Lo de Cataluña (VIII): La Constitución británica

En un Estado de Derecho un gobierno y un parlamento pueden hacer lo que el ordenamiento constitucional les permite hacer. Si quieren hacer algo diferente deben cambiar antes el orden constitucional en el punto que deseen.

Dependiendo de la facilidad o de la dificultad para modificar una constitución se distingue entre constituciones flexibles (las que son fácilmente reformables) y constituciones rígidas (las que se reforman con dificultad). En ocasiones se ha hablado de constituciones hiperrígidas e incluso de constituciones bloqueadas o con disposiciones irreformables.

La dificultad para reforma una constitución depende de si esta la hace un órgano constituido como es el parlamento, un órgano elegido “ad hoc”, si es necesario o no un referéndum y las condiciones de validez de éste. Es también un elemento cuáles son las mayorías exigidas para aprobar la reforma constitucional.

La Constitución británica que tiene una parte consuetudinaria y otra contenida en disposiciones escritas pertenece a la categoría de las constituciones flexibles: realmente es su arquetipo. Si una ley contiene una disposición que se considera constitucional, para modificarla el Parlamento solamente tiene que aprobar una ley ordinaria y reformada la Constitución.

Esta es la ventaja constitucional que tuvo David Cameron, entonces Primer Ministro, pudo emplear a la hora de pedirle al Parlamento del Reino Unido que ratificase su acuerdo con el gobierno regional escocés. La soberanía parlamentaria y la flexibilidad constitucional lo permitían.

En los países que hemos optado por constituciones rígidas, para protegernos del imperio de la mera mayoría y proteger a las minorías, las cosas no son aparentemente tan fáciles, pero la cuestión es que hay que hacer buena política para concitar mayorías, aunque parezca imposible.

Comparar la decisión británica con la española es de mala fe, porque los presupuestos constitucionales no son los mismos. Y puestos a comparar, hagamos la comparación que proponía Foreign Policy ¿qué haría cualquier gobernador de un estado de los Estados Unidos decidiera celebrar unilateralmente un referéndum de secesión?

Unas elecciones poco competidas

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Todos sabemos que el pasado 8 de noviembre se celebraron las Elecciones Presidenciales en los Estados Unidos de América. Ese mismo día se eligieron a los cuatrocientos treinta y cinco representantes de la Cámara de Representantes de los EEUU y a un tercio de los miembros del Senado Federal. En algunos estados se eligieron los gobernadores y otros cargos ejecutivos, judiciales, así como se renovó totalmente o en parte le legislatura estatal en buena parte de los estados. De camino también votaron un buen número de referendos.

El otro día tropecé casualmente con la página del Departamento de Estado de Georgia y allí, ya que estaba, pìnché sobre un tremendo banner que te llevaba a la página de los resultados del 8 de noviembre en las numerosas elecciones celebradas en ese estado. Y, pasadas las primeras elecciones, me sorprendió la cantidad tremenda de elecciones en las que solamente había un único candidato.

Hagamos un repaso.

1) Había tres candidatos presidenciales: Trump, Clinton y el libertario Johnson.

2) El escaño para el Senado que se renovaba tenía tres contendientes (republicano, demócrata y libertario). Ganó el candidato republicano, que era el senador en ejercicio.

3) Georgia elige catorce escaños en la Cámara de Representantes. Cinco de esos escaños se eligieron en distritos donde solamente había un candidato, cuatro republicanos y uno demócrata.

4) El Senado del estado de Georgia está compuesto por cincuenta y seis (56) senadores elegidos en distritos uninominales. De las cincuentas y seis elecciones por un escaño en el Senado estatal solamente fueron competidas en trece (13) distritos. De estas trece elecciones competidas en el Senado estatal nueve ganadas por los republicanos y cuatro por los demócratas. Solamente en dos de estas elecciones la diferencia entre vencedor y derrotado fue inferior al 10% de los votos.

