De lo que realmente hablaron Francisco y Kiril

[Aviso: el Patriarca de Moscú no es el “jefe” de la Ortodoxia. De eso ya hablamos en otra entrada]

Miguel Cerulario fue el Patriarca que separó la Iglesia Oriental de la comunión con la Iglesia Romana y contra lo que los medios han publicado estos días en España, no estaba en la sede de Moscú sino en la de Constantinopla. El Patriarca de Constantinopla recibe el título de “ecuménico” porque es el centro de las relaciones de reconocimiento (comunión) sobre la que se edifica la unidad entre los ortodoxos.

Al tiempo del “Cisma de Oriente”, Rusia era irrelevante. El patriarcado moscovita no es mencionado por ninguno de los concilios que establecen o reproducen la lista de los patriarcados, sencillamente porque no existía.

El Patriarca Ecuménico de Constantinopla es la cabeza de la Ortodoxia. Pero su liderazgo es diferente al del Papa ya que el Patriarca constantinopolitano no tiene jurisdicción más allá de las estrecheces de Estambul, algunas islas griegas y determinados territorios de emigración ortodoxa, preferentemente griega.

La Ortodoxia está dividida en jurisdicciones nacionales, u originariamente nacionales, que comparten la misma doctrina. La jurisdicción más importante numéricamente es la Iglesia Ortodoxa Rusa que incluye aproximadamente a tres cuartas partes de los ortodoxos. La importancia del encuentro del Papa con el Patriarca de Moscú no viene porque sea el representante ceremonial de la Ortodoxia, sino porque encabeza la jurisdicción ortodoxa más importante con enorme diferencia sobre la siguiente.

Al hecho de su importancia numérica se suma que la Iglesia Ortodoxa Rusa nunca ha visto con buenos ojos los acercamientos ecuménicos a Roma realizados por el Patriarca Ecuménico desde la celebración del Concilio Vaticano II. Los ortodoxos rusos han visto en el Ecumenismo una inteligente estrategia de Roma para inmiscuirse dentro de la Ortodoxia, ejercer su influencia y someterlos a la jurisdicción del Papa.

Los ortodoxos rusos son el gran escollo en el primer paso de la “Redintegratio unitatis” que debía darse con la Ortodoxia, ya que las diferencias entre ellos y los católicos-romanos no son insalvables.

La Declaración Conjunta firmada por Kiril y Francisco muestra claramente cuáles han sido los puntos de las reuniones preparatorias y del encuentro.

El relativamente breve texto de la Declaración repite once el término “tradición”. Católicos y ortodoxos otorgan a esta palabra un significado teológico que trasciende este artículo, pero la mirada al pasado, los agravios que unos y otros se han imputado ha paralizado cualquier avance. Estos agravios no son pequeños porque históricamente se pueden reconocer persecuciones contra ortodoxos o católicos instigadas por la otra parte, así como procesos de integración forzosa de comunidades ortodoxas en las católicas y de católicas en las ortodoxas.

La opción que toman es autoamnistiarse: que los conflictos del pasado dejen de envenenar el presente, dejando morir conflictos seculares que debían estar enterrados hace mucho tiempo.

La afirmación (especialmente los puntos 5 y 6) de que la pérdida de la unidad es en sí mala es una novedad, ya que los sectores más intransigentes permanecen en la idea de que es el otro el que es el culpable de la ruptura por su maldad o su presunta desviación.

La eclosión del Ecumenismo en la segunda mitad del siglo XX propició la apertura de numerosos diálogos teológicos entre ortodoxos, católicos y protestantes. A pesar de los logros de estos diálogos, como el acuerdo sobre la Justificación entre católicos y luteranos, poco se ha avanzado en la disolución de las divisiones.

El Ecumenismo de los últimos tiempos insiste más en el trabajo conjunto de las diferentes iglesias cristianas que en la búsqueda de una unidad eclesial con demasiados matices como para sr factible. Han acordado algo similar a lo que en el mundo sindical se llama “unidad de acción”: misma agenda pero manteniendo organizaciones diferentes (punto 7).

El gran punto de fricción entre ortodoxos en general y rusos en particular es el caso de uniatismo. “Uniatismo” es un término despectivo creado por los ortodoxos para referirse a los cristianos orientales que dejaban a sus iglesias nacionales para ponerse bajo la obediencia de Roma, aunque no todos los católicos-orientales pertenecieron a iglesias antes separadas de Roma.

Los ortodoxos rusos vieron siempre en las iglesias orientales católicas una hábil arma del Papa para minarles sin necesidad de latinizarles, lo cual siempre ha causa alergia entre los orientales, puesto que estas iglesias católicas mantienen su rito propio y las expresiones religiosas propias del Oriente cristiano.

Durante el Comunismo la Unión Soviética presionó a los regímenes comunistas a forzar la unión de los católicos orientales con los ortodoxos con la anuencia y aprobación del Patriarcado moscovita. El reconocimiento que hace la Declaración del derecho de los católicos orientales a existir como tales es una concesión mayúscula de Moscú, como la renuncia al “uniatismo” es el equivalente católico, aunque en este caso no es absolutamente nuevo (punto 25).

El segundo foco de fricción es Ucrania al que la declaración le dedica dos puntos (los puntos 26 y 27). El primero para referirse a la guerra que vive la parte oriental de la República y reclamar la solución del conflicto y el segundo para marcar posiciones sobre la crisis canónica de la Ortodoxia ucraniana.

La Iglesia Ortodoxa de Ucrania dependía del Patriarcado de Moscú y por tanto formaba parte de la Iglesia Rusa. Las tensiones nacionalistas de finales de los noventa, coincidiendo con el colapso de la Unión Soviética, así como actitudes de todo tipo, llevaron a la deposición del Patriarca de Ucrania y la consecuente ruptura de éste y sus seguidores con Moscú. Si entrar en micro-iglesias, tenemos ahora a la ortodoxia ucraniana dividido entre una jurisdicción sometida a Moscú (mayoritaria) y otra jurisdicción independiente y que aviva los sentimientos nacionalistas contra el dominio ruso sobre los ucranianos en materia religiosa.

Junto a las dos grandes jurisdicciones ortodoxas, la que está en comunión con Moscú y el resto de la Ortodoxia y la que no es considerada canónica, se encuentra la mayor Iglesia Católica Oriental que siempre ha sido vista por rusos y ucranianos como “agentes latinos”. La Iglesia Católica Ucraniana de repente se convirtió en un tercero neutral cuyo apoyo era importante y a lo que se compromete Roma es a mantener la neutralidad en el conflicto intraortodoxo ucraniano y menos aprovecharlo para ampliar el Catolicismo en este país.

El máximo nivel de dignidad y autonomía que Roma reconoce a una Iglesia Católica Oriental es el de Patriarcado, cuya independencia jurisdiccional es muy grande. Siendo los católicos ucranianos la mayor de las comunidades orientales en comunión con Roma no tiene reconocida esta dignidad precisamente para no entrar en un innecesario conflicto con Moscú. Dado el reconocimiento del derecho a existir y en consonancia con la neutralidad no sería de extrañar la elevación del Arzobispo Mayor a Patriarca.

La reunión entre Kiril y Francisco no ha sido solamente simbólica. Como señalamos anteriormente ha habido un proceso previo en el que se han tocado aspecto esenciales de la relación y los desencuentros entre católicos y ortodoxos rusos y puede que comience un tiempo de minimización de las causas de enfrentamiento y se inicie un trabajo en común.

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