Efectos estadísticos

El Presidente en funciones y candidato a la Presidencia ha anunciado en su segundo debate de investidura que va a promover las modificaciones pertinentes para paralizar las reválidas de ESO y de Bachillerato, quedando sin efectos académicos y permaneciendo solamente a efectos estadísticos, hasta el Pacto educativo que quieren proponer.

A mí las reválidas en sí no me parecen mal, porque tiene efectos beneficiosos en el estímulo de alumnos y de profesores. Me parecía mal cómo estaban configuradas y me parece aún peor la clarísima intención de hacer clasificaciones que terminan afectando a los alumnos, lo que Rajoy a llamado “efectos estadísticos”.

Uno de los problemas que tienen las pruebas PISA es que no tiene efecto académico y los alumnos que las realizan lo saben. En muchas ocasiones se hacen sin motivación, de modo que los resultados se pueden afectar. Ahora vamos a sumar una segunda prueba que va a clasificar centros y alumnos sin valor académico, una prueba en la que los alumnos no tendrán ningún incentivo para hacerla lo mejor posible.

En cuanto a la mera disputa política, hay que indicar que es es una promesa vacía la de Rajoy, porque este año la reválida no iba a tener efectos académicos, de modo que superarla no iba a ser necesario para titular. Aquí tenemos uno de los éxitos del PSOE de la Gestora: algo que viene en la normativa de aplicación.

La Disposición adicional 5ª de la Ley Orgánica 8/2013 (LOMCE) dice:

2. […] La evaluación final de Educación Secundaria Obligatoria correspondiente a la convocatoria que se realice en el año 2017 no tendrá efectos académicos. En ese curso escolar sólo se realizará una única convocatoria.

El segundo párrafo del apartado 3 dice:

La evaluación final de Bachillerato correspondiente a las dos convocatorias que se realicen en el año 2017 únicamente se tendrá en cuenta para el acceso a la Universidad, pero su superación no será necesaria para obtener el título de Bachiller.

No ha aclarado Rajoy si la suspensión de efectos académicos implica que deja de ser instrumento para el acceso a la Universidad o si piensa presentar una modificación de esta disposición de la LOMCE.

Inflando notas

Se está terminando junio y las diversas olas de los exámenes de la Prueba de Acceso a la Universidad, conocida popularmente con el nombre de “Selectividad”. El otro día terminé leyendo una noticia, de un medio valenciano, sobre los centros que “más inflaban” las notas en Bachillerato.

La clasificación se basaba en la diferencia entre la nota de Selectividad (entendemos que de la fase general). Da la impresión de que los alumnos han recibido una mejor calificación de la que han podido obtener en las pruebas de Selectividad. Pero esto no tiene que ser así.

Tomemos como referencia la ordenación del Bachillerato LOE para el “Territorio MECD” (que es el de estas Selectividad). Supongamos que las calificaciones de un alumno o alumna han sido las siguientes:

Bachillerato 1
Ese alumno o esa alumna obtiene en la fase general (Lengua, Historia de España o Historia de la Filosofía e Idioma Extranjero) las mismas calificaciones que obtuvo en el Bachillerato.

PAU 1
Lo sorprendente es que hay una diferencia de 0,97 puntos entre el Bachillerato y la Selectividad con las mismas notas. ¿De dónde procede la diferencia entre el expediente de Bachillerato y las notas de la Selectividad? La media de Bachillerato está compuesta por trece asignaturas más que las cuatro calificadas en la fase general, de modo que si estas trece asignaturas tienen una media mayor que la nota de Selectividad en cuatro asignatura dará la impresión de inflado.

Esto se corrobora con el caso contrario, esto es, una media de Bachillerato inferior a la nota de Selectividad.

Bachillerato 2
PAU 2
Los listados de centros educativo donde se comparan las notas de Selectividad con las de Bachillerato son incorrectos, porque comparan una media de diecisiete notas de diecisiete asignaturas con una media de cuatro exámenes.

Lo correcto sería comparar la media de esas cuatro asignaturas de Selectividad con el resultado en sus respectivos exámenes. La mera resta de notas no dice nada sobre si se han inflado o no las calificaciones. Y es que en lo referente a la educación hay mucha ganas de titular y clasificaciones y poca de trabajo serio con los datos.

Igualdad de oportunidades y empleo universitario

La entrada de ayer en contestación a la posición de Pérez Tapias, decano granadino y ex diputado del PSOE, sobre la empleabilidad como elemento a tener en cuenta a la hora de financiar las universidades ha tenido una interesante repercusión.

Fruto de ella me ha surgido una reflexión en el punto donde terminaba la entrada. La izquierda ha asumido desde hace décadas que la Educación es un instrumento de la igualdad de oportunidades y cuando hablamos de igualdad de oportunidades hablamos de cosas concretas como de tener un mejor puesto de trabajo que permita mejores ingresos y mayor nivel de vida.

