España y el depósito de la fe

Depositum fidei es la denominación latina que se refiere al conjunto de creencias que la Iglesia Católica tiene por recibidas de Dios y de las que la Iglesia Católica se considera guardiana.

Cada vez que en España hay una fuerte tensión independentista en alguna de las regiones con mayores fuerzas nacionalistas, éstas se reflejan en la Iglesia Católica. Es tradicional que un sector de la jerarquía intente conseguir pronunciamientos de todo el episcopado contra las opciones nacionalistas o secesionistas. Algunas veces las consiguen, otras no, pero no suelen contar con el apoyo de los obispos afectados.

Formar parte de un Estado o dejar de hacer para formar un nuevo Estado o integrarse en otro es una cuestión política, una cuestión moral pero me cuesta encontrar algún elemento que diferencie al creyente del no creyente en esta materia.

Insinuar que un buen católico no puede ser independentistas e incluso organizar actos de culto es considerar la existencia de España, tal y como la conocemos, forma parte del Depositum fidei y que tiene que ser defendida como cualquiera de las creencias fundamentales del Catolicismo.

Francamente es ridículo, porque si así fuera toda la Iglesia debería defender la unidad de España, desde las diócesis japonesas a las parroquias del México rural. Esta postura no es más que una expresión de un conservadurismo que eleva a creencia católica lo que no es más que una convicción política opinable desde la perspectiva de una moral cristiana.

Soria y Ceuta como paradojas electorales

El artículo 68.2 de la Constitución establece lo siguiente:

La circunscripción electoral es la provincia. Las poblaciones de Ceuta y Melilla estarán representadas cada una de ellas por un Diputado. La ley distribuirá el número total de Diputados, asignando una representación mínima inicial a cada circunscripción y distribuyendo los demás en proporción a la población.

Las interpretación que la LOREG le ha dado a este precepto es que cada ciudad norteafricana elige un diputado y su población se descuenta del global con el que se distribuyen los diputados entre las provincias. La consecuencia directa de esta interpretación es que Ceuta y Melilla solamente tendrán un diputado cada una independientemente de su población.

Hasta ahora ha dado igual porque se estaba lejos de la paradoja que iba a suponer que una provincia con menos población que una ciudad norteafricana tuviera mayor representación en el Congreso. Este caso puede darse dentro de unos pocos años, antes de las Elecciones que sigan a las que estamos a punto de celebrar y puede darse el caso de que la ciudad de Ceuta supere en población a la provincia de Soria y que los ceutíes sigan eligiendo un único diputado mientras que los sorianos, siendo menos, eligen dos.

Observemos la evolución de la población en la última década según los datos del INE:

CEySOpoblacion
Siendo Ceuta una ciudad fronteriza rápidamente sale el argumento de que una cosa es la población y otra muy diferente el número de ciudadanos españoles, aunque la Constitución solamente se refiere a la población. A pesar de ello salta la sorpresa cuando comprobamos que la diferencia entre Ceuta y la provincia de Soria es todavía menor:

CEySOespanoles
¿Alguien ha pensado en esta paradoja tan poco democrática? ¿Hay planteada alguna vía de solución?

La gente

El otro día comentábamos como los de Podemos habían quemado un concepto necesario, como el de “casta“, hasta hacerlo banal. El par opuesto a “casta” es el término de “la gente”.

La división binómica de la sociedad entre un grupo minoritario y poderoso y una gran mayoría desamparada es uno de los trucos más antiguos para alcanzar cierta posición siempre que te reconozcan como el portavoz o el defensor de esa mayoría desamparada.

Esta ficción descansa sobre la idea de que la “gente” tiene intereses comunes de modo que se puede responder unitariamente a ellos. Nada más lejos de la realidad. Los diversos grupos sociales no solamente tienen diferentes intereses que defender, sino intereses contradictorios.

Autónomos, funcionarios, pensionista o estudiantes no tienen los mismos intereses. Todos son “gente” pero no se les puede representar con una sola idea y un solo programa que satisfaga a todos. La “gente” no existe y son las gentes y por eso en cada Barómetro del CIS se comprueba como determinados partidos tienen más fuerzas en grupos sociales donde otros son muy débiles. No vivimos una época en los que los “cleavages” sean profundas cesuras en la representación política, pero tampoco hay que despreciarlos.

Hay un peligro para el actor político: creerse que la población forma un único grupo social en cuanto sus intereses y querer responder a los intereses imaginados que una forma uniforme. Eso lleva a que se pierda, sin saber bien cómo, una parte importante de los potenciales votantes que no se encuentran identificados e interesados en el mensaje, aunque nunca se manifiesten abiertamente en ese sentido.

