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Archive for the ‘Venezuela’ Category

Los de Podemos tiene muy claro que construir el discurso sobre el que se articula el debate político te da una ventaja interesante sobre tus adversarios.

No olvidemos que consiguieron hacer temblar los cimientos de la comunicación política española con lo de la “casta”. Durante semanas los gabinetes de comunicación se estrujaron los sesos para sacar términos capaces de neutralizarlos.

Tuvieron que optar por una estrategia más lenta como es el desgaste por el paso del tiempo y otra más agresiva como ha sido el uso humorístico y saturante por parte de los contrarios gastó el término hasta el punto que emplearlo ahora en serio es algo ridículo.

Ahora hablan de los ”de abajo” (lo usan poco porque nadie quiere que consideren bajuno) y de la “gente”, que es un término mucho más indeterminado y hasta equívoco que “casta”.

Se ha identificado a Podemos con Venezuela por la obvia razón de que sus principales líderes han sido asesores contratados por el gobierno de Caracas. Como ya dije en una entrada anterior esta comparación no puede traer nada bueno porque Chávez, Maduro y lo bolivariano son vistos como algo de cuarta categoría por la mayoría de los españoles y porque además de Venezuela los adversarios políticos de Podemos pueden reportar todas las desgracias que quieran para minar a sus admiradores e imitadores españoles.

Podemos desciende en las encuesta desde el inicio de 2015. Y La Sexta acude nuevamente al rescate programando en su programa de más audiencia una entrevista nada crítica con Varoufakis, ministro de finanzas de Grecia.

Los gobernantes venezolanos y su régimen son objeto de burla para los españoles.

En cambios los griegos despiertan en nosotros más empatía, pese o gracias a que no compartimos lengua. Es fácil sentirse como los griegos porque compartimos la misma categoría de pertenecientes de favor a un grupo selecto.

Varoufakis es una persona que sabe de lo que habla, se expresa correctamente y argumenta. No quiero decir que tenga razón y que no emplee muchas medias verdades, sino que lo que dice lo dice bien y es fácil comenzar una discusión mental como réplica a sus palabras.

Como Venezuela está asociada a Podemos, también lo está Grecia. El propio primer ministro cometió el error de meterse en la política española apoyando a Pablo Iglesias. Lo que sucede es que los dirigentes de Syriza son personas bastante más presentable y con mejores cabezas que los equivalente venezolanos, de modo que la asociación es siempre beneficiosa. Si Grecia o el gobierno griego sufren un revés, Podemos sube porque es un ataque de los poderosos contra la “gente”; si Grecia o su gobierno triunfa, es la victoria de las políticas defendidas por Podemos.

Éste es el motivo por el que defiendo que dedicar a un programa de Varoufakis, cuando hace varias semanas has hecho un monográfico sobre Grecia sacando por sorpresa a Errejón, es que trabajas sobre la asociación antes señalada de Podemos y Syriza. Por este mismo motivo es por el que bramaron los podemitas cuando Antena 3 dedica un “En tierra hostil” a Venezuela.

¿Comparte Varoufakis o Syriza el programa de Podemos? Es irrelevante. Lo importante es la identificación narrativa y las consecuencias de ésta.

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Pablo Iglesias atacó al gobierno español diciendo que si él tuviera la conciencia de que un país no es democrático o, dicho de una forma más directa, es una dictadura no le vendería material antidisturbios como hace el gobierno español con Venezuela.

¿No hay que venderle a las dictaduras material antidisturbios?

En los países que carecen de este tipo de material la disolución de las masas o la represión de los disturbios se hacen con un material más simple, barato y peligroso: las armas de fuego. Las protestas en determinados países en los que sus gobiernos, por la razón que sea, no posee material antidisturbios o no lo tiene en la cantidad suficiente, terminan en un baño de sangre.

Las dictaduras no tienen empacho en abrir fuego y para ello suelen tener unidades represoras desconectadas de las otras fuerzas de seguridad y de la sociedad.

Vender material antidisturbios, incluso a un país que se pueda considerar que tiene un gobierno dictatorial o a una democracia muy defectuosa, no es moral ni políticamente reprobable. Puede que un simple criterio del mal menor haga aconsejable para así evitar que esa dictadura o esa democracia muy defectuosa, aunque a los seguidores de la idea de “cuanto peor, mejor” les parezca una legitimación de formas no realmente democráticas.

