De sentido común

Cuando en nuestro lenguaje coloquial se utiliza la expresión “de sentido común” quiere decirse que algo es como se indica de una forma diáfana, comprensible por cualquiera y que forma parte de los principios más elementales de la lógica y de la realidad.”De sentido común” son una serie de conocimientos que se piensa que comparten las características antes enunciadas y en muchas ocasiones “de sentido común” es sinónimo de verdadero.

Recuerdo una ocasión en la que un tertuliano de esos que defendían siempre a Esperanza Aguirre afirmando que la propuesta de la entonces Presidenta de la C. de Madrid de que se cobrase peaje en todas las autovías a los usuarios no transportistas era “de sentido común” porque Aguirre siempre propone cosas “de sentido común”. Como la ideita de la lideresa duró menos de un día, el tertuliano se olvidó de ella y ya no era algo imprescindible ni “de sentido común”.

Ahora los amigos de Podemos se empeñan en hacer propuestas “de sentido común”, como denominaron a sus draconianas condiciones para la investidura de Susana Díaz o la proposición de Ley que quieren presentar sobre el aborto.

Algo es “de sentido común” cuando se adecua a nuestros prejuicios y los prejuicios son individuales, familiares, de un grupo social determinado o de una región completa. Los prejuicios pueden ser diferentes en virtud del trabajo, de la formación, de la capacidad económica, de los programas de televisión que se vean o de los compañeros de café mañanero.

Construir una política “de sentido común”, como hemos indicado, es casi imposible porque eso tan común es realmente singular. Pero también es algo peligroso, porque si algo tiene lo que es “de sentido común” es que es intuitiva y desde la Revolución Científica sabemos lo verdadero y lo que nos lo parece intuitivamente muchas veces no concuerdan.

Hablar de medidas o de políticas “de sentido común” en el fondo no es más que decir que si alguien no está de acuerdo es porque es tonto o loco, porque eso tiene el “de sentido común” que entre otras cosas establece la línea de demarcación social/popular de la salud mental.

Una política que diga que sus medidas son “de sentido común” no dice más que no proponen otra cosa que la que a cualquiera, sin conocimientos del asunto del que se trata, hubiera podido hacer. Es curioso que en una época en la que somos conscientes de la especial complejidad de cada una de las facetas de la realidad, las propuestas políticas se enorgullezcan de su simpleza que no simplicidad.

Hay que huir de estas llamadas a decisiones “de sentido común” porque si son verdad es mejor no tenerlas en cuenta porque no harán que conservar y acrisolar los prejuicios de la sociedad y porque si son mentira están intentando cobrarse la aquiescencia a favor de una posición determinada sin discutirla, valiéndose de una argucia retórica.

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