Lo de Cataluña (XXIX): El referéndum pactado como solución

Podemos y un sector de la izquierda se ha agarrado a la ilusión de que un referéndum de independencia, pactado y legal, sería la solución a todos los males que el independentismo catalán ha producido.

Esta idea parte de una incomprensión de lo que es el independentismo como si se tratase de un movimiento político que considerase que hay términos medios y no solamente un objetivo. A un independentista solamente se le sacia con la independencia y si el referéndum pactado no le proporciona la independencia no le bastará y le dará igual el resultado. Quizá durante unos meses esté discretamente callado, pero rápidamente encontrará una circunstancia que invalidará el resultado del referéndum y vuelta a lo de siempre.

En Quebec llevan  dos referendos pactados, en Escocia se reclama el segundo. ¿Cuándo terminarán de pedir referendos pactados? Cuando gane la independencia.

Michael Ignatieff y su gobierno alternativo

Hace unos meses la editorial Alfaguara publicó las memorias políticas del académico canadiense, afincado en los Estados Unidos, Michael Ignatieff. La campaña mediática de promoción de este libro fue bastante importante, con entrevistas al interesado y numerosas referencias en los medios de comunicación escritos, tanto en papel como digitales.

En Geografía Subjetiva nos leímos el libro y publicamos un sencilla recensión. Muchos hablaron, aunque no estoy seguro que lo leyeran.

Cuenta Ignatieff que cuando estalla la crisis financiera, el gobierno del Primer Ministro Harper, que se encontraba en minoría en la Cámara de los Comunes canadiense, se niega a hacer ningún plan de estímulo paralelo al que Barack Obama está desplegando en los Estados Unidos, mientras que Harper y los conservadores canadienses prefieren alinearse con la austeridad.

Según cuenta el protagonista, el líder del Nuevo Partido Democrático (socialdemócrata) le propuso a Ignatieff (líder del centrista Partido Liberal) formar gobierno en minoría tras una moción de censura con el apoyo del Bloque Quebequés. Ignatieff lo rechaza, según dice, porque no ganó las Elecciones y los del Bloque son independentistas.

Decide gobernar desde la oposición. Proponer al gobierno conservador a realizar una agenda económica diferente y les entrega el voto de sus diputados. El Primer Ministro Harper tiene dinero para gastar a manos llenos y de acuerdo con la narración de los hechos concentra las inversiones en los distritos electorales que les son favorables. Paralelamente hay una campaña continua de anuncios en la televisión para desprestigiar al líder liberal. Dice Ignatieff que el día que le dijo “no” a los socialdemócratas y a los independentistas acabó su carrera política.

Cuando llegaron las Elecciones Federales el Partido Liberal pasó de 77 a 34 diputados, dejándose el 30% de los votos. Los conservadores consiguieron la mayoría absoluta y los socialdemócratas pasaron a liderar la oposición al conseguir 103 diputados.

Le habían dado un programa a quien no lo tenía y éste les había destrozado sin piedad. Una estrategia muy torpe.

 

 

Considerar los procedimientos como un mero trámite

El resultado de dos referendos, el del Brexit y el del acuerdo de paz en Colombia, han arrojado resultados inesperado y, precisamente por inesperados, se han tornado en resultados desastrosos. Muchos analistas coinciden, junto a una cantidad enorme de causas, en que los convocantes, seguros de la victoria de su opción, no se han empleado a fondo en el referéndum, de forma que su desidia ha dejado abierta la puerta a la victoria.

Ahora hay una curiosa polémica, en la que se requiere ridiculizar el “no” de los valones al CETA (Acuerdo comercial de la UE con  Canadá) sobre la base de su escaso peso demográfico, de su extensión o de que pueden ser los únicos. Parece que si las facultades de control de los tratados de Bélgica que su Constitución le da (y que la Unión preserva) no debieran ser nunca ejercidas, que deberían consentir en la ratificación simplemente porque se ha negociado y firmado.

Referendos o ratificación, elementos esenciales en él ejercicio de la soberanía de un Estado, es visto un mero trámite que debe pasarse y solamente con la decisión “correcta”. Si no se decide “lo correcto”, el procedimiento debe ser eliminado.

Los referendos para las decisiones importantes, en las que tiene sentido que la soberanía popular se exprese, y el procedimiento de ratificación de los tratados internacionales tiene sentido: que la voluntad de quien tiene poder no sea suplantada por los negociadores.

Si los ejecutivos, nacionales o comunitarios, quieren que se apruebe en referéndum su acuerdo o se ratifique su tratado, deben tratar a los ciudadanos o al agente ratificador como adultos, saber que ellos depende todo y no someterlos a campañas de chantaje del tipo o consentís o es el caos por vuestra culpa.

