Las mil causas

La izquierda izquierda es algo muy pesado, porque no sabe graduar. Todas las causas son graves, importantes, extremas y requieren un compromiso sin fisuras. Cuando uno es de izquierda izquierda la vida es más complicada que la de un judío ultraortodoxo porque habrá miles de cosas que no podrá hacer, comprar o disfrutar porque de alguna manera u otra será cómplice en un genocidio, guerra, represión o mantenimiento del sistema.

Es cierto que la polémica sobre las ya dos míticas coca-colas de Ramón Espinar en el Senado ha sido una de las cosas más tontas de las últimas semanas, siempre que excepcionemos cualquier intervención de Susana Díaz o Mario Jiménez.

El problema no es que la polémica haya sido tonta o no, sino que ha existido por una torpeza comunicativa de Espinar. Está bien que muestre su compromiso con los trabajadores de la planta de Fuenlabrada de las empresas que trabajan para la multinacional estadounidense, pero lo que es inmantenible es unirse al boicot a su producto estrella. No era necesario unirse, porque un producto como ese lo terminas consumiendo casi sin darte cuenta.

Y es que Espinar como buen miembro de la izquierda izquierda se compromete con todas las causas que les parecen justas al máximo grado y al final llegan estas incoherencias que serían una chorrada si uno no se ha llenado la boca en el compromiso y el llamamiento.

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