Unas elecciones poco competidas

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Todos sabemos que el pasado 8 de noviembre se celebraron las Elecciones Presidenciales en los Estados Unidos de América. Ese mismo día se eligieron a los cuatrocientos treinta y cinco representantes de la Cámara de Representantes de los EEUU y a un tercio de los miembros del Senado Federal. En algunos estados se eligieron los gobernadores y otros cargos ejecutivos, judiciales, así como se renovó totalmente o en parte le legislatura estatal en buena parte de los estados. También hubo un buen número de referendos.

El otro día tropecé casualmente con la página del Departamento de Estado de Georgia y allí, ya que estaba, pìnché sobre un tremendo banner que te llevaba a la página de los resultados del 8 de noviembre en las numerosas elecciones celebradas en ese estado. Y, pasadas las primeras elecciones, me sorprendió la cantidad tremenda de elecciones en las que solamente había un único candidato.

Hagamos un repaso.

1) Había tres candidatos presidenciales: Trump, Clinton y el libertario Johnson.

2) El escaño para el Senado que se renovaba tenía tres contendientes (republicano, demócrata y libertario). Ganó el candidato republicano, que era el senador en ejercicio.

3) Georgia elige catorce escaños en la Cámara de Representantes. Cinco de esos escaños se eligieron en distritos donde solamente había un candidato, cuatro republicanos y uno demócrata.

4) El Senado del estado de Georgia está compuesto por cincuenta y seis (56) senadores elegidos en distritos uninominales. De las cincuentas y seis elecciones por un escaño en el Senado estatal solamente hubo más de un candidato en trece (13) distritos. De estas trece elecciones en el Senado estatal nueve ganadas por los republicanos y cuatro por los demócratas. Solamente en dos de estas elecciones la diferencia entre vencedor y derrotado fue inferior al 10% de los votos.

Las elecciones al Senado estatal no fueron competidas en cuarenta y tres (43) distritos donde solamente se presentó un solo canddiato. En las elecciones no competidas, veintinueve (29) eran en distritos únicamente con candidatos republicanos y catorce en distritos (14) con candidatos solamente demócratas.

5) Ciento ochenta (180) son los representantes de la Cámara de Representantes y se eligen en ciento ochenta (180) distritos uninominales. Noventa y ocho (98) republicanos y cincuenta (50) demócratas ganaron su escaños sin adversario el día de las elecciones.

Fueron competidos solamente treinta y dos (32) escaños. Los republicanos ganaron veintidós (22) y salvo cuatro todos con más de diez puntos de diferencia. Los demócratas ganaron diez de las elecciones competidas, siete de ellas con más de diez puntos de diferencia. De los ciento ochenta escaños, solamente siete fueron resueltos en unas elecciones “ajustadas”.

6) El estado de Georgia se divide en cuarenta y dos (42) circuitos judiciales, que se agrupan formando diez (10) distritos judiciales. En cada unos de los circuitos judiciales hay un fiscal del circuito elegido popularmente. Los republicanos ganaron veintinueve fiscales (29), los demócratas doce (12) y un independiente fue también elegido. Solamente en dos circuitos hubo elecciones con dos candidatos, ganando en una el candidato republicano por más de diez puntos y en otra el demócrata pero por menos de diez puntos.

7) El Distrito 2 (Este) tenía que elegir a su representante en la Public Service Comission: un candidato republicano y otro libertario. Ganó el republicano por más de diez puntos.

En resumen. En el estado Georgia se eligieron a doscientos noventa y cinco (295) puestos ejecutivos, judiciales y legislativos el 8 de noviembre. Solamente noventa y siete (97), esto es, el 32,88% fueron elecciones competitivas. De éstas únicamente once (11), el 3,73% terminaron con una diferencia inferior a los diez puntos entre el ganador y el derrotado, y entre ellas se contaba la elección del Presidente de los Estados Unidos.

Pensé si esto mismo ocurría en otros estados de otros contexto diferentes y mis dedos me dirigieron a la Secretaría de Estado de California. Las primarias en el estado de California se caracterizan porque el votante puede votar a cualquier candidato de cualquier partido, pasando a la Elección propiamente dicha los dos candidatos con más votos, aunque sean del mismo partido. Sucede así en todas las Elecciones salvo en la Presidenciales por un fallo del Tribunal Supremo.

