Saber vender un producto

Llevo tiempo pensando que en el cine español no saben vender demasiado bien su producto, con una o dos honrosas excepciones. Una de ellas tiene el nombre de Santiago Segura, que merecerá la opinión que sea como cineasta, pero que como productor es de lo mejorcito que tenemos, siempre que entendamos que una de las misiones del productor es dar a conocer su película y conseguir que el público vaya a verla.

El proceso de selección de candidaturas para los ‘Goya’ ha comenzado con unas listas iniciales, que quedarán reducidas a cuatro personas u obras por categoría. En uno de esos listados ha entrado el inefable Kiko Rivero, alias Paquirrín, por su actuación o lo que sea en Torrente 4.

De repente todos los medios en Internet y todas las redes sociales se han lanzado a dar la noticia de la ‘prenominación’ de Paquirrín y nuevamente Torrente 4 ha tenido mucho espacio y tiempo de publicidad gratuita. Decididamente Segura sí sabe que lo que va tener un negocio y querer ganar dinero de verdad con él.

El teléfono de los quinceañeros

El mundo de los ‘smartphones’ tiene su parte de ‘snobismo’. No entiendo muy bien la política comercial de BlackBerry pero resulta muy difícil que alguien se gaste con buen dinero en la gama alta de sus productos y en tarifas rentables cuando el producto es demasiado parecido a las miles de terminales que están en manos de jóvenes de secundaria. Nadie razonablemente sensato va a desembolsar dinero para tener algo que, al menos en apariencia, es igual a lo que tienen los compañeros de clase de sus hijos.

Manzanita molona

Hubo una época, en Celtiberia, en la que Microsoft era el diablo y todos sus productos eran la corte satánica de la informática. Los ‘alternativos’ de la informática miraban con ojos candorosos a Apple y sus ordenadores molones que no utilizaban nada de Microsoft.

Apple, desconocida para buena parte del gran público patrio, encantado con sus clónicos ‘low cost’, era la marca favorita de los que sabían de esto, era una marca con cierto sabor a exclusividad y para iniciados a pesar que Apple hubiera hecho de la sencillez su gran premisa.

Con el lanzamiento del iPhone, Apple cambió de estrategia y abrió departamentos en grandes almacenes, puso anuncios y creó franquicias para vender sus productos, así como sus ya celebérrimas Apple Stores. Los productos de la manzana habían pasado de ser deseados y valorados por un grupo de iniciados a poder ser deseados por todos y comprados por quienes tuvieran el dinero que pedían por ellos.

Nació un papanatismo alrededor de Apple y un papanatismo contra Apple. Los selectos y elegidos ya preconizaban la salvación linuxera y mantenían, mantienen, que realmente los productos de Apple lo único que venden es diseño, esto es, apariencia molona y ya está.

Y llegados a este punto creo que hemos de señalar que esta acusación expresa dos cosas: la primera es un acierto de Apple y la segunda la explicación de la causa por la que ‘los que saben de esto’ no se harán ricos.

Independientemente de cuestiones técnicas, en las que conscientemente no entro, el diseño es importante en todos los sectores de la producción de bienes, eso que antes se llamaba industria. Ninguna empresa automovilística se plantea la lejana posibilidad de vender coches sobre la base de sus prestaciones técnicas descuidando el diseño y los detalles de sus vehículos.

En un mundo donde se cuida hasta el diseño de las alfombrillas de baño, pretender acusar a una empresa de cuidar el diseño es una denuncia de la propia incapacidad.

Tomándose todo a pitorreo

La empresa Sygma Dos nos anunció que, de celebrarse elecciones generales, una candidatura encabezada por Belén Esteban se convertiría en la tercera fuerza política de Madrid. Telecinco consiguió una gran promoción para el documental titulado ‘La Princesa del Pueblo’, pagado con la cuota destinada a la producción cinematográfica, y especulaciones de todo tipo en todos los canales de comunicación y de opinión imaginable.

