Presupuestos para que las primarias sean relevantes

La elección para secretario general o para presidente del partido (según sea el título del líder) implicaba e implica normalmente ser elegido implícitamente como candidato a la Presidencia correspondiente. Con la notable excepción del PNV, el resto de los partidos han identificado normalmente al líder orgánico con el candidato.

Ahora las primarias se han convertido en un icono de la “regeneración democrática”. Pero éste es también un tiempo de paradojas. En los partidos que quieren capitanear esa “regeneración” se han dado tanto primarias con un solo candidato (Ciudadanos) y primarias con una participación rozando lo ridículo/deslegitimador (Podemos). El hecho de que se den liderazgos carismáticos en el sentido weberiano en ambos partidos dificultan las primarias.

En primer lugar para que un sistema de primarias en los partidos funcione no debe haber un liderazgo carismático en su seno. El hecho de que Rivera fuera el único candidato o que los inscritos no se molestasen en volver a refrendar a su líder en Podemos es que para los miembros de los partidos es tan obvio que ellos son los candidatos que el proceso de primarias se vuelve superfluo.

Puede que, si sobreviven a la actual situación, Ciudadanos y Podemos puedan constituirse en partidos que trasciendan a la existencia política de sus fundadores y líderes y entonces haya verdaderas posibilidades de que hayan procesos internos que no parezcan y sean un procedimentalismo vacío.

Alguien podrá objetar con razón que en las primarias socialistas no ha habido tampoco candidato rival a Pedro Sánchez y que, desde luego, Pedro Sánchez no tiene un liderazgo carismático dentro del PSOE.

El actual secretario general del PSOE fue elegido por los militantes en unas elecciones que fueron competidas, pese a obtener él una victoria clara. El hecho, que hayamos señalado anteriormente, de identificar el cargo orgánico con la candidatura han hecho buena parte del trabajo para que las primarias no fueran necesarias. Los militantes se pudieron expresar y no hicieron eligiendo entre tres candidatos fuertes y diferentes.

La separación de lo orgánico y lo electoral, si se da, tendría grandes consecuencias en la forma de entender los partidos que tenemos actualmente. Si un secretario general o presidente de un partido es alguien que no opta a las elecciones su papel en la determinación del programa político tiene que ser menor y ha de concentrarse en cuestiones internas como hasta ahora han hecho los secretarios de organización o los secretarios generales en los partidos presidencialistas.

Lo orgánico se centrarán en organizar los procesos internos manteniendo la neutralidad, la financiación, la estructura de sedes, el censo de militantes, los servicios permanentes del partidos y todas aquellas cosas que hacen los “aparatos”.

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