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PetroPresupuestos
El 14 de octubre pasado “The Economist” publicó el gráfico que preside esta entrada, que fue ampliamente comentado en numerosos webs y blogs.

El gráfico indica qué precios del petróleo necesitaban cada uno de los países indicados para tener los ingresos previstos según los cuales habían determinados sus gastos, en definitiva, a cuánto debía estar el barril de petróleo para cuadrar el presupuesto.

Muchos de estos países han diseñado sus políticas a todos los niveles, desde la social a la exterior, pensando que los precios del petróleo se mantendrían altos. Muchos de ellos han sacrificado tener una política recaudatoria moderadamente sensata; otros han emprendido grandísimos programas de gasto.

Pensaban que el petróleo les daría la utopía: impuestos bajos de hecho o de Derecho, altos niveles de servicios y fuertes inversiones.

¿Dónde está Noruega? Noruega está entre los quince principales países productores de petróleo con casi dos millones de barriles al día. A la vez mantiene una fuerte presión y fiscal y calcula el equilibrio presupuestario, desde 1987, sin tener en cuenta las aportaciones petrolíferas, de forma cuando dicen tener superávit o déficit lo tendrían en la misma cuantía si mañana se quedasen todos sus yacimientos. Desde el Libro Blanco del años 2001 se legisló que el superávit del petróleo y de la industria petrolera, toda estatal, se dedica a las pensiones por jubilación.

Noruega no tiene un petropresupuesto, esto es, sus políticas no dependen de que el precio del barril de petróleo se mantenga por encima de determinado precio. Es cierto que es lógico que algunos países tienen que recurrir, a día de hoy, a contar con los ingresos del petróleo para cuadrar su presupuesto, pero otra cosa muy diferente es que lo hagan a precio como los que el cuadro indica para Irán, Venezuela o Rusia.

Si un país necesita que el barril permanezca a más de cien dólares asume un alto riesgo y, además, se convierte en un potencial desestabilizador internacional, ya que las crisis normalmente ayudan a que los precios suban y cuando menos se mantengan.

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El otro día un comentarista del blog planteaba una cuestión que, muchas veces, se plantea y que me gustaría reflexionar sobre ella: el desmantelamiento de la Comunidad de Madrid y el establecimiento sobre esta provincia de la administración directa por parte del Gobierno de España. Y cuando se habla de reformar el modelo territorial para establecer un Estado Federal esta idea sobre Madrid cobra cierta relevancia.

Para muchos la Comunidad de Madrid es un engendro hecho con los retazos del estado autonómico. Y hace treinta años tenían razón, pero ahora es difícil dársela porque tres décadas de historia no pasan en valde. La Comunidad de Madrid es un espacio geográfico con el que se identifican sus habitantes y una estructura institucional importante dentro de España. Además de ello, el principal motivo para que Madrid no entrase en ninguna de las dos Castillas, especialmente en Castilla-La Mancha (a donde parecía predestinada) era que iba a desequilibrar demográficamente la región y esa razón hoy en día es tan válida y vigente como antes.

Pero hay una pregunta más: ¿por qué los madrileños no pueden tener derecho al autogobierno y más si se estableciera un régimen más federal? ¿por qué tienen que ser gobernados por otros? ¿qué razón hay para quitarles esa posibilidad de elegir sus gobernantes regionales?

En Estados Unidos la capital se encuentra en un territorio cedido por dos estados y bajo la dirección directa del Gobierno Federal, aunque con cierta autonomía local. Hay un movimiento que exige su “normalización” y de hecho el Congreso Federal ha ido concediendo al Distrito de Columbia algunas instituciones semejantes a las de un pequeño estado, a pesar de no serlo y hasta una enmienda constitucional le dio tres votos en el Colegio Electoral que elige al Presidente.

En México el Distrito Federal, el conurbación más poblada del país, comenzó a finales de los años noventa a adquirir un serio autogobierno aunque no totalmente equiparable al de los estados. Buenos Aires fue desgajada de la Provincia homónima y le ha sido dado un estatuto cercano al de las provincias federadas pero no se puede decir que sea gobernada directamente desde la Casa Rosada. Camberra, Brasilia, y Nueva Dheli mantienen ese mismo perfil, mientras que Caracas tiene un autonomía más municipal.