La “gente” no existe. Existen grupos sociales, clases sociales y cohortes de edad. La “gente” es un constructo para un imaginario, un imaginario que no sirve de mucho porque pronto se encuentra con la realidad electoral, como han mostrado los resultados de las elecciones autonómicas y municipales.

Un Congreso de 200 diputados elegidos por autonomías

Una de las muchas simulaciones electorales que hemos hecho en Geografía Subjetiva a la que le tengo más aprecio es la que establece un Congreso de solamente 200 diputados elegidos no por provincias, sino por autonomías.

Cada autonomía recibe un diputado al menos y los 181 restantes se reparten proporcionalmente a la población. Lo más simpático y positivo de este sistema es que posibilita la gobernabilidad, es más proporcional que el actual y conserva la representación territorial.

La simulación con los datos de 2008, que publiqué en marzo de 2011, era doble; en una utilizaba el método Hare para atribuir escaños con una barrera del 2% y en la otra empleada el método D’Hondt con una barrera del 3% (como la actual ley electoral española).

Comencemos con la simulación. Lo primero que hemos hecho es distribuir los diputados según los criterios antes indicado en cada una de las diecinueve autonomías. Fruto de esta distribución esto son los diputados que les corresponden a las circunscripciones:

Diputados_Autonomia_200_2011
Ahora vamos a observar cuál es la actual distribución de escaños por autonomías y el peso relativo de la representación de cada una de ellas en el Congreso de los Diputados.

Diputados_LOREG_350_2011
Dado que el número de diputados es casi obligadamente diferente, lo interesante es comparar el peso relativo de cada representación autonómica para ver cuál se beneficia, cuál se perjudica y por qué.

Peso relativo
Sin lugar a dudas la autonomía que perdería más peso en el Congreso sería la de Castilla y León porque al ser una sola circunscripción y no nueve pierde una buena cantidad de diputado mínimos por circunscripción, a lo que se le une su situación de desierto demográfico. Aragón, Galicia, Castilla-La Mancha y Extremadura serían los siguiente en la lista de “damnificados” a muchos distancia de los castellanoleoneses. Madrid y Catalunya serían las autonomías más beneficiadas.

Una vez establecidos cuantos diputados elige cada autonomía, aplicamos los resultados en votos de las Elecciones Generales a estas circunscripciones con el método Hare y éste es el resultado:

Hare_200_2011
Lo más destacado de esta simulación es que el Partido Popular no hubiera obtenido mayoría absoluta dado que no se beneficiaría de la sobrerrepresentación de un feudo tradicional de la derecha como es Castilla y León y la mayor proporcionalidad del método Hare.

Diferencia_LOREG_Hare_200
Si comparamos este sistema el porcentaje de escaños recibidos logrados con los que tienen en el sistema vigente podemos comprobar que el gran perjudicado sería el PP seguido del PSOE, mientras que CiU y BNG tendría pérdidas muy leves. El resto de las formaciones ganarían en peso parlamentario.

Pasemos ahora a la simulación utilizando las mismas circunscripciones, pero con una barrera del 3% y sirviéndonos del método D’Hondt para otorgar diputados:

DHondt_200_2011
La caída mayoritaria del método D’Hondt ha hecho que el PP reciba escaños adicionales en Aragón, Castilla-La Mancha, Castilla y León y Murcia pudiendo así llegar a la mayoría absoluta que Hare le vetaba. El peso relativo de cada formación también varía:

Diferencia_LOREG_DHondt_200
Aunque los populares conservarían la mayoría absoluta sí tienen una pérdida fue de peso en el Congreso debido a la desaparición de las circunscripciones pequeñas que tanto les benefician; prácticamente serían los únicos perjudicados en este sistema idéntico al que tenemos salvo por el número de circunscripciones. Esto nos da una pista importante sobre qué formación es la que más se apoya en los automatismos del sistema.

Finalmente podemos comprobar el peso porcentual de cada uno de los partidos con el sistema actual (LOREG), con la simulación con Hare y barrera al 2% y la simulación con D’Hondt y barrera al 3%.

PorcentajesGeneral

De sentido común

Cuando en nuestro lenguaje coloquial se utiliza la expresión “de sentido común” quiere decirse que algo es como se indica de una forma diáfana, comprensible por cualquiera y que forma parte de los principios más elementales de la lógica y de la realidad.”De sentido común” son una serie de conocimientos que se piensa que comparten las características antes enunciadas y en muchas ocasiones “de sentido común” es sinónimo de verdadero.

