Si a algún gobierno hay que controlar, es al Gobierno en funciones

El hecho de que el Gobierno esté en funciones no deja de ser un curioso constructo legal que no constitucional, pues de la dicción literal del precepto constitucional no se infiere necesariamente un régimen diferente. El artículo 101 solamente dice el Gobierno que cesa tras la celebración de las Elecciones y que permanecerá en funciones hasta que haya un nuevo Gobierno. En los primeros años de vigencia de la Constitución se promulgaron decretos haciendo notar el inicio de la situación de “en funciones” tras alguna de las circunstancias del 101 CE.

Es el Gobierno el que está en funciones, pero no las Cortes. Las Cortes ejercen en este momento, desde su constitución, la plenitud de sus potestades constitucionales, de modo que puede y hasta debe controlar al Gobierno, aunque éste se encuentre en funciones. Es el Gobierno el único que tiene límites.

Decía que las Cortes deben controlar al Gobierno y no solamente en virtud de su función genérica, sino que en los días en los que vivimos este deber se hace más necesaria y perentorio que nunca, porque un Gobierno en funciones, regido por un partido incapaz de volver a conseguir la investidura, es un Gobierno que si bien es legal, tiene una legitimidad democrática entre lo tenue y lo inexistente.

El Gobierno lo ejerce una minoría política que es incapaz de acordar casi nada. Una minoría política que tiene en sus manos el poder ejecutivo pero que no tiene capacidad de maniobra en el legislativo. Tras el 20-D lo único indiscutible es que son las Cortes las que tienen la representación de la ciudadanía y más el Congreso por su forma de elección que el Senado, donde son las provincias, islas y ciudades las representandas y no los ciudadanos.

Rajoy y el PP quieren seguir como cuando tenían mayoría absoluta: yendo a las sesiones de control sobre terreno seguro. Ellos comenzaron una campaña de propaganda, secundada por varios medios que le prestan siempre su apoyo, acerca del número de medidas adoptadas desde el 20-D, pero no quieren someterse al control parlamentario de su gestión de Gobierno.

El Presidente en funciones tiene miedo de cualquier debate en el Congreso. Un debate donde va no sólo a ser derrotado, sino que será humillado de tal manera que cualquier esperanza de una nueva investidura se disipará, una humillación que muestre la rastrera mediocridad que gobierna España.

Desde el día de las Elecciones, Rajoy y el PP por medio de las maniobras más retorcidas han conseguido evitar que manifieste su derrota política absoluta. Es hora que todos los demás partidos dejen de un lado sus cuitas y por una vez muestren que el PP y Rajoy están acabados.

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