gobierno regional escocés. La soberanía parlamentaria y la flexibilidad constitucional lo permitían.

En los países que hemos optado por constituciones rígidas, para protegernos del imperio de la mera mayoría y proteger a las minorías, las cosas no son aparentemente tan fáciles, pero la cuestión es que hay que hacer buena política para concitar mayorías, aunque parezca imposible.

Comparar la decisión británica con la española es de mala fe, porque los presupuestos constitucionales no son los mismos. Y puestos a comparar, hagamos la comparación que proponía Foreign Policy ¿qué haría cualquier gobernador de un estado de los Estados Unidos decidiera celebrar unilateralmente un referéndum de secesión?

Las diferentes versiones del Brexit

Desde el jueves y ante la rapidez de las encuestas postelectorales en Reino Unido (hola, CIS) ha quedado claro que la personas de más edad han votado por la salida del Reino Unido de la Unión Europea y los de menos edad lo han hecho a favor de la permanencia.

Rápidamente en España los listos morados de siempre han querido hacer su paralelismo con las Elecciones que mañana tenemos en nuestro país: votar como lo hacen los de más edad, es votar como los que han decidido el Brexit.

Los viejos son los que “hipotecan” el futuro de los jóvenes, sentencian. Pero ellos mismos se olvida de otras variables igualmente medibles y evidentes: los que tienen menos preparación académica, los que pertenecen a clases sociales más desfavorecidas o con menos ingresos.

No les gusta decir que los pobres del Reino Unido han dicho no a la Unión Europea no por la falta de derechos sociales y de solidaridad, sino por la abundancia de generalidad de ellos. Muchos temían que sus “pagas” se las llevasen los inmigrantes mediterráneos y los ascensos a los que aspiraban después de años de trabajo sin cualificar se lo llevasen esos jovencitos infinitamente más preparados que ellos en el momento que hablasen un inglés decente.

No es sólo ni principalmente una cuestión de edad. Los pobres, los que tienen menor cualificación, los que están en una situación más débil son los que han votado por el Brexit y lo han hecho porque no quieren solidaridad con nosotros. Es una realidad triste, pero es la que es; lo otro es simple manipulación.

Os dejo los datos de The Guardian:

Postelectoral

¿Segundo referéndum?

Los líderes comunitarios se están mostrando muy consecuentes con el resultado del Referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea. Si alguien esperaba, entre los que apoyaron ayer la salida, que iban a ver como se gimoteaba pidiendo a los británicos su permanencia, se ha confundido plenamente. Da la impresión de que quieren mandarle el mensaje al electorado británico de que tienen que asumir las consecuencias de lo que han votado.

El Tratado de Maastricht requirió dos referendos en Dinamarca, uno negativo y otro positivo, para poder ratificado. Por medio se negoció un protocolo que creó un régimen especial para los daneses dentro del Tratado. Los líderes comunitarios de la época estaba empeñados en meter a la Unión en una nueva etapa y estaban dispuestos a transigir incluso ante Dinamarca para lograr el objetivo general.

Una vez ante el abismo, una vez que los medios comiencen a informar de las dificultades reales de la salida del Reino Unido de la Unión y, pasados unos meses, cuando grandes empresas y fabricantes anuncien su intención de trasladarse al territorio de la Unión para evitar aranceles las encuestas pueden mostrar otra realidad. Cuando el paso del tiempo muestre claramente que el paraíso prometido por los que defendieron la salida se ha convertido en un infierno, entonces puede surgir la idea de un segundo referéndum, con un nuevo régimen (que ya habían conseguido hace unas semanas), sí puede ser ganado después de que los británicos hayan visto el abismo.

Y eso es lo que Merkel, Hollande y otros líderes quieren conjugar. No estamos en los primeros noventa, el Reino Unido no es Dinamarca y ya se han hecho todas las concesiones imaginables, decentes e indecentes a los británicos

Sobre la crianza de cuervos

La derecha norteamericana ha estado coqueteando desde finales de los sesentas con frikis conservadores, predicadores, paleoconservadores y un puñado de racistas para ampliar la base electoral y de camino avivar el miedo de la clase media blanca, que ha sido el principal sostén electoral de los republicanos.

Los conservadores británicos se han servido durante décadas de los euroscépticos y de la idea de que “Europa ens roba”. Una estrategia que servía para identificar a los laboristas con una política de asentimiento ante Bruselas, culpar de todos los males del país a las políticas comunitarias y conseguir un trato especial dentro de la Unión Europa con la tonta idea de que una nueva concesión iba a apaciguar a los euroscépticos para siempre.

Donald Trump es el candidato de los republicanos a la Presidencia de los Estados Unidos y los ciudadanos británicos han votado por salir de la Unión Europea. “Cría cuervos y te sacarán los ojos” debería ser el límite a todos aquellos “genios” políticos que consideran que alimentar a los extremos para beneficiarse de ellos o para dividir al adversario es una gran idea. Aquí tenemos dos ejemplos de los logros políticos conseguidos por este camino.