1) En el estado de California hubo cinco candidatos a la Presidencia en la papeleta. La candidata demócrata consiguió no obstante hacerse con el 62,2 de los votos, más de treinta puntos y cuatro millones de votos por delante del candidato republicano.

2) Para el escaño del Senado que estaba en juego compitieron dos candidatas demócratas, ganando una con una diferencia del 23,8%.

3) California envía cincuenta y tres representantes del estado a la Cámara de Representantes. Los demócratas ganaron treinta y nueve (39) de los escaños frente a catorce (14) de los republicanos. Siete de las victorias demócratas fueron elecciones entre candidatos demócratas. Solamente seis escaños se resolvieron por una diferencia menor a los diez puntos porcentuales, llevándose tres de estos los republicanos y tres los demócratas, aunque uno de ellos era entre dos candidatos demócratas.

4) El Senado estatal renovaba la mitad de sus cuarenta escaños. Los demócratas ganaron en dieciséis ocasiones, cinco de ellas en luchas solamente entre candidatos demócratas. De las veinte elecciones al Senado estatal solamente cuatro tuvieron resultados con una diferencia menor al 10%: dos en elecciones entre demócratas, uno en el que ganó un demócrata a un republicano y otro un republicano a un demócrata.

5) La Asamblea del estado de California está compuesta por ochenta (80) representantes que han sido renovados en su totalidad. Los demócratas han ganado cincuenta y cinco (55) y los republicanos (25), de las cuales once han sido entre dos candidatos demócratas, cuatro entre dos candidatos republicanos y dos con un único candidato, el demócrata. De las setenta y cinco elecciones solamente doce han sido resueltas por una diferencia menos al 10%: siete entre un candidato republicano y otro demócrata (2-5 para los rojos), cuatro entre los dos candidatos demócratas y una entre dos candidatos republicanos.

6) De acuerdo con los datos de su página electoral de California se eligieron en el nivel estatal ciento noventa y tres cargos (55 cargos federales y 138 estatales). Treinta de esos cargos se resolvieron en elecciones con candidatos del mismo partido o con un solo candidato, lo que supone un 15,54%, que visto lo de Georgia no es demasiado. Pero si nos fijamos en cuántas elecciones arrojaron diferencias menor al 10%, “two digits”, sólo veintiuna tuvieron resultados ajustados (10,88%) y únicamente fueron trece las de resultado ajustado entre candidatos de diferentes partidos.

Y ahora seguimos nuestro muestro. Hemos visto un estado del Sur, otro de la Costa Oeste y nos vamos al Medio Oeste, al estado de Utah, de mayoría mormona.

1) El estado de Utah tuvo cinco candidato para la Presidencia en la papeleta. Ganó Trump quien, sin obtener más de la mitad de los votos, consiguió una diferencia cercana a los veinte puntos porcentuales sobre Clinton.

2) El senador republicano Lee renovó su mandato con más de cuarenta puntos porcentuales de diferencia sobre la candidatura demócrata. Utah manda cuatro representantes a esta Cámara del Congreso y los cuatro son republicanos elegidos por la diferencia superior al 10%.

3) El 8 de noviembre eligieron al Gobernador, al Fiscal General, al Auditor y al Tesorero del estado. Todos republicanos elegidos por más de diez puntos de diferencia con sus oponentes.

4) El senado estatal de Utah tiene veintinueve (29) escaños. Esta años se renovaron quince (15). Los republicanos ganaron catorce (14), tres de ellos sin contestación alguna y los que sí tuvieron candidatura contraria obtuvieron mayorías superiores al 10%. La única circunscripción senatorial ajustada, por debajo del 10%, fue el único distrito ganado por el candidato demócrata.

5) La Asamblea del estado tiene setenta y cinco (75) escaños. El 8 de noviembre sesenta y cuatro (64) terminaron en manos de los republicanos, ganando once (11) como única candidatura y solamente cinco con márgenes de victoria inferiores al 10%. De los once (11) escaños de los demócratas, cinco (5) fueron incontestados y tres de estas victorias fueron por menos del 10% de ventaja.

