Ignatieff y Garicano

Ignatieff-fuego-cenizasHace poco más de un año el académico y temporalmente político canadiense Michael Ignatieff publicó un libro de memorias reflexivas sobre su etapa como diputados y posteriormente también como líder del Partido Liberal. El título del libro es Fuego y cenizas. Éxito y fracaso en política (Taurus, 2014, 256 páginas).

El libro es sumamente entretenido, tiene pensamientos interesantes y hace que el lector (siempre que haya superado la ingenuidad) entre en debate con el escritor y compare su propia perspectiva con la de Ignatieff. El libro, a mi entender, tiene dos grandes partes: la parte en la que Ignatieff deja su vida académica en Harvard para convertirse en diputado raso de su formación y la parte en la que le toca (tras no haberlo conseguido en un congreso) liderar al partido tras la renuncia del ejerciente.

El Partido Liberal ha sido el partido que tradicionalmente ha gobernado Canadá. Ignatieff entra en escena cuando los conservadores se han hecho con el gobierno pero, pese al sistema electoral, no tienen mayoría absoluta. Los socialdemócratas le proponen a los liberales encabezar una moción de censura con el apoyo de los nacionalistas de Quebec y luego formar un gobierno en minoría con los quebequeses de apoyo externo.

Ignatieff rechaza la respuesta con un argumento bastante pobre sobre la legitimidad cuando se habla de democracia parlamentaria y opta, como buen novato, por condicionar la política de un gobierno que iba a afrontar erróneamente la crisis económica y hacer que lo haga correctamente. El resultado fue que, tras conseguir que el gobierno diera una buena respuesta a la crisis (en línea Obama y no Merkel), los conservadores volvieron a ganar las elecciones.

A pesar de que los liberales eran socios implícitos del gobierno conservador, los conservadores mantuvieron bien financiada su campaña en contra del líder liberal diciendo que era un señor que estaba de paso, que Canadá y los canadienses solamente les importaba para ser su Primer Ministro y que cuando su aventura política terminara iba a retornar a los Estados Unidos a su vida académica sin que le afectase en nada la existencia de los canadienses.

Ignatieff reconoce el mal que le hizo esa campaña de desprestigio y como minó la confianza que los votantes podría haber tenido en él. Se induce que también le dolió en lo personal y le afectó. De hecho es un tema recurrente.

Pero la pregunta que hay que hacer no es si fue una estrategia bien ejecutada por los conservadores, que lo fue. La pregunta pertinente, ahora, era si lo que los conservadores decían era cierto o no. La respuesta es que sí, que era cierto.

Tras perder el liderazgo del Partido Liberal y el escaño, pasó únicamente dos cursos en Canadá para volver de nuevo a la Universidad de Harvard. Los conservadores daban en algo que todo el mundo sabía que era correcto, que el líder liberal si no llegaba a ser Primer Ministro o cuando lo dejara de ser iba a irse del país sin compartir las consecuencias de sus decisiones. Efectivamente Ignatieff era un político de visita, canadiense solamente para ser Primer Ministro.

Luis Garicaño, prestigioso profesor en London School of Economics, dirige el programa económico de Ciudadanos. Lleva años participando en el debate político a través de la web “Nada es gratis”, vinculada a la fundación de estudios económicos de la Banca.

Garicano no solamente se dedica a la labor programática sino que tiene bastante de fichaje estrella y ariete, moderado y correcto siempre, de Ciudadanos para llenar el espacio que dejan los muchísimos silencios de Rivera.

A propósito del último barómetro del CIS, Luis Garicano se mostraba muy proclive a un pacto con el PSOE pero cerraba a la posibilidad de participar en un gobierno en el que también estuviera Podemos. Si es una jugada para evitar una fuga de votos, es correcta, pero si es un límite absoluto y se impone su perspectiva, puede que Garicano entierre a Ciudadanos que necesita tanto distinguirse del PP como gobernar.

Si Ciudadanos fracasa y después de cuatro años está en la situación en la que hoy se encuentra UPyD, Garicano volverá a Londres y donde sea, porque puertas abiertas tendrá muchas por sus méritos académicos, y dará por terminada su participación en la política española y retomará su trabajo donde lo dejó sin tener en cuenta los “cadáveres” que se hayan producido. Dejar los posicionamientos ante los pactos postelectorales en manos de alguien que no tiene nada que perder, y por tanto inmune a los maximalismos, es al menos arriesgado.

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Comentario final: me hace mucha gracia la cantidad de salvadores, como Garicano, que le han salido al PSOE. Unos salvadores realmente quieren ser sus enterradores.

Un comentario en “Ignatieff y Garicano

  1. Podrías añadir a la lista a Varufakis. Parece una tendencia general.

    Pero el político profesional, que no tiene alternativa y por lo tanto está dispuesto a cualquier compromiso o incumplimiento con tal de seguir en el cargo (o solucionarse la vida tras dejarlo), tampoco gusta demasiado.

    ¿Qué otra posibilidad hay?

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