Un militante, ningún voto

El profesor Torres Mora, que es además diputado socialista por Málaga, publicó un artículo en Público titulado “Un militante, dos votos”.

La tesis fundamental del artículo es que tiene el mismo valor la legitimidad del cargo elegido directamente como la de los representantes y no es un acto antidemocrático que los representantes controlen al cargo electo directamente.

He de admitir que, con precisiones que no vienen al caso, estoy de acuerdo con la exposición del profesor Torres Mora, pero solamente a nivel teórico, no en la aplicación que realiza al caso del PSOE.

¿Por qué? Porque los representantes pueden que no hayan sido democráticamente. En cualquier obra o artículo que examinemos sobre qué son unas elecciones limpias (condición necesaria aunque no suficiente para una democracia) nos dirá que la pluralidad de alternativas es necesaria, que celebrar elecciones con una sola lista no garantiza la expresión electoral de la diversidad.

Por sólo citar un ejemplo: en el último Congreso Federal, de los delegados elegidos en España (la inmensa mayoría), solamente en cuatro agrupaciones provinciales y en una agrupación insular los delegados fueron elegidos entre dos listas. El resto de los delegados fueron elegidos en lista única, lo que coloquialmente se llama “a la búlgara”.

Y no fue una anécdota. Es la práctica común. En las asambleas de las agrupaciones, con mil argumentos y presiones, se consigue que se apruebe la lista única para el congresillo provincial y allí vuelta con mismo. ¿Hay crisis de la representación? Sí, pero de la aceptación de la representación como democrática, sino del propio sentirse representado. Esos congresos elegidos a priori (ya debe haber personas que saben que van a ir como delegados al próximo Congreso Federal) no son representativos y a lo único que representan es a cierta forma de oligarquía interna.

¿Es legítimo democráticamente el control de un cargo elegido directamente por medio de órganos no elegidos con más mínimas garantías democráticas? No, de ninguna forma.

La eliminación de la elección directa (a través de la sutileza que se elija) y la ausencia de una representación verdadera haría que los militantes del PSOE no tuvieran dos, ni un voto, sino que no tuvieran ninguno.

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