Las elecciones al Senado estatal no fueron competidas en en cuarenta y tres (43) distritos donde solamente se presentó un solo canddiato. En las elecciones no competidas, veintinueve (29) eran en distritos únicamente con candidatos republicanos y catorce en distritos (14) con candidatos solamente demócratas.

5) Ciento ochenta (180) son los representantes de la Cámara de Representantes y se eligen en ciento ochenta (180) distritos uninominales. Noventa y ocho (98) republicanos y cincuenta (50) demócratas ganaron su escaños sin adversario el día de las elecciones.

Fueron competidos solamente treinta y dos (32) escaños. Los republicanos ganaron veintidós (22) y salvo cuatro todos con más de diez puntos de diferencia. Los demócratas ganaron diez de las elecciones comeptidas, siete de ellas con más de diez puntos de diferencia. De los ciento ochenta escaños, solamente siete fueron resueltos en unas elecciones “ajustadas”.

6) El estado de Georgia se divide en cuarenta y dos (42) circuitos judiciales, que se agrupan formando diez (10) distritos judiciales. En cada unos de los circuitos judiciales hay un fiscal del circuito elegido popularmente. Los republicanos ganaron veintinueve fiscales (29), los demócratas doce (12) y un independiente fue también elegido. Solamente en dos circuitos hubo elecciones con dos candidatos, ganando en una el candidato republicano por más de diez puntos y en otra el demócrata pero por menos de diez puntos.

7) El Distrito 2 (Este) tenía que elegir a su representante en la Public Service Comission: un candidato republicano y otro libertario. Ganó el republicano por más de diez puntos.

En resumen. En el estado Georgia se eligieron a doscientos noventa y cinco (295) puestos ejecutivos, judiciales y legislativos el 8 de noviembre. Solamente noventa y siete (97), esto es, el 32,88% fueron elecciones competitivas. De éstas únicamente once (11), el 3,73% terminaron con una diferencia inferior a los diez puntos entre el ganador y el derrotado, y entre ellas se contaba la elección del Presidente de los Estados Unidos.

Pensé si esto mismo ocurría en otros estados de otros contexto diferentes y mis dedos me dirigieron a la Secretaría de Estado de California. Las primarias en el estado de California se caracterizan porque el votante puede votar a cualquier candidato de cualquier partido, pasando a la Elección propiamente dicha los dos candidatos con más votos, aunque sean del mismo partido. Sucede así en todas las Elecciones salvo en la Presidenciales por un fallo del Tribunal Supremo.

1) En el estado de California hubo cinco candidatos a la Presidencia en la papeleta. La candidata demócrata consiguió no obstante hacerse con el 62,2 de los votos, más de treinta puntos y cuatro millones de votos por delante del candidato republicano.

2) Para el escaño del Senado que estaba en juego compitieron dos candidatas demócratas, ganando una con una diferencia del 23,8%.

3) California envía cincuenta y tres representantes del estado a la Cámara de Representantes. Los demócratas ganaron treinta y nueve (39) de los escaños frente a catorce (14) de los republicanos. Siete de las victorias demócratas fueron elecciones entre candidatos demócratas. Solamente seis escaños se resolvieron por una diferencia menor a los diez puntos porcentuales, llevándose tres de estos los republicanos y tres los demócratas, aunque uno de ellos era entre demócratas.

4) El Senado estatal renovaba la mitad de sus cuarenta escaños. Los demócratas ganaron en dieciséis ocasiones, cinco de ellas en luchas solamente entre candidatos demócratas. De las veinte elecciones al Senado estatal solamente cuatro tuvieron resultados con una diferencia menor al 10%: dos en elecciones entre demócratas, uno en el que ganó un demócrata a un republicano y otro un republicano a un demócrata.

5) La Asamblea del estado de California está compuesta por ochenta (80) representantes que han sido renovados en su totalidad. Los demócratas han ganado cincuenta y cinco (55) y los republicanos (25), de las cuales once han sido entre dos candidatos demócratas, cuatro entre dos candidatos republicanos y dos con un único candidato, el demócrata. De las setenta y cinco elecciones solamente doce han sido resueltas por una diferencia menos al 10%: siete entre un candidato republicano y otro demócrata (2-5 para los rojos), cuatro entre los dos candidatos demócratas y una entre dos candidatos republicanos.