Finalmente Belén Esteban, como era esperable, parece que ha abandonado su proyecto político y que ha preferido no ensayar sus opciones en autonómicas y municipales. Telecinco volvió a la gran campaña que le hizo a Jesús Gil a su primera alcaldía de Marbella, pero sin tentar demasiado la suerte tras lo que pasó. ¿Hubiera tenido opciones Belén Esteban?

Sinceramente no sé si hubiera conseguido los escaños pronosticados por la empresa pero sin duda hubiera conseguido una cantidad significativa de votos. ¿Causas posibles? Porque muchos ciudadanos han escuchado más en sus vidas a Belén Esteban que a cualquier político y porque bastante hubieran creído que así protestan contra un sistema cuando realmente no tocan nada o simplemente se lo habrían tomado todo a pitorreo.

No he sido demasiado benevolente con la gente del 15-M o de las acampadas, pero con todos sus defectos muestran mucho más interés por los problemas y las vías de solución que esos que hipotéticamente hubieran apoyado a Belén Esteban (los hay independientemente de la campaña de Telecinco) y los que llevaron el Gilismo por muchos municipios españoles. Y es que esos que votaron a Gil y que hubieran votado a Esteban es probable que sean los mismos que se metieron en una hipoteca monstruosa, compraron el cochazo cuando venían maduras o abandonaron la formación porque no servía para nada. ¿Datos de esa correlación? Ninguno, pero algunas veces es oportuno fiarse de las intuiciones.

B16, el preservativo y la venta de libros en Navidades

No es el primer libro de entrevista al que se presta Joseph Ratzinger. Hace años se lo hizo posible a Messori, conocido periodista católico ultraconservador. Ahora ha dado otra entrevista de la que se ha adelantado, por el periódico vaticano, algunos de sus contenidos con más gancho.

Lo que se está haciendo con la entrevista en forma de libro a Benedicto XVI es una magnífica campaña publicitaria para que algo bastante previsible y que se puede resumir en la tesis ‘sed buenos y obedecedme’ pueda hacerse merecedor de los euros que cuesta, incluso para los más devotos, es dar un poco de novedad, algo de picante que ocupará muy pocos en el libro y que será reproducido hasta la saciedad. El Papa ha admitido que es bueno usar el preservativo en determinados casos y ya tenemos toda la campaña publicitaria a pleno rendimiento.

Dos observaciones finales. La primera es que yo, personalmente, no necesito que Benedicto XVI me dé orientaciones en materia moral; habrá quienes lo valoren pero me extraña tanto entusiasmo por las palabras papales cuando la sociedad española desde hace décadas tiene absolutamente incorporada las técnicas preservativas y anticonceptivas.

La segunda es que técnicamente estas palabras del Papa no forman parte de lo que se llama ‘magisterio pontificio’ pues siempre se puede decir que lo dijo a título personal y que no lo hizo ni en una celebración litúrgica, ni en un texto de carácter netamente doctrina como es una encíclica.

¿Programa ‘premium’ en Televisión?

Determinados servicios de Internet se están configurando en dos modalidades, una gratuita y con publicidad y otra de pago y sin publicidad, las conocidas cuentas ‘Premium’.

Las televisiones de pago en nuestro país tienen problemas desde su nacimiento, con la excepción de Canal+ durante unos pocos años. Vía Digital desapareció al fusionarse con la plataforma de PRISA, que es una de las causas de la gigantesca deuda de este grupo de medios. Los canales de pago de la TDT tienen que hacer fuertes inversiones para tener algo exclusivo que ofrecer y con un éxito de abonados que está aún por ver.

Mientras veía esta tarde la Fórmula 1 pensé que si existiera la posibilidad de ver la carrera en ‘Premium’, es decir, sin cortes publicitarios por un precio módico (0.50€ o 1€) seguramente me animaría para no tener que soportar las dos ventanitas durante muchísimos minutos.

No sé si esto sería una buena idea y supongo que no lo es, porque en Televisión hay gente más lista que yo y no se ha establecido. A pesar de ello no renuncio a pensar que no haya muchas personas dispuestas a pagar ‘precios módicos’ por determinados programas en ‘Premium’ a la vez que existe la posibilidad de ser vistos gratuitamente y con montañas de publicidad (también películas).