El simplismo de la complejidad

Inma Aguilar Nácher fue la jefa de campaña de Eduardo Madina en las elecciones para ser Secretario General del PSOE. Cuenta de una forma clara el proceso electoral y por qué perdió Madina: porque los barones no le dieron su apoyo y sí se lo otorgaron a Pedro Sánchez. Hoy Eduardo Madina, aprendida la lección, se ha alineado con los barones para consolidarse como opción de futuro del PSOE.

Los barones y su coro ha tomado la poco inteligente postura de llamar tonto a todo el que no piense como ellos en lo referente al apoyo del PSOE a la investidura de Mariano Rajoy. Madina ha sido uno de ellos y quisiera comentar su artículo.

Recurre al tópico de que vivimos en una época complicada a la que hay que dar respuestas complicadas, lo cual es un a idea que básicamente encontramos en todas las épocas. Continua diciendo que la complejidad no cabe ni en un slogan ni en tweet, como si alguien pensara lo contrario.

Y plantea tres situaciones: realidad sin esperanza (todo va mal e iré a peor), esperanza sin realidad (grandes discursos no efectivos) y realidad con esperanza (reconocer lo problemático y dar vías de cambio). Naturalmente identifica al PP con la primera, a Podemos y a los que no piensan como él y sus nuevos amigos con la segunda y a sí mismo y a la Gestora con la tercera.

Puede que a Madina tres posibilidades, fruto de dos variables bivalentes, le parezca algo de suma complejidad, pero sinceramente no lo es. Es tan superficial su análisis que se le escapa la cuarta posibilidad: ni realidad ni esperanza (que es lo que representa el PSOE de la Gestora, fuera del contacto con la realidad y destruyendo al partido).

En este caso la complejidad esconde no la simplicidad, sino el simplismo. Madina confunde la complejidad con la dificultad. Hay decisiones complejas, pero una resueltas fáciles de todas; en otras ocasiones hay decisiones simples, pero difíciles de tomar.

La cuestión a resolver por los que ahora dirigen el PSOE es si están dispuestos a romper la promesa electoral fundamental que le hicieron y a sus votantes y la consecuencia de ese incumplimiento. Sí, sencillo pero no simple; sencillo, pero no fácil.

El elogio de la complejidad de Madina desvela su verdadero contenido, que no es otro que la vieja pregunta: ¿qué hay de lo mío?

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