El sumo oficiante de los ritos estatales

Felipe VI ha decidido no recibir a la Presidenta del Parlamento catalán para comunicarle la investidura del nuevo Presidente de la Generalitat. En la cuestión de la unidad nacional, sancionada constitucionalmente, el Rey no puede ni tiene que ser neutral, pero esto no quiere decir que pueda entrar en la ruptura de los escasos ritos que el sistema político tiene.

El Rey es el principal oficiante de nuestros ritos políticos y a pesar del radical desencuentro con la actual mayoría del Parlamento catalán debe seguir el rito y recibir a la Presidenta para que le dé cuenta de la investidura. Si no lo hace hará lo mismo que en el juego político, del que teóricamente está sustraído.

Las formas deben observarse. Un monarca dentro de nuestro diseño está para ser el guardián de las formas, que no es poca misión y más en una época tan agitada como la presente. Si ni siquiera podemos esperar del Rey un estricto cumplimiento del ritual del Estado, poco futuro le queda a este trono que confunde patriotismo con partidismo.

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