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Archive for the ‘Berlusconi’ Category

1992

1992
Estos días he visto la serie italiana 1992. Trata de los acontecimientos políticos en los que se inició el final del sistema político italiano existente desde la Segunda Guerra Mundial y surgió lo que vino a llamarse la “Segunda República Italiana”.

Ambientada en Milán, con varios personajes de existencias entrecruzadas, nos lleva por las investigaciones judiciales (“Mani pulite”) que supusieron el final de la Democracia Cristiana y del PSI, la forma de actuar del empresariado, los primeros pasos de la Liga Norte y especialmente la base moral sobre la que se edificó el ascenso político de Silvio Berlusconi.

Cada uno de los diez episodios de esta primera temporada tienen un buen ritmo, terminando todos “arriba”. Cada uno de los personajes tiene su historia, su desarrollo y no son meros vehículos de una narración general, especialmente cuando la mayoría (salvo los “públicos”) son personajes que representan un arquetipo. La ambientación es excelente.

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Desde el lunes se han publicado todo tipo de análisis sobre los resultados de las elecciones italianas. La mayoría coinciden en la difícil situación creada por el empate entre las tres principales fuerzas y en lo significativo que son los millones de votos recibidos por Berlusconi y Grillo.

De los italianos se ha dicho de todo, como de los andaluces, porque no han votado lo que otros han pensado que debían votar. Se nos ha vendido la brillantez del gobierno de Monti y el espontáneo apoyo popular que éste tenía, cuando la realidad ha sido muy diferente y los votos cosechados es una humillación tanto para él como para quienes le patrocinaron.

A Italia, como a España, le han dado un plan para salir de la crisis. Ese plan implica severas medidas que han de ser aceptadas para conseguir un bien para el país y lo que es más importante, para la mayoría de los ciudadanos. Tanto Italia como España van viendo como esas medidas no provocan el efecto deseado en el plazo señalado, ni en las diversas ampliaciones del plazo, sino que lo que hacen es agravar el problema.

Las decisiones pueden ser bienintencionadas e incluso técnicamente inapelables, pero en los resultados es donde encuentran su única justificación cierta. Los italianos, y los españoles, no vivimos mejor que cuando comenzamos con este paquete de medidas y, lo que hunde la moral, es que no tenemos perspectivas de vivir al menos igual en los próximos.

Si lo sensato es querer garantizar una vida peor y sin perspectivas de mejorar, no debe extrañar a nadie que los resultados sean insensatos. Quizá sea el momento de repensar la sensatez de una política sin resultados.

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Sexo y política

La prensa española, desde los medios de derecha a los medios de izquierda, llevan meses haciéndose eco de las noticias sobre el desenfreno sexual de Silvio Berlusconi. En este asunto suelen mezclarse dos tipos de consideraciones que distorsionan juntas la pintura total.

La primera es la vida sexual del Presidente del Consejo de Ministros de Italia. Puede resultar muy morboso, pero en nuestra mentalidad política los asuntos de cama de un político no entran en la vida pública salvo que rebasen determinados límites. Decir que siendo Presidente del Consejo de Ministros todo lo privado es público supone admitir una tesis peligrosa que ‘legitimaría la expoliación del Estado’ (porque entonces lo público también podría ser tratado como privado) y, más allá de la burrada anterior, nos llevaría a la implementación de una política de alcoba, chismes y de estúpidos escándalos sexuales.

La segunda consideración es la relativa a si Silvio Berlusconi, dentro de sus actividades privadas, ha cometido algún delito. La Fiscalía de Milán está investigando un abanico amplio de delitos que están en el Código Penal italiano y esto ya trasciende la esfera de lo privado para adentrarse en otra.

¿Desgaste para Berlusconi? Eso no depende siquiera de los delitos, porque la percepción social de la acciones hace que se valoren de forma diferente dependiendo de múltiples factores y uno de ellos es la mentalidad de esa sociedad. Una sociedad más estricta considerará que incluso no existiendo comportamiento reprobable penalmente debe haber un castigo político por un acto que esa sociedad considere inmoral y sociedad menos estricta considerará que acciones, presuntamente delictivas, no son lo suficientemente graves como para que quien las cometiese mereciese la pérdida de la confianza.

En la segunda situación está Italia. La mayoría de los italianos considera que estos escándalos sexuales no quiebran su confianza en el Presidente del Consejo de Ministros. Esto me ha hecho recordar un viejo amigo que decía que si uno era rico y poderoso lo era para hacer determinadas cosas que le estaban vedadas al común de los mortales. Puede que muchos italianos piensen como mi amigo y que para ellos desconfiar de Berlusconi y castigarlo por determinado comportamiento no es más que una forma de matar el ‘sueño italiano’.

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