Cuando pierde el adversario

Hay dos formas de ganar unas elecciones, unas ganándolas y otra esperando a que el adversario pierda. Ganar porque el adversario ha perdido tiene algunas características como que no se sube o se baja incluso en los votos recibidos anteriormente y la victoria viene dada únicamente por la bajada del otro.

En marzo de 2015 se celebraron elecciones autonómicas en Andalucía. El Partido Popular, que había vencido ampliamente en las anteriores elecciones, sufrió una fuerte disminución de votos, perdiendo más de un tercio de los votos de 2012. Los populares andaluces pagaban, sin lugar a dudas, los pecados del gobierno de Mariano Rajoy. Una buena parte de esos votantes del PP se fueron a Ciudadanos.

La candidata del PSOE, Susana Díaz, encabezaba al partido con más votos y escaños. Pero su victoria lo era perdiendo más del 10% de los votos de Griñán y con el mismo número de diputados gracias a la presencia de dos partidos nuevos en el Parlamento de Andalucía y al efecto mayoritario del sistema electoral.

Los socialistas andaluces dicen que ellos saben ganar elecciones. Últimamente se benefician de que el adversario no sabe rematar (2012) y es castigado por la gestión de Madrid (2015), pero los de Susana Díaz no hacen más que perder apoyos en una región sociológicamente muy favorable. Un gran demérito.

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