Berlin, Viena o Bruselas no son distritos federales, pese a ser capitales de federaciones, de hecho son partes de sus respectivas federaciones aunque de manoe tamaño y con alguna particularidad. No es necesario crear un distrito capitalino federal para ser un Estado Federal.

Por el contrario en Nigeria, Pakistán o Malasia son de los pocos casos en los que el gobierno federal ejerce la totalidad del poder, aunque haya una mínima descentralización en los distritos. De hecho el último caso fue utilizado como instrumento político para mantener a Kuala Lumpur, cuando se le estableció la federalización, fuera de la política de su estado de origen.

El Ayuntamiento de Madrid tiene ciertos poderes que no tienen otros municipios justificados tanto por su tamaña e, importancia económica como por ser la capital de España. Los madrileños capitalinos ni los de las localidades de la Comunidad echan de más a la capital y, de hecho, las localidad más pequeñas se benefician de una Administración regional más fuerte que si pertenecieran a otra comunidad o la Comunidad de Madrid no contuviera a Madrid.

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Las reacciones a la muerte de Hugo Chávez nos indican que ha desaparecido alguien que efectivamente ha marcado una nueva política en América Latina, después de que parecidas “recomendaciones” políticas y económicas a las que ahora nos aplican destrozaran lo poco que tenían muchos de esos países. Publicaban en Politikon una valoración del gobierno de Chávez que me gustaría comentar.

La entrada parte de la idea de que se puede comprar a millones de votantes: esta compra de votos recibe el nombre de populismo. La dificultad que tiene cualquier definición del populismo, que no sea la hipostasis de un hecho concreto, es poder diferenciar entre votos según las preferencias del votante y los incentivos y la llamada compra de votos. Como pista, solamente se habla de compra de votos cuando los votantes pertenecen a las clases más débiles de una sociedad y votan a favor no ya de intereses sino de necesidades.

La segunda idea sobre la que se desarrolla el argumento es que en los países con importantes ingresos provenientes del petróleo y otros recursos naturales ese pueblo susceptible de ser comprado valorará más los beneficios inmediatos que una buena gestión.

Los mismos datos que publican en su entrada evidencian la enorme cantidad de venezolanos que vivían en la pobreza y en la pobreza severa antes del gobierno de Chávez y en la inestimable ayuda que tuvo en el alza de los precios del petróleo en los mercados internacionales. Los datos, con una notable mejora, siguen siendo preocupantes.

La tercera tesis implícita de la entrada es que una buena gestión implicaba no atajar la pobreza y la pobreza severa a favor de unas medidas de fondos o estructurales. En definitiva, una buena gestión hubiera sido tomar decisiones que asumían que la mitad de la población de Venezuela siguiera en la pobreza aunque el precio del petróleo, de su petróleo, subiera por las nubes.

El problema es que esta tesis no es puramente ideal, sino que fue llevada a la práctica por gobiernos anteriores con un fracaso tan mayúsculo que facilitó el acceso de Chávez al poder y su permanencia refrendada en las urnas. Lula no siguió precisamente, como se afirma, una política social de carácter socialdemócrata o social-liberal sino con programas como el destinado a acabar con el hambre y a otorgar escrituras de propiedades a todos los que habían ocupado territorio de favelas marcó un distribución de la riqueza, y hasta la creó, nada más comenzar su mandato.

Es curioso que el populismo solamente parece darse y por tanto estudiarse en ciertos países, pero comportamientos muy similares (con el agravante de utilizar una masa de trabajadores cercana a servidumbre), pero ejercidos por los también petroleros gobiernos del Golfo merecen otro tipo de consideraciones.

PD: Hugo Chávez es un personaje difícil de desvelar y estoy de acuerdo con @kanciller en que una calificación de su política y de lo que llaman su ‘régimen’ presenta severas complicaciones. Es una figura que tiene tantas fisuras que, al menos para mí, resulta costosa resumir en unas líneas y más en el momento presente.

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El sistema electoral de Venezuela ha convertido lo que era una exigua mayoría en votos y en una gran mayoría parlamentaria para las candidaturas que conformaban el bloque que apoya al Presidente Chávez.