6) De acuerdo con los datos de su página electoral de California se eligieron en el nivel estatal ciento noventa y tres cargos (55 cargos federales y 138 estatales). Treinta de esos cargos se resolvieron en elecciones con candidatos del mismo partido o con un solo candidato, lo que supone un 15,54%, que visto lo de Georgia no es demasiado. Pero si nos fijamos en cuántas elecciones arrojaron diferencias menos al 10%, límite de la “paliza”, sólo veintiuna tuvieron resultados ajustados (10,88%) y únicamente fueron trece las de resultado ajustado entre candidatos de diferentes partidos.

Y ahora seguimos nuestro muestro. Hemos visto un estado del Sur, otro de la Costa Oeste y nos vamos al Medio Oeste, al estado de Utah, de mayoría mormona.

1) El estado de Utah tuvo cinco candidato para la Preidencia en la papeleta. Ganó Trump quien, sin obtener más de la mitad de los votos, consiguió una diferencia cercana a los veinte puntos porcentuales sobre Clinton.

2) El senador republicano Lee renovó su mandato con más de cuarenta puntos porcentuales de diferencia sobre la candidatura demócrata. Utah manda cuatro representantes a esta Cámara del Congreso y los cuatro son republicanos elegidos por la diferencia superior al 10%.

3) El 8 de noviembre eligieron al Gobernador, al Fiscal General, al Auditor y al Tesorero del estado. Todos republicanos elegidos por más de diez puntos de diferencia con sus oponentes.

4) El senado estatal de Utah tiene veintinueve (29) escaños. Esta años se renovaron quince (15). Los republicanos ganaron catorce (14), tres de ellos sin contestación alguna y los que sí tuvieron candidatura contraria obtuvieron mayorías superiores al 10%. La única circunscripción senatorial ajustada, por debajo del 10%, fue el primer distrito ganado por el candidato demócrata.

5) La Asamblea del estado tiene setenta y cinco (75) escaños. El 8 de noviembre sesenta y cuatro (64) terminaron en manos de los republicanos, ganando once (11) como única candidatura y solamente cinco con márgenes de victoria inferiores al 10%. De los once (11) escaños de los demócratas, cinco (5) fueron incontestados y tres de estas victorias fueron por menos del 10% de ventaja.

6) Utah eligió a noventa (90) cargos ejecutivos y miembros de los legislativos. Solamente nueve (9), el 10% del total fueron elecciones “ajustadas” y diecinueve (19), que son el 21,11% del total, fueron elecciones con un solo candidato.

Y para terminar nuestra pequeña muestra nos vamos al estado de Nueva York.

1) Los demócratas ganaron con amplia diferencia en Nueva York tanto en la elección del Presidente como la del Senador en Washington. De los veintisiete (27) representantes del estado en el Congreso dieciocho fueron para los demócratas y nueve para los republicanos. Solamente cuatro (49 elecciones se resolvieron con diferencias menores al 10%, siendo dos favorables a los demócratas y dos favorables a los republicanos.

2) El Senado del estado está compuesto por sesenta y tres (63) miembros. Quince (15)  elecciones se resolvieron con un solo candidato (siete para republicanos y ocho para demócratas) y solamente cinco distritos dieron resultados con diferencias menores al 10% (dos ganados por demócratas y tres por republicanos).

3) La Asamblea del estado de Nueva York está compuesta por ciento cincuenta (150) miembros. cuarenta y cinco (45) escaños fueron a parar a los republicanos, que consiguieron diecisiete (17) de estos con candidatura en contra. Ciento cinco (105) los ganaron los demócratas que se hicieron con treinta y ocho (38) sin contestación. De todas estas elecciones, únicamente en siete distritos (cuatro para demócratas y tres para republicanos) las diferencias fueron menores al 10%. En doce distritos se presentaron candidatos del Partido Conservador en vez de candidatos republicanos.

