El Senado en contra

Antes del nacimiento de la “regeneración democrática”, en Geografía Subjetiva habíamos pedido insistentemente la eliminación del Senado. Los motivos que entonces fundaban la petición, hoy se mantienen inalterables.

Es cierto que España está lejos de un bicameralismo perfecto como el que Italia trata de abandonar, de modo que la importancia de la Cámara Alta y su influencia en la política permite que estemos cerca del bicameralismo simbólico.

La cuestión que nos planteamos en un detalle mayor es si el Senado, con mayoría absoluta del PP, puede cobrar una mayor relevancia en el caso de que haya un gobierno de otro signo que no tenga garantizada la mayoría absoluta en el Congreso. Hagamos un repaso general, sin pretensiones de exhaustividad.

De entrada, el gobierno que sea debe olvidarse de plantear reformas constitucionales sin el acuerdo del Partido Popular, porque al control del Senado se añade que tiene una minoría de bloqueo en el Congreso (su grupo tiene más de un tercio de diputados del total, aunque no suma una cifra superior a dos quintos).

En los referente a los proyectos de Ley, si el Senado decide interponer el veto, que puede suceder en cada procedimiento legislativo, el Congreso necesitará de mayoría absoluta para levantar el veto o esperarse dos meses y levantarlo con una mayoría simple. Se adoptará el texto que el Congreso remitió al Senado.

En el caso de los proyectos de Ley Orgánica, se requerirá la mayoría absoluta tanto para incorporar las enmiendas del Senado como para levantar el veto y volver al texto aprobado por el Congreso. La misma mayoría en el caso de los tratados que no requieren una ley orgánica para autorizar el perfeccionamiento del consentimiento (ratificación). Se adoptará el texto que el Congreso remitió al Senado.

Para los tratados internacionales cuya autorización para prestar consentimiento requiera Ley Orgánica, la situación es la misma que en la descrita para estas normas, mientras que los que no lo requieran puede romper el Congreso el desacuerdo con el Senado por medio de mayoría absoluta.

La conclusión es que si el Senado comienza a tomar decisiones para intentar paralizar la agenda legislativa de un gobierno de signo contrario al PP y que se encuentre en minoría, el margen de maniobra es escaso, porque la misma mayoría, relativa o absoluta, que remitió la ley o la ley orgánica puede levantar el veto.

Los tratados internacionales se complican si el PP se dedica a obstacular también este vía normativa, ya que la rafiticación de los tratados que no requieren mayoría absoluta puede ser concedida por mayoría simple, pero la resolución de desacuerdo con el Senado requiere mayoría absoluta. Eso sí, las reformas constitucionales son imposibles sin el Senado.

Rajoy prometió que el Senado pararía a un gobierno adversario. Puede ralentizarlo y más si se conforma a operar dentro del ordenamiento constituido, pero el Senado sigue careciendo de última palabra en los restantes aspectos legislativos.

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