Es posible que el nuevo Presidente de Francia se elija en la primera vuelta

Ayer publicaba una entrada donde simplemente daba cuenta de una encuesta sobre las Elecciones Presidenciales Francesas (2017) que acababa de conocer. El gráfico de la encuesta es éste:

Francia Presidencia Encuesta
Lo que más me llamaba la atención es que el actual Presidente, François Hollande, no se encontraba entre los dos candidatos con mayor estimación de voto, de forma que en unas hipotéticas elecciones con ese resultado Hollande no pasaría a la segunda vuelta y perdería, en la primera, cualquier opción de ser reelegido.

No señalé que la encuesta planteaba dos posibilidades según el candidato de los Republicanos fuera Sarkozy o Juppé, aunque en cualquier de las dos circunstancias ganarían la primera vuelta. Lo llamativo es que la derecha francesa es que ellos tiene la costumbre de presentar unos cuantos candidatos a la Presidencia y que sean los ciudadanos el que elijan al que ha de pasar a la segunda vuelta y unificar a todos bajo su candidatura.

El elemento perturbador es que en cualquier de las posibilidades la ultraderechista Marie Le Pen pasaría a la segunda vuelta. Si la derecha francesa hiciera lo de siempre, presentar en este caso a sus dos candidatos, existiría la posibilidad que la segunda vuelta fuera Marie Le Pen contra el por ahora desahuciado Presidente Hollande.

Lo más probable es que la derecha francesa presente a un único candidato fuerte para no correr riesgos en la primera vuelta. Si se mantiene el actual escenario, sea Sarkozy, Juppé o Hollande el que consiga pasar a la segunda vuelta, recibirá el apoyo unificado tanto de derecha como e izquierda, porque si Le Pen consigue entrar en la segunda ronda el Presidente se elegirá en la primera (como sucedió como la elección Chirac/Le Pen en 2002).

Hollande no pasaría a la segunda vuelta en las Presidenciales francesas

En la última encuesta publicada sobre la Presidencia de la República Francesa, François Hollande no conseguiría pasar a la segunda vuelta, esto es, ser uno de los dos candidatos más votados, en ninguno de los dos escenarios planteado por la empresas demoscópica.

Francia Presidencia Encuesta
Fuente: electrograph.com

Cosas sobre el debate francés

Vi buena parte del debate de anoche entre los dos candidatos a la Presidencia de la República Francesa. Como buen todólogo hispánico no renuncio a opinar, que es gratis y a una persona más ignorante que yo les ha servido para ser ministro de Educación.

Para empezar hay que decir que la idea del Canal 24 Horas de TVE fue muy buena y por el seguimiento en Internet creo que consiguió juntar delante de la televisión a la comunidad hispánica de frikis de la política.

El debate fue entretenido gracias a que los dos candidatos podían interrumpirse y lo hacían con gusto. El tiempo dedicado fue amplio, como precisa un debate así cada cinco años, y que hubo periodos de refriega y otros de explicaciones bastante prolijas por los dos candidatos.

En el aspecto de imagen hay que decir que hay que darle unos cuantos premios a la persona que eligió las gafas de Hollande, pues no hay mejor manera de llevar gafas sin que se noten demasiado que la que lució en candidato socialista.

La estrategia de Hollande, con todas las encuestas a favor, era la de no cometer fallos y golpear a Sarkozy cuando se pusiese a tiro. Sarkozy lo hizo y fue sacudido en varias ocasiones. Al todavía Presidente se le notaba demasiado que necesitaba los votos de Le Pen y él mismo lo confesó, produciendo en condiciones normales una movilización mayor del voto anti Le Pen.

Sarkozy se esforzó, como han hecho todos los dirigentes europeos que han caído, en culpar de sus decisiones a los demás. Hollande solamente tenía que esperar a que todo el mundo se hiciese la pregunta sobre quién había gobernado Francia en los últimos cinco años para que le suceda a Sarkozy como a esos otros dirigentes: ser jubilado por las urnas.

¿Quiénes se llevarán los réditos políticos de los disturbios en el Reino Unido?

Los graves incidentes de Londres y de otras ciudades británicas han hecho que en España, con algunas excepciones, los blogs y los que nos movemos por Internet distingamos claramente y expresemos la distinción entre queja y violencia gratuita, programa de cambios y destrucción por programa. Recomiendo la entrada de Jorge Galindo, que lo dice mucho mejor que yo.

Recuerdo unos incidentes graves de hace unos años en París. Como fueron calentados un tanto por el entonces ministro del Interior francés llamando ‘gentuza’ a los que quemaban centros educativos, centros sociales, tiendas o locales culturales. Eran gentuza pero parece que se sintieron ofendidos y subió la violencia.

Por esas paradojas de la vida pública, la popularidad del ministro del Interior creció y una vez en las nubes, la policía machacó a las revueltas justo antes de que llegaran al centro de la capital francesa. Hoy ese ministro es Presidente de la República.

