¿Y si abandonan al candidato?

Hace dos días publicaba Roger Senserrich un artículo en el que exponía sintéticamente la situación catastrófica en la que se encuentra la campaña de Trump y cómo los demócratas han comenzado a darle como no lo hicieron sus competidores en las primarias del GOP.

Mientras leía este artículo me preguntaba qué era lo que los jerarcas republicanos tenían que hacer a partir de ahora. Naturalmente su capacidad y poder está en entredicho en cuanto no han sido capaces de evitar que uno de los peores candidatos imaginables fuera el nominado por su partido. Pero seguramente buena parte de los comités del partido republicano se preguntan qué pasos deben tomar hasta noviembre.

Trump se ha montado sobre un discurso que él no ha inventado, sino que estaba allí. Era el discurso elaborado por los locutores de radio conservadores, por las webs y blogs de la misma tendencia, la narrativa del “Tea Party” (con sus diferencias) y que numerosos políticos republicanos han utilizado para ganar primarias y elecciones en determinados sitios movilizando a la base más dura de la derecha estadounidense. Esa amalgama de racismo, conservadurismo, liberalismo de salón y patrioterismo que ha servido para llevar a las urnas a un grupo fundamental para desequilibrar la balanza electoral, ahora se ha convertido en el centro de los republicanos.

Lo primero que deberían hacer los líderes republicanos es dejar de apoyarse en los sectores más a la derecha para marcar la diferencia, porque son ellos los que tienen la costumbre de ir a votar en las primarias, de modo que puede que se encuentren candidatos como Trump en el futuro y para todos los niveles del Gobierno.

Lo segundo que olvidarse de la campaña para la Presidencia y ver cómo Hillary destroza a su candidato. Una campaña desastrosa y una derrota épica (a lo Goldwater con una desventaja de 22,58%) puede disuadir a muchos seguidores de Trump en el futuro de seguir su camino. Si el Partido republicano apoya a su candidato con todos los medios y es derrotado honrosamente, entonces esto solamente será el inicio. Deberían recordar que después del desastre de 1964, consiguieron la Casa Blanca en 1968

Y lo último es concentrarse en ganar representantes y senadores. Si mantienen el dominio de las dos cámaras de Congreso, da igual que sea Hillary la Presidenta, que tendrá que pactar con ellos su agenda, aunque esto es difícil pues el voto al Presidente arrastras en muchas ocasiones el voto al representante y al senador.

En definitiva, a los republicanos les conviene una buena derrotar y salvar los muebles en el Congreso, siempre que consigan deslindar las dos campañas.

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