El cielo de los politólogos

En dos ocasiones hemos hablado de la decisión de IU de la Comunidad de Madrid de celebrar primarias dos urnas en cada colegio electoral, una para afiliados y otra para simpatizantes, conjurando así un peligro de infiltración que solamente veían ellos.

Poco antes un bloguero afín a IU contaba como en Irlanda del Norte, en unas de las elecciones inmediatamente posteriores a los acuerdos de paz, decidieron hacer todos el escrutinio en un solo lugar y dar los resultados en bloque para dar la impresión de una población que vota y no una calle que decide lo radicalmente opuesto a la calle paralela.

Las urnas separadas son una práctica frecuente cuando un cuerpo electoral en apariencia único funcionada como circunscripciones electorales. En las elecciones a los consejos escolares o en las elecciones a los órganos de gobierno de las instituciones universitarias cada sector votan por separado a sus representantes por más que se hable de comunidad escolar o de comunidad universitaria como una entidad.

En Chile, hasta hace bien poco, las mujeres y los hombres votaban en mesas electorales separadas. Ya lo hacen en mesas mixtas. Esto permitía apreciar la diferencia entre las elecciones políticas de los hombres y de las mujeres y esto, para algún defensor paternalista del sistema, era visto como una medida a favor de las mujeres porque les daba visibilidad electoral propia que debía ser tenida en cuenta por los partidos políticos.

Realmente esto de las urnas separadas, que bonito no queda mucho, es el paraíso para un politólogo, ya que resolvería con datos fijos las dudas de las encuestas post-electorales. Pero claro, lo ideal no sería solamente la división de las secciones electorales en meses de hombres y mujeres, sino también cada una de estas mesas por género en submesas de edad (al menos cuatro) y estas submesas en sub-submesas de nivel de estudios y finalmente sub-sub-submesas por trabajo desarrollado el día de las elecciones.

Voto inmigrante en las municipales

El PSOE ha iniciado el camino hacia las elecciones municipales y autonómicas con una campaña para animar a los ciudadanos extranjeros, que en virtud de tratados o del principio de reciprocidad, tienen reconocido el derecho al voto en los próximos comicios locales.

Con un lema de sabor estadounidense, ‘Inscríbete para votar’, intenta informa a los nuevos votantes para que realicen los trámites pertinentes para poder ser incluidos y en el censo electoral y poder ejercer efectivamente el voto.

El voto inmigrante plantea determinadas incógnitas para las próximas elecciones municipales:

1) En España hay más de cinco millones de extranjeros residentes. No todos podrán votar ya que solamente es aplicable a los ciudadanos de Ecuador, Bolivia, Chile, Colombia, Paraguay, Nueva Zelanda y Noruega y siempre que se encuentren en España en situación regular y cumplan con las condiciones añadidas. A priori el número de los que efectivamente realicen los trámites y estén en el censo electoral.

2) Una vez que se compruebe el número de electores inscrito hay que ver los que realmente vayan a votar, aunque siendo una inscripción voluntaria lo normal es que la práctica totalidad de los que realicen los trámites acudan en mayo al colegio electoral.

3) La pregunta del millón es a quién va a votar y, sobre todo, si el comportamiento de los inmigrantes va a ser o bien como ‘cleavage’, o bien como ciudadanos españoles abstractos (que no existen) que eligen sobre criterios estrictamente racionales (que no existen), o bien utilizando la criteriología de su misma zona. Las encuestas post-electorales tendrán en éste uno de sus puntos más interesantes.

4) El hecho de que esta iniciativa sea de factura socialista, no quiere decir que los otros partidos no hayan desarrolla ya estrategias para captar el voto inmigrante, tales como la integración de inmigrantes en sus órganos ejecutivos, grupos de debates o tener interlocutores en estos colectivos que, a la vez, sean la puerta de entrada del partido en sus grupos sociales.

Hacerlo bien o hacerlo perfecto

El asunto del rescate de los mineros chilenos está siendo manejado magistralmente por el Presidente de Chile, Sebastián Piñera. Ante la opinión pública internacional Chile está dando una imagen inmejorable de país que sabe reaccionar, que sabe emplear todos los medios existentes y de que lo hace con eficacia.

Ante la opinión pública nacional muestra lo mismo para él y su gobierno que lo que Chile exhibe internacionalmente, con el importante matiz de que se ha hecho valedor de un grupo de personas representativas de los sectores más desfavorecidos de la sociedad, símbolos clásicos de la clase obrera.

El Presidente Piñera ha expresado que la empresa propietaria de la mina tendrá que responder por el coste de la operación de rescate que su gobierno ha organizado y ha llevado a cabo con éxito.

Espero que el Presidente chileno ponga todo el empeño en la reintegración del dinero público gastado, empeño que ha demostrado que tiene. También el Gobierno de Chile debe entregarse al máximo en la investigación de las deficiencias en la mina, deficiencias que eran conocidas por las autoridades. Finalmente deben depurar las responsabilidades de las autoridades administrativas, todas dependientes de él en un país tan centralizado como Chile, para evitar o extirpar la desidia y la corrupción de la administración minera chilena.