Ignatieff y Garicano

Ignatieff-fuego-cenizasHace poco más de un año el académico y temporalmente político canadiense Michael Ignatieff publicó un libro de memorias reflexivas sobre su etapa como diputados y posteriormente también como líder del Partido Liberal. El título del libro es Fuego y cenizas. Éxito y fracaso en política (Taurus, 2014, 256 páginas).

El libro es sumamente entretenido, tiene pensamientos interesantes y hace que el lector (siempre que haya superado la ingenuidad) entre en debate con el escritor y compare su propia perspectiva con la de Ignatieff. El libro, a mi entender, tiene dos grandes partes: la parte en la que Ignatieff deja su vida académica en Harvard para convertirse en diputado raso de su formación y la parte en la que le toca (tras no haberlo conseguido en un congreso) liderar al partido tras la renuncia del ejerciente.

El Partido Liberal ha sido el partido que tradicionalmente ha gobernado Canadá. Ignatieff entra en escena cuando los conservadores se han hecho con el gobierno pero, pese al sistema electoral, no tienen mayoría absoluta. Los socialdemócratas le proponen a los liberales encabezar una moción de censura con el apoyo de los nacionalistas de Quebec y luego formar un gobierno en minoría con los quebequeses de apoyo externo.

Ignatieff rechaza la respuesta con un argumento bastante pobre sobre la legitimidad cuando se habla de democracia parlamentaria y opta, como buen novato, por condicionar la política de un gobierno que iba a afrontar erróneamente la crisis económica y hacer que lo haga correctamente. El resultado fue que, tras conseguir que el gobierno diera una buena respuesta a la crisis (en línea Obama y no Merkel), los conservadores volvieron a ganar las elecciones.

A pesar de que los liberales eran socios implícitos del gobierno conservador, los conservadores mantuvieron bien financiada su campaña en contra del líder liberal diciendo que era un señor que estaba de paso, que Canadá y los canadienses solamente les importaba para ser su Primer Ministro y que cuando su aventura política terminara iba a retornar a los Estados Unidos a su vida académica sin que le afectase en nada la existencia de los canadienses.

Ignatieff reconoce el mal que le hizo esa campaña de desprestigio y como minó la confianza que los votantes podría haber tenido en él. Se induce que también le dolió en lo personal y le afectó. De hecho es un tema recurrente.

Pero la pregunta que hay que hacer no es si fue una estrategia bien ejecutada por los conservadores, que lo fue. La pregunta pertinente, ahora, era si lo que los conservadores decían era cierto o no. La respuesta es que sí, que era cierto.

Tras perder el liderazgo del Partido Liberal y el escaño, pasó únicamente dos cursos en Canadá para volver de nuevo a la Universidad de Harvard. Los conservadores daban en algo que todo el mundo sabía que era correcto, que el líder liberal si no llegaba a ser Primer Ministro o cuando lo dejara de ser iba a irse del país sin compartir las consecuencias de sus decisiones. Efectivamente Ignatieff era un político de visita, canadiense solamente para ser Primer Ministro.

Luis Garicaño, prestigioso profesor en London School of Economics, dirige el programa económico de Ciudadanos. Lleva años participando en el debate político a través de la web “Nada es gratis”, vinculada a la fundación de estudios económicos de la Banca.

Garicano no solamente se dedica a la labor programática sino que tiene bastante de fichaje estrella y ariete, moderado y correcto siempre, de Ciudadanos para llenar el espacio que dejan los muchísimos silencios de Rivera.

A propósito del último barómetro del CIS, Luis Garicano se mostraba muy proclive a un pacto con el PSOE pero cerraba a la posibilidad de participar en un gobierno en el que también estuviera Podemos. Si es una jugada para evitar una fuga de votos, es correcta, pero si es un límite absoluto y se impone su perspectiva, puede que Garicano entierre a Ciudadanos que necesita tanto distinguirse del PP como gobernar.

Si Ciudadanos fracasa y después de cuatro años está en la situación en la que hoy se encuentra UPyD, Garicano volverá a Londres y donde sea, porque puertas abiertas tendrá muchas por sus méritos académicos, y dará por terminada su participación en la política española y retomará su trabajo donde lo dejó sin tener en cuenta los “cadáveres” que se hayan producido. Dejar los posicionamientos ante los pactos postelectorales en manos de alguien que no tiene nada que perder, y por tanto inmune a los maximalismos, es al menos arriesgado.

——-

Comentario final: me hace mucha gracia la cantidad de salvadores, como Garicano, que le han salido al PSOE. Unos salvadores realmente quieren ser sus enterradores.

Objetivo San Telmo (LVII): leyes propagandísticas y modelo parlamentario asambleario

Un modelo parlamentario-asambleario tiene, a mi modesto entender, como característica definitoria que el primer actor político es el Parlamento y el gobierno no tiene la iniciativa política ni ningún poder para contrarrestar al Parlamento. Ésta es la situación en la que actualmente se encuentra la comunidad autónoma de Andalucía: con una mayoría a favor de no tener el único gobierno posible y un gobierno en funciones sin instrumentos para equilibrar al Parlamento.