El hecho de que la instituciones universitarias, o un dirigente universitario como Pérez Tapias, abomine públicamente del interés que debían tener las Universidades públicas por el empleo de sus alumnos y de que se establezcan incentivos en este sentido, dice muy poco de que realmente se crea que la Educación sea un instrumento de igualdad de oportunidades. Si ser de izquierda fuera su cierta ideología, haría algo a favor y no centraría sus esfuerzos en mantener la indemnidad de grupos cerrados, cooptativos y algo predadores.

Empleo y toma de decisiones

José Antonio Pérez Tapias obtuvo un gran resultado en las elecciones para Secretario General del PSOE, un resultado gracias al cual Pedro Sánchez es quien dirige el Partido. Es el miembro más destacado en la actualidad de la corriente interna “Izquierda Socialista” (la única corriente existente) y ahora representa la voz más crítica dentro de los socialistas respecto a la actual dirección y a la política de pactos con Ciudadanos. Cabe decir que ahora representa al sector podemita que todavía está dentro del PSOE

Desde que dejó el escaño en el Congreso, es el decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada. Durante estos días ha criticado la posibilidad de pactar con Ciudadanos a partir de una propuesta programática del partido de Rivera:

TweetTapias
No sé qué le parece tan mal al decano de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada.

Creo que es hora de que el criterio de la empleabilidad entre en las instituciones universitarias a la hora de tomar decisiones. Evidentemente no debe ser el único, pero sí uno importante. No veo el problema en que los contenidos de los títulos estén orientados a que los alumnos puedan obtener un empleo acorde a sus estudios, a que la Universidad se interese por práctica en empresas e instituciones que los puedan contratar (y no solamente a través de una oposición o un centro educativo concertado), así como la búsqueda de sectores donde los alumnos titulados puedan encontrar un futuro laboral.

La Universidad cumple muchas funciones y una de ellas, y no la menor, es capacitar a los ciudadanos para encontrar un trabajo. ¿Cuántos documentos sobre empleabilidad fuera del sector público se puede encontrar en los expedientes para la aprobación de los grados y los postgrados? ¿O es que facultades como Filosofía y Letras deberían cambiar su denominación para ser “Facultad de Profesorado de Secundaria” ya que no hay otra opción, ni los responsables universitarios la buscan?

A los dirigentes universitarios les pagan, entre otras cosas, por pensar en el futuro y por el empleo de los alumnos, asunto que normalmente está fuera de sus agendas. Actitudes como la expresada por el decano Pérez Tapias muestra como un cuerpo de profesores con plaza vitalicia es poco sensible sobre si sus decisiones condenan o no a sus alumnos al desempleo. Y alguno pensará de sí mismo que es de izquierda.

Unos genios en campaña

Según los datos más actualizados del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes los profesores de la Enseñanza Pública en todo el país suman la cantidad de 477.085 personas. Ciudadanos prometió durante la campaña electoral que les quitaría la condición de funcionarios por la que muchos se ha enfrentado a oposiciones contra muchísimos oponentes y por la que se han trasladado por la geografía patria detrás de los diferentes destinos. Los profesores son de los que votan y no son pocos.

Especialistas

El malintencionado y falso debate sobre la función docente ha dado lugar a la proliferación de especialistas que dejan su “aportación” en los diferentes medios de comunicación. España, de repente, se ha llenado de especialistas en Educación que generalmente piensan de un modo simplista: un medida mágica y la constitución de algún chivo expiatorio.

Es curioso pero normalmente no se tiene en cuenta a profesores y maestros en ejercicio para formar una opinión. Las directrices las dan personas que nunca han dado una sola clase o que hace muchos años desertaron de la tiza. No escucharíamos a especialistas en cirugía que nunca han operado o deportistas que nunca han practicado un deporte, pero sí entregamos las decisiones educativas a personas que, en muchos casos, le tienen pavor a entrar en una clase y quedarse allí a solas, además del absoluto desconocimiento que tienen de la materia.

Comparando universidades públicas con universidades privadas

El otro día se publicó una nueva edición del esperado/temido ranking de Shangai de Universidades. Aunque la media ha sido superior a otros años, la cuestión de no tener ninguna universidad dentro de las cien mejores plantea reflexiones, unas serias y otras de “todo a un euro”.

Leí un artículo en el que se comparaba el modelo de las universidades públicas con el de las escuelas de negocio españolas que suelen estar en la parte de arriba de los rankings internacionales de su ramo. Y aquí debería haber terminado la comparación, porque una escuela de negocios y una universidad se parecen tanto como una guardería y un ciclo formativo de mecánica.

Las escuelas de negocio no forman docentes e investigadores, están especializada en la docencia de lo que podríamos llamar una FP de altísimo nivel y todo en ellas es a corto o medio plazo a lo sumo. Pero la comparación entre el modelo público y privado puede hacerse, mientras se compare correctamente, esto es, se compare lo comparable.

Nadie ha reparado, o al menos yo no lo he leído, en que ninguna de las más de veinticinco universidades privadas está entre las quinientas mejores del mundo. Los universidades privadas no tienen los inconvenientes que generalmente se piensa que gravan a las públicas: funcionariado, falta de la cultura de evaluación o no selección del alumnado. No los tienen y no hay ninguna que esté entre las quinientas mejores.

¿No merece la Universidad en España una reflexión más profunda que la titularidad de la institución?