Investidura 2016 (XIV): Abdicar en el peor momento posible

Al comienzo del verano de 2014 se anunció la abdicación del Rey Juan Carlos I. En un proceso ágil, el Príncipe de Asturias se convirtió en Felipe VI. El anterior monarca, en los primeros años de su reinado, reinó con un sistema político en construcción, pero a partir de 1982 ese sistema se había consolidado y la existencia regia era sumamente regular, inalterada y plácida. Solamente cuando los escándalos cercaron a la Corona, Juan Carlos I abdicó, coincidiendo no casualmente con la transformación del sistema político.

Desde luego no estamos en una situación equivalente a la Transición, por más que muchos enarbolen permanentemente la bandera de la “Segunda Transición”. En la Transición la posición de la Monarquía era más fuerte porque se aprovechaba de la inercia heredada del Franquismo, había predicamento en las Fuerzas Armadas y éstas lo tenían en la sociedad, aunque el orden constitucional estuviera bulbuceando, la Transición llegó a buen puerto porque la hizo quien tenía poder para hacerla.

De esos éxitos, el Juan Carlos I vivió plácidamente postergando la prueba de fuego de cualquier monarquía hereditaria: la sucesión. En 2008, el Príncipe de Asturias cumplió cuarenta años, superando por tres años la edad con la que su padre comenzó a reinar y entrando en una década en la que nadie puede llamarse joven. Pero no se produjo la abdicación.

Solamente cuando la Corona estaba sitiada judicialmente y los medios sacaban un día sí y otro también diversos escándalos del Rey, se decidió dar el paso. Poco meses antes se habían celebrado Elecciones al Parlamento Europeo y lo que era indiscutible era que una sucesión rápida y fácil ni iba a ser posible con otro escenario en las Cortes.

El proceso de abdicación fue rápido y el último esplendor del anterior Rey. Felipe VI, iba a ser Rey de otra España. El sistema político con dos actores dominantes, con apoyos periféricos, y con zonas bien delimitadas de poder ha saltado y ahora, en cada convocatoria electoral, el terreno está muy abierto. Felipe VI pudo haber comenzado a reinar en un entorno más llevadero, en vez de las actuales circunstancias, si Juan Carlos I no se hubiera atado al trono del que solamente le sacó un juez balear y un elefante africano.

El Rey saldrá reforzado o debilitado tras su primer proceso de toma de posesión donde constitucionalmente tiene un margen de actuación autónoma mucho mayor que en el resto de funciones. Todos nos jugamos mucho en estas semanas y entre estos muchos está el propio Jefe de Estado.

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