La sorpresa que no quisimos reconocer


La sorpresa del resultado del domingo en las primarias del PSOE no se debió a que no hubiera datos objetivos, porque la fuerza del aparato era el principio hermenéutico que alteraba todos los análisis.

Desde que Pedro Sánchez comenzó a recorrer España sus encuentros consiguieron reunir cantidades interesantes de personas. Evidentemente había personas que no eran militantes, pero congregar a varios centenares de personas en sitios difíciles como Salamanca a un acto interno del PSOE era algo significativo. Se dijo que eran podemitas infiltrados y seguro que alguien escribiría que eran extras pagados. El paso del tiempo da para pensar que esas grandes audiencias eran reflejo de la militancia.

La proliferación de plataformas y de actos de los puntales de la candidatura por todo el país era otro síntoma. Se les veía a los diputados que apoyaban la candidatura por todos sitios y las convocatorias estaban normalmente nutridas. Ir a una convocatoria de Pedro era como firmar su aval, una declaración de guerra, pues al día siguiente habría quien escudriñaría las fotos o el clásico que iba a ver quien iba.

Se lanzaron toda clase de sospechas sobre la financiación de la campaña de Pedro Sánchez. Nadie quería aceptar que esas cifras provenían de pequeñas donaciones, sino que aparecieron los donantes oscuros. La candidatura de Sánchez se acomodó a la financiación dentro del partido y los problemas para justificar los gastos del acto de Susana en IFEMA acallaron. La financiación es una de las señales de la viabilidad de un candidato y en las primarias del PSOE se vio claramente, aunque todos estábamos cegados por la omnipotencia del aparato.

Y llegaron los avales. Pedro Sánchez quedó segundo, muy cerca de Susana, y todos sabíamos que ella no podía más y él sí. Había que reconocer que la candidatura de Susana ganaba tanto en avales válidos como en avales invalidados y se comentaba mucho la forma de conseguir esos avales. A pesar de ello se repitió la idea de que el aparato es mucho aparato y Susana seguía de vencedora segura.

En estas elecciones es muy difícil hacer encuestas porque la muestra tiene que ser de militantes y los datos demográficos de la militancia son arcanos absolutamente ocultos. Los medios se han tenido que conformar con mostrar la preferencia de los votantes o de los potenciales votantes, los cuales normalmente han preferido a Pedro Sánchez. Pero hemos pensado todos que los votantes no son los militantes y que el resultado podía ser otro y de forma abrumadora.

Unos no quisimos ver estos datos para no ilusionarnos. Otros porque se han negado desde el 1 de octubre a atender la realidad. Sin hechos no hay realidad y menos verdad. Pedro Sánchez ha arrasado y hubo avisos.

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