Considerar los procedimientos como un mero trámite

El resultado de dos referendos, el del Brexit y el del acuerdo de paz en Colombia, han arrojado resultados inesperado y, precisamente por inesperados, se han tornado en resultados desastrosos. Muchos analistas coinciden, junto a una cantidad enorme de causas, en que los convocantes, seguros de la victoria de su opción, no se han empleado a fondo en el referéndum, de forma que su desidia ha dejado abierta la puerta a la victoria.

Ahora hay una curiosa polémica, en la que se requiere ridiculizar el “no” de los valones al CETA (Acuerdo comercial de la UE con  Canadá) sobre la base de su escaso peso demográfico, de su extensión o de que pueden ser los únicos. Parece que si las facultades de control de los tratados de Bélgica que su Constitución le da (y que la Unión preserva) no debieran ser nunca ejercidas, que deberían consentir en la ratificación simplemente porque se ha negociado y firmado.

Referendos o ratificación, elementos esenciales en él ejercicio de la soberanía de un Estado, es visto un mero trámite que debe pasarse y solamente con la decisión “correcta”. Si no se decide “lo correcto”, el procedimiento debe ser eliminado.

Los referendos para las decisiones importantes, en las que tiene sentido que la soberanía popular se exprese, y el procedimiento de ratificación de los tratados internacionales tiene sentido: que la voluntad de quien tiene poder no sea suplantada por los negociadores.

Si los ejecutivos, nacionales o comunitarios, quieren que se apruebe en referéndum su acuerdo o se ratifique su tratado, deben tratar a los ciudadanos o al agente ratificador como adultos, saber que ellos depende todo y no someterlos a campañas de chantaje del tipo o consentís o es el caos por vuestra culpa.

Partido B (instrumental)

Público’ dio cuenta de una transcripción de una nota de la trama ‘Gürtel’ de la que este medio infiere que el PP valenciano creó un partido de izquierda para arañarle votos al PSOE dentro de su propio electorado.

Los partidos instrumentales o los partidos B son una especie de juego sucio. Este juego sucio busca erosionar más que representación, ya que las barreras electorales en las distintas elecciones evitan la proliferación de estas pseudos-formaciones.

Hecho para erosionar

La mera existencia de un partido en el mismo espectro ideológico que alguno de los grandes partidos sirve, al menos, para quitarle unos cuantos votos al partido principal, aunque el partido instrumental no obtenga representación. Sería algo así como provocar una escisión en el otro partido pero sin necesidad de que esto se dé.

Hecho para extenderse

Puede ser utilizado tanto por los oponentes como por los de un partido determinado que quiere cubrir un espectro más ‘ultra’ que el suyo pero sin moverse. El partido B o instrumental llegaría a la derecha o a la izquierda imposible para el partido principal, pero, en el caso de obtener representación, sería como si la obtuviera el partido principal.

El colmo es la ‘operación avispa’, propia de Colombia, donde no se molestaban ni en crear partidos instrumentales o partidos B, sino que un mismo partido presentaba varias listas diferentes. La prohibición de esta práctica provocó la creación de numerosos partidos nuevos.

Voto inmigrante en las municipales

El PSOE ha iniciado el camino hacia las elecciones municipales y autonómicas con una campaña para animar a los ciudadanos extranjeros, que en virtud de tratados o del principio de reciprocidad, tienen reconocido el derecho al voto en los próximos comicios locales.

Con un lema de sabor estadounidense, ‘Inscríbete para votar’, intenta informa a los nuevos votantes para que realicen los trámites pertinentes para poder ser incluidos y en el censo electoral y poder ejercer efectivamente el voto.

El voto inmigrante plantea determinadas incógnitas para las próximas elecciones municipales:

1) En España hay más de cinco millones de extranjeros residentes. No todos podrán votar ya que solamente es aplicable a los ciudadanos de Ecuador, Bolivia, Chile, Colombia, Paraguay, Nueva Zelanda y Noruega y siempre que se encuentren en España en situación regular y cumplan con las condiciones añadidas. A priori el número de los que efectivamente realicen los trámites y estén en el censo electoral.

2) Una vez que se compruebe el número de electores inscrito hay que ver los que realmente vayan a votar, aunque siendo una inscripción voluntaria lo normal es que la práctica totalidad de los que realicen los trámites acudan en mayo al colegio electoral.