Esto no es raro y se da en muchos países que se dotan de sistemas electorales que refuerzan al vencedor o incluso al perdedor. Ha pasado en España y el ejemplo arquetípico es el sistema electoral británico.

El sistema venezolano está inspirado en líneas generales en el alemán, que es un modelo de proporcionalidad entre representación parlamentaria y voto. ¿Qué diferencia hay? La diferencia es muy sencilla. En Alemania los diputados conseguidos por el voto en circunscripciones uninominales se descuentan a la hora de computar los escaños del voto de la circunscripción nacional.

En cambio, en Venezuela, el voto proporcional tiene como límite cada uno de los estados y no todo el país, de forma que el efecto moderador del sistema uninominal mayoritario tiene un alcance enormemente limitado, como puede verse por el resultado.

Os recomiendo este estudio del ‘Centro Carter’ que explica con bastante detalle este sistema y algunas fallas potenciales del mismo.

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Se han celebrado elecciones legislativas en Venezuela. La oposición esta vez sí ha sido sensata y no le ha entregado la Asamblea Nacional a Chávez, como sí hicieron en las anteriores elecciones legislativas, propiciando una Asamblea monocolor, que ha legislado al dictado del Presidente, al cual no le ha llegado ninguno de los límites institucionales.

El Consejo Nacional Electoral no ha publicado hasta ahora los votos recibidos por cada una de las candidaturas, aunque sí ha realizado la adjudicación de escaños, con la excepción de siete de ellos. La oposición anuncia que han ganado en votos pero que, por el sistema electoral aprobado por la anterior Asamblea (cosas que pasan cuando no estás donde debes), la derrota en sufragios del PSUV se ha convertido en una victoria en el número de legisladores obtenidos.

Sea como fuere (los votos para el Parlamento Latinoamericano arrojan una pequeñísima diferencia), el Presidente Chávez parece no disfrutar de ese apoyo multitudinario del que hace gala en sus manifestaciones. Venezuela está dividida en dos y con un nivel de abstención realmente alto.

Queda la pregunta de que si, en sucesivo procesos electorales, el Presidente Chávez y su partido son derrotados en las urnas, serán capaces de retirarse del poder y dar por terminada democráticamente la revolución de la que se le llena la boca. Nunca hemos de olvidar que si bien Chávez llegó democráticamente al poder y nunca ha abolido las formas electorales de la democracia, lideró una intentona golpista y eso es de las cosas que imprimen carácter.

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Genaro Estrada
La “Doctrina Estrada” recibe el nombre del Secretario de Relaciones Exteriores de México, formulada en 1930, que decía que un estado (en su caso México) no debía entrar a considerar el reconocimiento o no de los gobiernos de otros estados, decidiendo sólo si mantener la representación diplomática o no con el gobierno “de facto” de un estado, más allá de que su legalidad fuese más que cuestionable.

Sin duda ha sido una doctrina útil para las relaciones internacionales en la América Latina del siglo XX, donde los golpes de estado han sido la forma habitual de cambiar los gobiernos.

Esta doctrina se ha justificado “a posteriori” sobre los principios de no injerencia en los asuntos internos y el de libre determinación. La verdad es que me parecen más justificaciones políticamente correctas de algo mucho más prosaico. Un estado se relaciona con el gobierno de otro estado, y con el gobierno efectivo si quiere que las relaciones sean efectivas, por lo que se reconoce al que manda, independientemente de cómo se haya llegado al mando.

Hace mucho tiempo de la “Doctrina Estrada” y los golpistas hondureños están viendo como en la escena internacional nadie les hace caso, ni por acción ni por omisión. Por el contrario como desde todos lados se cuestiona la legitimidad y la legalidad de su toma del poder, como los embajadores son llamados a consultas y cómo se forman dos bloques de rechazo.

De hecho el gobierno golpista ha decidido mantener a sus embajadores ante la ONU y la OEA, sin duda, para evitar el espectáculo de ver cómo estas organizaciones (y los Estados que las conforman) les dan con la puerta en las narices a los nuevos embajadores.

El primer es el encabezado por Chávez y los países del ALBA. Chávez incita a una rebelión que parece no producirse y dice que las palabras no bastan. El segundo es el liderado por los Estados Unidos y la Unión Europea que quiere reponer también a Zelaya y puede que esté moviendo hilos más efectivos que los de Chávez.

