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Archive for 6 diciembre 2020

En los estertores del verano escribía sobre el margen de supervivencia que tenía Ciudadanos en el actual panorama político. El presupuesto era que Ciudadanos debía olvidarse de ganar elecciones para transformarse en una fuerza influyente a ambos lados de su posicionamiento político. Un reto difícil que Ciudadanos comenzó a construir y que parece que se ha bajado al retrirar su apoyo inicial a los Presupuestos.

Ciudadanos tendrá que competir por el voto desde el centro a la derecha, tras haber renunciado a ser una opción para el votante de centro izquierda. La cuestión es cuánto voto de la derecha puede quedar entre sus redes.

A estas alturas me parece inevitable que Ciudadanos vaya en coalición a las próximas Generales con el Partido Popular, en una repetición de lo que hemos visto en las Elecciones Vascas. Los populares tienen que evitar que el voto residual a Ciudadanos les quite votos (los votos de C’s que habían de irse a Vox ya se fuera y no fueron pocos) y, sobre todo, escaños en los enrevesados cocientes de nuestro sistema electoral, de forma que la pérdida pueda suponer no sumar con Vox a la hora de la investidura.

Lógicamente Casado le va a hacer a Arrimadas una oferta de esas que no se puede rechazar. En primer lugar le dejará a los naranjas tener más candidatos en puestos de salida que los escaños que Ciudadanos pueda obtener en la más optimista de sus previsiones y, en segundo lugar, le ofrecerá a Arrimadas un puesto en el Consejo de Ministros y alguna Secretaría de Estado en otro Ministerio para los suyos.

Si Casado consigue la investidura en unión a Vox, todo lo que le haya ofrecido a Arrimadas por la coalición va a parecer nada en comparación al logro. Si Casado no lo consigue, a Casado le dará igual porque estará acabado y acompañará a Hernández-Mancha en el panteón de los presidentes populares que lo lograron La Moncloa.

Pase lo que pase, porque Arrimadas no va a tener más remedio que aceptar la oferta, Ciudadanos dejará de existir como entidad política diferenciada, más allá de su subsistencia en el registro de partidos políticos.

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Esta semana se ha filtrado un chat compuesto por altos mandos de las Fuerzas Armadas en situación de reserva (jubilados). Sin lugar a dudas de todo lo dicho en ese chat, lo que más repercusión ha tenido ha sido la consideración de unos de los mandos intervinientes de que habría de fusilar a 26 millones de españoles, supongo que para dejar el país como él quiere.

Reflexionemos brevemente sobre esta afirmación:

1) Si en España hay 46 millones de habitantes, 26 millones son una holgada mayoría. De forma que este mando reconoce que lo que él piensa y representa, en su máxima extensión, es una minoría. Admite que España es otra cosa y que él va contra España.

2) El mando jubilado reconoce que las diferencias no es con Sánchez, Iglesias o cualquier líder político a la izquierda de Abascal, sino que tiene un severo problema con la sociedad española, estando dispuesto a acabar con la mayoría de ésta. Los miembros de ese chat y el que escribe esta afirmación se reconocen ajenos y enemigos de la sociedad.

3) La Transición fue fallida en muchos aspectos. Uno de ellos fueron las Fuerzas Armadas. Un generalato compuesto por militares franquistas fue sustituido por un generalato cooptado por los anteriores. Supongo que el “mainstream” militar no valora precisamente como un mérito la disconformidad con el pensamiento político expresado en ese chat.

4) Ya es hora que se tomen medidas y que se ponga fin a este sistema de reproducción de valores antidemocráticos dentro de las Fuerzas Armadas, antes que de la conciencia se pase a la acción, una acción que está siendo jaleada desde determinados sectores minoritarios pero influyentes entre los militares.

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Hace unos días, uno de los jueces que tienen cuenta de Twitter, tuiteaba en ésta sobre las idas y venidas que se dan entre la Judicatura y la Política. Se quejaba, con razón, de una regulación excesivamente laxa que puede alterar la percepción subjetiva de imparcialidad en el menos malo de los casos.

Hacer más rígida esta normativa o directamente prohibirla sería una decisión con la que estaría de acuerdo, pero creo que se queda corta. Creo que todo juez o magistrado, salvo excedencia por cuidado de familiar, debería dejar de serlo definitivamente siempre que deje el ejercicio de su función judicial o de algún puesto conexo (como enlace de cooperación en organismos judiciales internacionales) y no poder reincorporarse hasta pasado quince años y nuevamente por oposición. En definitiva, si un juez o magistrado se pasa a ejercer un cargo extrajudicial, la abogacía, la asesoría de empresas o cualquier otra actividad, perdería la toga.

Alguien podría objetar que sería discriminatorio respecto a otros empleados públicos, pero éste es un error. Los jueces y magistrados tienen un régimen laboral muy parecido al de los restantes funcionarios, pero no son funcionarios, sino que dan cuerpo a uno de los tres poderes del Estado, de forma que la exigencia puede y debe ser diferente a la de los empleados públicos.

Porque la imparcialidad, que es el verdadero valor a proteger y no la independencia (que es un mero medio) se pueden ver dañadas tanto por el traslado a la política, como a cualquier otro sector, incluso el de la enseñanza jurídica. Los jueces y magistrados deberían dedicarse solamente a ser lo que son y si quieren ser otra cosa, abandonar la toga para siempre.

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Tanto la izquierda como la derecha en España comparten el mismo anhelo: otro adversario.

La izquierda reclama una “derecha europea”, centrista y liberal. La derecha quiere una izquierda centrista y que no toque casi nada de lo establecido, más allá de un poco de folklore.

La izquierda española es la que es y la derecha española es la que es y se negociará o no dependiendo de los incentivos que las dos partes tengan para hacerlo. Actualmente muy pocos incentivos.

Cada cual es libre de desear tener el adversario que más le convenga, incluso un adversario más cercano a uno que los sectores más ideológico del espectro en el que cada cual se ubica; pero es conveniente no confundir el deseo con la realidad.

Llegar a acuerdos es importante aunque no es fundamental, porque en caso de desacuerdo tenemos el voto mayoritario como modo de decisión. Si se quiere tejer acuerdos, debe hacerse con los adversarios reales, no con los adversarios deseados. Otro asunto es que las polarizaciones políticas hagan imposible, por convicción o estrategia, tener un terreno común.

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