Interpretando a Trump

Los miles de concienzudos análisis sobre qué ha cambiado para que un país que eligió a Obama hace ocho años, elija a Trump ahora, parten de un error fundamental: la mayoría de los votantes han elegido a Clinton y la ventaja de la candidata demócrata va por los dos millones de votos. Nunca hay que olvidar que en voto popular los demócratas han ganado todas las Elecciones Presidenciales desde 1992, con la excepción 2004.

Esto es electoralmente irrelevante, por sabemos que al Presidente lo elige el Colegio Electoral, pero a la hora de hacer análisis sociales no hay que perderlo de vista. Más que hablar de un país, hay que hablar sobre qué ha cambiado en los estados que votaron a Obama y ahora lo hicieron por Trump.

Donald Trump no es tonto y sabe que si bien la legitimidad constitucional de su elección no va a ser contestada, la legitimidad social sí lo será y se le recordará que él es solamente el Presidente de una minoría de los votantes. Y esto parece que no lo termina de encajar bien.

En uno de los cientos de reportajes que hemos podido leer estos días sobre la “América de Trump”, un reportero que le siguió en la campaña (no recuerda cuál ni de qué medio) reproducía las palabras de una seguidora que decía cómo los votantes y los entusiastas republicanos reinterpretaban las barbaridades de Trump, esto es, como el “muro con México” se transformaba en sus mentes en una política anti-inmigratoria muy dura, por ejemplo.

¿Qué quiere decir Trump cuando indica que hubiera ganado en voto popular si no hubiera sido por los millones de votos ilegales?

Quizá él quiere decir lo que dijo, pero lo captado por sus seguidores y votantes puede que sea mucho peor. Un fraude de millones de votos es indisimulable, de forma que hay algo más.

Lo que se recibe de las palabras de Trump es que Clinton gana el voto popular porque recibe el apoyo de votantes que no deberían poder votar, a los que se les ha regalado la nacionalidad y que votan no como estadounidense sino como mexicanos, salvadoreños o lo que sea con derecho a votos en los Estados Unidos. Lo más terrible de las palabras de Trump es que permiten inferir que hay votos mejores y peores, de más calidad y de menos calidad, y que si solamente se tuvieran en cuenta los “votos que deben ser tenidos en cuenta” Trump, y los que son como él, siempre ganarían.

 

Una autoridad electoral independiente dentro de los partidos

le-republicainsUno de los elementos más destacados en las primarias de Los Republicanos en Francia ha sido que la organización y la vigilancia del proceso electoral ha sido confiado a una entidad independiente, externa a la organización del partido. Tras anteriores procesos en los que las sospechas y acusaciones de fraude electoral habían sido la característica propia, el partido ha decidido garantizar la neutralidad de la autoridad electoral.

No sabemos si los barones dejarán participar a los militantes en la elección del secretario general del PSOE, pero si lo hacen las normas electorales deberían cambiar, porque no cumple con ninguna garantía democrática que la organización, el control y la supervisión quede en manos de órganos internos comprometidos con la candidatura de Susana Díaz.

Los procesos internos en los partidos difícilmente cumplan las mínimas exigencias de limpieza, precisamente porque no existe una autoridad electoral independiente. Alguno puede objetar que se duda en la honorabilidad de la Gestora, pero como hacemos en el legislación electoral es mejor no lamentar la equivocación y no ponemos la decisión en manos del Gobierno, sino de Juntas Electorales independientes e imparciales.

La segunda cuestión que empaña los procesos electorales internos es el censo. A los ajenos al mundillo del PSOE le parecerá algo raro, pero el control de los censos es un elemento de poder fundamental por parte de los aparatos en todos los niveles territoriales.