Puede que la vuelta de Zelaya desde Estados Unidos, tras participar en la ONU y en la OEA, tiene algo de plazo para los golpistas. No sé lo que sucederá, pero no sería descartable que Zelaya volviese acompañado por altos o altísimos funcionarios de la Administración Obama. Es fundamental que los Estados Unidos lideren la reposición de Zelaya.

Por ahora ningún gobierno ha aplicado la “Doctrina Estrada”. Nadie reconoce al gobernante “de facto” porque, en el fondo, todos saben que ese gobierno de hecho no va a durar demasiado y porque ninguno de los Presidentes latinoamericanos quiere darle legitimidad a un gobierno sostenido por el ejército, dando ideas a sus ociosos militares.

[Nota curiosa para que veáis lo maleable que es todo en las relaciones internacionales. La “Doctrina Estrada” fue aplicada por México para mantener abierta la Embajada de la República Española ante México durante varias décadas tras el final de la Guerra Civil]

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Honduras
El Presidente de Honduras, Zelaya, intentó convocar un referendum, aprovechando las próximas elecciones municipales y legislativas, y colocar “la cuarta urna” para que se votase una reforma constitucional que, en última instancia, le posibilitase renovar mandato en la Presidencia.

Como no comprendo la manía que tienen algunos en quitarle a los políticos sus cargos por medio de la limitación de mandatos, en vez de dejarle hacerlo a los ciudadanos, la verdad es que esto me parece muy bien.

La situación empeora en el momento que la Justicia decide que no es constitucional ese referendum y el Presidente se empeña en realizarlo, este domingo, aunque llamándolo “encuesta”. La “encuesta” está organizada por su gobierno sin la presencia de instancias controladoras, al no ser una consulta electoral en el sentido estricto. El Presidente ordena a las Fuerzas Armadas que colabore en la logística de la “encuesta” y el jefe de éstas se niega aduciendo que es una orden ilegal, es destituido y restituido, con ruido de sables, por la Corte Suprema.

A primera hora del día de hoy (en Honduras) unos doscientos soldados entran y se llevan al Presidente a una base aérea para “deportarlo” a Costa Rica. Los golpistas presentan una carta de dimisión en el Congreso de Honduras. El Congreso ha declarado Presidente a Roberto Micheletti, hasta ahora al frente del legislativo.

Ningún país ha reconocido a los golpistas. Desde Venezuela a los Estados Unidos, pasando por la Unión Europea, han declarado unánimemente que solamente reconocen a Zelaya como Presidente de Honduras.

Algunas observaciones:

1) Es una pena que América Latina vive su historia tensionada entre militares salvapatrias y populistas salvapatrias.

2) El Estado de Derecho y la Democracia que los sustenta solamente es factible cuando todos los actores políticos están de acuerdo en que se actúa dentro de determinadas áreas y según determinadas reglas. Zelaya se saltó unas cuantas y los golpistas han machacado cualquier apariencia.

3) La supresión de la libertad de prensa por medio de la emisión obligatoria de música popular hondureña por parte de todas las emisoras de radio y televisión es un síntoma inequívoco de que los “constitucionalistas” son golpistas.

4) Que el verdadero detonante del golpe de estado haya sido la destitución del jefe de las fuerzas armadas es una muestra más que en estos países, sus ejércitos siguen viviendo como una entidad aparte. El artículo 239 de la Constitución parece que está escrito por un congreso de juristas aquejado de severas enfermedades mentales.

5) Lo de la carta de dimisión de Zelaya presentada en el Congreso es de película de Cantinflas. No sé si alguien puede pensar que hubiera algún atisbo de libertad cuando te hacen dimitir después que doscientos soldados te saquen de la cama con sus armas apuntándote.

6) El hecho de que todos los países que se han pronunciado lo hayan hecho para condenar el golpe de estado pone en un brete muy grave al nuevo “Presidente”. No sería descartable que se forzase una negociación o bien que Zelaya volviese, como lo hizo Chávez en su momento, y la oposición se descompusiese automáticamente.