4) Finalmente se celebraron elecciones para el Tribunal Supremo de Nueva York. Había treinta y ocho puestos pendientes de elección en diez distritos judiciales. Los candidatos normalmente están nominados por varios partidos, incluso por los dos más importantes. Más que entrar en detalles quiero indicar que solamente seis (6) de estos jueces fueron elegidos en elecciones con un resultado menos al 10% de diferencia. Incluso once (11) fueron elegidos en única candidatura, número que se puede elevar a diecisiete (17) si se tiene en cuenta que el candidato conservador del distrito judicial 2º era puramente nominal.

5) Los neoyorkinos elegieron ciento ochenta (180) cargos judiciales, ejecutivos y legislativos. Veinte (20) puestos fueron elegidos con menos del 10% de diferencia sobre el primer derrotado, lo que es un 21,55%.

DESPUÉS de este paseo uno se queda con mal sabor de boca.  Se elige mucho y con el sistema mayoritario uninominal, que se supone que vincula al elegido más a los electores, y hay una cantidad obscena de únicos candidatos y que victoria arrolladoras. Espanta de las urnas a los que saben que no van a ganar. Muy pocas elecciones son realmente competidas.

Se ve la manos del diseño de la circunscripciones, de la división “urbanística” de la población y se huele que siguen siendo los partidos los que controlan la posibilidad de acceder a ser candidato especialmente en las legislaturas estatales. El cambio de posición política, especialmente en los estados es muy difícil si no directamente imposible.

 

Interpretando a Trump

Los miles de concienzudos análisis sobre qué ha cambiado para que un país que eligió a Obama hace ocho años, elija a Trump ahora, parten de un error fundamental: la mayoría de los votantes han elegido a Clinton y la ventaja de la candidata demócrata va por los dos millones de votos. Nunca hay que olvidar que en voto popular los demócratas han ganado todas las Elecciones Presidenciales desde 1992, con la excepción 2004.

Esto es electoralmente irrelevante, por sabemos que al Presidente lo elige el Colegio Electoral, pero a la hora de hacer análisis sociales no hay que perderlo de vista. Más que hablar de un país, hay que hablar sobre qué ha cambiado en los estados que votaron a Obama y ahora lo hicieron por Trump.

Donald Trump no es tonto y sabe que si bien la legitimidad constitucional de su elección no va a ser contestada, la legitimidad social sí lo será y se le recordará que él es solamente el Presidente de una minoría de los votantes. Y esto parece que no lo termina de encajar bien.

En uno de los cientos de reportajes que hemos podido leer estos días sobre la “América de Trump”, un reportero que le siguió en la campaña (no recuerda cuál ni de qué medio) reproducía las palabras de una seguidora que decía cómo los votantes y los entusiastas republicanos reinterpretaban las barbaridades de Trump, esto es, como el “muro con México” se transformaba en sus mentes en una política anti-inmigratoria muy dura, por ejemplo.

¿Qué quiere decir Trump cuando indica que hubiera ganado en voto popular si no hubiera sido por los millones de votos ilegales?

Quizá él quiere decir lo que dijo, pero lo captado por sus seguidores y votantes puede que sea mucho peor. Un fraude de millones de votos es indisimulable, de forma que hay algo más.

Lo que se recibe de las palabras de Trump es que Clinton gana el voto popular porque recibe el apoyo de votantes que no deberían poder votar, a los que se les ha regalado la nacionalidad y que votan no como estadounidense sino como mexicanos, salvadoreños o lo que sea con derecho a votos en los Estados Unidos. Lo más terrible de las palabras de Trump es que permiten inferir que hay votos mejores y peores, de más calidad y de menos calidad, y que si solamente se tuvieran en cuenta los “votos que deben ser tenidos en cuenta” Trump, y los que son como él, siempre ganarían.

 

El desprecio del votante

Soy andaluz. Estoy acostumbrado a que nos desprecien por lo que votamos. Este artículo de Francesc Vallès sobre la victoria de Trump es un ejemplo de desprecio al votante.