Solamente pueden participar los militantes al corrientes del pago de las cuotas, de forma que saber quién cumple esa condición y quién es fundamental, porque hay personas que están convencidas que pueden votar y resulta que, por lo que sea, no consta su última cuota. Pero también hay militantes al corriente de los pagos que no conoce nadie, que solamente aparecen en una asamblea cuando hay una votación reñida y desaparecen, de modo que solamente los que saben de su existencia puede ponerse en contacto con ellos durante la campaña. Además el proceso de afiliación es proceloso, de forma que hay personas que se creen afiliadas y que no lo están porque alguien olvidó su ficha en un cajón o lo que sea.

Nuestro sistema político, tras la experiencia de la Guerra Civil y el Régimen posterior, en el que se emplearon los archivos y censos de los partidos para todo tipo de represión política, ha sido enormemente prudente a la hora de proteger los datos de las personas afiliadas a un partido político. Pero esta protección paga el grave precio de que solamente instancias no neutrales controlan esos datos, fundamentales a la hora de recabar avales, hacer una campaña interna o simplemente controlar que votan los que deben votar.

Los partidos podrían establecer, juntos o por separados, autoridades electorales y censales que no dependan de la estructura de los partidos y que haga que todos los contendientes electorales tenga igualdad de armas. Lo acertado sería contratar a expertos independientes y dotarles de un presupuesto y personal para desarrollar su labor. Pero quizá esto sea demasiado pedir a quienes aprovechan su ventaja administrativa para convertirla eficazmente en ventaja política.

Descubriendo un prejuicio electoral

Se han celebrado las primarias de “Los Republicanos”, el partido mayoritario de la derecha francesa. Ha sido un éxito de participación ya que al ser primarias abiertas podía votar en ellas cualquier ciudadanos que se acercarse, pagase dos euros y firmara una declaración de adhesión a los principios del partido. Han votado cuatro millones de personas y como anticipo de la movilización electoral no está nada mal. Todavía queda la segunda vuelta en las que se enfrentarán el ex primer ministro Fillon con Juppé, quien fue su ministro de Asuntos Exteriores.

No sé si será una sensación personal o es más extendida, pero tiendo a pensar que quien logre pasar a la segunda vuelta contra Le Pen será el próximo Presidente de la República Francesa. Todos recordamos aquellas Presidenciales de 2002 donde un Chirac acorralado recibió más del 80% de los votos gracias a tener como contrincante en la segunda vuelta a Jean-Marie Le Pen.

Esto sería lo normal. Pero llevamos muchos acontecimientos fuera de lo normal, o lo de esperable, o de lo sensatamente deseable, como para dar por hecho que las primarias de “Los Republicanos” realmente eran la elección de quien habrá de ser el Jefe de Estado francés.

Tener dinero y propiedades. Sobre las relaciones entre PSC y PSOE

Teresa Rodríguez, tras vencer en el proceso interno de elección de los órganos y cargos de Podemos en Andalucía, anunció que iba a iniciar los pasos necesarios para que la organización podemita andaluza fuera autónoma de la nacional teniendo entidad jurídica propia, su CIF, sus cuentas y propiedades.

Sabe Teresa Rodríguez que el único motivo para que Susana Díaz no haya liquidado el PSC es que las propiedades de los socialistas catalanes son de ellos y que el dinero de sus cuotas e ingresos están en cuentas del PSC y no del PSOE. Toda autonomía es real cuando hay un respaldo económico.

Si la Gestora del PSOE se hubiera aprestado a cumplir con el deseo de los más extremos del PSOE-A y hubieran roto con los catalanes, el PSOE se hubiera quedado al día siguiente sin representación institucional en la segunda comunidad más poblada del país. Hubieran tenido que tejer, desde el inicio, una organización que ahora no existe y habrían tenido que desembolsar una cantidad de dinero para dotarles mínimamente de recursos y medios que el PSOE no tiene en abundancia.

Fundar una Federación Catalana del PSOE saldría carísimo y posiblemente sería una inversión con muy poco rendimiento político.