6) Utah eligió a noventa (90) cargos ejecutivos y miembros de los legislativos. Solamente nueve (9), el 10% del total fueron elecciones “ajustadas” y diecinueve (19), que son el 21,11% del total, fueron elecciones con un solo candidato.

Y para terminar nuestra pequeña muestra nos vamos al estado de Nueva York.

1) Los demócratas ganaron con amplia diferencia en Nueva York tanto en la elección del Presidente como la del Senador en Washington. De los veintisiete (27) representantes del estado en el Congreso dieciocho fueron para los demócratas y nueve para los republicanos. Solamente cuatro (4) elecciones se resolvieron con diferencias menores al 10%, siendo dos favorables a los demócratas y dos favorables a los republicanos.

2) El Senado del estado está compuesto por sesenta y tres (63) miembros. Quince (15) elecciones se resolvieron con un solo candidato (siete para republicanos y ocho para demócratas) y solamente cinco distritos dieron resultados con diferencias menores al 10% (dos ganados por demócratas y tres por republicanos).

3) La Asamblea del estado de Nueva York está compuesta por ciento cincuenta (150) miembros. Cuarenta y cinco (45) escaños fueron a parar a los republicanos, que consiguieron diecisiete (17) de estos con candidatura en contra. Ciento cinco (105) los ganaron los demócratas que se hicieron con treinta y ocho (38) sin contestación. De todas estas elecciones, únicamente en siete distritos (cuatro para demócratas y tres para republicanos) las diferencias fueron menores al 10%. En doce distritos se presentaron candidatos del Partido Conservador en vez de candidatos republicanos.

4) Finalmente se celebraron elecciones para el Tribunal Supremo de Nueva York. Había treinta y ocho puestos pendientes de elección en diez distritos judiciales. Los candidatos normalmente están nominados por varios partidos, incluso por los dos más importantes. Más que entrar en detalles quiero indicar que solamente seis (6) de estos jueces fueron elegidos en elecciones con un resultado menos al 10% de diferencia. Incluso once (11) fueron elegidos en única candidatura, número que se puede elevar a diecisiete (17) si se tiene en cuenta que el candidato conservador del distrito judicial 2º era puramente nominal.

5) Los neoyorkinos elegieron ciento ochenta (180) cargos judiciales, ejecutivos y legislativos. Veinte (20) puestos fueron elegidos con menos del 10% de diferencia sobre el primer derrotado, lo que es un 21,55%.

DESPUÉS de este paseo uno se queda con mal sabor de boca.  Se elige mucho y con el sistema mayoritario uninominal, que se supone que vincula al elegido más a los electores, y hay una cantidad obscena de únicos candidatos y que victoria arrolladoras. Se espanta de las urnas a los que saben que no van a ganar. Muy pocas elecciones son realmente competidas.

Se ve la manos del diseño de la circunscripciones, de la división “urbanística” de la población y se huele que siguen siendo los partidos los que controlan la posibilidad de acceder a ser candidato especialmente en las legislaturas estatales. El cambio de posición política, especialmente en los estados es muy difícil si no directamente imposible.

 

Cuidado con las extrapolaciones

Las encuestas han adelantado correctamente los resultados de las elecciones legislativas en los Estados Unidos y el resultado es que los republicanos se hacen con la mayoría en la Cámara de Representantes, los demócratas conservan su mayoría en el Senado y unos cuantos gobiernos estatales pasan a manos de los republicanos, aunque el más poblado (el de California) será ejercido por un demócrata.

Durante el día de hoy estoy convencido, si no se ha producido ya, que habrá lecturas en clave española del resultados de las elecciones estadounidenses. Es la constante tentación de cualquier tendencia en nuestro país (que es el que conozco) que partiendo de un comportamiento normal se convierte en una idiotez.

Cuando queremos comprender algo que no es a lo que estamos habituados, lo primero que hacemos es una especie de “estructuralismo de andar por casa”, esto es, buscamos los equivalentes en lo que conocemos (la realidad política española). Por ello muchas personas piensan que los demócratas norteamericanos son el correspondiente a los socialistas españoles y los republicanos a los populares españoles.