Comprendo que determinados resultados electorales puedan producir este sentimiento respecto a sus autores, pero dejarse llevar por el desprecio es una mala salida, tanto para el que quiere comprender como para el que quiere el voto de esos electores.

Solamente pensando que los votantes tienen  sus motivos, que nos pueden parecer malísimos, y han actuado conforme a ellos llegaremos a abrir las puertas a la intelección de lo quye ha sucedido. Pensar que es obra de tontos o de locos, nos cierra la puerta a toda comprensión.

Si esto es pésimo en el caso del analista, es aún peor en el caso del político que represente otra opción. Si desprecias a quienes vas a pedir el voto, en primer lugar serás incapaz de empatizar con ellos por mucho que lo intentes y, en segundo lugar, nunca sabrás hablarles de lo que realmente les importa. Si sientes desprecio por ellos, ellos también lo sentirán por ti.

Paseando por Pennsylvania

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Pennsylvania es uno de los estados que apoyaron a Obama en 2012 y ahora han apoyado a Trump. En Geografía Subjetiva nos hemos querido acercar un poco a este estado y hemos hecho esta tabla, que creemos interesante sobre los resultados de las Elecciones Presidenciales en 2016 y 2012 en cada condado, ordenados estos por la renta per capita.

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Reductio in Trump

El filósofo estadounidense Leo Strauss dio el nombre de “reductio in Hitlerum” a la falacia según la cual se rechazaba algo porque hubiera sido dicho, propuesto o hecho por Hitler o los nazis. Por ejemplo, dado que Hitler odiaba el tabaco y dictó algunas normas prohibitivas, las leyes antitabaco son propias de los nazis.

No recuerdo a quién le leí en twitter esta adaptación de Strauss, pero es de lo más adecuada. En España se andan los unos a los otros acusando de ser el “alter ego” nacional del Presidente Electo de los Estados Unidos y se basan en concomitancias con algunas de las políticas o ideas expresadas del político norteamericano.

Trump ha hablado mucho y de muchas cosas y sin ningún interés sistemático, de manera que es posible que sin demasiado esfuerzo encontremos cosas de todos los partidos que puedan coincidir con algo que Trump haya dicho en algún momento. Y si realizamos el hallazgo, no tiene ningún valor porque es posible encontrar concomitancias entre muchísimas cosas absolutamente diferentes.

Explicaciones concretas

Se pueden dar explicaciones generales a los acontecimientos o explicaciones concretas a los acontecimientos. Las Elecciones Presidenciales en los Estados Unidos siempre reciben interpretaciones del primer tipo, al menos en nuestros medios.

Me gustaría que en vez de hablar de ejes urbano-rural, aislacionista-cosmopolita, se explicara los fenómenos concretos que han hecho que Trump vaya a ser el próximo Presidente de los Estados Unidos:

1) Trump ha recibido con los datos disponibles al escribir esta entrada 57.970.740 votos. Por debajo de Romney en 2008 (60.934.407 votos) y de McCain en 2004 (59.950.323 votos). Luego no ha habido un gran entusiasmo entre los votantes que llevasen al candidato republicano a romper las marcas de sus predecesores inmediatos.

2) Clinton ha recibido 58.386.911 votos. Por debajo de Obama en 2008 (69.499.428 votos) y en 2004 (65.918.507 votos). De forma que no es exagerado pensar que la candidata demócrata sencillamente no ha funcionado, que ha generado más rechazo que el republicano y no ha sabido conservar la “coalición de electores” construida por el Presidente Obama.

3) Seis estados han pasado de los demócratas a los republicanos y ninguna ha hecho el camino inverso. Si Clinton hubiera conservado algunos de ellos, hoy sería la triunfadora. Y cuando los problemas se estudian en lo micro pueden esclarecerse mejor porque hay que saber qué ha llevado a perder determinada cantidad de voto en esos estados (menos en Florida) y a que Trump los ganase. La política estadounidense está llena de especialistas y de dinero para pagarlos para que rastreen condado por condado a dónde se han ido esos votos.

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