Piñera ha hecho lo que debía hacer y lo ha hecho bien. Ahora tiene que hacerlo perfecto.

Carrera armamentística en Los Andes

f16-chile
La compra, por parte de Chile, de unos aviones F-16 de segunda mano que tenían los Países Bajos, ha desatado la histeria política en Perú. Ha habido llamadas al rearme del país, ante la modernización de las Fuerzas Armadas de Chile, país que parece percibido como una amenaza militar para Perú.

Un español, como soy yo, tiende naturalmente a destacar lo que de común tienen los países latinoamericanos, una tendencia que tiende a hacer unas generalizaciones que desprecia las diferencias entre estos países, muchas de ellas apreciables con un mapa escolar.

Que esto sea así y deba ser reconocido, no quiere decir que no estén justificadas ciertas extrañezas. Me extraña que estos países tengan un nacionalismo tan furibundo, sin duda construido sobre el miedo u odio al otro, pero sin mucha afirmación de lo propio, desde el momento y hora en que sus independencias fueron lideradas por élites criollas bastante homogéneas entre sí.

La pacificación de conflictos armados internos y el hecho de carece de pocos vecinos y de encontrarse donde se encuentran, haría de estos países un terreno idóneo para la reducción del gasto militar, y más cuando las circunstancias sociales de muchos de ellos invitan por sí solas a destinar las compras de armamento en el extranjero a otros fines.

Sé que esto ataca un atavismo fundacional: los vecinos como amenaza. Sé que esto atacaría no a un poder fáctico de esos países, sino a un poder real que se ha acostumbrado a dar golpes de Estado y a cometer atrocidades, por lo que parece sensato mantenerlos entretenidos con juguetitos renovados periódicamente.

Sé que las limitaciones son muchas, pero un sensato sistema de seguridad colectiva permitiría ahorrar muchos costes militares a estos países y destinar los recursos a hacer escuelas, carreteras, centros de salud y esas cosas que sirven para vivir algo mejor. Algo sensato, moderado, pero quizá por ello mismo sea merecedor de ser calificado de utópico.

Liderazgo brasileño

La crisis boliviana ha dado ocasión para que los países sudamericanos muestren, por primera vez desde la alianza de las dictaduras, una estructuración política común con cierta autoridad política para ser útil.

La cumbre de presidentes sudamericanos en Chile ha consagrado la capacidad de reacción del naciente sistema y sobre todo ha elevado a política la autoridad moral que el Presidente de Brasil, Lula da Silva. Todo el mundo esperaba que Lula asistiese y él lo ha hecho haciendo previamente los deberes de asegurar la tranquilidad entre las partes de la crisis boliviana.

Que este sistema de relaciones diplomáticas comience a ser efectivo (aunque no tenga una gran estructura formal) y haya alguien que lo lidere y que ese liderazgo no sea impuesto sino reconocido.

La duda que me planteo es si el liderazgo brasileño es más de carácter carismático y personal de su Presidente, que del país. Lula está al final de su segundo mandato y por ahora la reelección no es posible. Es lógico que la primera economía de la región se ponga al frente e intente que reine un clima de seguridad y estabilidad. Para ello lo mejor sería que Brasil, más allá del día del final del mandato de Lula, prosiguiese la vía de pragmatismo y lucidez, que actual Jefe de Estado brasileño ha dado a la diplomacia de su país.

Pinochet y la Justicia

            Augusto Pinochet ha muerto. Ha muerto en la cama de un hospital y no en la cárcel, como muchos pensamos que iba a ser posible, poniéndole más ilusión que realismo. Llevar a Pinochet a los tribunales, someterlo a juicio y, si procede, condenarlo hubiese sido un triunfo del Estado de Derecho. Otros consideran que podría haber sido un atentado contra el mínimo realismo político, ya que sería una invitación a los dictadores a no dejar pacíficamente el poder. Sin dejar esto de ser verdad, lo que está en juego es el sentido del ejercicio del ius puniendi, tanto nacional como internacional. Hasta ahora no ha habido una justicia y una penalidad disuasoria de los dictadores y torturadores, siendo la salida política la única posible. Hacer que este nuevo modelo de justicia internacional puede disuadir a unos cuantos aspirantes de opresores, aunque habrá algunos que cedan a la tentación, como sucede en la delincuencia común y no por ello desmantelamos el sistema policial y judicial.Pinochet ha muerto sin ser condenado, pero sí desaforado, en arresto domiciliario. Un triste consuelo para sus víctimas, pero este proceso ha abierto el camino para que la “criminalización de la barbarie” sea una realidad. El primer paso que vendrá seguido, sin lugar a dudas, de muchos más, que la civilización va a mantener contra la impunidad de los asesinos de masas, de los torturadores, en definitiva, de los que han cometido y todavía cometen crímenes contra la Humanidad.