Esto que es un esquema básico para comprender las cosas, se convierte en problemático cuando salta a los análisis, que tienen que ser más rigurosos, y de la correlación ‘estructuralista de andar por casa’ se pasa a considerar que la victoria de los republicanos es también una victoria de los populares y que los habitantes de España debiéramos tomar ejemplo.

Es más, la extrapolación de resultados de unas elecciones a otras es algo que hay que hacer con mucho cuidado y más por deporte (como escribir un blog) que con una intención seria. Todos sabemos que los resultados de unas elecciones municipales en una localidad normalmente no coinciden con los de las elecciones generales, con los de las autonómicas o con las elecciones europeas. Los votantes actúan según criterios diferentes según se trate de unas elecciones u otras. Si esto ocurre en una sola localidad, imaginadlo a nivel nacional y, sobre todo, si comparamos las elecciones políticas en dos países tan diferentes como España y los Estados Unidos.

Veamos la causa por la que el “estructuralismo de andar por casa” no es válido. Un partido político en los Estados Unidos no equivale ni de lejos a lo que es un partido político en España. Ideológicamente lo que une a republicanos o a demócratas es algo tan vacuo que sólo puede ser categorizado utilizando el concepto del ‘aire de familia’ (Wittgenstein).

La principal consecuencia es que dentro de cada uno de los dos grandes partidos de los EUA hay tendencias muy fuertes, de manera que hay un sector de republicanos y de demócratas que están más cerca entre sí que con las corrientes más ‘duras’ de sus respectivos partidos. El hecho que la elección sea uninominal y no proporcional hace que haya mucho inútil y que haya que escorarse siempre hacia la mayoría que efectivamente va a votar.

La ausencia de una férrea disciplina de partido (cada vez la hay más especialmente entre los republicanos) hace que los votos puedan cambiar de sentido dependiendo de la materia de la que se trate, de las ventajas que cada congresista encuentre en la ley en cuestión y de un conjunto de variables, algunas honestas y otra menos.

La dinámica de las relaciones entre el Presidente y el Congreso (Cámara de Representantes y Senado) es diferente a la de España. El Presidente ni es nombrado por el Congreso ni necesita su confianza, aunque lo precisa para sacar adelante las leyes (aunque cuenta siempre con las ‘órdenes ejecutivas’).

Es difícil que el Congreso haga ‘tragarse’ al Presidente con leyes que no sean de su agrado porque tiene poder de veto que necesita de una fuerte mayoría, que los republicanos ahora no tienen, para levantarlo. O colaboran o habrá una parálisis absoluta de la que el Presidente podrá acusar a los republicanos.

Para concluir: ni Obama es Zapatero, ni el Partido Demócrata es el PSOE, ni el Partido Republicano es el PP, ni el Congreso Federal son las Cortes, ni mucho menos su Senado se parece al nuestro, todo ello con un equilibrio de poder sustancialmente diferente y con un sistema electoral camino de las antípodas del nuestro.

Política fiscal y despenalización

Durante la jornada de hoy los californianos, como la mayoría de los norteamericanos, están convocados a las urnas para elegir numerosísimos cargos públicos y para tomar algunas decisiones. La más célebre de todas las que se proponen en California es la Proposición 19 sobre la legalización de la marihuana.

El domingo “Público” hablaba sobre la posibilidad de la despenalización de la tenencia, producción y comercialización como una especie de bálsamo ante la situación de quiebra que tiene el estado de California. De esta forma se nos presenta la despenalización realmente como una medida fiscal, algo bastante más ‘pasable’ para una buena parte de la población.

La decisión de despenalizar la tenencia, producción y comercialización de una sustancia narcótica no puede guiarse a través de criterios fiscales, sino a través de criterios de salud pública, porque si creemos que esa lógica es buena para la marihuana podemos considerarla buena también para otros comportamientos penados.

El problema fiscal de California no se soluciona con la despenalización de la marihuana, es más, se ingresaría relativamente poco al ser susceptible de autocultivo, sino con una serie de reformas tales como eliminar la prohibición de déficit (que ha provocado endeudamiento) y dejar que los políticos que saben de los temas puedan permanecer en sus puestos más que unos mandatos muy limitados, de forma que los grupos de presión pierdan el poder que tienen con los novatos.