Podemos en Andalucía ha registrado una proposición de Ley para que las cuentas bancarias de la Junta de Andalucía sean accesibles a todos, tanto los saldos como cada uno de sus movimientos. Lo hacen para favorecer la transparencia y evitar la corrupción:

1) Supongo que las cuenta de la Junta de Andalucía son un número no pequeño, pero además los movimientos son muchísimos. Pensad únicamente en los cientos de miles de anotaciones mensuales por pago de nómina, transferencias a la Seguridad Social, a las mutualidades administrativas y demás pagos por los empleados públicos y por los de los centros educativos concertados.

2) La transparencia es un medio para la verdad, pero no la verdad misma. Esa información en abierto no nos hace más libres y no me mejora nuestro control. Saber rastrear en una cuenta bancaria no es fácil.

3) Más que los movimientos de las cuentas, en cualquier administración son datos muchos más interesantes el cumplimiento de la previsión de ingresos y la ejecución de los gastos presupuestados. La sección de la Intervención General en el portal de la Junta de Andalucía es muy mejorable, de forma que podrían haber incluido la información mensual de la ejecución presupuestaria, si hubieran intentado ser serios.

4) La Ley tiene un coste de ejecución en servidores, alojamiento, herramientas webs, programas y un largo etcétera. Ese coste tiene que ser presupuestado o al menos sacar el dinero de algún sitio. Además la Ley, cuya proposición tiene solamente tiene normas, tendrá que ser desarrollada reglamentariamente para hacerla efectiva, algo que un gobierno en funciones no puede hacer.

5) Los ingresos de una administración no son regulares, como tampoco son los gastos. Habrá momentos con las cuentas cercanas al cero, que son aquellos que se salvan con las operaciones de tesorería o préstamos a pocos días (que nunca te volverán a dar si haces una quita). El hecho de que se pudiera ver esto, algo por lo demás absolutamente normal en todas las administraciones, podría crear una situación apurada para la Hacienda regional encareciéndose el crédito.

6) Teresa Rodríguez se equivoca. El primer trabajo de un Parlamento es nombrar un Presidente o Presidenta y hasta que ese trabajo no se haya terminado, no se hace nada más. La dirección de una administración del siglo XXI no debe estar en funciones largos meses (por más que a Bélgica le saliera aceptablemente bien) y más en la actual coyuntura. Su primera responsabilidad es darle un gobierno a Andalucía o disolverse, no presentar proposiciones de Ley propagandísticos que solamente busca que los otros grupos se retraten y que pueden ser perjudiciales para los intereses de la Comunidad Autónoma.

La hora del Papa Francisco

El juzgado de instrucción que investiga los abusos cometidos por un grupo de sacerdotes de la Archidiócesis de Granada solamente mantiene la imputación para el líder de los “Romanones”, mientras que no la mantiene para el resto de los miembros del clan no porque crea que no hay indicios racionales, sino porque considera que ha pasado el plazo de prescripción. No voy a entrar en valorar la decisión del magistrado y será la Audiencia quien lo haya de hacer.

Dado que los indicios racionales de comportamiento delictivo sí están allí y que ninguna prescripción los borra, es el momento en el que tiene que actuar el Papa Francisco de actuar con todos los medios y su alcance y aplicarles las máximas sanciones canónicas a este grupo.

La suspensión “a divinis” para los sacerdotes por toda su vida sería una buena sanción. Así tendría que entretenerse al menos en buscarse el sustento en otra dedicación que no les deje tanto tiempo libre.

El Papa Francisco ha liderado este asunto. Ahora le toca cerrarlo para la mayoría de los incursos. Y respecto del inefable arzobispo de Granada no tengo más que decir que un retiro indefinido con los jerónimos sería tremendamente beneficioso para su alma.

Tú pones los soldados y nosotros los aviones

El empleo de unidades aéreas suele ser decisivo para que unas fuerzas regulares puedan aplastar a unas fuerzas insurgentes. Por muy bien armados que estén los insurgentes y por muchos recursos humanos que tengan, el acceso a unidades aéreas les suele ser casi imposible y son éstas las que marcan la diferencia. La destrucción de la capacidad aérea del régimen de Gadafi, además de las deserciones con aparatos incluidos, junto con la aplicación de las fuerzas aéreas de la OTAN como soporte de las operaciones insurgentes, han hecho que el régimen se hunda.

Estados Unidos y los que somos sus habituales aliados hemos aprendido que intervenir en determinados países directamente es problemático, de forma que lo que se hizo en Afganistán y ahora en Libia ha sido darle una ventaja decisiva a las fuerzas insurgentes. En definitiva una forma muy efectiva y con poco costes en bajas de hacer la guerra.