En el Reino Unido hay dos partidos que deben estar dando saltos de alegría por la prolongación de las protestas y por la incapacidad del Primer Ministro Cameron de sofocarlas en tres días: el UKIP y el BNP. En las últimas elecciones consiguieron en conjunto un millón y medio de votos que no se tradujeron en escaños por obra y gracia del sistema mayoritario, pero que cada vez tienen más fuerza e incluso un buen puñado de eurodiputados.

Evidentemente Sarkozy no es la derecha que sí es el UKIP y el BNP, pero de las revueltas y del justificado miedo que generan pueden sacar beneficio personas y tendencias muy diferentes. Los conservadores de Cameron deberían atajar el problema no ya sólo porque es su obligación (que es lo principal), sino también porque puede echarles del poder por décadas gracias al ya mencionado sistema mayoritario.

Tapando las vergüenzas

Es cierto que un país tiene el derecho y la obligación de combatir la delincuencia, también es que tiene que controlar que todo el que reside en su territorio, sea comunitario o no, se encuentre en una situación de conformidad con su legislación, pero todo ello no puede ser ejercido en fraude cuando lo que se ordena a la Policía es priorizar sus actuaciones siguiendo criterios étnicos y nacionales.

La polémica en torno a las expulsiones de gitanos rumanos de Francia es parte de la maniobra que han organizado en El Eliseo para tapar el escándalo de la financiación ilegal de la campaña presidencial de Nicolas Sarkozy.

Si la situación es lamentable, lo más preocupante aún es que haya sido una estratagema efectiva y las encuestas vuelvan a serle favorable a quien alcanzó la Presidencia después azuzar los disturbios en la periferia de París, cuando era ministro del Interior. Sarkozy es el arquetipo de esa derecha que además de ser el problema se presenta como la solución.

Los ciudadanos franceses parecen bien dispuestos a este tipo de acciones, inútiles por lo demás. Los líderes europeos han callado quizá porque piensan que criticar las expulsiones de los gitanos rumanos les hará parecer ‘blandos’ ante unos ciudadanos a los que les parecen bien estas actuaciones. Pocos principios y muchos encubrimientos hay en todo esto, porque en el fondo el racismo no es más que fastidiar al pobre con la excusa de que es diferente y genera que los menos beneficiados de una sociedad sean precisamente los más entusiastas en esta operación de fustigamiento de sus semejantes.

Alguien está fallando mucho

Supuesto: en 2006, una agencia de calificación, de esas que se están haciendo tan famosas para todos los ciudadanos en estos días, otorga la máxima calificación a una emisión de deuda de un país en títulos a diez años. Ahora cambia la calificación para esos mismos títulos teniendo en cuenta las nuevas circunstancias económicas. ¿No debería haber valorado esta posibilidad hace cuatro años para títulos a diez años?

A modo de opinión, os remito a la segunda página de la carta que Merkel y Sarkozy han enviado al Presidente de la Comisión Europea y al Presidente del Consejo Europeo sobre la revisión del papel de las agencias de calificación.

Queda Sarkozy


El resultado de las elecciones regionales francesas han dado un balón de oxígeno a una izquierda que se encontraba casi catatónica después de la victoria de Nicolás Sarkozy en las elecciones presidenciales.

No conviene extrapolar estos resultados a otras elecciones, ya que existen precedentes de grandes victorias regionales y grandes derrotas nacionales de la izquierda francesa. Las regiones francesas son mera descentralización administrativa y no tienen la trascendencia en la vida social que otras “elecciones regionales” en países con autonomía política o directamente federales.

De lo que sí sirven es de termómetro de que Sarkozy tiene sus puntos débiles, de que no ha conseguido aumentar su ventaja electoral y de que el entusiasmo de su elección ha podido ir diluyéndose. Esto no quiere decir ni que pudiera perder al día de hoy la reelección, ni que el PS haya resuelto el millón de problemas que arrastra. Es simplemente un aviso.

Pero también indica algo que todos sabemos y que muchas veces inconscientemente olvidamos: el decurso político es un conjunto de ciclos que comienzan y acaban. Hay personas empeñadas en estar a la moda política y proponen imitar o seguir los modelos que momentáneamente triunfan: esos para los que nosotros deberíamos elegir siempre lo que ya han elegido Francia o Alemania.

Quienes se hacen más de Sarkozy que el propio Presidente francés deberían saber que su política es fruto de una conjetura, de unas circunstancias y que él mismo la va variando progresivamente, a golpe de encuestas que es lo que ocupa el lugar de la ideología en este político.

Sarkozy ni es imbatible, ni está en una vía muerte. Sarkozy es batible, pero conserva un discurso (adaptado y adaptable, con sus toques populistas) que ocupa todo el espacio que el discurso de la izquierda no ocupa, quizá porque aún no tienen claro cual es.