Recuerdo una ocasión en la que un tertuliano de esos que defendían siempre a Esperanza Aguirre afirmando que la propuesta de la entonces Presidenta de la C. de Madrid de que se cobrase peaje en todas las autovías a los usuarios no transportistas era “de sentido común” porque Aguirre siempre propone cosas “de sentido común”. Como la ideita de la lideresa duró menos de un día, el tertuliano se olvidó de ella y ya no era algo imprescindible ni “de sentido común”.

Ahora los amigos de Podemos se empeñan en hacer propuestas “de sentido común”, como denominaron a sus draconianas condiciones para la investidura de Susana Díaz o la proposición de Ley que quieren presentar sobre el aborto.

Algo es “de sentido común” cuando se adecua a nuestros prejuicios y los prejuicios son individuales, familiares, de un grupo social determinado o de una región completa. Los prejuicios pueden ser diferentes en virtud del trabajo, de la formación, de la capacidad económica, de los programas de televisión que se vean o de los compañeros de café mañanero.

Construir una política “de sentido común”, como hemos indicado, es casi imposible porque eso tan común es realmente singular. Pero también es algo peligroso, porque si algo tiene lo que es “de sentido común” es que es intuitiva y desde la Revolución Científica sabemos lo verdadero y lo que nos lo parece intuitivamente muchas veces no concuerdan.

Hablar de medidas o de políticas “de sentido común” en el fondo no es más que decir que si alguien no está de acuerdo es porque es tonto o loco, porque eso tiene el “de sentido común” que entre otras cosas establece la línea de demarcación social/popular de la salud mental.

Una política que diga que sus medidas son “de sentido común” no dice más que no proponen otra cosa que la que a cualquiera, sin conocimientos del asunto del que se trata, hubiera podido hacer. Es curioso que en una época en la que somos conscientes de la especial complejidad de cada una de las facetas de la realidad, las propuestas políticas se enorgullezcan de su simpleza que no simplicidad.

Hay que huir de estas llamadas a decisiones “de sentido común” porque si son verdad es mejor no tenerlas en cuenta porque no harán que conservar y acrisolar los prejuicios de la sociedad y porque si son mentira están intentando cobrarse la aquiescencia a favor de una posición determinada sin discutirla, valiéndose de una argucia retórica.

Un nuevo retraso histórico

La derecha española es hija de dos complejos. Uno de superioridad respecto de la mayoría de los españoles, incluyendo en el desprecio a los que engaña para que les apoya pese a que se ríe de ellos. El otro complejo de la derecha española es de inferioridad, de España respecto de los países más desarrollados de Europa y claro como ellos no van a ser los responsables, por más que hayan gobernado secularmente el país, la culpa recae en los gobernados que son de determinada manera y que no se puede hacer otra cosa.

Desde que el Partido Popular ganara las Elecciones Generales en 2011 estamos asistiendo a cómo España se queda, una vez más, atrás en materia energética. Con un conjunto de excusas a cual más inverosímil se desmontó el programa de incentivos a las energías renovables (con la ayuda de un fraude puntual amplificado) y hasta se busca desincentivar por vía impositiva la producción de energía para el autoconsumo.

Alemania, tradicional ejemplo, no sólo ha declarado el fin de sus centrales nucleares, sino que ha lanzado un gran programa para abastecerse de energías renovables. España, por el contrario, busca seguir dependiendo de combustibles que no tenemos y en el mejor de los casos reabrir un programa nuclear que es prescindible. El daño que el Presidente Rajoy y el ministro Soria le están haciendo a España en esta materia se medirá en décadas.

La polisemia de voto

Cuando hablamos de votos, no siempre estamos diciendo lo mismo. Comencemos por el principio.

Cuando hay elecciones, hay una serie de personas que tienen reconocido el derecho a votar y a ese conjunto lo llamamos censo electoral. Hay dos grandes opciones en este momento: votar o no votar. La acción de los que votan constituirán los votos emitidos y la omisión de los que no votan serán la abstención.

Ya tenemos todos los votos emitidos. Ahora caben dos posibilidades: que el voto sea válido o que mi voto sea nulo (no válido). De tal forma que habrá votos emitidos válidos y votos emitidos nulos.

Los votos emitidos válidos, a su vez pueden ser de dos tipos, votos a una de las candidaturas o votos en blanco (a ninguna candidatura).

En resumen. Tenemos las siguientes posibilidades: votos emitidos, votos válidos, votos nulos, votos en blanco y votos a una candidatura. El último tipo es el menor en extensión. Los resultados porcentuales de unas elecciones variarán según tomemos un tipo u otro de voto. Es importante, cuando estemos leyendo datos de resultados electorales, conocer qué tipo de voto se está cuantificando.

Veamos las últimas Elecciones Generales para comprobar cómo son los porcentajes de los partidos que obtuvieron representación en el Congreso:

TiposdeVotos