7) No termino de entender que hacen los cazabombarderos sobrevolando la capital de Honduras. Son aviones que para poco sirven en estas situaciones, salvo que quieren bombardear a lo bestia a los manifestantes favorables a Zelaya o que se teman una intervención de El Salvador, Venezuela o Nicaragua, que creo que es descartable.

8) A los presidentes hay que echarlos con votos y no con los tanques en las calles. En el fondo ha sido un golpe de Estado a alguien que preparaba algo parecido. Deprimente.

En septiembre de 2008 un grupo de blogueros, de todas las tendencias ideológicas, reflexionamos precisamente sobre las dictaduras militares a invitación de Citoyen. Creo que es un buen momento para volver sobre esas entradas.

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Me he estado reprimiendo durante varios días para no escribir nada sobre el resultado del referendum de reforma constitucional celebrado el pasado domingo, 2 de diciembre. Muchos han sido los articulistas, los tertulianos radiofónicos y los esforzados compañeros de la Blogosfera que han comentado y analizado los resultados de la consulta popular. El hecho de haberme reprimido se debe a la necesidad que sentía paralelamente de tener un poco de distancia y de darme tiempo para pensar, más allá de las reacciones en caliente.

Hugo Chávez ha admitido la derrota y el proceso electoral ha sido limpio en palabras de los observadores internacional presentes en Venezuela. Esto rompe con la estrategia de la oposición que le llevó a no participar en las últimas elecciones legislativas para forzar una cámara monocolor que escenificara las pretensiones dictatoriales de Chávez. El referendum les habrá hecho aprender que si los opositores hubieran participado en las legislativas probablemente hubieran sido una minoría, pero en unas elecciones limpias.

El resultado del referendum es la derrota no sólo de una reforma constitucional, sino de un concepto de democracia. Es la derrota de la democracia procedimental. La elección de cargos fundamentales por medio de sufragio universal no restringido, salvo por la edad, entre diversas opciones y con igualdad de oportunidades es “condicio sine qua non” para que haya una democracia, pero si bien es necesario, no es suficiente. El poder debe estar limitado por el respeto y la promoción de los derechos individuales, garantizándose su protección efectiva. Dado este segundo paso, estaríamos ya hablando de democracia en un sentido más pleno (Hugo Quiroga trata de forma interesante aunque parcial este asunto).

La democracia procedimental es la que se conforma con la primera parte de esta definición de democracia que hemos propuesto, por lo demás muy convencional. En la democracia procedimental todo se justifica sobre la base de unos resultados electorales, de forma que el que detenta el poder no se siente impelido a justificar con argumentos racionales sus decisiones cotidianas. Se tiene razón en todo porque se ganaron unas elecciones y no porque las decisiones sean positivas desde el punto de vista económico, social o político.

Los resultados del referendum de reforma constitucional se interpretan con extraordinaria claridad a la luz de los datos de las elecciones presidenciales de 2006. Queda claro el rechazo de la reforma propuesta proviene de los partidarios de Chávez que se quedaron en casa y no fueron a votar, lo cual se tradujo en la pérdida de tres millones de votos, con poco más de trescientos mil votos que ganó la oposición respecto a las presidenciales.

No se me ocurre otro nombre para este hecho que el de voto de castigo. Los propios partidarios, insatisfechos por la labor de gobierno de Chávez en su tercera presidencia y todavía esperanzados en el proyecto chapista, se han abstenido y no han votado en contra de su líder político.

Hugo Chávez se mantiene en el poder desde 1999. Ha hecho grandes gestos, una nueva constitución, pero la impresión general es que los sectores más desfavorecidos no han visto cambios sustanciales, más allá de ayudas y acciones más propias de la beneficencia que de la transformación social. Beneficencia es montar comedores en barrios pobres, transformación social es que haya empleo y que cada cual coma en su casa lo que quiera y haya podido adquirir con un salario justo a cambio de un trabajo digno.

Chávez y su mastodóntico gobierno de veintisiete ministerios han trabajado poco y han salido mucho en televisión. Han deseado constitucionalizar un programa político que no ha intentado llevarlo previamente a la práctica a través de la legislación ordinaria, los reglamentos y los actos administrativos. Gobernar es eso y no estar siempre en un eterno proceso constituyente. Gobernar es hacer menor la normalidad y no estar siempre excepcionalizando para que el resultado de la labor de gobierno no pueda ser escrutado por el electorado.

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