3) La pregunta del millón es a quién va a votar y, sobre todo, si el comportamiento de los inmigrantes va a ser o bien como ‘cleavage’, o bien como ciudadanos españoles abstractos (que no existen) que eligen sobre criterios estrictamente racionales (que no existen), o bien utilizando la criteriología de su misma zona. Las encuestas post-electorales tendrán en éste uno de sus puntos más interesantes.

4) El hecho de que esta iniciativa sea de factura socialista, no quiere decir que los otros partidos no hayan desarrolla ya estrategias para captar el voto inmigrante, tales como la integración de inmigrantes en sus órganos ejecutivos, grupos de debates o tener interlocutores en estos colectivos que, a la vez, sean la puerta de entrada del partido en sus grupos sociales.

¿A rey muerto, rey puesto?

La muerte del jefe militar de las FARC ha sido presentada por las autoridades colombianas como el primer paso para la desaparición de este grupo terrorista, un paso decisivo a través de la estrategia del descabezamiento.

El hecho de que esta estrategia tenga éxito dependerá de la propia estructura organizativa de las FARC. En principio y por lo leído las FARC son dirigidas a través de un Secretariado formado por siete miembros, pero esto no dice especialmente nada, ya que puede existir nominalmente un órgano colegiado y funcionar de otro modo.

La primera posibilidad es que, a lo largo de sus cuarenta años de actividad, las FARC se hayan burocratizado, en el sentido weberiano, y que la desaparición del ‘jefe militar’ no entrañe más problema que el de sustituirlo y que adquiera la experiencia que el antecesor tenía.

La segunda posibilidad es que el ‘jefe militar’ que ha resultado muerto tuviera un liderazgo carismático o que, de forma sustitutiva, hubiera acumulado de forma monopolística unos resortes de poder que no podrían ser fácilmente sustituidos, principalmente por el desconocimiento de esos resortes o porque los ‘herederos’ no los transmiten.

Si la primera posibilidad es la cierta, la acción de las Fuerzas Armadas colombianas tendrán un efecto limitado en las acciones de la FARC, ya que en el momento en el que ‘corra fila’ y el mecanismo se ‘engrase’ entonces las consecuencias de la operación se quedarán reducidas al efecto mediático.

En el caso de que sea la segunda posibilidad, la operación del ejército colombiano ha puesto verdaderamente a las FARC al borde del abismo, de manera que se ha cortado radicalmente la jerarquía de mando por la cabeza, la circulación de la información entre las partes, el proceso de toma de decisiones y la cohesión grupal.

El candidato que no es entendido por su público objetivo

La segunda vuelta de las elecciones presidenciales colombianas se celebran en el día de hoy. Ayer leí en “El País” que el candidato verde, a pesar de sus orígenes populares, tiene serias dificultades de comunicación con las clases hacia las que se dirige, mientras que el candidato uribista, de la secular élite colombiana, conecta bastante bien con el electorado de las clases menos favorecidas, que previsiblemente le entregarán su voto en masa. Junto a ello he visto en el ‘Canal 24 Horas’ de TVE un pequeño reportaje sobre la escasa infraestructura territorial de los verdes frente al Partido Social de Unidad Nacional.

Mockus, el candidato verde, no suele concretar sus intervenciones, según la información periodística. No da respuestas concretas y gasta el tiempo en las entrevistas y debate a razonar en voz alta. Intelectualmente puede ser muy interesante, pero la política no es un ejercicio de debate académico, hay que llegar a los ciudadanos (que no tienen siete horas al día para seguir las disquisiciones) y si se gobierna al final hay que decir sí o no.

El uso de las posibilidades de Internet en general y de las redes sociales en particular ha sido la gran innovación de la campaña de Mockus, una campaña con poco dinero y basada en los medios gratuitos que la red ofrece, así como en el voluntariado político. El problema es que la realidad es otra y el mundo 2.0, las redes sociales y los mensajes en Internet tienen todavía una incidencia pequeña, posiblemente pequeña también dentro de los usuarios 2.0.

Puede que Mockus nos caiga bien a algunos porque representa un modelo de política con el que muchas personas se identifican, pero todos los modelos de política necesitan de victorias electorales para hacerse realidad. Desde una campaña bien organizada, con base territorial hasta la elaboración de mensaje claros que puedan ser procesados por los electores, se recorre un camino que abre las posibilidades de la victoria electoral, más allá de la presencia simbólica y de pasar puntualmente a una segunda vuelta.