Ni dos años en San Esteban. Síntesis de la caída de un presidente murciano.

El gran jefe de los populares murcianos, a lo largo de muchos años, fue Ramón Luis Valcárcel. Él construyó la fortaleza y la hegemonía del PP de la Región de Murcia e hizo de esta formación una auténtica apisonadora electoral. La crisis, la desaparición del dinero inmobiliario y la aparición de una caudal inagotable de casos de corrupción hicieron que Ramón Luis, como le llaman sus cercanos, pensase en un retiro dorado en el Parlamento Europea y allí se fuera a vacacionar junto a Pepe Blanco o a Elena Valenciano.

Desde la más tierna infancia política Ramón Luis designó sucesor al alcalde de Puerto Lumbreras, Pedro Antonio Sánchez, ahora conocido como PAS, pero a la hora de abandonar la Presidencia, PAS tenía algunas imputaciones pendientes, de modo que invistieron a Alberto Garre, que se resistió a ser una marioneta y ahora está fuera del PP.

Las sombras judiciales sobre PAS estuvieron a punto de malograr su candidatura por el PP, pero un claro en las imputaciones hizo que encabezase la candidatura del PP y, aunque perdió por un solo diputado la mayoría absoluta, consiguió ser investido con el apoyo de Ciudadanos tras firmar un acuerdo al que él no le dio la más mínima importancia.

Volvieron los nubarrones en forma de investigaciones penales (antiguas imputaciones), pero PAS anunció que a él le daba igual, que no pensaba dimitir, porque estaba convencido de que en la oposición no iba a haber el arrojo ni la valentía suficiente para plantearle una moción de censura con los suficientes apoyos como para prosperar.

El secretario general del PSOE, González Tovar, presentó una moción de censura, a la que Podemos apoyaba y faltaba el pronunciamiento de Ciudadanos. Ciudadanos se movía en la indefinición de seguir haciendo el ridículo con palabras como “vamos a bloquear al Gobierno”, pero sin hacer caer al Presidente. Una nueva batería de investigaciones (antiguas imputaciones) de la Audiencia Nacional dieron al traste con esa “calma chicha” de Ciudadanos. La presentación de la moción de censura era la única posibilidad decente y política, ya que los socialistas no podían quedarse estancados en pronunciamientos retóricos y en la nulidad de actuación.

Rivera ordenó apoyar la moción de censura. En un principio para convocar inmediatamente elecciones, luego para convocarlas después del verano y finalmente para ir a por todas.

El miedo cundió en el PP y el miedo no era a perder la Presidencia, sino el miedo a perder la multitud de cargos y puestos aparejados a la institución que tiene sede en San Esteban. Muchas familias iban a verse en una situación precaria cuando el cargo público familiar (o los cargos públicos familiares) fueran cesado, como sucedería en Andalucía si el PSOE perdiera la Junta.

Los pre-parados debieron clamar y su clamor fue escuchado en Génova. Maillo fue mandado a “convencer” a PAS. Con la caída Ciudadanos vuelve a su indefinición y consentirá el relevo del PP en la Presidencia, porque y es la verdad un gobierno alternativo es muy difícil de ponerlo en marcha.

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