Peronismo Pantojil

La ideología de Susana Díaz ha sido descrita magistralmente por Luis Miguel Fuente en The Objetive:

Lo de Susana ni es socialismo ni deja de serlo. Es un peronismo pantojil. Habla de “mis colegios, mis hospitales, mis dependientes” como una mamá pata. Pero no hace nada, sólo discurso performativo, intriga sin gobernanza, antipolítica del puro poder.

Perfilando el veto del 134.6 CE

El Gobierno ha vetado buena parte de las iniciativas parlamentarias sobre la base del artículo 134.6 CE que requiere la previa conformidad del Gobierno para tramitar iniciativas y enmiendas que impliquen una aumento del gasto o una disminución de los ingresos.

La Mesa del Congreso ha entendido que algunos de estos “vetos” no se encontraban fundamentados en las previsiones constitucionales, de forma que ha acordado seguir el trámite legislativo haciendo caso omiso de la falta de conformidad del Gobierno. Desconocemos si hubo dictamen de los letrados de las Cortes Generales y si lo hubo cuál fue su contenido.

El Gobierno ha decidido plantear un conflicto de competencias ante el Tribunal Constitucional. Esperemos que el Tribunal Constitucional le dé prioridad a este conflicto y que no se esté tramitando asuntos que no debieran tramitarse o, por el contrario, se queden proposición o enmiendas sin tratar porque no debería haber inconveniente.

La Constitución protege la potestad presupuestaria del Gobierno y entiende que el Ejecutivo es más responsable con la llevanza de las cuentas que un legislativo controlado por la oposición. No se quiere desvirtuar el contenido de los Presupuestos Generales por medio de la legislación ordinaria.

Esto está claro, pero también hay que entender que las consecuencias tributarias o presupuestarias neutras de una norma es casi imposible y por ello creo que el Tribunal Constitucional debería elaborar unos criterios para valorar cuando se transgrede el ámbito de la prohibición.

El Tribunal Constitucional debe establecer cuánto es tolerable que se afecte al gasto o al ingreso, por la puesta en marcha mínima de una norma, porque de lo contrario se anularía el derecho de iniciativa que la Constitución le da a las Cortes.

Y la solución para el PSOE es … la candidatura única

Ramón Jáuregui propuso que se acuerde una candidatura única al Congreso Federal y así se ponga fin a esta situación que está perjudicando gravemente al PSOE.

Suponiendo que las palabras de Jáuregui son bienintencionadas y que no esconden la estrategia de cualquiera de las posibles candidaturas, representan el error habitual que en el que el PSOE sigue incurriendo: reírse de sus propias normas.

Los barones han insistido una y otra vez sobre la importancia de la representatividad, pero realmente a ellos la representatividad les importa poco porque el ideal no es ése, sino congresos con una sola lista que no puede ser objetada. Publicamos hace varias semanas que, salvo en cinco agrupaciones provinciales o insulares, los delegados para el último Congreso Federal habían sido elegidos entre más de una lista. Para que haya representatividad, tiene que haber pluralidad, si no lo que hay es pura apariencia.

Tampoco es necesario que la representatividad en el Congreso Federal sea de segundo grado. Me explico, los militantes eligen delegados locales para los congresos provinciales (primer grados de representación) y estos delegados de las agrupaciones locales eligen a los delegados para el Congreso Federal (segundo grado). ¿Por qué los militantes no eligen directamente a los representantes de cada provincia o isla al Congreso Federal? ¿No se seguiría manteniendo la representación y se reforzaría al ser de primer orden?

En un sistema democrático las diferencias se resuelven votando limpiamente entre las posibilidades existentes. Cuanto de mayor importancia es la decisión, el grado de participación habrá de ser también mayor. Deben darse condiciones de limpieza en el proceso, de forma que la organización no quede en manos de un aparato escorado hacia alguna de las candidaturas. Y el sistema de mayoría simple es una malísima idea. Solamente así el PSOE podrá tener una oportunidad y salvarse de una escisión que cada día se ve más clara.